🍎 Anhelo 📻
A veces, el destino puede ser cruel. No importa cuánto desees algo; cuando el destino está de mal humor, puede hacer lo contrario. Algo así les ocurrió a Vox y Alastor. Aunque quisieran negarlo, habían tenido un romance secreto cuando eran humanos. Su rivalidad no provenía de la distinción de sus medios, sino de cómo terminaron las cosas.
Vox era un joven lleno de vida, rodeado de fama gracias a la radio. Su padre, un gran amante de este medio, fue locutor y, tras acumular suficiente dinero, se adueñó de su propia estación, que pronto destacó por su calidad y los talentosos locutores que allí trabajaban.
Desde pequeño, Vox escuchaba la radio a diario, aunque prefería los medios audiovisuales. Así conoció a Alastor.
Alastor fue presentado por su padre como el nuevo locutor. Muchos se rieron de él por ser tan joven y pensaron que no duraría ni una semana, como ocurría con la mayoría de los novatos. Sin embargo, Alastor rápidamente captó la atención de todos con su talento. En solo una semana, se convirtió en el locutor más escuchado y querido de la estación. Su voz encantadora y elegante cautivaba a la audiencia, especialmente a las mujeres, lo que generaba la envidia de muchos hombres. Vox, por su parte, no sabía cómo verlo, pero no podía dejar de pensar en lo increíble que era. A menudo se quedaba en el pasillo, observando a Alastor transmitir con entusiasmo. Cuando sus miradas se cruzaban y Alastor le sonreía, Vox sentía que su corazón estallaba.
Su padre admiraba a Alastor e incluso admitió que se veía reflejado en él, aunque consideraba que Alastor era mucho mejor que él a su edad. Todos estaban de acuerdo: Alastor era una estrella. Firmó su contrato y transmitió todos los días, incluso programas especiales por la noche.
Por primera vez, Vox se interesó más en la radio, pero todo era parte de un plan para acercarse a Alastor.
Poco a poco, ambos comenzaron a sentir algo el uno por el otro. Cuando Vox se declaró, Alastor correspondió a sus sentimientos y sellaron su amor con un beso.
Desde entonces, se veían en secreto para disfrutar de sus citas. Sin embargo, para Alastor, esa relación se volvió agobiante. Vox no dejaba de seguirlo o de revisar sus horarios. Alastor no podía estar tranquilo en su casa, ya que Vox siempre aparecía. Aunque apreciaba la atención y el cariño de Vox, en sus momentos de celos se sentía...asustado. Asustado por primera vez en su vida y de su propia pareja.
Al final, decidió terminar la relación. Vox, desesperado, le rogó que no lo dejara, pero Alastor, harto, salió corriendo.
Un mes después de su separación, Alastor se sintió inquieto al principio al ya no ver a Vox por ningún lado, pero luego se tranquilizó, disfrutando de su nueva libertad.
Un día, al salir del trabajo, sintió que alguien lo observaba. Miró a su alrededor, pero no vio a nadie. Sacó su cuchillo, preparado para cualquier eventualidad, y continuó caminando. Sin embargo, un ataque sorpresivo lo dejó indefenso.
Si aun te preguntas por qué Alastor odia a Vox, la respuesta es que, incapaz de soportar la idea de que Alastor siguiera adelante mientras él se sentía atrapado, Vox tomó decisiones drásticas: Vox habia asesinado a Alastor con un disparo en la cabeza, cuando Alastor tras quedarse indefenso intento escapar de él.
Vox omitió siempre esa parte de la historia, convencido de que lo hacía por amor. Por eso, cuando llegó al infierno, acosó a Alastor y se volvió loco al descubrir que él se había quedado con Lucifer. Su furia casi destruyó todo a su alrededor.
Sin embargo, el destino tenía un giro más: las hijas de ambos se enamoraron y se convirtieron en pareja. Y ahora debían soportar la presencia del otro, lo que irritaba a Alastor, especialmente al tener a Vox enfrente en la mesa gigante.
La tensión entre los dos Overlords era palpable, creando un ambiente tan denso que ponía nerviosos a los demás presentes.
—Creo que es mejor terminar la reunión —dijo Carmilla, incapaz de soportar más la atmósfera cargada. Todos asintieron y comenzaron a irse, dejando a los dos Overlords a solas.
Alastor, al darse cuenta, se levantó de su asiento con elegancia, pero una mano le sostuvo la muñeca.
—Vox, suéltame —exigió Alastor, mirándolo con una mezcla de enojo y frustración, esperando que lo soltara.
—Alastor, tengo algo que decirte sobre las niñas. Ya...
—No me importa lo que tengas que decir —interrumpió Alastor, jalando su brazo para liberarse.
—... Valentino y yo ya extrañamos a Vespera. Sería mejor que volviera con nosotros. ¿Y si Isadora se queda aquí con nosotros ahora?
—No.
—¿Por qué? Ya la extrañamos y quiero ver cómo convive con su novia.
Las palabras de Vox resonaban en la mente de Alastor, llenándolo de rabia. Su voz se tornó fría y cortante:
—Dije que no. No voy a arriesgar a mi hija mandándola con ustedes. Y sobre Vespera, es mejor que lo olvides. Ella parece más feliz en el hotel —sonrió con arrogancia, sintiéndose momentáneamente superior a Vox. Sin embargo, bajo esa fachada, una punzada de inseguridad lo atormentaba. Había notado los cambios en Vespera desde que llegó al hotel, y aunque su relación con ella había mejorado, la idea de que Vox quisiera interferir le provocaba un profundo desasosiego.
Además, no queria perder la diversión que tenía todos los días, viendo como su esposo y nuera compartían en mismo gusto por los patos.
—... ¿De qué hablas? —preguntó Vox, aturdido.
—Lo que escuchaste. ¿Te quedaste sordo? —Alastor observó que Vox guardaba silencio, lo que intensificó su frustración. Suspiró y comenzó a caminar hacia la salida, intentando mantener la calma, confiado de que Vox no le haría nada. Ahora tenía al rey del infierno como esposo; cualquier cosa que Vox intentara, Lucifer se encargaría de vengarse. Pero, en el fondo, un temor latente lo inquietaba.
—¿Sabes? Cuando Valentino se embarazó de Vespera, esa noche imaginé que Valentino eras tú y que esa bebé era tuya y mía.
Alastor se detuvo, el corazón le dio un vuelco y volvió a mirar a Vox, su expresión ahora un torbellino de emociones.
—No vuelvas a decir algo así —dijo, intentando mantener la voz firme, pero las palabras se le escapaban cargadas de miedo.
—Pero es verdad.
—Maldito asqueroso, estás enfermo —Alastor hizo una expresión de asco. La idea de lo que Vox insinuaba lo llenaba de rabia.
—No lo ves, todavía te amo, Alastor —Vox avanzó hacia él, y Alastor retrocedió, su mente luchando entre el deseo de huir.
—Aléjate ahora —ordenó, su voz temblando entre la ira y el temor. El peso de sus emociones lo abrumaba, y en el fondo sabía que la lucha entre ellos no era solo una cuestión de orgullo, sino un conflicto profundo y doloroso que ninguno de los dos podía escapar.
—Alastor —dijo Vox, acercándose, haciendo que el ciervo se sintiera acorralado entre él y la pared. Cuando Vox lo tomó de la cintura, Alastor reaccionó instintivamente, levantando un tentáculo en un intento de defenderse. Pero, de repente, una oleada de malestar lo detuvo en seco... Vox lo habia apuñalado en la columna lumbar.
Alastor retrocedió, aturdido, mientras la tensión en el aire crecía. Sus miradas se encontraron, y Vox, al notar su inquietud, sonrió, habían logrado apuñalarlo. Alastor sabía que debía actuar, a pesar de la incomodidad que lo invadía, pero, no podia hacer nada estaba paralizado.
—¿Estás bien? —preguntó Vox, su voz tenia un toque de burla
Alastor luchó por concentrarse en la situación. No podía permitir que su estado lo frenara. Cada latido de su corazón resonaba en su mente, y esa vulnerabilidad lo aterrorizaba. La cercanía de Vox le provocaba una mezcla de ansiedad, y se preguntaba si podría mantener la compostura.
—Tú... —respondió, su voz temblando ligeramente, pero, se notaba el gran enojo que evocaron sus palabras.
Lucifer no sabía cómo sentirse; las lágrimas recorrían sus ojos sin parar mientras miraba a través del cristal de la incubadora al recién nacido que había llegado al mundo gracias a la intervención médica de Alastor. La apuñalada en su espalda, infligida por Vox, había provocado un shock hipovolémico que casi les costó la vida a ambos. Fue un milagro que tanto Alastor como su bebé de solo cuatro meses hubieran sobrevivido. Por primera vez, Lucifer agradecía a su padre, Dios, por permitirles seguir con vida, y ahora solo podía esperar que ambos se recuperaran.
—Gracias, gracias por sobrevivir, Ravenor —susurró, su voz temblando con emoción.
El pequeño se movió en la incubadora al escuchar el nombre que su padre le había dado. Malthus Ravenor MorningStar, el nuevo bebé de la familia, representaba una nueva esperanza y un futuro lleno de posibilidades.
Y posible final de Vox...
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