🍎 Una Vista Al Pasado 📻
Dos meses despues de la
hospitalización de Isadora.
Isadora observaba a Vespera desde la puerta del baño. Se veía hermosa sentada en la cama, mirando al vacío mientras intentaba tocar el ukulele de Isadora. La imagen de Vespera intentando descifrar cómo tocar el instrumento era tierna. A diferencia de otras veces, esta vez no llevaba ropa formal; solo una camisa larga mal abrochada que llegaba hasta sus muslos, un pantalón corto, y su cabello suelto, sin los lentes que usaba a diario.
Isadora se acercó y se sentó a su lado. Al instante, Vespera dejó el ukulele y la abrazó con fuerza, acurrucándola contra su pecho, mientras Isadora la rodeaba por la cintura.
—¿Quién te dio esa reliquia? —preguntó Vespera, señalando el ukulele recargado en la cabecera de la cama.
—Fue mi tío, traído desde la Tierra.
—¿Cuál de todos tus tíos? Emes, tienes como veinte.
Isadora soltó una risa.
—Tampoco exageres. Me lo dio mi tío Gabriel.
—¿El que luchó contra papá cuando lo desterraron?
—Sí, me lo trajo desde la Tierra. Dijo que sería bueno que me entretuviera con algo más productivo que los trucos de budo de mi padre.
—Interesante. Me sigue pareciendo curioso que cuentes tanto con los hermanos de tu papá.
—Sí, a mí también. Supongo que están en proceso de superar el pasado, como dice mi hermana Charlie.
—Seguro. —Vespera miró al techo y se dio cuenta de que tenía un cielo azul con nubes pintadas. —¿Y eso?
—Mm... —Isadora miró también hacia donde su novia señalaba. —Ah, eso lo pintó mi tío Cassius. Dice que es para que nunca me olvide de él.
—¿Cómo te puedes olvidar de unos tíos ángeles? ¡Estarías loca si lo hicieras!
—Lo sé, pero mi tío Cassius es el más sensible de todos. Siempre que se pone triste si no me ve, por eso lo pintó y me dijo que no dudara en ir a verlo cuando quisiera.
—Qué linda historia... Me encantaría tener tíos como los tuyos. —Vespera suspiró con tristeza. Isadora acarició su mejilla, y eso hizo que Vespera reaccionara, mirándola con una sonrisa. —Sabes, no me has contado mucho sobre ti cuando eras niña. ¿Por qué no me cuentas?
—Claro, espérame aquí. —Isadora se levantó rápidamente y buscó en un baúl. Entre la ropa, encontró lo que buscaba y, sosteniéndolo en las manos, se acercó de nuevo a su novia, sentándose en sus piernas.
—¿Y este libro? —preguntó Vespera, observando con atención. La portada era muy linda, aunque el título era curioso. —¿"Lee con atención si no quieres terminar devorada por el demonio radio"?
—Sí, ese es el título. —Isadora abrió la primera página y sonrió al ver los dibujos hechos a mano de Lucifer. —Este libro lo hizo mi papá cuando tenía cuatro años. Al parecer, en ese tiempo era una niña muy traviesa que estresaba mucho a mi papá, así que creó un libro que me da consejos y advertencias para no volverlo loco.
Vespera rió.
—A ver, quiero leer.
Vespera pasó a la página dos, donde encontró la primera advertencia acompañada de un divertido dibujo de Isadora bebé corriendo por un pasillo, con Alastor en su forma demoníaca persiguiéndola.
—"Nunca, pero nunca juegues con la radio de papá Alastor. Créeme, eso es lo más preciado para él (no después de ti, claro), pero puede romperte los huesos si algo le pasa a su radio. Así que NO JUEGUES CON ELLA. Gracias por tu atención, hija."
Ambas rieron y pasaron a la tercera página.
—"Deja dormir a tu papá. Sé que tienes mucha energía, al igual que yo, pero tu papá tiene muchas más responsabilidades y necesita descansar. Así que déjalo dormir, hija, y si te sirve de consuelo, ve a molestar a tu hermana Charlie en lugar de a papá."
—Pobre papá Alastor. —Isadora recordó con risa. —Lucifer dijo que yo saltaba encima de él y empezaba a brincar en la cama para despertarlo.
—Ahora entiendo el dibujo. —Ambas rieron, imaginando a una pequeña Isadora en el cielo y a un Alastor medio dormido en la cama.
—Aunque mi favorita es la página seis.
—¿Por qué?
—Mira. —Isadora pasó a la página seis, se aclaró la garganta y comenzó a leer. —"Isadora, hija, amo que te parezcas tanto a tu papá. Literalmente, es lo que más soñé. Sin embargo, te voy a pedir dos cosas. Uno, por lo que más quieras, copia los modales que tiene, a no ser que quieras verme regañado por tu papá Alastor. Y la segunda, por nada en el mundo seas igual de amargada que él. Por favor. Posdata: no le digas a tu papá que le dije amargado."
Las dos estallaron en risa.
—¡Niñas, vengan a com...! ¡Santa mierda! ¿Qué pasó aquí?
—Hola, padre. —Isadora lo miró sonriendo, con un sombrero de vaquero en la cabeza.
—Hija, ¿por qué tu habitación está tan desordenada? —Lucifer miraba a su alrededor. Dondequiera que posara la vista, había un desastre, pero también le dio ternura reconocer muchas cosas de su hija cuando era pequeña. Vio un peluche de pato que él mismo le había comprado para ayudarla a dormir en la oscuridad; el pato brillaba en la penumbra.
—Bueno, estaba enseñándole a Vespera las cosas de mi infancia y, pues, todo se quedó desordenado.
—Ay, qué recuerdos. —Lucifer sonrió, dejando que su mirada se perdiera en los objetos que le traían nostalgia.
—Demasiados. —De repente, Alastor apareció en la habitación, su sombra extendiéndose por el suelo. Caminó hasta quedar al lado de Lucifer, pero su pie chocó con un libro que estaba en la página seis.
—Mmm... —Se agachó y miró el libro. —"Isadora, hija, amo que te parezcas tanto a tu papá. Literalmente, es lo que más soñé. Sin embargo, te voy a pedir dos cosas. Uno, por lo que más quieras, copia los modales que tiene, a no ser que quieras verme regañado por tu papá Alastor. Y la segunda, por nada en el mundo seas igual de amargada que él. Por favor. Posdata: no le digas a tu papá que le dije amargado." —Alastor inmediatamente volteo a ver a su esposo ladeando la cabeza al lado derecho. —¿Me dijiste amargado?
—A...amor, lo puedo explicar. —Isadora se sonrojó, mirando a su padre con una mezcla de preocupación y diversión. Habían sido descubiertos.
—Oh, sí, explícame. —Alastor cruzó los brazos, levantando una ceja con una expresión divertida.
—¡CHARLIE! —Lucifer salió corriendo, seguido de Alastor, quien apenas pudo contener la risa.
Las novias se miraron y comenzaron a reír, animando a Alastor con gritos de aliento.
—¡Vamos, papá! ¡Enséñales quién es el verdadero rey de la casa!
—¡Dale, señor Alastor, que usted puede! —añadió Vespera, divertida.
—¿Qué tal un poco de acción? —Evelina se unió a las risas, mientras se preguntaba cómo acabaría esta pequeña aventura familiar.
Las risas resonaban en la habitación, creando un ambiente cálido y lleno de alegría. A medida que los gritos se desvanecían, se sentía el cariño y la complicidad entre todos, recordando que, a pesar del caos, esos momentos eran los que realmente importaban.
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