16 de Junio, 2.016: Una pena entre dos, es menos atroz
Corazones rotos, heridos, sentidos, dolidos o maltratados; siempre existirán, o dicho de otra forma, no estamos exentos de sufrir, porque tarde o temprano en alguna etapa de nuestras vidas, esta nos jugará una mala pasada o sufriremos algún revés que nos hará pasar por un período de tristeza o depresión.
Así es la vida, un carrusel constante con altibajos, subidas y bajadas, aceleradas o momentos de calma.
Pensaba hoy que he tenido momentos como estos en mi vida; a decir verdad, mi camino ha estado muy accidentado, así que podría aseverar que la misma es digna de un libro; pero no seré yo quien escriba sobre ello, tampoco tengo intenciones de dejar mis memorias para que otra persona lo haga por mi; solo intento destacar un punto importante de todo esto...
En alguna instancia de nuestra vida, todos necesitamos de un hombro, una mano, una palabra, un gesto o un abrazo; sin embargo a veces, estando sumidos en nuestra tristeza, nos cerramos y aislamos, sin considerar a los demás, justamente a aquellos que nos aprecian y quieren.
Es necesario tomarnos un momento para pensar y ─como usualmente se dice─, llevar el duelo, pero también es importante reconocer cuando debemos dejar que la herida se cure y cicatrice, sea cual sea su naturaleza.
Recuerdo que cuando era pequeña ─alrededor de seis años─, aprendí un proverbio oriental muy sabio: «Tu lloras por no tener zapatos, mientras tanto, aquel niño sentado en la acera, no tiene pies y vive feliz.»
Pero ¿a dónde quiero llegar con esto?
No voy a comparar mis males con los de otros, no quiero, no puedo, no debo.
Algo que aprendí también a muy temprana edad es lo siguiente: «Rescata lo positivo o bueno, de todo aquello que te pase, por más malo que esto sea.»
Sí, por que a pesar que la vida nos golpee, siempre nos dará una lección.
Cada quien es un Yo particular y especial.
Somos únicos en nosotros mismos.
Así que hoy me repito:
Me merezco un tiempo para llorar mis penas, pero solo el tiempo necesario para purgar mi dolor.
Levantaré mi rostro y veré el entorno; abriré los brazos para quienes me rodean y dejaré que al lado de ellos, el tiempo curé mis heridas.
Me tomaré de la mano de quienes me aman y aprecian, para sentir el calor reconfortante de la sanación a través de su compañía.
Viviré la vida a plenitud, sin titubear, porque cada paso que daré me hará crecer.
Sonreiré, así no lo sienta o tenga ganas y lo haré hasta que mis mejillas duelan; para luego, saciarme de la alegría que los míos me retribuirán, al verme sonreír.
Porque solo en mi está la fortaleza para enfrentar tormentas y solo en mi encontraré las ganas de ser feliz, a pesar que hoy no esté pasando por un buen momento.
https://youtu.be/92g1AK2Ga8Q
Ante alguna ingrata situación, a veces solemos mirar al lado y desear la dicha del otro; cuando no nos detenemos a pensar que allá afuera, siempre habrá alguien en peores condiciones, anhelando tener nuestra suerte, destino y felicidad.
No estamos en condiciones de vivir comparando nuestra buena o mala fortuna, porque cada quien labra su camino y lo que en su trayecto nos toque vivir, es algo que iremos plasmando en el lienzo de nuestra vida.
Que hoy la carga te sea ligera y mañana amanezcas con energía renovada para levantar la mochila.
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