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♡ Cambio de Genero ♥︎

[ En el pasado...77 años antes]

Berlín, Alemania.

13 - Enero - 1946, 4:46 am

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El nazi estaba sentando en su cama. Abrazándose a sí mismo, mientras miraba como dormían sus dos adorables bebes en la "cama" a su lado -aunque cama era mucho, para el colchón todo aburguesado, sucio y la diminuta sabana amarilla, junto a la almohada hecha con la ropa de los niños-. Suspiro, el estómago le estaba gruñendo por un pedazo de comida, pero no tenía nada que comer, apenas y tenía para darle un pan duro y un vaso con agua a sus hijos.

Los sonidos de gente afuera de no lo dejaban dormir todas las noches. Gente peleándose, gente gritando de sufrimiento, llorando, en fin, de todo se escuchaba a haya afuera. El igual está sufriendo, desde que los Aliados tomaron Berlín tuvo que escapar y esconderse junto a sus hijos antes de que alguno de los soldados o su propia gente lo capturara.

Cinco, treinta y dos de la mañana y el nazi estaba cabeceando intentando por fin conciliar el sueño después de su desvelada.

—¡Señorita Bauer!, ¡no ha visto la hora, salga de inmediato que ya es hora de trabajar!

—¿Hm?

—¡Señorita Bauer, si no sale yo mismo la sacare, pero a patadas! —Los toquidos en la puerta y los gritos terminaron por despertar de alguna manera a él Reich, quien al ver que estaba intentando abrir su puerta. Salto de la cama para empezar a vestirse.

—¡YA VOY!

—¡Hasta que contesta!, ¿¡que se cree he!?

—¡Ya voy ya voy!, ¡Solo un minuto!

Apurado tomo su uniforme para el trabajo colocándoselo, a duras penas junto a sus botas, también tomo las extensiones de cabello intentando ponérselas lo más rápido posible mientras se lavaba el rostro y se cepillaba los dientes antes de maquillarse un poco. Ya que a pesar de que los contrys podía ocultar su color de piel inusual junto a su bandera, su rostro era reconocido incluso en su versión humana, así que tuvo que disfrazarse de un humano común y corriente, tuvo que fingir ser mujer debido a si figura esbelta.

La señorita Sophie Bauer, esa era su nueva identidad desde el dos de mayo cuando los soviéticos ganaron la guerra de Berlín y el maldito de su presidente se "suicidó". Madre soltera de dos niños, Alejandro y Derek.

Agradecía no haber dado a conocer a sus hijos, de lo contrario ellos igual se tendrían que disfrazar.

Regresando al presente, Third Reich había roto récord al arreglarse en menos de dos minutos. Abrió la puerta la cual seguía siendo tocada de manera violenta.

—¡Lo siento mucho, señor! —El alemán, el cual ahora era "La alemana" se disculpó con el hombre en frente a "ella". Quien la miraba muy molesto —A noche, no puede dormir y...

—Mire, señorita Bauer. A mí me importa muy poco si no durmió, si se enfermó, si sus hijos lloraron o si se está muriendo en este momento. A mí lo que me importa es que TRA-BA-JE —Todos los presentes miraban como el hombre tomaba el brazo de "la alemana" con fuerza, mientras la encaminaba a su zona de su trabajo -Si no cumple con él, vaya empacando y olvídese del techo que le ofreció. No se olvide que este trabajo mantiene a sus niños

Por fin el hombre había dejado a "la alemana" y se fue. Dejándola sola junto a un bote y unos artículos de limpieza.

Reich suspiro, tomando la escoba y empezando a barrer todos los restos de comida podrida, papeles y demás cosas. Ese era su trabajo que el que estaba manteniéndose él y a sus hijos, se dedicaba a limpiar las calles.

El sueldo no alcanzaba para una mierda, pero...se debía conformar por ahora. Con que sus hijos no sufrieran o les faltara algo -aparte de una escuela, pero no había problema pues el les enseñaba en casa-, todo estaría bien para el Reich.

—No pudiste dormir, otra vez.

—Buenos días, Klaus.

—Buenos días, Sophie. ¿Qué?, el jefe volvió a amenazarte.

—Si...ya sabes —dijo "Sophie" en un bostezo. De repente su rostro se tornó rojo, tras sonrojarse porque su estómago comenzó a gruñir —Yo...lo siento.

—¿No desayunaste? —pregunto preocupado el amigo del nazi.

—No desayune, no cene y no comí ayer. Estoy en la dieta de la auto sugestión.

—¿Auto sugestión?

—Si, auto sugestionarme de que tengo un plato de comida tres veces al día, yo y mis niños. Y de que algún día, podre comprarles un chocolate a mis niños o un pastel para su cumpleaños —Klaus, miro muy preocupado a "la alemana". El Reich tenía una sonrisa triste en su rostro, pues el cumpleaños de sus niños ya se acercaba y quería comprarles el pastel de fresas que Alemania había visto por el vitral de una pastelería. El problema, era demasiado costoso.

—...Bueno, estas de suerte hoy —El hombre mostro la bolsa de papel que había tenido detrás de el todo este tiempo. El de cabello azabache lo miro interrogante Tomalá, y mira que hay adentro.

Third lo obedeció tomando la bolsa y mirando su conteniendo.

Sus ojos se abrieron al ver una caja de leche y unas cuantas donas hechas a mano.

—¿Que?...

—Mi esposa hizo las donas y yo compre la leche. Mis niños no se acabaron todo y en vez de guardarlas, decidimos dárselos a alguien que las necesite.

—Ay...dios mío, no debiste, ustedes igual lo necesitan. No puedo aceptarlo

—Por favor acéptalo, tú lo necesitas más. Mi esposa y yo trabajamos así que podemos vivir bien dentro de lo que cabe, pero tú eres madre soltera de dos pequeños —La tomo del hombro —Acéptalo, Sophie.

—...Gracias, en serio gracias a los dos. Salúdame y dale las gracias a tu esposa de mi parte.

—Eso hare, ahora desayuna, aunque sea u...

—¡Ustedes dos, par de holgazanes!, ¡a trabajar!

—¡Si, jefe! —Los dos se despidieron para ir cada uno a sus respectivas zonas de trabajo. El nazi se llevó una de las minis donas a la boca, estaba deliciosas eso calmaría su hambre.


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—Esto es un robo, esta camisa vale mucho menos que eso. Ni siquiera es cien por ciento algodón, para darla en ese precio.

—Mire, señorita, si no le parece pues váyase, y deje que los demás compren en paz. Ese es el precio y no lo voy a bajar.

El nazi disfrazado se mordió el interior de sus cachetes. Esa mujer le está vendiendo por el precio de una camisa 100% algodón, una camisa 50/50. Lo cual era algo demasiado excesivo para el material y tomando en cuenta que era ropa de segunda mano, ¡ni siquiera era nueva, ya había sido usada quien sabe cuántas veces!

—Mami...

—Me las llevo.

De su suéter saco una bolsita con monedas para pagarle a la señora por dos camisas. La señora gustosa recibió el dinero y le entrego las camisas. El nazi las tomo y las echo en su bolsa de mandado yéndose de ahí para regresar a su casa.

—No las hubieras comprado.

—Pero, ustedes dos necesitan ropa, Derek...

—¡Todo tu ahorro se fue en esas dos camisas!

—¡¿Y qué querías que hiciera, Derek?! —Reich miro con lágrimas en sus ojos a su hijo quien venia sostenido de su mano derecha —Ustedes necesitan ropa, y así gaste todo mi sueldo en ustedes.

—...Papa, ya no llores —El pequeño niño de 8 años abrazo a su padre, este le correspondió el abrazo entre lágrimas. Esa vida le estaba desesperando, ya no sabía qué hacer.

Quería darles todo a sus hijos, que volvieran a tener comodidades como antes, pero no, tenía que limitarse, ya empezaba a entender lo que sintió su hermano tras la muerte de su padre, la postguerra, la deuda financiera y el criarlo a él, cuando Weimar tenía tan solo 15 años...sin duda fue mucho el peso sobre sus hombros.

De repente se tomó con fuerza el estómago, tras un gruñido de dolor. Preocupando a Derek, quien lo llamaba y sacudía para que le dijera algo. Alemania -quien estaba mirando los vitrales de las tiendas-, al oír a su hermano fue corriendo preocupado por su padre.

«Reich, resiste...no seas miserable» se dijo a sí mismo en su cabeza. Su estómago se está comiendo a sí mismo para sobrevivir, está enfermando y lo sabía. Pero él se negaba, pues no quería morir y dejar a sus pequeños ángeles solos...

—Es-Estoy bien...—dijo a duras penas, sonriendo para que sus hijos no lo miran preocupados. Se levanto como pudo y cargo a Alemania, acariciando su mejilla y a Derek su cabeza antes de tomar su mano y comenzar a caminar a su casa —Las cosas cambiaran...solo esperen mis bebés. Porque mejor, no vamos a comprar un chocolate.

—Pero, papa.

—Ya deja, Ale. Tengo un poco de dinero aún.

Ya en la comodidad de su casa, los pequeños partieron el chocolate en tres partes, para comérselo y posteriormente ponerse a jugar con los peluches que pudieron sacar antes de su antigua casa.

El Reich se encontraba ya sin disfraz, en la pequeña mesa que tenía en esa habitación, se encontraba haciendo sus cuentas de la semana, restaba lo que ya había gastado y miraba lo poco que le quedaba. También sumando lo de su sueldo que le darían al siguiente día.

—Puede que lo logre, pero tendría que... —Se quedo pensando, quería ahorrar el bastante dinero para comprar tres boletos de tren e ir a Moscú. Si era peligroso, pues lo podrían capturar...pero, si encontraba a URSS primero antes de que lo capturaran, podía llegar a un acuerdo como de ser su criada a cambio de techo para sus hijos, comida decente, ropa igual decente, e incluso educación para sus hijos. Pero para eso tendría que conseguir otro trabajo, no podía vender sus cosas pues eran pocas solo lo necesario para ellos «mmm, ¡podría pedirle a la esposa de Klaus que le consiga trabajo en la cafetería donde ella trabaja!, ¡Si eso e....»

—Papá.

—¿Mm?

—Ten —Le entrega un pedazo del chocolate que partieron antes.

—No, cómanselo ustedes. Es de ustedes.

—No, este es para a ti, papá —Antes de que el nazi pudiera protestar, el niño se lo dejo a su lado y fue con su hermano a jugar de nuevo —...Gracias, mis niños -Los dos le sonrieron a su padre, y este les respondió la sonrisa con otra. Se levanto de su asiento, para tomar su gabardina negra y también sus extensiones para ponérselas de nuevo y maquillarse un poco.

—¿Vas a salir, papá?

—Si, no me tardo solo voy con la vecina. Ya vengo, no le abran a nadie.

—¡Si, mamá!

Siendo de nuevo Sophie se dirigió a la casa de sus amigos. Siendo recibida por la esposa quien la abrazo al verla y la hizo pasar a su hogar.


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Tres y cinco minutos, la familia alemana se encontraba ya en su morada, disfrutando de su descanso después de otro día más en su vida. En este caso el nazi estaba durmiendo junto a sus hijos por el frio. El los abrazaba para mantenerlos calientitos en ese frio infernal.

El alboroto de afuera seguía ahí, pero esta vez era más... ¿silencioso?, no sabía cómo describirlo, era raro.

De la nada se escuchó un disparo muy cerca de donde estaba alterándolo a él y a sus hijos, que se despertaron espantados al pensar que venía a matar a su padre. El Reich en cambio, se quedó estático en su lugar, solo movió sus brazos para aferrar más a sus hijos a su cuerpo. Tenía miedo de que fuera por él, de que estuvieran haciendo...

—Abran la puerta, somos del ejército rojo. Necesitamos que abra esa puerta para la revisión anual sorpresa —Escucho los toquidos en su puerta. Ahora estaba templando del miedo, quería llorar.

—Ma....mami —Alemania lo llama. El nazi no contesto solo se quedó en su lugar abrazando con más fuerza a sus bebes.

—Señorita, abra esa puerta. No, nos haga entrar a la fuerza.

«Tan cerca...estuve tan cerca y ahora» Las lágrimas del nazi salieron, mojando sus mejillas.

Estaba perdido, ya no había que lo salvara.

De la nada escucho como abrían lo único que lo estaba refugiando. La puerta de su casa fue abierta con un poco de brusquedad, en su morada entraron cuatro soldados que al verlo se quedaron sorprendidos por ver a nada y nada menos que Third Reich.

Unos de los soldados, les hizo señas a los otros tres, para después salir de la habitación. Los otros tres captaron la orden, se acercaron. El nazi se intentó alejar sin soltar a los pequeños. Aun que fue inútil, pues los soldados lo tomaron intentando hacer que el nazi soltara a sus los niños y estos a él.

—¡Suéltenme! —El alemán forcejeado para que los rusos lo soltaran. Pero en un descuido, lo jalaron haciendo que soltara a sus hijos y el cayera al suelo. Solo se escuchó el golpe y algo romperse.

—¡PAPA!

—¡Ale!, ¡Derek!

Los vecinos se encontraban al rededor del lugar pues no sabían que sucedía. Al menos no hasta que vieron a dos de los soldados rusos sacando a arrastras al nazi de la habitación, entre gritos desesperados. Mientras detrás de ellos, el otro soldado llevaba a los niños, quienes igual gritaban por su padre intentando ir con el -siendo retenido por el soldado, que los jalaba del brazo con fuerza. Eso dejaría marca-.

Los allegados a Sophie Bauer, quedaron confundidos, al ver que esa mujer tan pobre era realmente el mismísimo Third Reich disfrazado.

—¡Por favor!, ¡se los suplico, no se los lleven! —Third lloraba viendo como subían a Alemania y Derek a un auto para llevárselos —¡POR FAVOR, NO! —Sus gritos desgarradores, hacían que todos se sintieran ¿mal? un poco tal vez, pues era muy doloroso que te quitara tu única familia.

—¡Cierra la puta boca, maldito nazi!

Un golpe en su cabeza con la parte de atrás de la escopeta, fue lo que termino por desmayarlo. Dejando que los soldados ya con libertad ataran sus manos y pie. Y lo metieran a la cajuela de otro auto.

Todo miraron como el auto se alejó rumbo a Moscú donde se les haría el informe a los altos mandos y a los contrys párate de los aliados


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Las risas una mujer era lo único que se escuchado en toda la base de confinamiento, donde estaban los del eje -menos Italia Fascista -. Quien se mantenía nervioso trans el informe que le llego...su ultimo amigo había sido capturado junto a sus hijos.

—What makes you laugh so much, France? —pregunto Reino Unido, quien estaba a su lado. Desde que le llego el informe a esa mujer no a parado de reír.

(¿Que te da tanta risa, Francia?).

—Oh bébé, n'est-ce pas évident? —El inglés negó cuando la mirada de su esposa se dirigió a el y a su hijo -USA-, quien igual la miraba extrañado por su risa —Je n'arrive pas à y croire, ça ne les fait pas rire que le Troisième Reich lui-même, le plus grand génocide au monde. J'ai fini par vivre dans une porcherie, ramasser les ordures et pour couronner le tout devoir s'habiller en femme —La mujer rio con más ganas —Maintenant, sans aucun doute, c'est une pute allemande. Je me demande avec combien de personnes aurait-elle couché ? J'ai entendu dire qu'ils la considéraient comme jolie.

(Oh, cariño, ¿Qué no es obvio? / No puedo creerlo, no les da risa que el mismísimo Third Reich, el más grande genocida del mundo. Haya terminado viviendo en una pocilga, recogiendo basura y para colmo vistiendo de mujer / Ahora sin duda es una puta alemana. Me pregunto, ¿con cuántos se habrá acostado?, escuche que la consideraban bonita)

—Please, France!, watch your language. Reich wasn't a whore, you said it, he was a street cleaner. he has not offered his body —comento el inglés bebiendo de su té, apenado por como su esposa estaba hablando del alemán.

(¡Por favor, Francia!, cuida tu lenguaje. Reich, no era ninguna puta, tú lo dijiste era barrendero. No anda ofreciendo su cuerpo)

La francesa gruño por el comentario de su esposo —Même ainsi, pour moi, il restera toujours une pute allemande, effrontée et... —Se detuvo un momento para encontrar la palabra, pero no la obtuvo.

(Aun así, para mí, siempre seguirá siendo un puto, descarado y....)

Los presentes tuvieron que parar su conversación al escuchar pisadas sobre el cemento del piso. No había que ser adivinos para saber quién era, pues la pesadez de las mismas y el ligero temblor en el piso, ya les daba una idea de quien era.

La francesa bufa, lo menos que quería era ser callada ahora por ese hombre que llegaba. Para su fortuna no fue directo por ella, pues no le importaba en lo más mínimo los cuatro hay presentes.

—Где это находится!? —El soviético entro a esa sala agitado, había estado conduciendo por horas y luego corrió otras horas más hasta llegar a ese lugar tan excluido de la sociedad.

(¿¡Donde esta!?)

El reino Unido señalo una puerta de metal detrás de él.

El soviético no perdió tiempo, corriendo a esa puerta para ir a buscar al Reich.

—Pourquoi tant d'insistance pour voir la pute nazie ?

(¿Por qué tanta insistencia en ver a la puta nazi?)

—Shut up, france...he's been waiting for this —comento bebiendo su té, bajando la mirada triste, pues el vio como sufrió el soviético al no saber dónde estaba su mejor amigo.

(Cállate, Francia...ha estado esperando esto)

La imponente Unión Soviética recorría todas las celdas vacías, buscando con su mirada desesperada a escarlata. No fue hasta que en su campo de visión alcanzo a ver unas figuras de dos soldados custodiando una celda. ¡Bingo!, lo había encontrado.

Su caminar se hizo más relajado, pues no quería llamar la atención de los soldados o de la persona dentro la celda.

—Доброе утро, г-н СССР! —Los dos soldados saludaron a su mayor en cuanto estuvo enfrente de ellos. URSS respondió al saludo inclinando la cabeza.

(¡Buenos días, señor URSS!)

—Открой дверь.

(Abre la puerta)

Los dos soldados se miraron antes de abrir la puerta de metal, dejándole paso libre al comunista de entrar. El nazi giro su mirada mirando al soviético de reojo.

—Oставьте нас в покое —Los soldados obedecieron, cerrando la puerta para irse a descansar un poco, lo necesitaban.

(Dejarnos solos)

Al ya no escuchar las pisadas de las botas militares, le nazi se giró por completo para mirar al soviético.

—UR... —No pudo terminar cuando los grandes brazos de su amigo lo apresaron, sintiendo su hombro mojado por las lágrimas del soviético.

—Reich, no sabes cuanto te extrañe.

—Yo igual, URSS, yo igual te extrañe —correspondió el abrazo, acariciando la espalda del otro para que se calmara.

Se mantuvieron así un buen rato, hasta que el comunista pudiera hablar con normalidad sin que la voz se le cortara. URSS se separó para sonreírle, pero su sonrisa se desvaneció al ver la figura demasiado delgada del nazi.

—¿Qué te paso? Dijo siempre fuiste delgado, pero ahora estas en desnutrición total.

—Ah...eso, bueno, me tuve que sacrificar por mis hi... —Su hablar se paró al comenzar a toser, llevándose la mano a la boca. Soviet, solo lo miro preocupada dándole palmaditas en la espalda —E-estoy bien... —dijo el nazi con poco ronco, alejando al soviético un poco de él.

—¿Seguro?

El otro asintió recargándose en la pared, dejando su mano a su lado a la vista de URSS. En la cual se podía ver una mancha color carmesí resbalar entre la palma hasta los dedos y posterior mente en el suelo. URSS lo tomo mirando espantado esa mancha de sangre, era sangre sin duda. Reich solo lo miraba con los ojos entrecerrados,

—¿Cuándo? —pregunto dirigiendo su mirada al escarlata.

—Dos semanas...creo.

—Reich, tenemos que llevarte a un hospital. Esto no es normal...

—URSS, mi estomago se está comiendo a si mismo...ya no hay nada que hacer, déjame morir —El Reich retiro su mano para poder acostarse en el montón de sabanas. Se estaba empezando a sentir muy cansado —Sabia que esto pasaría. Cuida de mis hijos, confió que tú les darás una buena vida —Le sonrió débilmente.

—No digas eso yo te voy a ayudar. Solo resiste un poco más, Reich.

—Soviet, n....no.

—¡REICH, NO! ¡ABRE LOS OJOS!


















[ En el presente...]

El nazi se despertó, sudando en frio, sintiendo su respiración pesada. Miro a su alrededor pues no sabía dónde estaba, estaba desorientado.

Nos minutos paso así, casi causándole un paro cardiaco por no saber dónde estaba. Hasta que pudo reconocer ese departamento...su departamento en Alemania. Suspiro alivio por eso, por un momento pensó que estaba de nuevo es ese lugar, la famosa cárcel en la que paso sesenta y uno años de su vida.

—Amor...¿Qué haces despierto?, duerme —ONU se volteo abrazando a su pareja.

—Losiento, solo quería ir al baño —Miro que ONU asintió y lo soltó para que fuera.

Ya en el baño, se dio un baño de agua fría para relajarse después de ese mal sueño. Volviendo con su pareja después abrazándolo por la espalda y aferrándose a él , ya no quería más pesadillas.

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