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XIX

Empezó a despertar lentamente, notando que los rayos del sol aún no salían, miró al mech a su lado, ambos estaban de costado, pero no la soltaba, la tenía abrazada y sus intimidades seguían unidas. Tenía su pierna encima de la de él, se movió un poco, haciendo que el Rey la abrazara más, estaba en un estado protector. Decidió volver a dormir un poco, recargando su cabeza contra el pecho del Rey y se sumió de nuevo en un sueño profundo.
Los rayos de sol finalmente salieron, Némesis despertó y notó a su reina dormida, sonrío ante la escena. Con cuidado de no despertarla se separó de ella y se puso una gabardina azul oscuro, tomó un papel y escribió algo para después dejar la nota en la mesita de noche, recargada en una lámpara que había ahí y salió de la habitación

Sariatu volvió a despertar unos minutos después, notando la ausencia del mech, miró la nota en la mesita, por lo que se estiró para tomarla y luego se sentó con la sábana cubriendo su torso y leyó la nota

A pesar de todo, siempre era algo detallista, se movió un poco solo para sentir un leve dolor

-¡Au!- se quejó un poco por la leve molestia en su intimidad, aparte de sentir sus piernas algo pegajosas, los fluidos de su Rey se habían escurrido por ellas

Se recostó en la litera, quedando con la espalda recargada en la cabecera de la litera, se dedicó a juguetear con un mechón de cabello mientras lo esperaba. Los recuerdos de la noche anterior la golpearon, haciendo que su rostro se pusiera azulado, se sentía extraña, pero se había sentido amada.
Escuchó que le puerta se abrió, volteó para ver a Némesis entrando a la habitación con una bandeja, la cual puso en la mesita de noche

-¿Cómo te sientes?- le dio un beso que duró unos segundos antes de separarse

-Bien, solo tengo una ligera molestia, pero no es nada importante- le regaló una sonrisa

-¿Estás segura?- preguntó mientras se sentaba en la litera

-Sí, estoy bien, solo... me siento un poco extraña- el Rey la miró, esperando a que continuara -No logro asimilar lo que ocurrió-

-No tienes porqué avergonzarte,es algo muy natural, todo el mundo ha pasado por esto o pasará por esto-

-Es solo que... he escuchado que algunos mechs, solo enamoran a las femmes para tener interfaz y luego.. las botan como si fueran basura-

-No soy esa clase de mech, admito que eh estado con otras femmes en la litera, pero, nada más,no hay sentimientos involucrados-  le entregó el plato para que comenzara a comer

-¿Qué es lo que los humanos conocen como "mujeriego"?- tomó un bocado de gelatina

-Por lo que entiendo, es un macho que desea tener a varias hembras al mismo tiempo-

-¿Con... con cuántas ha estado?-

-Como con... siete, pero, como te lo dije, fueron encuentros nada más, con protección obviamente- comenzó a comer también

-Eran femmes de los clubes supongo-

-Sí, a veces me llevaban a esos lugares y... bueno, pero, mientras tenga pareja, no suelo estar con otras, soy más de pareja fija-

Eso de alguna manera la calmó. Terminó el platillo y se lo entregó a Némesis, quien lo puso en la bandeja. Se inclinó sobre ella y le dio un largo beso

-Si tu miedo es que pueda estar con alguien más, créeme, eso no va a pasar, eres mi esposa, y no voy dejarte por alguien más-

La femme lo abrazó, comprendía sus miedos y eso le agradaba. Némesis le dio un beso en el cuello sin dejar marca, y después, se separó

-Creo.. que es mejor que vista- dijo abrazándose a si misma y se levantó con una manta alrededor de ella

Busco en el armario un vestido, y encontró uno de color rojo con blanco

Lo puso encima de un taburete, sintió los brazos del Rey en su cintura, y ella se hizo hacia atrás para recargarse en él, sintió sus labios presionar contra su cuello, dándole algunos besos

-¿Quieres que te deje sola mientras te vistes?-

-Usted ya conoce mi cuerpo, no creo que sea necesario-

-Pero si te sientes incómoda, me puedo retirar-

-No, así esta bien, después de todo, usted lo dijo, somos esposos-

El Rey la soltó y se sentó en la litera mientras la femme se ponía el vestido, recorrió con su mirada su cuerpo, era perfecta para él y de alguna u otra forma, la haría ver lo mismo que él veía en ella. Sariatu trató de encontrar el cierre ce la cremallera sin tener éxito, hasta que Némesis le ayudó a cerrarla. La tomó de la mano y empezó a caminar, hasta que algo a través de la ventana llamó su atención, se acercó para ver mejor, eran unos soldados y no era nada bueno

-¿Qué pasa?-

-Caballeros de Iacon, quédate aquí- empezó a caminar hacia la puerta hasta que una mano lo detuvo

-Mi Señor, por favor-

-Sariatu, no pienso arriesgarte, por favor, quédate aquí-

Su reina lo soltó y salió de la habitación,  por fortuna, todos estaban en el pasillo, por los que les dijo lo que pasaba y todos comenzaron a prepararse, tomaron sus armas, espadas y todo su arsenal, Némesis hizo aparecer su armadura y su capa. Todos salieron del castillo, esperando a los caballeros que se acercaban. Una vez teniéndolos frente a frente, vieron que Cyborg y Roulett iban al frente de todos esos caballeros

-Venimos por la princesa, entregala y nadie saldrá herido-

-Sabes que puedo acabar con tus hombres en segundos, además, tu sabes que ella eligió quedarse aquí-

-Tú lo quisiste.... ¡Ataquen!-

Los caballeros se lanzaron contra los bots enemigos, quienes respondieron con otro ataque, Roulett no se inmutó, pero Cyborg sacó una espada de hoja azul claro y se dirijo a atacar a Némesis. Ambos chocaron sus espadas, creando chispas que cayeron al piso, comenzando un enfrentamiento entre ambos enemigos. Sariatu miraba todo desde la ventana, y no pudo resistir el impulso de salir corriendo para ir a donde estaban. Némesis lanzaba golpes con agilidad y destreza, pero en un momento, por la nieve en el piso, se resbaló y su enemigo aprovechó y le encajó la espada en el pecho, justo donde se encontraba su chispa, haciendo que todos voltearan a ver

El Rey cayó de rodillas y Cyborg sacó la espada de su pecho. Némesis tenía miedo, pero su mirada no lo reflejaba, esa era la legendaria espada hecha con la sangre de Primus.  Sariatu vio esto y corrio hasta donde estaba, llegando y colocándose frente a él

-Cyborg, por favor, no le hagas daño- suplicó mostrando las manos

-Lo dejaré vivir si te vas conmigo- esomla dejo pensando

-Sariatu, no lo hagas, yo voy a estar bien.. ahg- se quejó por el dolor en su chispa, su magia comenzó de debilitarse, otro golpe lo mataría y ella lo sabía

-De acuerdo, iré contigo, pero siempre y cuando el tratado siga en pie y no le hagas daño- Cyborg se quedó pensando pero aceptó

-De acuerdo, el tratado seguirá y él vivirá- la tomó del brazo empezó a caminar hacia el caballo gris

-Solo... solo deja que me despida de él- la miró por unos segundos

-Rápido-

La soltó y se acercó al Rey, agachandose y abrazándolo con fuerza, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos, sintió que un brazo se envolvía en su cintura

-No tienes que irte, con una orden, pueden acabar con ellos- le susurro al oído

-Esto solo provocará más guerra, no quiero que termine por matarlo, no podría vivir con eso-

La abrazó con más fuerza, Sariatu no podría vivir con la muerte del Rey, y más su era causada por su culpa, dolía el tener que irse, pero si no lo hacía, lo matarían

-Sariatu, es hora de irnos-

La femme se separó y le dio un beso largo, el último beso que le daría. No quería irse, pero Cyborg no se iba a detener, lo mejor era dejar esto y aceptar lo que tenían planeado para ella desde hace años. Se levantó con lágrimas corriendo por su rostro y se acercó a Cyborg, quien la trepó al caballo y se sentó detrás de ella. Némesis miró como se iban, pero no podía hacer nada, los superaban en número y sus hombres podrían ser abatidos, y su magia se debilitó de golpe.

En el castillo de Iacon, Sariatu estaba siendo ataviada con un vestido blanco, se casaría con Cyborg en ese momento, sería una cereemonia rápida, su rostro presentaba una tristeza profunda.
La ceremonia dio inicio y ambos fueron anunciados como esposos, todos aplaudieron, pero ella solo quería estar con su Rey, en aquel castillo sin tener una sola preocupación del futuro, sirviendo como maniquí para Elita, dando opiniones sobre el sabor de algún postre de Arcee, escuchando las anécdotas de Ironhide y Chromia, las miradas un tanto fastidiados de Stormreing, todo.

Más rápido de lo que pensó, el cielo se llenó de estrellas, Cyborg la llevó a su habitación, donde Sariatu sólo se sentó en la litera, con la mirada en el piso, sin embargo, Cyborg la hizo mirarlo y le dio un beso, trató de alejarse, pero él la hizo acostarse en la litera. Si trataba de negarse, sería peor, por lo que no intentó hacer nada, pero las lágrimas volvieron a salir ante los recuerdos de Némesis haciéndola suya, la primera... y tal vez la última vez que la tomó como suya.

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