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05.𝖽𝖺𝗇𝖼𝗂𝗇𝗀 𝗐𝗂𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖽𝖾𝖺𝗍𝗁.


𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝐅𝐈𝐕𝐄
𝖽𝖺𝗇𝖼𝗂𝗇𝗀 𝗐𝗂𝗍𝗁 𝘁𝗵𝗲 𝗱𝗲𝗮𝘁𝗵.












—Entonces, ¿la perra fue a disculparse y, a pedirte a Chucky?

—Si.

—Y tu vas a dárselo?

—Aja.

—Bueno.

—¿"Bueno"? ¿Eso es todo?—inquirió Jake con confusión, y su rostro lo demostraba, aunque su amiga no pudiera verlo.

—Ah...si. ¿Que esperabas?—inquirió ella con diversión, poniendo el altavoz y dejando su celular en su tocador.

—Si te soy sincero, un regaño.

Beck sonrió

—¿Acaso eres idiota Jake Wheeler? ¡No puedes darle a la perra a Chucky! Si haces algo estupido te mataré. Después de darte la paliza de tu vida.

Jake soltó una risilla.

—Esa es mi Guinevere.—dijo sonriendo, pero no dejó pasar el hecho de que la sintió diferente.—Hey, ¿estas bien? Te escucho...diferente.

—Estoy bien.—Mintió.—Diferente como?—Pregunto, observándo su reflejo serio en el enorme espejo de su tocador.

—No lo se. Rara.

Y si que lo estaba. Guinevere había estando comportándose muy extraña, sus padres también lo notaron pero no dijeron o preguntaron nada al respecto, su nueva vida cambio desde la visita que Chucky le hizo la noche anterior.

—Sabes? Ire a la fiesta que dará Lexy en su casa esta noche.—cambio de tema. Siempre le funcionaba.—JunJun—imitó a Lexy.—me invitó.

—Junior? ¿Desde cuando se hablan?—Inquirió Jake con confusión.

—No hablamos. Supongo que intenta disculparse por lo de antes.—Dijo.

Junior la había invitado a la fiesta intima que daría su novia en su casa para tratar de disculparse nuevamente por lo de aquella vez. No sentía ese sentimiento de paz o tranquilidad consigo mismo, y el no solía ser ni sentirse así. Aunque, no solo esa es la unica razon por la que la invito, Junior llego al punto de no poder sacar a la castaña de su cabeza, desde que se sintió seguro con ella. Un sentimiento que queria volver a sentir, un sentimiento que no habia sentido con nadie mas, ni con su novia.

—Antes? ¿Que paso? Oye, me estas ocultando varias cosas.

—Relajate pelos de maruchan. No te oculto nada.—otra mentirá.—Ven conmigo a esa fiesta.

—Nah. Iré, pero solo a entregarle a Chucky a Lexi.

—Sigue en pie el mismo plan?—pregunto, mientras afilaba su navaja, pues esa noche le daría uso.

—Sip.

—Go best friend, ajá.—Jake rio.—Te veo en el Grill.—dijo antes de cortar la llamada, haciendo referencia a la serie Diario de Vampiros, por la que ambos comparten un gusto culposo.

Guinevere desbloqueó su celular y observó sus notificaciones y la hora, un mensaje de un número desconocido apareció logrando tensarla.

Estoy en el lugar acordado.

Bloqueó la pantalla y guardo su celular en el bolsillo trasero de su pantalón de cuero negro, tomó su bolso de su cama, salió de su habitación y bajo las escaleras deprisa.

—A donde vas?—le pregunto Anissa, deteniéndola en seco.

Guinevere apretó los ojos y labios maldiciendo en su cabeza. Se suponía que su madre no estaría en casa a esa hora.

—Veré a una amiga. No estaré muy lejos y no tardaré.

—Mmm...Te quiero aquí a las cinco. Y cuando regreses voy hablar contigo.—le dijo su madre.

Beck asintió y salió de casa sin preguntarle de que quería hablarle y por que estaba ahí. Dos horas. Solo tiene dos horas para solucionar el problema que amenaza a su familia, el cual tiene nombre, y es Jenna Saltzman. 20 minutos me bastarán. Pensó. Suspiro, apretó fuerte el agarre de su bolso y comenzó a caminar por la acera con destino al lugar donde habían acordado encontrarse.

—Te tardaste.

Guinevere observó la hora en su reloj.—Dos minutos.

—Estaba apuntó de hacer viral...—

—Acabemos con esto, ¿quieres? ¿Que mierda quieres?—Pregunto impaciente cruzándose de brazos.

Estaba arta de sus amenazas, no pensaba aguantar más esa situación, y ya no tendría que hacerlo.

Jenna Saltzman era la mejor amiga de Guinevere en Los Ángeles, hasta que descubrió que a la que llamaba "su mejor amiga", se metía con su novio, Ben. Y Justo unos días antes de que tuvieran que huir de su hogar.

Cuando Guinevere se marchó de Los Ángeles, Jena tomó su lugar en absolutamente todo, su puesto de capitana de porrista, su puesto de reina del baile de primavera eh invierno, su grupo de amigas, le quitó el novio y tomó su popularidad queriendo convertirse en ella, una total perra. Eran como Maddy y Cassie.

Jenna Saltzman era un tumor, uno qué había que exterminar. Guinevere se encargaría de eso.

—Simple y sencillo.

Jenna se acercó a ella y le susurro algo al oído que hizo que se paralizara.

—Eso es imposible, Jenna. No puedo darte eso.

—No es imposible.—le interrumpió.—No para ti.

Guinevere retrocedió y se llevó una mano a la frente sobándola. Solo tenía dos opciones, darle lo que lo que quería, o asesinarla. Debía pensar inteligente, hacer una jugada divina, SU, jugada divina.

—Si te lo doy, ¿cerraras tu estupida boca, te alejarás de mi y mi familia y te marcharás de este maldito pueblo?

—Uh...estaba pensando en quedarme un tiempo. Pero,—Jenna comenzó a caminar en círculo al rededor suyo.—si.

—Bien. Sígueme.

Guinevere comenzó a caminar a paso rápido guiando a Jenna a un almacén abandonado y alejado del pueblo donde supuestamente está lo que le pidió, pronto empezaron a dejar atrás a la gente y tiendas cercanas.

—A donde me llevas?—pregunto con desconfianza Jenna.

—A por lo que quieres.—contesto Beck obvia. La chica Saltzman rodó los ojos.

—Exactamente, ¿en donde está?—Inquirió, cruzándose de brazos.

—Cerca, Jenna. Calma.

—No confió en ti.

—Tampoco yo en ti pero aquí estamos.

—Que graciosa.—dijo Jenna sarcástica.

—Ya me conoces, Jenna, el sarcasmo es una de mis únicas defensas.—y desde ahí, el resto del camino fue silencioso.—Llegamos.—anunció Guinevere después de diez minutos de caminata.

—Por fin. ¿Donde esta?

—Ahí dentro.—Guinevere le señaló el edificio con la cabeza, el cual ambas se quedaron viendo. Las chicas se adentraron en el lugar después de haber roto una ventana para poder entrar, hacía frío ahí dentro.—Iré por ella.—Jenna la miró con desaprobación.—Quédate aquí.—le ordenó, para después empezarse a alejar con una sonrisa maliciosa en su rostro.

—¡No te tardes!—le grito Jenna, mientras se abrazaba así misma temerosa.

Guinevere se metió en el primer rincón que encontró, una oficina destruida con papeles por el suelo, vidrios rotos, maderas, cajas, y demasiada suciedad. Se recargó en la pared, sacó su celular y revisó sus notificaciones para matar el tiempo, esperaría dos minutos para salir.

Junior
𝖣𝗈𝗌 𝗆𝖾𝗇𝗌𝖺𝗃𝖾𝗌 𝗇𝗎𝖾𝗏𝗈𝗌

Oliver Hayden
𝖣𝗈𝗌 𝗆𝖾𝗇𝗌𝖺𝗃𝖾𝗌 𝗇𝗎𝖾𝗏𝗈.

Jae
𝖢𝗎𝖺𝗍𝗋𝗈 𝗆𝖾𝗇𝗌𝖺𝗃𝖾𝗌 𝗇𝗎𝖾𝗏𝗈𝗌.

Mamá
𝖴𝗇 𝗆𝖾𝗇𝗌𝖺𝗃𝖾 𝗇𝗎𝖾𝗏𝗈.

Tiff
𝖴𝗇 𝗆𝖾𝗇𝗌𝖺𝗃𝖾 𝗇𝗎𝖾𝗏𝗈.

𝖫𝗅𝖺𝗆𝖺𝖽𝖺 𝗉𝖾𝗋𝖽𝗂𝖽𝖺 𝖽𝖾 Junior (1)

𝖫𝗅𝖺𝗆𝖺𝖽𝖺 𝗉𝖾𝗋𝖽𝗂𝖽𝖺 𝖽𝖾 mamá (2)

𝖫𝗅𝖺𝗆𝖺𝖽𝖺 𝗉𝖾𝗋𝖽𝗂𝖽𝖺 𝖽𝖾 papá (1)

𝖫𝗅𝖺𝗆𝖺𝖽𝖺 𝗉𝖾𝗋𝖽𝗂𝖽𝖺 𝖽𝖾 Tiff

𝖫𝗅𝖺𝗆𝖺𝖽𝖺 𝗉𝖾𝗋𝖽𝗂𝖽𝖺 𝖽𝖾 𝖢𝗈𝗋𝗋𝖾𝖼𝗂𝗈𝗇𝖺𝗅 𝖽𝖾 𝗆𝖾𝗇𝗈𝗋𝖾𝗌 𝖽𝖾 𝖠𝗍𝗅𝖺𝗇𝗍𝖺 (1)

¿Por que la correccional le había llamado? Le habría pasado algo a su hermano? Quiso devolver la llamada pero ese no era el momento. Ya contestaría los mensajes y devolvería las llamadas luego. Exactamente dos minutos después, Guinevere salió por detrás de Jenna con una piedra en su mano, camino hasta ella sin hacer ruido, apretó la roca y decidida y sin piedad le golpeó la cabeza con fuerza tumbándola al suelo. Jenna no emitió ningún sonido, se levantó a como pudo pero cayó al instante quedando arrodillada, su vista se tornó borrosa, subió su cabeza apenas pudiendo enfocar a Guinevere, como si de una cámara se tratase.

—Ultimas palabras?—preguntó, para después arrojarle la piedra.

Con su último aliento y en un susurro, Jenna le dijo;—Van a caer.

—No.—Guinevere negó sonriendo y se arrodilló frente a ella.—Tu si que caíste. Dulces sueños.—dijo dulcemente arrugando su nariz y manteniendo esa sonrisa siniestra.

Jenna dejó salir una lágrima, su respiración iba disminuyendo con cada suspiro que daba. Beck no sabía por qué el ver cómo sus víctimas morían lentamente, le encantaba.

Guinevere suspiró eh inclinó su cabeza observando el cuerpo sin vida de su ex amiga, le sacó el Celular a Jenna de su sudadera y lo guardó en su bolso, se colocó el gorro de su sudadera y salió del almacén después de asegurarse que no hubiera nadie cerca. Comenzó a caminar en dirección a la casa de Lexy, mientras lo hacía marco a la correccional, la curiosidad y preocupación la estaba carcomiendo.

—Correccional de menores de Atlanta. Si?—contesto una mujer.

—Buenas tardes. Soy Beck Salinger,—el nombre con el que se registró–tengo una llamada perdida.

—Ah, si, señorita Sallinger, le hablamos para informarle que Archer Quinn salió libre ayer a las tres veintinueve de la tarde.

Guinevere paro en seco. Quería creer que había escuchado mal, pero no era así.

—¿Que?

—Le quisimos informar a sus familiares que el juez dio la orden de liberación completa pero nos enteramos que sus padres y hermanos fallecieron hace casi dos meses.

—Si, asies.—aún no lograba entender.—¿Quien fue por el? ¿Como salió? Le faltaban dos años y no tenía derecho a libertad condicional.

—Como le dije, señorita, el juez dio la orden de liberación completa. Jennifer Tilly autorizó su salida y lo recogió.

Entonces por eso Tiffany la había llamado. 

—Gracias.—"agradeció" y colgó.

Guinevere no se dio tiempo ni para respirar, marco apresuradamente el número de Tiffany mientras retomaba su camino, sabía que probablemente le explotaría a a la mujer por llamada. Inhalo y exhalo dos veces pero sus pensamientos no ayudaban.

—Hola cari...

—¿¡Que mierda!? Tiffany.—al final explotó. Su esfuerzo por aprender ejercicios de relajación durante años–porque siempre ha tenido un carácter explosivo–no sirvieron de nada. El señor Miyagi estaría muy decepcionado de mi ahora mismo. Pensó.—¿Donde demonios esta mi hermano? Quiero verlo.

—Tranquila, cariño. Ahora mismo no puedo hablar. Hablamos luego, ¿si? Adiós.—dijo alargando la S, Tiffany cortó la llamada antes de que Guinevere pudiera responder.

—Hija de...

Apretó con fuerza y coraje su celular maldiciendo a todo mundo en diferentes idiomas en su cabeza. Con mucho esfuerzo de su parte se logró tranquilizar. Diez o quince minutos mas tarde llegó a casa de Lexy. Como dicen, entro como perro por su casa por la puerta principal, encontrándose con Oliver y otros chicos charlando y bebiendo. Ella también necesitaba un trago, así que se dirigió a la cocina donde se topó con Junior y Lexy.

—No recuerdo haberte invitado.—Dijo la rubia.

—No lo hiciste. Tu novio lo hizo.—Dijo, recargándose en la barra. Lexy fulminó a Junior, el desvío la mirada.—Sabes que? Me iré.—Guinevere se reincorporo y camino hacia la puerta trasera.

—No.—le detuvo Lexy.—Quédate.—le sonrió falsamente, Beck le sonrió de la misma manera.

Lexy y los demás se dispersaron por la casa, pero Junior se acercó a ella.

—Hey, gracias por venir.—dijo, con las manos metidas en los bolsillos delanteros de su pantalón.

—Dos cosas. Esta no es tu fiesta de cumpleaños para que me digas eso. Y segundo, Oliver también me invitó.

—Oliver?—Junior frunció el ceño.—¿Desde cuando se hablan?

—Ah...¿Te interesa?—inquirió Beck, comenzando a caminar hacia la estancia donde todos se encontraban.

—Ah...Si.—respondió Junior con obviedad, siguiéndola.

—¿Por qué?

Junior ya no tenía nada para decir ante eso.—Como sea. Diviértete.—y se alejó.

—Oh, lo haré.—afirmó, sonriendo de forma maliciosa.

Tomo la botella de Voodka y se la llevó a la boca tomando el contenido como agua. Decidió que se liaría con Oliver Hayden. El chico llevaba ya rato insistiéndole que salieran, y desde que llegó que bailara con ella, y ella necesitaba distraerse. Agarro la botella de Voodka de la boquilla y se dirigió nuevamente a la sala, donde observó a su "cita" bailar con Lexy, y también observó a Junior viéndolos con cara de pocos amigos. Mientras veía a Junior, una idea bastante estupida–según ella–vino a su mente. Le dio un gran sorbo al Voodka y decidida se dirigió a Junior después de haber dejado la botella sobre un buró. Junior estaba viendo un punto fijo en la pared, así que Guinevere aprovecho y lo tomo de la muñeca jalándolo hacia la pista de baile

—¿Que demonios?—pregunto confuso.

—solo cállate y baila conmigo.

Lo sorprendente fue, que Junior la obedeció. Beck paso sus brazos por alrededor del cuello de Junior mientras que el puso sus manos en la cintura de ella, quedando más cerca de lo que nunca habían estado. Beck no tenía unos audífonos, pero escuchaba la música a lo muy lejos. La castaña se comenzó a mover lentamente guiando a Junior, quien rápidamente se dejó llevar, por la música y por ella.

Conectaron. Conectaron tan bien que, todas las estrellas se alinearon, como si hubieran estado esperando tanto por ese momento. No era mayo, no era noviembre, eran sólo ellos dos, bajo el poder del otro.

—Tienes poder sobre mi.—se atrevió a decir Junior.

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