021; 𝐅𝐀𝐋𝐋
PERFECT CHANGE — Jaden Walton.
021; ¡CAÍDA!
| JADEN Y YO LLEVÁBAMOS CASI UN MES Y MEDIO SIENDO NOVIOS, TODO ESTO DESPUÉS DE LO QUE OCURRIÓ EN ROLLEY'S. |
De hecho, hoy iba a ir con él a un reservado que tenía con sus amigos en un pub. Sí, la última vez que hice algo parecido a ello salió mal, pero quise tener fe en que esta vez sería diferente.
—Vas muy guapa.— me halagó Lily con su característica sonrisa. —Aunque bueno, eso es algo usual en ti.
—Ay, gracias.— me sonrojé como una tonta mientras me terminaba de maquillar. —Listo.
Me alejé del lavabo cerrando mi bolsa para así dejarlo todo ordenado. Agarré mi bolso y metí una copia de las llaves de casa que eran mías, para cuando volviese.
—¿Cómo vas a ir? ¿Te recoge Jaden o te llevo yo?— me preguntó acercándose a la puerta de mi habitación esperándome.
—Me recoge Jaden dentro de 15 minutos.— anuncié llegando a las escaleras con ella.
—Perfecto.— asintió. —¿Puedo preguntar con quién vais a salir? Solo para saberlo y estar informada.
—Claro, Lils, no te preocupes.— accedí sin dudarlo, tenía mucha confianza con ella. —No sé si los conoces, pero son los Buford Wolves del equipo de baseball, en el que está Jaden.
—¡Oh, sí! Yo fui a ese instituto con las madres de algunos de ellos.— sonrió nostálgica. —Ya sé quiénes son algunos. Uno se llama Jackson, ¿verdad?
Me sorprendí e involuntariamente me incomodé ante el nombre de aquel joven y amigo de mi novio.
—Sí, Jackson.
—¿Qué ocurre con él?— se cruzó de brazos curiosa.
Lamí mis labios nerviosamente. —Bueno, desde que conozco al grupo, creo que él es al que peor le caigo. De hecho, fue quien me contó lo de que Jaden había hecho aquella apuesta y... se podría decir que no me he llevado la mejor impresión de él.
—Entiendo.— asintió con su cabeza rascándose la nuca pensativa. —Quiero decir, no habéis estado en las mejores condiciones o situaciones para conoceros mejor; tal vez sí tratas de comunicarte algo más con él, te darás cuenta de que realmente puede ser una buena persona.
—Está bien. Gracias, Lily.
—No es nada, cariño.
Pasaron unos minutos hasta que se escucharon varios pitidos de coche provenientes de afuera.
—Ahí está, me voy.— salté de la emoción dando un poco de vergüenza ajena.
La rubia rió flojamente. —No te olvides el abrigo.
—¡No!— exclamé ya abriendo la puerta con ansiedad.
En menos de cinco segundos había cruzado la carretera y me había adentrado al coche del moreno.
—Hola, nueva.— sonrió de lado mirándome.
—Hola, Jad.— lo saludé plantando un beso sobre sus labios.
—¿Puedo decir que estás muy guapa?— dijo dando su visto bueno al outfit.
Yo hice el gesto de pensar durante unos segundos. —Vaya, muchas gracias. Tú tampoco estás nada mal.
—Bueno, espero que no me hayas malentendido, tú siempre vas guapa.
—Agh, para.— negué con la cabeza divertida mientras ambos reíamos.
Una rubia con bata se acercó a la ventanilla de mi lado del coche, simulando tener mucho frío. Con su mano, indicó que bajáramos aquel cristal.
—Hola, Lily.— saludó Jaden con una sonrisa.
—¡Hola, Jaden! ¿Cómo estás?
—Bien, no me puedo quejar. Gracias por preguntar.
—Me alegra oír eso.— se veía tranquila. —Solo vengo a deciros que la noche está regular, lo más seguro es que llueva.
—Apuntado.— dijimos los dos a la vez.
—La hora de quedada es la una de la mañana.— anunció, haciéndome recordar como traté de negociar con ella la hora. —Aunque como mañana no hay instituto la aplazamos hasta las dos y media. Pero no más, ¿vale?
Ambos asentimos pareciendo soldados. El moreno arrancó el motor de su coche.
—Por favor tened cuidado.— pidió algo preocupada la mujer.
—No te preocupes.— le sonreí tratando de que se relajara.
—Jaden, por favor. Tened cuidado, sobre todo tú conduciendo y todo eso, tienes una gran responsabilidad.
—Sí, Lily, no te preocupes.
Acabamos despidiéndonos de ella y nos pusimos en marcha hacia aquel pub.
Casi media hora después, Jaden aparcó el coche cuando justo después empezó a llover.
—Esperamos unos minutos a que pare y salimos del coche, ¿no?— sugirió dejándose caer en el sillón de piel.
—Sí, claro.
Pasamos unos segundos en silencio, tratando d empatar el tiempo de la forma más agradable posible.
—¿Cómo estás?— preguntó repentinamente.
—¿Qué?— reí al escuchar su pregunta.
—No te he preguntado cómo te encuentras.
Una mueca de tristeza se reflejó en mi rostro. —Yo tampoco te he preguntado.
—Yo estoy bien, ¿y tú?
—Bien, también. No me quejo.— sonreí tierna mirándolo.
—Me alegro.— apoyó su mano en mi pierna.
Las gotas de la lluvia cesaron poco a poco, hasta por fin escampar.
—Vamos, es nuestra oportunidad.
Los dos nos bajamos del coche y Jaden me dio el encuentro. Su mano se posicionó en mi parte inferior de la espalda y ambos comenzamos a andar por el aparcamiento del pub, el cual estaba alumbrado por una miserable farola.
—Ten cuidado no te vayas a caer con uno de estos bordillos.— señaló con su pie el suelo. —Son realmente jodidos.
—Sí, gracias.
Pronto, entramos en el local, donde unos 8 jóvenes nos esperaban con ansias.
—¡Por fin llegáis!— exclamó Caleb. —Si llego a tener que esperaros un minuto más, os pensaba poner una denuncia.
Jaden rodó los ojos mientras yo solo reía. —Qué exagerado.
—Quedamos a y media, no quince minutos más tarde.— se quejó Jackson con su fría voz mirándome.
—No es nuestra culpa que se haya puesto a llover y tuviéramos que esperar a que parase.— respondió Jaden defendiéndonos.
—Tampoco es nuestra culpa.— dijo de nuevo.
—¿Hubieras preferido que nos empapásemos?— rió Jaden irónico intimidándolo ligeramente. —Parece que hoy te has levantado un poco gilipollas, ¿no?
El pelinegro pensaba responder cuando un rubio interrumpió a ambos.
—Parad. Lo que dije antes era una broma. Por supuesto que preferimos esperar 15 minutos a que os mojéis y podáis pillar un resfriado. —menos mal, alguien con sentido común. — ¿Verdad, Jackson?
El joven miró duramente a Jaden, quien no tuvo problema alguno en sostenerle la mirada; para luego mirarme a mí de arriba a abajo y de una forma un poco... ¿ofensiva?
—Eh.— lo llamó Jaden. —¿Has terminado ya con tu berrinche de niño malcriado?
Me agarró la mano y pasó por al lado de aquel empujándolo con su hombro lo suficientemente fuerte como para apartarlo de nosotros mientras pasábamos.
Bajamos a una especie de pista de baile, ya que el local era un café y abajo un pub. Me senté en uno de los coloridos sofás que había allí, y el moreno se situó a mi lado.
—Voy a por algo de beber, ¿qué te apetece?— me preguntó Jaden levantándose después de dos segundos sentado.
—Mh, tal vez un Nestea.— respondí.
El joven carcajeó. —¿Un Nestea? ¿No te apetece algo más...?
—No.— dije con una sonrisa.
—Vale.
El joven se marchó a la barra a pedir aquellas bebidas, cuando mi mirada recayó sobre un solitario pelinegro que se encontraba a unos metros de allí. Era Jackson.
Suspiré y sentí la necesidad de acercarme a él para tratar de solucionar todo lo que estaba ocurriendo. Ahí fue donde recordé las palabras de Lily.
—Hey, Jackson.— lo saludé llegando a su lado.
Este dio un sorbo a su bebida sin aún mirarme. —Hola.
—Quiero arreglar las cosas.— anuncié segura.
—¿Cómo dices?— enarcó una ceja con actitud burlesca.
—Me quedan seis meses mal contados en EEUU, Jackson, y lo último que quiero es problemas con alguien. Créeme.— comenté con una sonrisa algo triste.
Fingió confusión. —¿Y eso que tiene que ver conmigo?
—Sé que tú y yo no hemos empezado con buen pie.
—Mh.
—Y no quiero que eso sea así. No tenemos porqué ser amigos si tú no quieres, pero ya te lo mencioné antes, lo último que quiero es estar mal con alguien.— me expliqué tranquila tratando de no trabarme.
Este asintió pareciendo que lo entendía. —Ya...
—Entonces, ¿te parece bien que olvidemos todo?
—¿Sabes? Creo que tienes una mala impresión de mí.— sonrió de lado al igual que solía hacer Jaden.
—Ah, ¿sí? ¿Por qué piensas eso?
—Fui yo quien te contó lo que hizo Jaden y hoy hemos discutido los tres.— dijo obvio. —Es normal que tengas una mala impresión de mí.
—Entiendo lo que dices; pero si te soy sincera, no era así. De hecho, pensé que yo te caía mal, como si yo fuera el problema.— respondí haciendo gestos con mi mano típicos de una española al hablar.
—¿Tú caerme mal? Creo haberte dicho hace tiempo que me parecías una buena niña... mi opinión no ha cambiado desde entonces.— dio un sorbo a su bebida.
Sonreí aliviada. —Vaya, eso me hace sentir mucho mejor, la verdad.
—Mh, me alegro.
—Bueno, pues ha sido muy agradable hablar contigo Jackson.— me incorporé de donde estaba. —Tengo que ir a buscar a Jaden, que le encargué algo.
—Claro, no te preocupes. Ya nos vemos, Maddie.— se despidió.
Busqué a Jaden y enseguida lo encontré. Agradecí internamente, pues el local estaba completamente oscuro y estaba empezando a haber demasiada gente.
—¿Dónde estabas?— preguntó extrañado con una copa en su mano, está contenía una pajita negra.
—Hablando con Jackson.— me senté en el sofá de antes con él a mi lado.
No pudo ocultar su cara de desagrado al mencionar su nombre.
—¿Qué hacías con ese bastardo?— escupió con asco.
—¡Eh! No hables así de tu amigo, Jaden.— lo regañé.
Él solo se encogió de hombros. —Mi amigo no se comporta así con mi novia, Jackson no es así.
—De hecho, hablé con ella sobre eso.
—Ah, ¿sí?
—Sí, y parece que ya todos estamos calmados.— sonreí ladeando mi cabeza. —Todos estamos en paz ya.
—Bueno, entonces me alegra oír eso.— le dio otro sorbo a su bebida mirando al frente. —¿Quieres?
Miré con curiosidad aquello. —¿Qué es?
—Malibú de piña con zumo de piña.— respondió. —No lleva mucho alcohol, te lo aseguro.
—Le falta piña.— quise bromear, vaya patética que soy.
El moreno carcajeó por lo mala que había sido mi especie de broma, haciéndome reír fuertemente, sí, como una puñetera foca. Así me reía yo, señores.
—¿Vas a querer o no?— volvió a ofrecer.
—Bueno, un sorbito nada más.
Mentira, casi me lo bebí yo entero.
—Gracias por todo.— agradecí dándole un pequeño beso a Jaden cuando aparco frente a mi casa.
—No es nada.— sonrió viendo como me bajaba del coche.
De repente, un dolor se hizo presente en su cabeza, y por ello se llevó su mano al puente de su nariz.
—Hey, hey, hey, ¿estás bien, Jad?— me preocupé.
—Sí, tranquila.— respondió como si nada.
—¿Estás seguro?— volví a cuestionar.
—Es un simple dolor de cabeza repentino, no pasa nada. Seguro es de haber bebido.— sonrió tratando de ocultarlo.
Arrugué mi rostro incrédula. —Solo bebiste un vaso, ¿quieres que te acompañe hasta tu casa?
A pesar de que su casa estaba relativamente cerca de la mía, me producía malestar dejarlo solo.
—No, no te preocupes.— negó enseguida. —Es solo dolor de cabeza.
—¿Seguro, Jdub?— pregunté de nuevo.
Él sólo carcajeó mientras frotaba su mano contra su cara. —¿Desde cuándo me llamas Jdub?
—Oh, perdón, no me he dado cuenta.— me disculpé sin entender muy bien.
Aquel era un apodo que solo se lo decían sus más allegados, prácticamente su familia.
—No, está bien.— me miró sonriendo ladeadamente. —Al revés, me gusta que lo digas.
—Bueno, me alegro, entonces.— me sonrojé levemente. —¿Seguro que no quieres que te acompañe?
—Seguro, estaré bien, nueva.— asintió seguro.
—Bien, pero cuando llegues mándame un mensaje.— le pedí haciendo que volviese a asentir. —Hasta mañana, y cena algo.
—Hasta mañana, amor.
Volvimos a darnos un corto beso, para luego yo entrar a mi casa. Donde una emocionada rubia me esperaba. Lo que no sabía, era que el moreno no pensaba cenar ese día.
El día siguiente era domingo, y hoy no nos podíamos ver, ya que Jaden iba a estar entrenando todo el día y yo debía estudiar bastante.
—Qué raro que no me haya escrito.— me dije para mí misma observando mi móvil. —Estará en el entrenamiento, por eso es. Entonces mejor no lo molesto.
Dejé mi móvil de nuevo encima de la mesa y seguí leyendo aquel libro, que estaba acabando con toda mi estabilidad emocional. Odiaba Historia de EEUU, y más cuando Jaden no estaba para explicármelo con palabras más sencillas.
Sonreí como una tonta al recordar numerosas tardes que solemos ambos pasar mientras él estaba dispuesto a explicarme un tema entero.
—Hola, Jess, cariño, dime.— saludó Lily a través del teléfono.
Escuché atentamente, a pesar de que la rubia estaba en la planta de abajo.
—¿Cómo?— su voz extrañamente se alteró. —Oh, Dios mío. Ahora se lo digo, espero que se mejore.
Los pasos de la adulta subían las escaleras apuradamente, y no pude evitar sentir escalofríos al observar su rostro cuando llegó a mi habitación.
—¿Lily? ¿Qué ha pasado?— pregunté inquieta girándome hacia ella.
—Mads, eh, yo...— trató de decir con sus manos temblando.
—Relájate, Lils.— dije queriendo ayudarle.
Después de unos segundos, la rubia pudo por fin vocalizar lo que me quería comunicar.
—Cariño, es Jaden.— mi estómago se revolvió. —Se ha desmayado en medio del entrenamiento y se ha golpeado la cabeza con una piedra.
—¿Qué?— pregunté sintiendo cómo era capaz de vomitar de un momento a otro.
—Está inconsciente, en el instituto.
Aquello fue lo último que necesité para levantarme bruscamente del escritorio, provocando que varias cosas cayeran de él, y como si fuera una jodida película, salí corriendo de mi casa en dirección a la institución. No me importaba absolutamente nada, ni la rubia que me seguía, ni el hecho de que iba en pijama y zapatillas.
—¡Mads, espera!
Le hice caso omiso. Lo siento, Lily.
Corrí y corrí como mis piernas y mis pulmones permitían. Cada vez me costaba más seguir, era horrible no estar acostumbrada a hacer deporte y tener que correr así.
Me animé a pegar el último sprint al atravesar la valla del instituto, ya estaba ahí.
—Jaden, Jaden.— lo llamaba una y otra vez a pesar de no estar con él aún.
Frené en seco al divisar en el suelo, el filo de una piedra teñido de rojo, y a su lado un charco del mismo color.
Me llevé mi mano a mi boca sintiendo cómo era capaz de caer de rodillas de un momento a otro y simplemente vomitar.
—Mierda, Jaden.— me lamenté divisando a un numeroso grupo de personas en círculo alrededor de alguien.
Me acerqué y enseguida reconocí a los Walton, y mi mirada bajó a un cuerpo que se encontraba tumbado en el suelo y con otro charco rojo bajo él.
Verlo así me mató, literalmente. Verlo tirado y tan frágil me dolía como si fuera a mí.
No pude evitar sollozar fuertemente notando como varias lágrimas se deslizaban por mis mejillas ahora húmedas. El corazón me dolía y sentía como el aire me faltaba cada vez más.
Jess fue la primera que se acercó a mí. Estaba igual que yo, con sus mejillas empapadas; pero parecía que lo llevaba algo "mejor", pues trataba de mantener calmados a todos.
—Ya está, cariño.— me abrazó haciéndome sentir mucho mejor. —Él esta y estará bien, ya lo verás.
—¿Qué le ha pasado, Jess?— pregunté costosa.
—Parece ser que lleva varios días que no se alimenta bien, y también ha estado entrenando más de lo normal.— explicó viéndose dolida. —¿Sabes? Me siento mal al saber que no me he dado cuenta de que no estaba comiendo como siempre ha hecho.
Eso me hizo sentir lo mismo. —Eso no es culpa de nadie, Jess. Pero trataremos de vigilarlo algo mejor a partir de ahora.
Ella asintió con una sonrisa triste y me volvió a abrazar. Los abrazos que la pelinegra repartía eran de los más reconfortantes, y más en aquella situación.
Luego de minutos, vimos como la ambulancia se llevaba a un Jaden inconsciente para el hospital. Agradecí repetidamente que los Walton se ofrecieran a llevarme con ellos en su coche allí, necesitaba ver a Jaden cuando despertara.
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