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La semana había pasado volando, y cuando se quiso dar cuenta solo faltaba un día para volver a Seúl. ¿Lo malo? No ha hecho ningún avance con Soobin, Ryujin o Beomgyu, por no decir que ni siquiera los había visto, algo que hizo a Taehyun frustrarse mucho.

Dije que iba a cambiar a mejor y ni me esforcé en intentarlo. Pataleó en el futón luego de auto regañarse. Estaba muy enojado consigo mismo, se había pasado esos días caminando por toda la isla mientras escuchaba música con los auriculares, siendo el mismo chico asocial, reservado y solitario de siempre. Odiaba eso y de verdad quería cambiar, pero se le hacía difícil.

Miró hacia la toalla de Soobin, que estaba limpia y bien doblada encima del mueble de la televisión. Debía devolverla antes de irse, y podría aprovechar eso para hacer un avance... A quien engaña, en un día es imposible volverse la persona sociable que desearía ser, y pensar en ello le hizo volver a patalear. 

—¿Por qué estás haciendo un berrinche tú solo, campeón? —preguntó Jungkook al ver el estado de su hijo. 

Taehyun se posicionó rápidamente al recordar que su padre conocía a todo el pueblo—. Papá, ¿sabes dónde vive un chico llamado Soobin? 

—¿Soobin? Vive con los Jung, justo en la casita al lado del ayuntamiento. ¿Acaso te enamoraste de él? —preguntó pícaro. 

—¡No! No es mi tipo. 

—Ah, cierto, te van los chicos altos extranjeros con carita de bebé cuyo nombre empieza por Huening y acaba por Kai~ 

—Ugh… nunca más les voy a decir quien me gusta, solo lo usan para avergonzarme —se quejó y le tiró la almohada a su progenitor. 

—Sabes que es broma —rió y le dió un golpecito en la frente—. Si quieres ir a la casa de los Jung te puedo acompañar, necesito pasarme por el mercado y queda más o menos cerca. 

—¡Sí, por favor! 

Dicho eso, ambos salieron tranquilamente del hogar luego de que Taehyun tomara la toalla, y mantuvieron una animada charla por el camino. La relación padre e hijo que ellos tenían llegaba a ser envidiable, siempre estuvieron muy unidos.

—Entonces, ¿cuándo te vas a confesar a Hueningkai? 

Taehyun se ruborizó—. Por Dios, papá, ¿puedes dejar el tema? 

—¿Por qué? Solo quiero que mi lindo Tae se vuelva más atrevido y traiga pronto un yernito a casa~ 

—No me presiones, aún soy muy joven. Además, dudo que le pueda llegar a gustar a Hueningkai. 

—Sabes que no es homofóbico, eso ya es un gran avance~. Hay una posibilidad~ —Jungkook empezó a hacer corazones con los dedos para avergonzar más a su hijo. Le gustaba verlo así, lucía muy adorable con la carita roja. 

El menor le dió un codazo a su padre completamente avergonzado—. ¡P-para! 

Jungkook rió y revolvió el cabello de Taehyun—. Ahora en serio, espero que seas feliz sin importar las opiniones de los demás. Vivimos en un país un tanto anticuado pero nada es imposible. Nunca te avergüences de tus gustos, sabes que tú mamá y yo te apoyaremos en todo.

Taehyun sabía porque su padre le decía esas palabras, pero no quería pensarlo demasiado, si no, lloraría—. Ahh, y ahora te pones cursi, así no se puede —se quejó con fingido desagrado. 

—Se me da bien ser un cursi, ¿viste? Deberías aprender los tips de tu querido padre para así poder conquistar a Hueningkai —propuso con una postura victoriosa. 

—Creo que las probabilidades de que me rechace aumentan considerablemente si utilizo tus métodos —rió el menor. 

—Bueno, hay más peces en el mar que sí valoran mis métodos infalibles. 

Con la mención del mar, Taehyun recordó algo: Beomgyu. Aunque quedaron en ser amigos, Taehyun llegó a la conclusión de que Beomgyu lo había olvidado o algo por el estilo. Cuándo salía a caminar por la mañana, cada vez que pasaba por el muelle aprovechaba para asomarse un poco para ver si estaba el rubio. Pero no,  nunca lo llegó a ver. Y por la tarde la marea estaba alta, por lo que no podía ir a ver. Supongo que ya me botaron, ¿uh? 

Aún así, quería despedirse de él correctamente antes de volver a Seúl. O más bien esa era su excusa para ver como tenía el brazo. No puede irse con la conciencia tranquila sin comprobar de primera mano que el daño que hizo ya se había curado.

Por eso decidió preguntar—. Hablando del mar, ¿sabes cómo puedo contactar con un chico llamado Beomgyu? 

—¿Beom...Gyu? 

Pensando que su padre no lo entendió bien, siguió hablando—. Sí, creo que su nombre completo era... ¡Choi! Choi Beomgyu. 

Jungkook se quedó pensativo por un momento—. Choi... Beomgyu…

De repente, un silencio muy pesado se hizo presente, y Taehyun notó como su padre empezaba a temblar. Al mirarlo a los ojos para preguntarle qué pasaba, se percató que tenía una confusa e inusual expresión llena de dolor y pánico, algo que nunca antes había visto en él.

—¿Papá? —Taehyun apoyó la mano en la espalda de su padre para brindarle apoyo, a ver si así se calmaba. A veces funcionaba. 

—L-lo siento, c-creo que voy a volver a casa —avisó Jungkook con dificultad. 

—Entiendo, ¿quieres que compre yo lo que necesitabas del mercado? 

Jungkook le entregó el dinero y una pequeña lista de la compra—. P-por favor. 

Taehyun lo tomó y asintió—. Regresa con cuidado. Llama a mamá si es necesario. 

El mayor asintió y empezó a volver a paso lento por donde habían ido. 

Taehyun permaneció en el sitio hasta que su padre salió de su vista. No sabía si debía ir con él o no. Jungkook le pidió múltiples veces que no se preocupara por ello, incluso se podría llegar a enfadar un poco si Taehyun insistía. Aún así, Taehyun no estaba muy seguro de qué debía hacer, y más en esta ocasión que parece más perjudicado que otras veces. 

Al final optó por seguir su camino, sabía que si le pasaba algo al mayor cualquiera del pueblo acudiría a ayudarlo. Las personas de esa isla le transmitían mucha confianza, y duda que estos ignoren a alguien cuando lo ven en mal estado.

Al llegar a la plaza se puso completamente rígido al notar que habían varias casas alrededor del ayuntamiento. No sabía cuál era la de los Jung, y eso solo significaba una cosa: debía preguntarle a alguien.

Algo tan simple como hacer una pregunta le requería mucha preparación mental, podría hacerlo si estaba acompañado, pero estando solo le daba pánico hasta el punto de querer abandonar todos sus planes y volver. 

Pero antes de que eso ocurra, se golpeó las mejillas débilmente con ambas manos como una especie de auto castigo por pensar en rendirse. No, Taehyun, debes hacerlo. 

Se acercó a la primera persona que vió—. Mmh, d-disculpe... ¿sabe dónde... Jung? —preguntó con dificultad. Las palabras no salían bien de su boca por los nervios, pero por suerte la persona pareció entender.

Esta le sonrió amablemente y señaló a una de las lindas casas blancas con tejados orientales de tonos azules. Casi todas eran así, pero la señalaba destacaba un poco más por tener las escaleras de la entrada decoradas con caracolas y el tejado de un azul celeste más claro que el resto.

Taehyun se despidió con una reverencia y caminó hacia la puerta de esta. Tomó una gran bocanada de aire para calmarse y luego tocó el timbre con algo de timidez.

Pensó que tardarían un poco en abrirle, pero nada más terminar de timbrar, la puerta fue completamente abierta por Ryujin.

—Oh, ¡Taehyun! —exclamó la chica con sorpresa, y lo jaló fuerte hacia dentro, dejando al castaño algo confundido—. Tú pasa, como si estuvieras en tu propio hogar —dijo con una sonrisa amable. 

—Y-yo solo vine a- 

—¡Soobin, saca las galletas, tenemos invitados! 

Se escucharon unos pasos fuertes aproximándose a la entrada—. ¿Ahh? ¿Por qué tengo que darle mis galletas a...? Oh mi... ¡Vino el chico mojado y no me avisas! 

Chico mojado... 

Ryujin golpeó a Soobin en el hombro—. Te estoy avisando ahora, idiotaaa~ 

—Idiota tu mamá —murmuró el mayor, luego cambió su expresión a una más amigable y empujó a Taehyun hasta la mesita de suelo, forzándolo a sentarse en uno de los cojines—. ¡Llegaste a tiempo para la merienda! —exclamó con entusiasmo. 

—Pero y-yo solo- 

Soobin tapó la boca de Taehyun con una galleta—. No hay peros, ¡la merienda se disfruta mejor con amigos! 

—¿Somos... Amigos? —preguntó inocentemente.

Ryujin interrumpió al dejar 3 vasos de refresco en la mesa—. ¡Por supuesto! Cuando nos conocimos te dije que nos agradabas, eso en nuestro idioma es "Ahora somos super amiguis y te va a costar mucho deshacerte de nosotros". 

Con esas palabras, Taehyun estaba sonriendo ampliamente, como si hubiera recibido una grandiosa y emocionante noticia. Con eso ya sentía que los días desperdiciados fueron compensados de algún modo. 

Como ambos primos eran muy confianzudos, Taehyun sintió que debía tratarlos de la misma forma, no con la misma confianza que ellos pero, sí lo suficiente como para hablarles de manera casual. 

—¿Por qué querría deshacerme de ustedes~? 

Soobin y Ryujin se emocionaron por esa pregunta. 

—¿Verdad? ¡Si somos la bomba! —exclamó Soobin con emoción—. Lástima que el resto no piensen así, ellos se lo pierden, hhmm. 

Ante la confusión de Taehyun por las últimas palabras, Ryujin le brindó una explicación—. Los de nuestra edad nos alejan porque dicen que somos muy molestos y ruidosos, como un dolor de muelas o un grano en el culo. ¡Ni siquiera sabía que existían los granos en el culo! 

Taehyun conocía esa sensación. Eso de que el resto te deje de lado sin una explicación coherente también lo ha vivido, y lo odiaba. Muchas personas abandonaban la idea de conocer realmente a alguien solo por ciertos gustos o formas de ser que eran todo lo contrario a ellos, cuando ese "alguien" podría llegar a ser mucho más agradable que cualquier otro.

—Ustedes no me parecen molestos. Sí es cierto que son ruidosos, pero no lo encuentro algo desagradable. Al contrario, es más fácil hablarles si son así —soltó con sinceridad. Se sintió muy orgulloso consigo mismo por haberlo dicho sin tartamudear, era una de esas pocas veces donde decía sus pensamientos con confianza. Seguramente se deba a que son ellos, con otros tal vez no podría. 

El lugar quedó en completo silencio y Taehyun casi se arrepiente de haber dicho eso pensando que sus palabras no les gustaron, pero esa idea se desvaneció cuando Soobin apoyó la mano en su hombro. 

—Bro... Estoy dispuesto a volverme norteño y empezar un poliamor o trío o como se llame contigo y la tonta de Ryujin —declaró Soobin medio lloroso. 

Ryujin, que también estaba llorosa, le lanzó una galleta a la cara—. No seas asqueroso... —al decir eso pegó su cara a la mesa para ocultar su rostro—. Ahh, ahora quiero llorar, noooo. 

—Hay que disimular, traigan cebollas.

Taehyun vió que el animado ambiente de antes ahora era algo triste—. ¡L-lo siento! No era mi intención hacerles llorar. 

—No, tú no lo sientes, ¡lo sentimos nosotros! ¡Llevamos tanto tiempo siendo rechazados que ahora no sabemos como reaccionar! —exclamó Ryujin—. Qué desastre, jajaja —rió nerviosa—. Como no te vimos en estos días pensamos que ya nos estabas evitando, fue una gran sorpresa que vinieras. 

—No, simplemente yo... No soy bueno socializando... —admitió bajo—. ¡Por favor, ténganme paciencia, intentaré mejorar eso! Pero no piensen que les desprecio porque no es así. 

—Ahh~, que lindos son los adolescentes hoy en día, me dan ganas de volver a ser joven —se escuchó una voz ajena a los chicos, justo detrás de Taehyun. 

El castaño volteó para encontrarse con un hombre de amigable apariencia. Un leve rubor empezó a aparecer por su rostro al saber que esa persona escuchó parte de la conversación. 

—Hola papá, ¿qué tal te fue? —saludó Ryujin. 

¿Papá? Dios, qué vergüenza… 

—Bastante bien, ¡al final la señorita Siyeon y yo llegamos a un acuerdo! —informó el mayor bastante animado, a lo que Ryujin aplaudió. Luego miró a Taehyun con una gran sonrisa—. ¡Hola! Me presento, soy Jung Hoseok. 

El castaño recordaba haber escuchado ese nombre entre las conversaciones de su abuelita. Si no recuerda mal, se trataba del alcalde de Udo. 

Taehyun se levantó del suelo e hizo una reverencia muy exagerada—. Yo me llamo Kang Toyun, ¡¡encantado de conocerle!! —al percatarse de que pronunció mal su nombre, el rubor previo se intensificó hasta el punto de dejar toda su cara roja. 

Estaba tan motivado por haber hablado con los primos que creyó verse capaz de presentarse correctamente ante el mismísimo alcalde. 

Ahh, ¿por qué soy así? 

—Toyun... —Soobin estaba aguantando las ganas de reír por el adorable error del menor.

—Fuera bromas, eso fue demasiado lindo. Papá, ¿podemos adoptarlo? —propuso Ryujin—. En menos de 5 minutos puedo patear a Soobin fuera de casa. 

—¡Oye! 

—Por mí no hay problema, pero es el hijo de Sakura y Jungkook y se van mañana. 

—¿¡Qué!? —gritaron Ryujin y Soobin al unísono, mirando a Taehyun en búsqueda de una explicación. 

El castaño se sintió algo nervioso, aún así procedió a informarles—. Solo vinimos durante una semana, aunque ahora me hubiese gustado que fueran más días. 

—¿Tienes número de teléfono? —preguntó Soobin. 

—Sí. 

—¿Y qué haces que aún no me lo estás dando? ¡Un día no es suficiente! Tenemos que mantener el contacto. 

Ryujin asintió—. Por una vez estoy de acuerdo con el idiota de mi primo. 

El padre de la chica dió un aplauso para llamar la atención de los menores—. Toyun, puedes quedarte a dormir si quieres, así aprovechan al máximo el tiempo que les queda —propuso. 

—Toyun... —Soobin volvió a aguantar la risa, y recibió un pellizco de Ryujin. Después de eso, ambos le pusieron ojitos a Taehyun para intentar convencerlo.

—E-está bien, pero debería ir y preguntarle a mis padres primero. 

—No te preocupes por eso, los había invitado a cenar de todas formas. En un rato deberían estar aquí. 

—Gracias por todo, señor Jung. 

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