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[00] used to be one of the rotten ones and i liked you for that


used to be one of the rotten ones and i liked you for that 


/love trouble tag: "¿Amar se piensa y deforma?"

from: yurayurateikokulover. —jueves, 23 de agosto. 22:47.

Holaaaa a todos los podridos del foro !!! Hace tiempo tengo una duda y es que si el amor es capaz de podrirse o deformarse a algo del cual es imposible adivinar la forma. No quiero decir con ello que el amor tiene una forma preestablecida, pero quiero agregar que uno desde el nacimiento conoce una forma de amar a la cual se ajusta (yyyyy no quiero una respuesta complicada, por eso no use el tag de filosofía) sé que amo a mi perro >"< , pero cuando despierto por las mañanas me olvido, no siempre pienso que lo amo, solo cuando me preguntan sé que lo quiero (con esto no quiero decir que las veces en que me olvido de que lo amo, no lo cuide, cuidarlo es costumbre, pero no siempre me planteo si lo amo o no) !! la gente también piensa en otras cosas !! también tengo un novio (^///^) y me cuesta decirle que lo quiero, no lo amo todos los días. Creo que nadie ama todos los días y nadie piensa que amatodos los días. O es que es algo simple que lo haces sin saberlo ni pensarlo, como respirar ?siento que cada vez que lo pienso, lo deformo y me doy cuenta que quizás no amo.


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—¿Estás bien?

—No. Quiero regresar a mi casa —contesto. Me siento abrumada, con pesantez tardía. Sueno brusca, no me preocupo en endulzarlo. Mis manos palpan la alfombra, luego me pongo de pie al sentir la base de la lámpara y la enciendo. El foco es blanco azulado, le alumbra el rostro.

Ryusuke tiene los ojos entrecerrados y se los cubre después, ya que le fastidia la luz.

—Son apenas las cuatro de la mañana.

Cuatro y cuarenta, para ser exactos.

—Me quedaré en un cibercafé y luego volveré a casa —respondo. Mi cuerpo se pasea desnudo mientras él se sienta en la cama.

Mis ojos se posan en el control remoto del televisor y termino por sentarme un rato en el borde de la cama. La escena final de una telenovela en repetición: una señora descubriendo que su hija ha tenido un aborto con solo leer el diario de la chica. De repente, llega a mí el temor irreal de que mi madre halle mi diario. No tengo muchas cosas escritas allí. Nada íntimo o revelador, creo yo. Pero el título me genera algo de vergüenza: "La historia natural y moral de Kanna". Miento en mi diario, incluso. Me pregunto cuándo me permitiré ser honesta en la escritura a papel, en los dedos o en los botones, cuándo me permitiré confiar un poco más en mi piel, en mi cuerpo.

Él sale de la cama, se ríe entre dientes mientras se dirige al baño. Cuando deja de permanecer en mi campo visual, con cierto apuro me reviso la entrepierna. Y miro dos veces el tacho de basura, con los dos condones usados y amarrados.

Necesito recordarme a mí misma que el sexo es seguro.

También, que nada va a crecer en mí.

Entro en locura pensando que quizás, durante el tiempo que estuve dormida, algo más entró, sin protección.

Qué más da. Necesito relajarme.

No duro mucho siendo este mismo ser. Cada día cambio de estado: ayer estaba en una cita y ahora estoy en la habitación de un motel.

Me gusta ver la televisión. Es uno de los mejores inventos. Desnuda, asqueada y con los pezones todavía duros, abrazada a mis rodillas mientras veo la pantalla. Se reproduce un comercial de gelatinas y bebidas de melón que ya probé con mi madre hace un par de días. A ella no le gustó. Yo me esforcé en encontrarle el gusto, como lo hago con muchas cosas sin darme cuenta. Pero ese día fue por una buena causa: el televisor me lo recomendó. No tenía mucho sabor, si se me permite comentar de forma mental. Mis ojos vagan en la pantalla brillante. Pronto es tapada por la figura de Ryu, con una toalla en las caderas.

—¿No te vas a bañar? —me pregunta, para luego bostezar y acercarse a mí, besarme la sien.

—Sí, estoy esperando a que termine el comercial.

—¿Chicas en ropa interior presentando bebidas y gelatinas?

—Los colores son bonitos.

—Los muslos también —comenta él, para luego mostrarme sus dientes con una sonrisa mientras da una palmada a mi muslo delgado. Me abraza con su cuerpo fresco. Apoya el mentón en mi hombro.

Está contento porque le he dado lo que siempre pide.

Y lo que siempre tiene que rogarme.

Suspiro para luego ponerme de pie, hacerle a un lado juguetonamente —es un recordatorio mío tener que hacer una especificación física que no lo aparto porque me cae mal o por asco, así que tiene que ser juguetona— y estirar los brazos. A veces siento rabia y la reclamo tal cual reclamo amor. A veces me siento tan cerca de él y sigo sin sentir mucho. Es tan sencillo saber cuando siento nada, porque no es un sentimiento blanco, es simplemente como mirar la pared o un espejo, reflejarse y pensar que, si así se siente el amor, mejor deseo la nada. Quiero decirle a Ryu que, si quiere conocerme, que vaya a mirar el mar. Pero él querrá ir conmigo. Lo advierto. No planeo viajar kilómetros para conocerme yo también. Entraría en shock, como en el encuentro de un doppelgänger.

El comercial acabó hace ya diez minutos. Hay tarea para hoy. Ducharme en moteles del amor donde no te piden el carné de identificación es extraño. Me hace sentir alienada. Mis bragas están arruinadas, así que opto por solo ponerme los jeans, la blusa y la casaca cerrada hasta el cuello. Mi vagina no me lo perdonará, el denim es incómodo en la zona sensible. Lo soportaré solo hoy.

—Te acompaño al cibercafé.

—Bien, bien —balbuceo, mientras pongo sobre mi cabeza un gorro de lana. Las mañanas siempre son frías a pesar de que el sol sale como siempre.

Afuera, siento una vergüenza. La poca gente que pasa, en una zona más populosa, quienes se levantan temprano para cruzar el puente y tomar el tren hacia la gran ciudad y trabajar, se ven como borrones de carne. No quiero terminar siendo un borrón de carne yo también. Me angustia pensar que en algún momento futuro seré algún borrón para alguien que tenga la edad que tengo ahora.

Caminar con Ryu al lado es una costumbre que tiene unos dos meses de edad. Comenzamos a salir a comienzos del año, quizás la segunda semana de junio. Mañana vuelvo a clases ya que se acaban las vacaciones de verano, al igual que agosto. El sol se siente lejano cada vez en cada año que agosto se acaba. Luego comienzan los días de pura ensoñación, de aburrimiento acogedor en septiembre, el nuevo periodo, hasta que la nieve caiga y me provoque olvidar que es posible morir de hastío en la escuela.

La escuela no es tan mala. Queda algo lejos de la zona popular y más cerca al bosque, pero supongo que eso es lo normal: hay silencio. No hay mucha perturbación de la tranquilidad necesaria para el estudio. Pero, a la par, estamos aislados, solo que al ser un lugar más grande, no nos damos cuenta.

En cambio, en la cabina estrecha es notorio y ha sido totalmente mi decisión. Tengo dos platos de ramen. Me gustaría llamar a mis amigas, pero ninguna se levanta tan temprano. Así que esta vez veo la pantalla de la computadora. Sola. El monitor refleja mensajes de la entrada al blog de Rikara, una chica popular de otra escuela, una escuela de la ciudad. Luego me entra curiosidad por las respuestas al hilo que abrí en uno de los foros, asi que ingreso rápidamente a mi cuenta.

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reply from machineboy to yurayurateikokulover; 30 de agosto, 23:18 /love trouble tag: "¿Amar se piensa y deforma?" Holaaaa a todos los podridos del foro !!! Hace tiempo tengo una duda y es que si el amor es capaz de podrirse o deformarse-(...) leer publicación original.

"No rest without love,

no sleep without dreams of love,

be mad or chill

obsessed with angels or machines,

the final wish is love;

-cannot be bitter, cannot deny,

cannot withhold if denied: the weight is too heavy."

Allen Ginsberg, Howl and Other Poems

y tu nombre es muy largo, considera cambiarlo, es tedioso ¬_¬

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No es un user simple, es mi banda favorita, me rio para mis adentros. Aunque me divierto leyendo, es la primera vez que me siento tan amarga por una situación personal cuando no ha sucedido nada. No soy fan de la poesía.

Mis sentimientos no habitan en un solo lugar (mi corazón), sino que están esparcidos. Siento la tristeza en el estómago, la rabia en el hígado, la lujuria en las venas —la sangre mala, la que me enferma. Soy la antípoda que tanto temían los señores filósofos de Grecia, replanteo y pienso: Saludo con los pies y camino con las manos. Soy innumerable. Sigo siendo humano aunque parezca irracional. Ryu me besó para despedirse de mí por el momento, le dejé hacerlo porque a veces sus ojos se parecen a los de Takeshi Kaneshiro. Si lo pienso unos segundos más, esto es una costumbre invertebrada.

Si el deseo final es el amor, ¿por qué no me siento satisfecha?

No lo entiendo porque mis huesos están ordenados al revés.



El profesor hace una mueca fea que simula ser una sonrisa para animar a todo el alumnado a sonreír y aparentar felicidad después de las vacaciones de verano, aunque confío en que él sabe muy bien que, el fin de los días libres trae de todo menos emoción. Parece que nos derretiremos sobre los asientos. Somos una fila de cinco en las bancas frente al estadio de atletismo y fútbol o béisbol —lo utilizan para ambas cosas, pero mencionarlas hace que luzca desordenado. Ojalá, pienso, que me de un paro cardiaco cuando comiencen las fotos.

Si fuera posible morir de hastío en la escuela, a los tres días habría entrado en coma y mi madre me desconectaría porque no hay dinero para mantenerme con vida.

De todos modos, viendo a mi alrededor, noto que las chicas se han esmerado hoy. Todas peinadas, se han bañado desde muy temprano, se siente el frescor. Los cabellos húmedos y los rostros limpios, coletas, cabellos lacios y largos, o bien cortos con leves ondas en las puntas. Leve maquillaje en las mejillas, suave sudor desde las nucas, como percibo desde aquí, ya que estoy en una de las filas de arriba al ser un poco más alta del promedio del salón. Aprieto los labios al sentir que probablemente me sonará el estómago porque salí de casa demasiado temprano como para tomar bocado del desayuno —desayuno que no hubo, mamá se demoró en cocinar—. También me peiné y me bañé a las 5 am, pero mi cabello se secó bastante rápido y en general, me preocupa más saber que las manzanas cada vez están más caras que otra cosa en estos momentos.

—Kanna, Yosano pregunta si tienes clips para el cabello —me susurra una de las chicas más altas del nuevo curso, a quien llamamos Hori. Debido a que las dos somos de las chicas más altas, los profesores nos han posicionado en la fila intermedia. Hori está en el curso desde siempre, tiene una cara melancólica y el cabello muy cortito, su falda es muy larga y casi nunca ha querido que las demás chicas ayuden a subirle la basta. La verdad, todos creíamos que Hori iba a ser seleccionada para otro salón este año. Pero sorprendentemente sigue con nosotros desde el periodo anterior.

—Si tengo —respondo a Hori del mismo modo mientras meto la mano en el escaso bolsillo de la falda y mis dedos tocan los cuatro o tres clips. Yosano está dos filas abajo, ella voltea y me mira, me hace señas que no entiendo. Su cabello ahora es un marrón casi miel, bajo el leve sol, brilla aún más. El profesor de disciplina podría enviar una carta a sus padres luego de ver lo artificial del brillo, pero omitiré ese detalle por el momento.

Paso los clips a Hori, Hori se los pasa a otro chico, Suna, creo, quien no recibe nada porque no está prestando atención. Tiene puesto solo un audífono de dos, el cual claramente pasa por su manga al celular de su bolsillo, para que el profesor no lo note —aunque Hori y yo ya lo notamos—. Un golpecito más en el brazo y él responde sin ver, solo con un asentimiento, un bostezo y toma los clips con la misma mano que oculta su audífono y se lo pasa a un chico que está en la fila de abajo y este finalmente se lo pasa a Yosano.

—Haruno, pásese a la tercera fila. Ryu, pase a la fila cinco —dice el profesor y miro a Hori de reojo para luego bajar dos escalones. Al final, terminé al lado de Kozue, una de mis amigas más cercanas, junto con Yosano. Mis mejillas me cosquillean un poco al saber que, en la primera foto escolar de último año, voy a estar junto con personas cercanas, a quienes ya conozco a diferencia de fotos anteriores, donde siempre las tres estábamos muy separadas entre filas.

Bajo la mirada al sentarme en el escalón, delante están, los gemelos. No conozco muy bien sus nombres, es decir, por separado. Ahora se han pintado el cabello y podrían reconocerse el uno del otro. El apellido de ambos es "Miya", eso sí lo sé debido a que ya eran un poco conocidos por otros salones. Es la primera vez que están juntos en un salon, el mío, y en el último año. Normalmente, estaban en salones separados.

Me distraigo ante la llamada de atención del profesor y todos miramos a la cámara.

Una foto es bastante formal para este penúltimo año de escuela.

En la segunda foto, los chicos hacen tonterías. Algunos fastidian a las chicas. Ryu me fastidia a mí, pero no importa. Un atisbo de sonrisa parece llenarse, así que solo dejo que sea lo que tiene que ser. Siento su brazo rodearme el cuello cariñosamente y reírse mirando a su amigo. Yo me río también, mientras Yosano trata de "defenderme" y Kozue observa a uno de los gemelos. Cuando me guio por su mirada, veo, en la nuca de uno de ellos, específicamente quien está frente mío y tiene el cabello más oscuro, que tiene un pequeño moretón.

Él voltea y mira de reojo unos segundos para luego seguir mirando adelante, mientras su hermano conversa con las chicas de al lado.

Otro flash.



Los primeros días de setiembre son un poco aburridos. Algunas veces atiborran de tareas, pero otras veces simplemente hay tanta nada que se escuchan hasta como pasan los insectos. Mi brazo carga las tareas curriculares hacia la sala del profesor, las clases han acabado por el día, y solo se quedan los chicos y chicas en los patios, haciendo ejercicio extra si no han cumplido las normas de disciplina. Entre ellos, uno de los gemelos, Atsumu, por llevar mal la corbata. Los miro por la ventana del segundo piso, mientras camino a lo largo del pasillo. El sol —que pronto morirá y ya dijimos adiós verano—se cuela por las ventanas y en el suave arrastre de las puertas por las que entro y salgo tras dejar las tareas del día. El día se siente como aceite hirviendo —como para hacer tempura. Hablando de comida, no me he sentido animada hoy respecto a la misma, las cajitas de leche y el pan de melón no me han abierto más el apetito.

El camino hacia el baño de este edificio se siente denso. Tanto por el extraño sol y por, bueno, al final del día los desechos humanos van allí, así que el ambiente no ayuda. Escucho unos golpecitos. Es el baño de varones. El baño de mujeres está aún más lejos. No hay nadie en el pasillo, después de todo, hace ya unos diez minutos que la mayoría se fue a casa, menos los de los primeros clubes y los que tienen deudas disciplinarias. Me apoyo en el marco.

tuk-tuk-tuk.

Otra vez, pequeños golpes. Así que entro.

Los siete cubículos parecen estar entreabiertos, excepto el último, donde se suele dejar las cosas de limpieza. Dejan de escucharse los golpes de repente, pero ahora temo que sería inapropiado de mi parte ser descubierta en el baño de varones.

—¿La puerta se atracó? —pregunto. Aunque mis ojos ven el claro daño exterior, como una abolladura en la zona de cierre.

Mi dedo meñique pasa por el pequeño espacio entre el suelo y la puerta, hacia donde está encerrado alguien. Pronto es aplastado por algo no tan pesado, pero dolió ese breve momento. Creo que era su mochila.

—¡Mierda!

—Lo siento, me asusté —una voz responde, es baja, como si no quisiera hacer ruido. 

Vuelvo a pasar el dedo. Otro dedo frío me toca.

—De verdad.

—Por tu tono de voz aburrido parece que no lo dices en serio —refunfuño pero no quito el dedo—. No me toques si no te has lavado las manos.

—¿Qué?

—¿Cómo terminaste aquí? —. Tengo ganas de reírme, pero debo aguantar. Lo intenté.

—Agradecería si, en vez de reírte y hacerme preguntas, abrieras la puerta.

—Llamaré al conserje. Sobrevive —. Retiro mi mano, me rio y salgo del lugar.

Considero la idea de que haya sido una broma, "¿Broma?" El baño se ve limpio, incluso la puerta del cuarto de artículos de baño. Dudo que alguien lo haya encerrado después de la limpieza que hacen los alumnos. Lo más probable es que haya sido antes... Lo que significa que... ¿probablemente fue el grupo de limpieza de la semana? ¿o el grupo de limpieza sabía y lo ignoró? ¿solo no le hizo caso? De todas formas, el chico tampoco pidió "ayuda" antes de que yo le hable primero. O algo así... De todos modos no importa. Tengo que buscar al conserje.



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⊰ 𝐍𝐎𝐓𝐀 𝐃𝐄 𝐀𝐔𝐓𝐎𝐑! ⊱

puro fic y nada de actualizar, este es excusa aceptable porque es algo que escribi en 2020-21 y solo estoy volviéndolo a publicar !!!, sin más, como es el prólogo casi no hay mucha mención de los gemelos (terror), pero si hay vistazos. en el primer capitulo al fin veremos su desenvolvimiento en la historia.

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