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13| traitor.

“traidor”...


    REMUS SONRIÓ, viendo a la pelirroja que sostenía a la rata desesperada. RJ miró con incredulidad al animal.

—Están ustedes locos.

—¡Absurdo!

—¡Peter Pettigrew murió! ¡Lo mató él hace doce años! —Señaló a Black —¡RJ, no te dejes manipular!

—¡Doce años, Ron! —le gritó, RJ, con la voz quebrada —hace doce años está Scabbers en nuestra familia ¡Le falta un dedo! Igual que a Pettigrew... ¿Cómo puede vivir el cuatriple de lo que debe una rata? —miró a Remus y Sirius —dennos una explicación ahora.

—De acuerdo, pues —dijo Black, sin apartar la mirada de la rata —Explícales lo que quieras, pero date prisa, Remus. Quiero cometer el asesinato por el que fui encarcelado…

Lupin volvió a levantar la varita apuntando a Scabbers.

—RJ, sujeta bien a Peter.

—¡No es Peter, es Scabbers! —gritó Ron y perdió el equilibrio. Harry lo tomó y lo tendió en la cama. Harry se volvió hacia Lupin.

—Hubo testigos que vieron morir a Pettigrew —dijo —Toda una calle
llena de testigos.

—¡No vieron, creyeron ver! —respondió Black con furia, vigilando a Scabbers, que rasguña a las manos de RJ quien luchaba por contenerla.

—Todo el mundo creyó que Sirius mató a Peter —confirmó Lupin —Yo igual hasta que vi el mapa, el mapa merodeador nunca miente… Peter está vivo. RJ lo tiene entre las manos. Nuevamente, RJ estaba en lo correcto. Había tres animagos ilegales en Hogwarts...

—Black, Pettigrew... —habló, RJ —pero usted es hombre lobo, no animago. Aún que... —miró a Harry —Sirius es tú padrino, Peter uno de sus mejores amigos ¡Mcgonagall dijo que James era cómo su hermano! —señaló a Black que agachó la cabeza —Y usted... James era el otro animago ¿Verdad? Los cuatro eran la pandilla que nombró McGonagall.

RJ se detuvo en seco. Había oído un crujido. La puerta de la habitación acababa de abrirse. Se volvieron hacia ella. Lupin se acercó y observó el rellano.

—No hay nadie.

—¡Este lugar está encantado! —bufó Ron.

—No lo está —negó Lupin —La Casa de los Gritos no esta embrujada. Los gritos y aullidos que oían eran míos. RJ lo dijo, este lugar fue por mi —Meditó un instante y añadió —Con eso empezó todo… Era muy pequeño cuando me mordieron. Mis padres lo intentaron todo, pero no había cura. La poción que me da Snape es un descubrimiento muy reciente. Me vuelve inofensivo, ¿Se dan cuenta? Si la tomo la semana anterior a la luna llena, conservo mi personalidad al transformarme… Me quedo en mi despacho, convertido en un lobo inofensivo, y aguardo a que la luna de vaya. Sin embargo, antes de que se descubriera la poción matalobos, me convertía una vez al mes en un peligro. Pero entonces Dumbledore se hizo cargo de mi problema. Dijo que mientras tomáramos ciertas precauciones, no había motivo para que yo no acudiera a clase. —Lupin suspiró y miró a RJ —tenías razón sobre todo. Una vez al mes me sacaban del castillo y me traían a este lugar para que me transformara.

RJ volvió a quejarse, sus manos ardían y su sangre manchaba a Scabbers que la estaba lastimando.

—mis transformaciones eran… Dolorosas. Se me aislaba para que no mordiera, y tampoco me lastimara. En el pueblo oían los ruidos y creían que eran espíritus especialmente violentos. Pero aparte de eso, yo era más feliz que nunca. Por primera vez tenía amigos, tres estupendos amigos.

—Cornamenta, Canuto y Colagusano —termino, RJ y él asintio melancólico.

—ellos se dieron cuenta de mis desapariciones mensuales. Yo inventaba excusas: Que mi madre estaba enferma o así… Me aterrorizaba que me abandonaran si descubrian lo que era. Pero al igual que tú, RJ, averiguaron la verdad. Y no me abandonaron. Al contrario, convirtieron mis metamorfosis no sólo en soportables, sino en los mejores momentos de mi vida. Se hicieron animagos.

—Ilegales —agregó, RJ y Remus asintió.

—Les costó tres años hacerlo. Tu padre, Harry, y Sirius eran los alumnos más inteligentes del colegio y tuvieron suerte porque la transformación en animago puede salir fatal. Es la razón por la que el Ministerio vigila a los que lo intentan. Peter necesitaba toda la ayuda que pudiera obtener de James y Sirius. Finalmente, en quinto, lo lograron.

—Pero ¿en qué le benefició a usted eso? —preguntó Hermione con perplejidad.

—No podían hacerme compañía como humanos, así que me la hacían como animales —explicó Lupin —Un licántropo sólo es peligroso para las personas. Cada mes abandonaban el castillo bajo la capa invisible de James. Peter, siendo el más pequeño, se deslizaba bajo el sauce y tocaba el nudo que lo inmoviliza. Pasaban y se reunían conmigo. Bajo su influencia yo era menos peligroso. Mi cuerpo seguía siendo de lobo, pero mi mente parecía más humana mientras estaba con ellos.

RJ lo miró con compasión.

—Abandonábamos la Casa de los Gritos y
vagábamos de noche. Sirius y James se transformaban en animales grandes, capaces de tenerme a raya. Dudo que algún alumno de Hogwarts descubriera tantas cosas sobre el colegio como nosotros. Y de esa manera llegamos a trazar el mapa del merodeador y lo firmamos con nuestros apodos: Sirius, Canuto; Peter, Colagusano; y James, Cornamenta —miró a RJ que miró a Black y a la rata.

—¡Aun así era peligroso! ¡Andar por ahí, en la oscuridad, con un licántropo! ¿Qué habría ocurrido si los rasguñaba o mordía a alguien? —gritó, Hermione.

—Ése es un pensamiento que aún me reconcome —respondió Lupin en tono de lamentación —Casi lo hice muchas veces. Luego nos reíamos. Éramos jóvenes e irreflexivos. A menudo me sentía culpable de traicionar la confianza de Dumbledore. Me admitió en Hogwarts y no sabía que arriesgaba mi seguridad y la de otros. No supo que, por mi, tres compañeros se convirtieron en ilegales animagos. Mas olvidaba mis remordimientos cuando nos sentábamos a planear la aventura siguiente. Y no cambié… —sus facciones se tensaron y se le notó en la voz su disgusto consigo mismo —Todo el curso dudé si decirle a Dumbledore que Sirius es animago. Pero no lo hice. Porque soy cobarde. Decírselo sería confesar que traicionaba su confianza estando en el colegio, admitido que arrastraba a otros conmigo… y la confianza de Dumbledore es muy importante para mí. Me dejó entrar en Hogwarts y me dió un trabajo cuando toda mi vida adulta me repudiaron y era incapaz de encontrar un empleo por mi condición. Por eso supe que Sirius entraba en el colegio utilizando artes oscuras aprendidas de Voldemort y que su condición de animago no tenía nada que ver… Así que, de alguna manera, Snape tenía razón en lo que decía de mí.

—¿Snape? —dijo Black bruscamente, apartando los ojos de Scabbers por primera vez desde hacía varios minutos, y mirando a Lupin —¿Qué pinta Snape?

—Está aquí, Sirius —dijo Lupin con disgusto—Da clases en Hogwarts. —Miró a los niños —Snape era compañero nuestro. —Se volvió otra vez hacia Black —intentó por todos los medios impedir que me dieran el puesto de profesor. Le estuvo diciendo a Dumbledore todo el curso que no soy de fiar. Tiene motivos… Sirius le gastó una broma que casi lo mató, una broma en la que me vi envuelto.

—Estuvo bien empleada. —Black se rió con una mueca —Siempre husmeando, siempre queriendo saber lo que tramábamos… para ver si nos expulsaban.

—Severus estaba muy interesado por averiguar adónde iba cada mes —explicó Lupin —Estábamos en el mismo curso, y no nos caíamos bien. En especial, él con James. Creo que era envidia… De todas formas, Snape me vió con la señora Pomfrey cuando me traía al sauce boxeador para mi transformación. Sirius pensó que sería divertido contarle a Snape como entrar detrás de mí. Bueno, Snape, como es lógico, lo hizo. Si hubiera llegado hasta aquí, se encontraría con un licántropo completamente transformado. Pero tu padre, Harry, que oyó a Sirius, fue tras Snape y lo obligó a volver, arriesgando su vida, aunque Snape me entrevió al final del túnel. Dumbledore le prohibió contarlo, pero desde ese momento supo lo que yo era…

—Entonces, por eso lo odia Snape —dijo Harry —¿Pensó que estaba usted metido en la broma?

—Exactamente —admitió una voz fría, nueva.

Severus Snape se desprendió de la capa invisible y apuntó a Lupin con la varita. RJ ahogó un grito, Black se puso en pie de un salto, igual que Harry.

—Encontré esto al pie del sauce boxeador —dijo arrojando la capa a un lado y sin dejar de apuntar al pecho de Lupin con la varita —Muchas gracias, Potter, me fue muy útil. Acabo de ir a tu despacho, Lupin. Te olvidaste de tomar la poción esta noche, así que te llevé una copa. Pero en tu mesa había cierto mapa. Me bastó un vistazo para saber todo lo que necesitaba. Te vi correr por el pasadizo.

—Severus… —comenzó Lupin, pero Snape no lo oyó.

—Le dije una y otra vez al director que ayudabas a Black a entrar al castillo, Lupin. Y aquí está la prueba. Ni siquiera se me ocurrió que tuvieran el valor de utilizar este lugar como escondite.

—Te equivocas, Severus... No oiste todo. Puedo explicarlo. Sirius no vino a matar a Harry.

—Dos más para Azkaban esta noche —dijo Snape, con los ojos llenos de odio —Me encantará saber cómo se lo toma Dumbledore. Estaba convencido de que eras inofensivo, ¿sabes, Lupin? Un licántropo domesticado…

—Idiota —dijo Lupin en voz baja —¿Vale la pena volver a meter en Azkaban a un hombre inocente por una pelea de colegiales?

De la varita de Snape surgieron unas cuerdas delgadas, semejantes a serpientes, que se enroscaron alrededor de la boca, las muñecas y los tobillos de Lupin. Éste cayó al suelo, incapaz de moverse. Con un rugido de rabia, Black se abalanzó sobre Snape, pero Snape apuntó directamente a sus ojos con la varita.

—Profesor Snape, no… no perdería nada oyendo lo que tienen que decir, ¿no cree?

—Señorita Granger, me temo que vas a ser expulsada del colegio —dijo Snape —Tú, Potter y los dos Weasley se encuentran en un lugar prohibido, en compañía de un asesino prófugo y de un licántropo. Y te ruego que, por una vez en tu vida, cierres la boca.

—Pero si… si fuera todo una confusión…

—¡Callate, imbecil! —gritó Snape, descompuesto —¡No hables de lo que no comprendes! —Del final de su varita, que seguía apuntando a la cara de Black, salieron algunas chispas.

—¡Ron! —RJ le lanzó la rata a Ron que la atrapó. RJ ya no le daba cuidado sabiendo que era Peter Pettigrew, luego sacó su varita y apuntó a Snape —¿Sabes, Quejicus? Eres el profesor más odiable de la escuela ¿Gritarle y hablarle así a una alumna? Debería darle vergüenza, en lugar de preocuparse por nuestro bienestar ¡No! A usted le preocupa una venganza por algo ocurrido hace décadas. En verdad es resentido.

—¡Silencio, inútil! ¡No permitiré que me hables así, mocosa malcriada! —chilló Snape, más furioso que nunca —¡Eres una insufrible niña!

Entonces Snape fue alzado en el aire y lanzado contra la pared por un hechizo del molesto Harry Potter. Luego resbaló hasta el suelo, sin conocimiento. La varita de Snape aterrizó sobre la cama, al lado de Crookshanks.

—lo llamó Quejicus, yo lo llamaba Snivellus —Black rió, señalando a RJ que lo miró sin gracia.

—¡Vamos a tener muchos problemas! —RJ ignoró los lamentos de Hermione y lanzó un contrahechizo contra Lupin, liberandolo de las ligaduras.

—Gracias...

—Aún no creo en usted —repuso Harry.

—Entonces es hora de que te ofrezcamos alguna prueba —dijo Black —Muchacho, entrégame a Peter. Ya.

RJ se miraba las manos arañadas por la rata.

—De acuerdo, supongamos que Pettigrew pueda transformarse en rata…Hay millones de ratas. ¿Cómo sabía, estando en Azkaban, cuál era la que buscaba? —dijo Ron débilmente.

—¿Sabes, Sirius? Ésa es una buena pregunta —observó Lupin, volviéndose hacia él y frunciendo ligeramente el entrecejo —¿Cómo supiste dónde estaba?

Black sacó una página de periódico de su bolsillo, la alisó y se la enseñó a todos. Era la foto de RJ y su familia que había aparecido en el diario El Profeta el verano anterior. Sobre el hombro de Ron se encontraba Scabbers.

—¿Cómo lo conseguiste? —preguntó Lupin, estupefacto.

—Fudge —respondió —Cuando fue a inspeccionar Azkaban, me dio el periódico. Y ahí estaba Peter, en primera plana… Lo reconocí enseguida. Cuántas veces lo vi
transformarse. Y el pie de foto decía que el muchacho volvería a Hogwarts, donde estaba Harry… Le falta un dedo.

—Claro —dijo Lupin —Sencillo… e ingenioso. ¿Se lo cortó él?

—Poco antes de transformarse —dijo Black—Cuando lo arrinconé, gritó para que toda la calle oyera que yo había traicionado a Lily y James. Luego, para que no pudiera echarle ninguna maldición, abrió la calle con la varita en su espalda, mató a todos los que se encontraban a siete metros a la
redonda y se metió a toda velocidad por la alcantarilla, con las demás ratas…

—Vamos, Ron, devuélveme a Peter...

—¡No! RJ, tú estuviste cuando se sintió enferma... —trató de hacer entrar en razón a su hermanita.

—¿Enferma? —observó Lupin —Apostaría a que su salud empeoró cuando supo que Sirius escapó.

—¡La asustó ese gato loco! —repuso Ron, señalando a Crookshanks, que seguía ronroneando en la cama.

—Este gato no está loco —dijo Black con voz ronca. Alargó una mano y lo acarició —Es el más inteligente que vi. Reconoció a Peter inmediatamente. Y supo que yo no era un perro de verdad. Pasó un tiempo antes de que confiara en mí. Finalmente, me arreglé para hacerle entender qué era lo que pretendía, y me ayudó…

—¿Qué quiere decir? —murmuró Hermione.

—Intentó que Peter se me acercara, pero no pudo… Así que robó las contraseñas para entrar en la torre de Gryffindor. Las tomó de la mesilla de un muchacho… Sin embargo, Peter se olió lo que ocurría y huyó. Este gato me dijo que Peter había dejado sangre en las sábanas. Supongo que se mordió… Simular su propia muerte ya había resultado antes.

—¿Y por qué fingió su muerte? —preguntó furioso —Porque sabía que usted lo quería matar, como mató a mis padres y ahora vino para acabar con él.

—Sí, es verdad —dijo Black, dirigiendo a Scabbers una mirada diabólica.

—Entonces yo debí permitir que Snape lo entregara —gritó Harry.

—Harry —dijo Lupin apresuradamente —¿no te das cuenta? Durante todo este tiempo pensamos que Sirius traicionó a tus padres y que Peter lo había perseguido. Pero fue al revés, Peter fue quien traicionó a tus padres. Sirius lo siguió y…

—¡Eso no es cierto! —gritó Harry —¡Era su guardián secreto! ¡Admitió que los mató! —Señalaba a Black, que negaba lentamente con la cabeza. Sus ojos hundidos brillaron de repente.

—La verdad es que fue como si los hubiera matado... Persuadí a Lily y a James en el último momento de que utilizaran a Peter como guardián secreto y no a mí. Yo tengo la culpa, lo sé. La noche que murieron había decidido vigilar a Peter, asegurarme de que todavía era de fiar. Pero cuando llegué a su guarida, ya se había ido. No había señal de pelea alguna. Me asusté. Fui hacia la casa de tus padres. Y cuando la vi destruida y sus cuerpos… me di cuenta de lo que Peter había hecho. Y de lo que había hecho yo. —Su voz se quebró. Se dio la vuelta.

—Es suficiente —dijo Lupin, con una nota de acero en la voz —Hay una forma de demostrar lo que verdaderamente sucedió. Ron, entrégame la rata.

—¿Qué va a hacer con ella si se la doy? —preguntó Ron con nerviosismo.

—Obligarla a transformarse —respondió Lupin —Si de verdad es sólo una rata, no sufrirá ningún daño.

RJ le quitó a la rata y puso a Scabbers en las manos de Lupin.

—¿Preparado, Sirius? —preguntó Lupin.
Black tomó la varita de Snape. Se aproximó a Lupin y a la rata. Sus ojos húmedos parecían arder.

—¿A la vez? —preguntó en voz baja.

—A la de tres. ¡Una, dos y… tres!

Scabbers quedó petrificada en el aire en posición extraña. La rata golpeó el suelo al caer. Entonces... Fue como ver la película acelerada del crecimiento de un árbol. Una cabeza brotó del suelo. Surgieron las piernas y los brazos. Al cabo de un instante, en lugar de Scabbers se hallaba un hombre, encogido, muy bajito y gordo. Tenía el pelo descolorido, casi calvo. Su piel parecía roñosa, casi como la de Scabbers, y le quedaba algo de su anterior condición roedora en lo puntiagudo de la nariz y en los ojos pequeños y húmedos. Los miró a todos, respirando rápida y superficialmente. sus ojos iban fueron hacia la puerta.

—Hola, Peter —dijo Lupin con voz amable —Cuánto tiempo sin verte.

—Si… Sirius. Re… Remus —incluso la voz de Pettigrew era como de rata. —Amigos, queridos amigos…

Black levantó el brazo de la varita, pero Lupin lo sujetó por la muñeca y le echó una mirada de advertencia. Entonces se volvió a Pettigrew con voz ligera y despreocupada.

—Acabamos de tener una pequeña charla, Peter, sobre lo que sucedió la noche en que murieron Lily y James. Quizás te hayas perdido alguno de los detalles más interesantes mientras chillabas y lastimabas a RJ..

—Remus —tartamudeó Pettigrew con voz entrecortada, con gotas de sudor en su pálido rostro —no lo creerás, ¿verdad? Intentó matarme a mí…

—Eso es lo que oímos —dijo Lupin más fríamente —Me gustaría aclarar contigo un par de puntos, Peter, si fueras tan…

—¡Vino porque otra vez quiere matarme! —chilló Pettigrew señalando a Black, y utilizaba el dedo corazón porque le faltaba el índice —¡Mató a Lily y a James, y ahora quiere matarme a mí…! ¡Tienes que protegerme, Remus! ¡Sabía que me perseguiría! ¡Sabía que volvería a buscarme! ¡Temí este momento durante doce años!

—¿Sabías que Sirius se escaparía de Azkaban cuando nadie lo había conseguido hasta ahora? —preguntó Lupin, frunciendo el entrecejo.

—¡Tiene poderes oscuros con los que los demás sólo podemos soñar! —chilló Pettigrew —¿Cómo, si no, iba a salir de allí? El Que No Debe Nombrarse le enseñó algunos trucos.

Black comenzó a sacudirse con una risa triste y horrible que llenó la habitación.

—¿Que Voldemort me enseñó trucos? ¿Qué te ocurre? ¿Te asustas al oír el nombre de tu antiguo amo? —preguntó Black —No te culpo, Peter. Sus secuaces no están muy contentos de ti, ¿verdad?

—No sé… qué quieres decir, Sirius —murmuró Pettigrew, respirando más aprisa. Todo sudoroso.

—No te ocultaste por doce años de mí —dijo Black —Te ocultaste de los viejos seguidores de Voldemort. En Azkaban oí cosas. Todos piensan que si no estás muerto, deberías aclararles algunas dudas. Les oí gritar en sueños cosas como que el traidor les había traicionado. Voldemort acudió a la casa de los Potter por indicación tuya y allí conoció la derrota. Y no todos los seguidores de Voldemort terminan en Azkaban, ¿verdad? Aún quedan muchos libres, esperando su oportunidad, fingiendo arrepentimiento… Si supieran que sigues vivo…

—Tengo que admitir, Peter, que me cuesta comprender por qué un hombre inocente se pase doce años convertido en rata —habló Lupin impasible.

—¡Inocente, pero asustado! —chilló Pettigrew —Si los seguidores de Voldemort me persiguen es porque yo metí en Azkaban a uno de sus mejores hombres: el espía, Sirius Black.

—¿Cómo te atreves? —gruñó, y su voz se asemejó de repente a la del perro enorme que había sido —¿Yo, espía de Voldemort? Peter… no entiendo cómo no supe desde el primer momento que eras tú el espía. Siempre te gustó tener amigos corpulentos para que te protegieran, ¿verdad? Ese papel lo hicimos nosotros: Remus y yo… y James… Lily y James te nombraron guardián secreto sólo porque yo se lo recomendé —susurró Black con tanto odio que Pettigrew retrocedió —Pensé que era una trampa perfecta… Voldemort iría tras de mí, nunca pensaría que los Potter utilizarían a alguien débil y mediocre como tú… Sin duda fue el mejor momento de tu miserable vida, cuando le dijiste a Voldemort que podías entregarle a los Potter.

—¿Profesor Lupin? —dijo Hermione, tímidamente —¿Puedo decir algo?

—Por supuesto, Hermione —dijo Lupin cortésmente.

—Pues bien, Scabbers…, quiero decir este… este hombre… durmió en el dormitorio de Harry durante tres años. Si trabaja para Quien Usted Sabe, ¿cómo es que nunca intentó hacerle daño?

—Eso es —dijo Pettigrew con voz aguda, señalando a Hermione con la mano lisiada—Gracias. ¿Lo ves, Remus? ¡Nunca le hice a Harry el más leve daño! ¿Por qué no se lo hice?

—Yo te diré por qué —dijo Black —Porque no harías nada si no te reporta un beneficio. Voldemort lleva doce años escondido, dicen que está medio muerto. Tú no cometerías un asesinato delante de Albus Dumbledore por servir a una piltrafa de brujo que perdió todo su poder, ¿a que no? Tendrías que estar seguro de que es el más fuerte en el juego antes de volver a ponerte de su parte. ¿Para qué, si no, te alojaste en una familia de magos? Para poder estar informado, ¿verdad? Sólo por si tu viejo protector recuperaba las fuerzas y volvía a ser conveniente estar con él.

—Eh… ¿Señor Black… Sirius? —preguntó tímidamente Hermione. A Black le sorprendió que lo interpelaran de esta manera, y miró a Hermione fijamente, como si nadie se hubiera dirigido a él con tal respeto en los últimos años —Si no le importa que le pregunte, ¿cómo escapó usted de Azkaban? Si no empleó magia negra…

—¡Gracias! —dijo Pettigrew, asintiendo con la cabeza —¡Exacto! ¡Eso es precisamente lo que yo…!

Pero Lupin lo silenció con una mirada. Black fruncía ligeramente el entrecejo con los ojos puestos en Hermione, pero no como si estuviera enfadado con ella: más bien parecía meditar la respuesta.

—No sé cómo lo hice —respondió —Creo que la única razón por la que nunca perdí la cabeza es que sabía que era inocente. No era un pensamiento agradable, así que los dementores no me lo podían absorber…
Gracias a eso conservé la cordura y no olvidé quién era… así que cuando ya no pude aguantar más me convertí en perro. Los dementores son ciegos —Tragó saliva —Se dirigen hacia la gente porque perciben sus emociones… Al convertirme en perro, notaron que mis sentimientos eran menos humanos, menos complejos, pero pensaron, claro, que estaba perdiendo la cabeza, así que no se preocuparon. Yo estaba muy débil, y no tenía esperanza de alejarlos sin una varita. Entonces vi a Peter en la foto… comprendí que estaba en Hogwarts, con Harry… tenía que hacer algo. Yo era el único que sabía que Peter estaba vivo… debía salvarlo.

—eres su padrino —afirmó, RJ. Sirius la miró asintiendo con una casi imperceptible sonrisa.

—Era como si alguien prendiera una llama en mi cabeza, y los dementores no podían apagarla. No era un pensamiento agradable… era una obsesión… pero me daba fuerzas, me aclaraba la mente. Así, una noche, cuando abrieron la puerta para dejarme la comida, salí entre ellos, en forma de perro. Les resulta tan difícil percibir las emociones animales que se confundieron. Estaba muy delgado… Lo bastante para pasar a través de los barrotes. Nadé como un perro. Viajé hacia el norte y me metí en Hogwarts con la forma de perro… viví en el bosque desde entonces… menos cuando iba a ver el partido de quidditch, claro… Vuelas tan bien como tu padre, Harry… —Miró al muchacho, que esta vez no apartó la vista —Créeme... Nunca traicioné a James y a Lily. Antes habría muerto.

Y Harry lo creyó. Asintió con la cabeza, con un nudo en la garganta. RJ miraba a Sirius y Remus.

—¡No!

Pettigrew se había arrodillado, como si el gesto de asentimiento de Harry hubiera sido su propia sentencia de muerte. Fue arrastrándose de rodillas, humillándose, con las manos unidas en actitud de rezo.

—Sirius, soy yo, soy Peter… tu amigo. No… tú no…

Black amagó un puntapié y Pettigrew retrocedió.

—Ya hay bastante suciedad en mi túnica sin que tú la toques.

—¡Remus! —chilló Pettigrew volviéndose hacia Lupin, implorante —Tú no lo crees. ¿No te habría contado Sirius que habían cambiado el plan?

—No si creía que el espía era yo, Peter —negó Lupin —Supongo que por eso no me lo contaste, Sirius —añadió despreocupadamente, mirándolo por encima de Pettigrew.

—Perdóname, Remus...

—No hay por qué, Canuto, viejo amigo —respondió Lupin, subiéndose las mangas —Y a cambio, ¿querrás perdonar que yo te creyera culpable?

—Por supuesto —un asomo de sonrisa apareció en su demacrado rostro. También empezó a arremangarse —¿Lo matamos juntos?

—Creo que será lo mejor —asintió Lupin con tristeza.

—No serían capaces… —dijo Pettigrew. Y se volvió hacia Ron, arrastrándose —Ron, ¿no fuí un buen amigo? ¿una buena mascota? No dejes que me maten, Ron. Estás de mi lado, ¿a que sí? —Pero Ron miraba a Pettigrew con repugnancia.

—¡Te dejé dormir en mi cama!

—Buen muchacho… buen amo… —Pettigrew siguió arrastrándose hacia Ron —No lo consentirás… yo era tu rata… fui una buena mascota…

—Si eras mejor como rata que como hombre, no tienes mucho de lo que
alardear —dijo Black con voz ronca.

Pettigrew giró sobre sus rodillas, se echó hacia delante y asió el borde de la túnica de RJ.

—Dulce criatura… inteligente muchacha… no lo consentirás… ayúdame… ¡Fuí una buena mascota contigo! Me porte bien..

Pero Harry se puso delante de ella, cubriendola de Peter que temblaba sin control.

—Harry, Harry… qué parecido eres a tu padre… igual que él…

—¿¡Cómo te atreves a hablarle!? —bramó Black—. ¿¡Cómo te atreves a mirarlo a la cara!? ¿¡Cómo te atreves a mencionar a James delante de él!?

—Harry —susurró Pettigrew. —Harry, James no consentiría que me mataran… James habría comprendido, Harry… Habría sido clemente conmigo…

Tanto Black como Lupin se dirigieron hacia él con paso firme, lo tomaron por los hombros y lo tiraron de espaldas al suelo. Allí quedó, temblando de terror.

—Vendiste a Lily y a James a lord Voldemort —dijo Black, que también temblaba —¿Lo niegas?

—Sirius, Sirius, ¿qué otra cosa podía hacer? El Señor Tenebroso… no tienes ni idea… Tiene armas inimaginables… Estaba aterrado, Sirius. Yo nunca fui valiente como tú, Remus y James. Nunca quise que sucediera… El Que No Debe Nombrarse me obligó.

—¡No mientras! —bramó Black —¡Les pasabas información un año antes! ¡Eras su espía!

—¡Estaba tomando el poder en todas partes! —dijo Pettigrew entrecortadamente—¿Qué se ganaba enfrentándose a él?

—¿Qué se ganaba enfrentándose al brujo más malvado de la Historia? —preguntó Black, furioso —¡Sólo vidas inocentes, Peter!

—¡No lo comprendes! —gimió Pettigrew —Me habría matado, Sirius.

—¡Entonces deberías haber muerto! —bramó Black —¡Mejor morir que traicionar a tus amigos! ¡Todos habríamos preferido la muerte antes que traicionarte a ti!

—Tendrías que haberte dado cuenta —dijo Lupin en voz baja —de que si Voldemort no te mataba lo haríamos nosotros. Adiós, Peter.

—¡No!

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