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12| Peter Pettigrew

“Peter Pettigrew”...

           RJ ESTABA radiante. Yendo por los pasillos, todos la saludaban y felicitaban. La euforia por ganar la copa de quidditch duró semanas. Incluso el clima pareció celebrarlo y a todo el mundo le apetecía pasear por los terrenos del colegio.

Pero no podían hacerlo.

Los exámenes aparecían y tenían que hacer enormes esfuerzos por concentrarse.

Incluso se RJ vió trabajar a Fred y George; estaban a punto de obtener el TIMO. Percy se preparaba para el ÉXTASIS, la titulación más alta de Hogwarts. Como Percy quería entrar en el Ministerio de Magia, necesitaba las máximas notas.

RJ hizo sus exámenes rápido, no tuvo problemas, hasta le parecieron sencillos.

En esos momentos, fue por los pasadizos secretos a la cabaña de Hagrid. Tocó la puerta con su puño y el gigante salió.

—¿RJ? ¡Dije que no vengan! —se quejó con la voz quebrada.

Buckbeak sería ejecutado ese mismo día, así que ignorando el hecho de que Hagrid les prohibió ir, se lanzó a abrazarlo, él comenzó a llorar con más fuerza.

—Pasa, no quiero que te vean sola y fuera de la escuela con los dementores por allí —invitó, moviéndose a un lado.

RJ miró por la ventana a Buckbeak y se convenció de no llorar, luego miró al hombre, ofreciéndole hacer galletitas y tomar un poco de té. Hagrid aceptó, agradecido.

Cuando estaba ya sacando las galletas del horno, escucharon unos toques en la puerta. RJ corrió a esconderse, temiendo porque sean quienes ejecutarían a Buckbeak. Hagrid fue a abrir la puerta.

—RJ, puedes salir. Son Harry, Ron y Hermione —avisó y la chica suspiró de alivio —¿Quieren un té? RJ acaba de hacer galletas —invitó. Sus manos enormes temblaban al tomar la tetera.

—hey —RJ se acercó a sentarse en la mesa, ellos la saludaron cortamente.

—¿Dónde está Buckbeak, Hagrid? —preguntó Ron, vacilante.

—Lo… tengo en el exterior... Está atado en el huerto, junto a las calabazas. Pensé que debía ver los árboles y oler el aire fresco antes de… —A Hagrid le temblaba tanto la mano que la jarra se le cayó y se hizo añicos.

—Yo lo hago, Hagrid —se apresuró, Hermione, a limpiar el suelo.

—Hay otra en el aparador —señaló Hagrid sentándose y limpiándose la frente con la manga. RJ fue a tomarla.

—¿No hay nada que hacer, Hagrid? —preguntó Harry sentándose a su lado —Dumbledore…

—No puede hacer nada contra una sentencia de la Comisión. Dijo que Buckbeak es inofensivo, pero tienen miedo. Ya saben cómo es Lucius Malfoy… Me imagino que los amenazó… Y el verdugo, Macnair, es amigo suyo. Pero será rápido, limpio, y yo estaré a su lado. Dumbledore estará presente. Me escribió esta mañana. Un gran hombre, Dumbledore…

—Nosotros también estaremos contigo, Hagrid —comenzó temblorosa Hermione, pero Hagrid negó.

—Deben volver al castillo. Dije que no quería que lo vieran. Tampoco deberían estar aquí. Si Fudge y Dumbledore te ven, Harry, habrá problemas.

RJ tomó la botella de leche para verter parte de ella en la jarra, pero pronto, dió un grito.

—¿Qué pasó? —Harry se levantó de un salto, viéndola preocupado.

—¡Ron! No… no puedo creerlo. ¡Es Scabbers!

Ron la miró boquiabierto.

—¿Qué dices?

RJ acercó la jarra a la mesa y la volcó. Con un gritito desesperado por volver a esconderse, Scabbers correteó por la mesa.

—¡Scabbers! —Ron se desconcertó —¿qué haces aquí?

Tomó a la rata, que forcejeaba por escapar, y la levantó para verla, estaba horrible. Más delgada que nunca. Se le cayó mucho pelo, y se retorcía queriendo huir.

—No te preocupes, Scabbers —dijo Ron —No hay gatos. Nada que temer.

De pronto, Hagrid se paró, mirando la ventana fijamente. Palideció.

—Ya vienen…

Se dieron rápidamente la vuelta. Por los escalones de la puerta principal del castillo bajaba Dumbledore, a su lado iba Cornelius Fudge. Tras ellos, el viejo miembro de la Comisión y el verdugo Macnair los seguían.

—Deben irse —pidió Hagrid, temblando.

Ron metió a Scabbers en su bolsillo y Hermione tomó la capa. Fueron a la puerta trasera que daba al huerto. RJ vió Buckbeak a pocos metros, atado a un árbol, él parecía presentir algo. Volvió la cara afilada de un lado a otro y golpeó el suelo con la zarpa, nervioso.

—No temas, Buckbeak —susurró Hagrid con voz suave. Se volvió hacia los cuatro amigos —ya, vayanse...

—Hagrid, no podemos… Les diremos lo que de verdad sucedió.

—No pueden matarlo…

—¡Vayanse! —ordenó con firmeza —Ya es bastante horrible, y además se meterian en problemas.

No tenían opción. Hermione echó la capa sobre ellos, y Hagrid entró.

Lentamente Harry, Ron Hermione y RJ rodearon silenciosamente la casa. Al llegar al otro lado, la puerta se cerró en un golpe seco. Empezaron a subir hacia el castillo. El sol se apresuraba a ocultarse. Ron se detuvo en seco.

—Por favor, Ron —comenzó Hermione.

—Se trata de Scabbers… quiere salir.

Ron se inclinaba intentando impedir que Scabbers se escapara, pero la rata estaba fuera de sí; chillando trataba de morder a Ron.

—¡Por favor, Ron, vámonos, están a punto de hacerlo! —insistió Hermione, apresurando el paso.

—¡quédate quieta, Scabbers!

RJ frenó, volteó, saliendo de la capa de invisibilidad mientras los otros tres chicos también se destapaban. Ya a larga distancia de la cabaña. Admiraron a los hombres afuera, cerca de las calabazas, el verdugo iba con su filosa arma.

Hubo un silencio y luego, sin previo aviso, el inconfundible silbido del hacha rasgando el aire.

Hermione se giró a abrazar a Ron y Harry tiró de RJ para esconderla en el hueco de su cuello y abrazar fuertemente a la pelirroja que comenzó a llorar. Abatida. 

Reemprendieron el camino hacia el castillo. La luz se apagaba. Cuando llegaron a campo abierto, la oscuridad se cernía sobre ellos como un embrujo. RJ iba con su mano entrelazada a la de Harry, con la cabeza gacha, triste.

—Scabbers, estate quieta —susurró Ron, obligando a que se metiera del todo en el bolsillo —¿Qué te ocurre, tonta? Quédate quieta… ¡Ay! ¡Me mordió!

—¿Qué le ocurre?

Pero Crookshanks se acercaba a ellos sigilosamente, arrastrándose y con los grandes ojos amarillos destellando en la oscuridad.

—¡Crookshanks! —gimió Hermione —¡No, vete, Crookshanks! ¡Vete!

Pero el gato se acercaba más…

—Scabbers… ¡No!

La rata escapó de Ron, se echó al suelo y huyó a toda prisa. De un salto, Crookshanks se lanzó tras ella, y antes de que pudieran detenerlo, Ron se internó en la oscuridad, detrás de ambos.

—¡Ron!

RJ, sin pensar, corrió detrás de su hermano y los dos chicos la siguieron. Oían delante
de ellos el ruido de sus pasos y los gritos que dirigía a Crookshanks.

—Aléjate de él… aléjate… Scabbers, ven aquí…

Oyeron un golpe seco.

—¡Te atrapé! Vete, gato asqueroso.

Harry, RJ y Hermione casi chocaron contra Ron. Estaba tendido en el suelo. Scabbers había vuelto a su bolsillo y Ron la sujetaba con ambas manos...

pronto oyeron los pasos de unas patas gigantes.

RJ volteó, temblorosa.

Un enorme perro negro de ojos claros se acercaba.

RJ sacó su varita pero era ya demasiado tarde. El perro habíadado un gran salto y sus patas delanteras golpearon a Harry que cayóde espaldas, con un fardo de pelo.

—¡Ebublio! —RJ lanzó un hechizo en dirección al perro pero este saltó y Harry quedó encerrado en una burbuja gigante.

El perro se dirigió hacía RJ pero Ron

empujó a su hermanita hacia un lado y el perro mordió el brazo estirado de Ron. RJ se giró en busca de su varita y gateó tratando de llegar a ella pero entonces, algo surgido, de no se sabía dónde, rompió la burbuja de Harry tan fuerte que lo mandó al suelo. Oyó a Hermione chillar de dolor y caer también.

RJ tomó su varita y giró —¡Lumos!

La luz de la varita iluminó un grueso árbol. Habían perseguido a Scabbers hasta el sauce boxeador, y sus ramas oscilaban de atrás adelante para impedir que se aproximaran. Al pie del árbol estaba el perro, arrastrando a Ron y metiéndolo por un hueco que había en las raíces. Ron luchaba denodadamente.

—¡Ron! —gritó Harry, intentando seguirlo, pero una gruesa rama le propinó un restallante y terrible trallazo que lo obligó a retroceder.

Lo único que podían ver ya de Ron era la pierna que se había enganchado en una rama para impedir que el perro lo arrastrase. Un horrible crujido cortó el aire como un disparo. La pierna de Ron se había roto y el pie desapareció en aquel momento.

RJ gritó asustada, empeorando su llanto.

—¡tenemos que pedir ayuda! —gritó Hermione. Ella también sangraba. El sauce le había hecho un corte en el hombro.

—¡No! ¡Ese ser es lo bastante grande para comérselo! ¡No tenemos tiempo!

—¡Es mi hermano, Hermione!

—No conseguiremos pasar sin ayuda.

Otra rama les lanzó otro latigazo. Era imposible acercarse un centímetro más sin ser golpeados por el árbol.

—¡Socorro, socorro! —gritó Hermione, como una histérica, dando brincos sin moverse del sitio —¡Por favor…!

Crookshanks dio un salto al frente. Se deslizó como una serpiente porentre las ramas que azotaban el aire y se metió por el hueco.

—¡Crookshanks! —gritó Hermione.

—Es amigo del perro —dijo Harry con tristeza —Los vi juntos…

—Vi a Lupin venir y se muestran los hechizos, justo estaba en la biblioteca con el libro de hechizos de segundo año —RJ corrió y alzó su varita en dirección al sauce —¡Immobulus!

El sauce se quedó quieto y se apresuraron a ir por el hueco que había entre las raíces. Harry entró a gatas, metiendo primero la cabeza, y se deslizó por la boca del túnel. Crookshanks estaba ya lejos de él y sus ojos brillaban a la luz de la varita de Harry. Un segundo después, entróRJ que cayó sobre Harry, rápidamente él se sonrojó como aquella vez yendo a Honeydunks.

RJ se levantó y ayudó a Harry para que entre Hermione.

—Por aquí —indicó Harry, poniéndose agachado, siguiendo a Crookshanks.

—¿A dónde irá este túnel? —Preguntó Hermione.

—Va hacía Honeydunks, pero no sé a dónde específicamente —admitió, la pelirroja.

Avanzaron con cautela hasta una abertura. Al otro lado había una habitación, muy desordenada y llena de polvo. El papel se
despegaba de las paredes. El suelo estaba lleno de manchas. Todos los muebles estaban rotos, como si alguien los hubiera destrozado. Las ventanas estaban tapadas con maderas.

Harry miró a RJ, que parecía muy asustada, pero asintió con la cabeza y la chica solo suspiró, volteando a ver a Hermione que tragó saliva.

RJ salió por la abertura mirando a su alrededor. La habitación estaba desierta, pero a la derecha había una puerta abierta que daba a un vestíbulo.

—Creo que estamos en la Casa de los Gritos —Susurró, Hermione.

Oyeron un crujido en lo alto. Miraron al techo. RJ salió primero, impulsiva, queriendo ver a Ron.

Entraron en el vestíbulo y subieron por la escalera, que se desmoronaba. Todo estaba cubierto por polvo, salvo el suelo, donde algo arrastrado escaleras arriba había dejado una estela ancha y brillante.

Llegaron hasta le entrada y se apagaron las luces de las varitas.

Solamente había una puerta abierta. Sosteniendo la varita ante sí, Harry abrió la puerta de una patada y RJ vió a un acostado en una cama con dosel y colgaduras polvorientas; En el suelo, a su lado, sujetándose la pierna que sobresalía en un ángulo anormal, Ron.

RJ corrió dónde su hermano.

—¡Ron!, ¿te encuentras bien?

—¿Dónde está el perro?

—Merlín —RJ miraba la pierna, temblorosa, con los ojos cristalizados de preocupación.

—No hay perro —gimió Ron. El dolor le hacía apretar los dientes —Esto es una trampa… Él es el perro. Es un animago…

Ron miraba por encima del hombro de Harry. RJ se dio la vuelta. El hombre oculto en las sombras cerró la puerta tras ellos.

Tenía pelo sucio y revuelto, si no le hubieran brillado los ojos en las cuencas profundas y oscuras, creerían que trataba de un cadáver. La piel de cera estaba tan estirada sobre los huesos de la cara que parecía una calavera. Una mueca dejaba al descubierto sus dientes amarillos. Sirius Black.

—¡Expelliarmus! —exclamó, dirigiendo hacia ellos la varita de Ron. Las varitas que empuñaban saltaron de sus manos, y Black las recogió.

Dio un paso hacia ellos, con los ojos fijos en Harry.

—Pensé que vendrías a ayudar a tu amigo —dijo con voz ronca —Tu padre habría hecho lo mismo por mí. Fueron muy valientes por no salir corriendo a buscar un profesor. Muchas gracias. Lo hará todo más fácil…

Ron, sin embargo, se dirigió a Black:

—Si quiere matar a Harry, tendrá que matarnos también a nosotros —dijo con fiereza, y RJ lo ayudó a ponerse de pie.

Algo titiló en los ojos sombríos de Black.

—Échate —pidió a Ron en voz baja—o será peor para tu pierna —La preocupación de Sirius por la pierna de su hermano, hicieron a RJ confundir.

—¿Me escuchó? —dijo Ron débilmente —Tendrá que matarnos a los tres.

—Sólo habrá un asesinato esta noche —respondió Black, acentuando la mueca.

—¿Por qué? —preguntó Harry —No le importó la última vez. No le importó matar a todos aquellos muggles al igual que a Pettigrew… ¿Qué ocurre, se ablandó en Azkaban?

—¡Harry! —sollozó Hermione. —¡Cállate!

—¡Él mató a mis padres! —gritó Harry.

—¡Si, y va a matarnos a nosotros! —RJ le gritó, obvia, pidiendo que piense con claridad.

—no lo dejaré.

Tal vez fuera por la impresión que le produjo ver a Harry cometiendo aquella necedad, pero Black no levantó a tiempo las varitas. Harry sujetó por la muñeca la mano libre de Black, desviando la orientación de las
varitas. Tras propinarle un puñetazo en el pómulo, los dos cayeron hacia atrás, contra la pared.

Sus amigos gritaron. Vieron un resplandor cegador cuando las varitas que Black tenía en la mano lanzaron chispas que por unos centímetros no dieron a Harry en la cara. Harry no lo soltó y lo golpeó con la otra mano. Pero Black aferró con su mano libre el cuello de Harry.

—No —susurró —esperé demasiado tiempo.

RJ corrió y pateó el rostro de Sirius que soltó un quejido de dolor y soltó a Harry.  Ron se arrojó sobre la mano con que Black sujetaba la varita y Harry oyó un débil tintineo.

Se soltó del nudo de cuerpos y vio su propia varita en el suelo. Se tiró hacia ella, pero…

—¡Ah!

Crookshanks le clavó las zarpas delanteras
en el brazo a Harry, pero Crookshanks se dirigió como una flecha hacia la varita de Harry.

—¡No! —exclamó Harry pero RJ lo tomó de la camisa y tomó su varita, girando mientras apuntó a Sirius Black.

—¡Apartense! —gritó a Ron y a Hermione.
No necesitaron oír dos veces a RJ. Hermione, sin aliento y con sangre en el labio, se hizo a un lado, tomando su varita, sacándole la de Harry al gato y tomando la de Ron. Ron se arrastró hasta la cama y se derrumbó débil.

Black yacía de cualquier manera junto a la pared. Su estrecho tórax subía y bajaba con rapidez mientras veía a RJ aproximarse muy despacio, apuntándole directamente al corazón con la varita.

—¿Vas a matarme? —preguntó, sonriendo divertido.

—¡Es un loco maniático y yo solo tengo doce años! —le gritó, agitada —¿Qué quiere con él? ¿Por qué todo este teatro? —retrocedió, sin bajar su varita.

—Usted mató a mis padres —dijo Harry con voz algo temblorosa, tomando la varita que le tendió Hermione.

—No lo niego —dijo en voz baja —Pero si supieras toda la historia… Tienes que escucharme. Lo lamentarás si no… si no comprendes…

Antes de algo, Crookshanks saltó sobre el pecho de Black y se quedó allí, sobre su corazón. Black cerró los ojos y los volvió a abrir mirando al gato.

Pero Crookshanks le hundió las garras en la túnica. Volvió a ellos su cara fea y aplastada. Hermione, que estaba a su derecha, lanzó un sollozo.

RJ bajó la varita, incapaz de lastimar a un animal y mucho menos si era la mascota de su mejor amiga, así que la puso detrás suya, retrocediendo.

Sin embargo, oyeron algo que no habían oído hasta entonces. La puerta de la habitación se abrió de golpe entre una lluvia de chispas rojas y RJ se volvió cuando el profesor Lupin entró en la habitación.

Lupin tenía la varita levantada y miró a cada uno.

—¡Expelliarmus! —gritó Lupin.

La varita de Harry salió volando de su mano. También lo hicieron las dos que sujetaba Hermione. Lupin las agarró todas hábilmente y luego penetró en la habitación, mirando a Black, que todavía tenía a Crookshanks protectoramente en el pecho.

—¡Expelliarmus! —RJ había sacado su varita de detrás suya y le quitó las varitas a Remus que miró incrédulo a la menor de los Weasley. Remus iba a dar un paso pero RJ lo apuntó —sé usar muy bien los maleficios, señor Lupin. Así que le ordeno que se quede quieto ¿A caso así estaremos? ¿Amenazandonos constantemente? Porque me cansa —miró a Lupin —no creí que ser un hombre lobo lo hiciese malo, ¿Pero traicionar a sus propios alumnos? ¡Es desagradable! Usted dijo que era amigo de de los padres de James ¿A caso también ayudó a Black a matarlos?

—Siempre tan brillante —alagó, Lupin —pero te equivocas...

—¡No! Lo ví entrar al sauce boxeador, muchas veces ¿Ayudó a Black a entrar al castillo también?

—no, RJ, no —negó, alzando sus manos —Eres la más sensata a pesar de ser la menor, así que, déjame explicar pero antes... ¿Dónde está, Sirius? —Black, muy despacio, levantó la mano y señaló a Ron —Pero entonces… —murmuró mirando tan intensamente a Black que parecía leer sus pensamientos —¿por qué no se manifestó antes? A menos que… —De repente, los ojos de Lupin se dilataron como si viera algo más allá de Black, algo que no podía ver ninguno de lospresentes —…a menos que fuera él quien… a menos que te transmutaras… sin decírmelo…

Muy despacio, sin apartar los ojos de Lupin, Black asintió con la cabeza. Lupin se acercó a Black, le tomó la mano, tiró de él para incorporarlo y abrazó a Black como a un hermano.

—Como dije, traidor —RJ se quejó.

—¡No, RJ, piensa! Eres brillante... más a fondo —Remus alagó, y RJ lo miró ceñuda —No es verdad que ayudé a Sirius a entrar en el castillo, y te aseguro que no quiero matar a Harry… —Se estremeció visiblemente —Pero no negaré que soy un hombre lobo.

Ron hizo un esfuerzo por volver a levantarse, pero se cayó con un gemido de dolor. Lupin se le acercó preocupado, pero Ron exclamó:

—¡Aléjate de mí, licántropo!

Lupin se paró en seco. Y entonces, con un esfuerzo evidente, se volvió a RJ y le dijo:

—¿Cuánto hace que lo sabes?

—tiempo después de que estuvimos con Harry en su despacho. Fue muy fácil, solo tuve que esperar a que falte dos clases más y ver en qué fechas era. Luego fue haciéndose cada vez más obvio.

—Nunca conocí una bruja de tu edad tan inteligente, RJ... Harry se equivocó al decir que no llegabas al nivel de Hermione, lo haces. Ambas son inteligentes a gran nivel.

—No soy tan inteligente —susurró Hermione—¡Si lo fuera, le habría dicho a todo el mundo lo que es!

—Ya lo saben —la interrumpió, RJ —Al menos, el personal docente lo sabe. Snape le prepara la poción, Pomfrey lo recibe en enfermería, Dumbledore se preocupa por su estado y lo cubren...

—¿Dumbledore lo contrató sabiendo? —preguntó Ron con voz ahogada —¿Está loco?

—Hay profesores que opinan que sí —admitió Lupin —Le costó convencer a ciertos profesores de que yo era de fiar.

—¡Y estaba en un error! —gritó Harry —¡Estuvo ayudándolo todo este tiempo! —Señalaba a Black. Harry se quiso acercar a RJ para tomar su varita pero ella retrocedió —RJ...

—No, piensa James —lo frenó, Hermione vió como Sirius Black miraba a RJ cómo si lo que acabará de decir fuese un maleficio —Yo... El sauce boxeador lo plantaron por usted, porque desde su primer año todos los profesores sabían de su condición —se giró a Remus que sonrió —esta plantado para proteger la entrada que viene hacia aquí. Osea, la casa de los gritos es para usted.

—brillante —alagó, Remus.

—No entiendo por qué ayuda a Black... Es decir, dijo que hace doce años que no eran amigos, osea que se reconciliaron recién ¿Por qué? ¿Por qué se cambió a su bando? —preguntó, confundida.

—ya resolviste la mitad del enigma...

—Si no lo ayudaba —dijo, Harry mirando furiosamente a Black —¿cómo sabía que se encontraba aquí?

—Por el mapa —explicó Lupin —Por el mapa del merodeador. Estaba en mi despacho examinándolo…

—¡Mi mapa! —lo corrigió, RJ.

—No, nuestro mapa —corrigió, Lupin, haciendo con la mano un ademán de
impaciencia —Yo colaboré en su elaboración. Yo soy Lunático… Es el
apodo que me pusieron mis amigos en el colegio —RJ abrió la boca, sorprendida —así es, RJ, ya conociste a tus héroes, Canuto es Sirius. Lo importante es que esta tarde lo estaba examinando porque pensé que intentarían visitar a Hagrid antes de que su hipogrifo fuera ejecutado. Y estaba en lo cierto —Comenzó a pasear sin dejar de mirarlos. —Supuse que se cubrirían con la vieja capa de tu padre, Harry.

—¿Cómo sabe lo de la capa?

—¡La de veces que vi a James desaparecer bajo ella! —dijo Lupin, repitiendo el ademán de impaciencia —Que lleven una capa invisible no les impide aparecer en el mapa del merodeador. Los ví ir y salir, pero en aquella ocasión los acompañaba alguien.

—¿Qué dice? —interrumpió Harry —No nos acompañaba nadie.

—No podía creer lo que veía —prosiguió Lupin, todavía paseando —Creía que el mapa estaría estropeado. ¿Cómo podía estar con ustedes?

—¡No había nadie con nosotros!

—Y entonces vi otro punto que se les acercaba rápidamente, «Sirius Black». Vi que chocaba con ustedes, que arrastraba a dos de ustedes hasta el interior del sauce boxeador.

—¡A uno de nosotros!

—No, Ron —corrigió, Lupin —a dos. ¿Me dejas echarle un vistazo a la rata?

—¿Qué? —preguntó Ron —¿Qué tiene que ver Scabbers en todo esto?

—Todo —respondió Lupin —¿Podría echarle un vistazo, por favor? Devuelveles las varitas, RJ, si es que así se sienten más seguros. Solo déjenme ver.

RJ se giró, les devolvió la varita y le quitó la rata a Ron, escuchando los reclamos de su hermano. La estiró y se la mostró a Lupin.

—¿Qué? —volvió a preguntar Ron, con cara de asustado —¿Qué tiene que ver la rata en todo esto?

—No es una rata —graznó de repente Sirius Black.

—¿Qué quiere decir? ¡Claro que es una rata!

—No lo es —dijo Lupin en voz baja —Es un mago.

—Un animago —aclaró Black— llamado Peter Pettigrew —RJ miró a la rata en sus manos y frenó abruptamente cuando recordó todo.

Sirius Black mató a Peter Pettigrew y a muggles.

Peter Pettigrew solo dejó su dedo. A Scabbers le faltaba el dedo.

¡Peter Pettigrew apareció en el mapa y ella lo vió!

Entonces ella habló, impresionada.

—Peter Pettigrew no murió, es un animago ilegal, por eso desapareció del mapa. Es un animago ilegal como Sirius ¡Por eso escapó de Azkaban sin que los dementores lo encuentren!

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