10| despise the Weasleys
“desprecio a los Weasley”...
RJ MIRÓ A los lados del pasillo antes de ponerse a un costado, pegada contra un pilar de la pared. Sacó su varita y el mapa.
—Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
E inmediatamente, a partir del punto en que había tocado la varita de RJ, empezaron a aparecer unas finas líneas de tinta, como filamentos de telaraña. Se unieron unas con otras, se cruzaron y se abrieron en abanico
en cada una de las esquinas del pergamino. Luego empezaron a aparecer palabras en la parte superior. Palabras en caracteres grandes, verdes y floreados que proclamaban:
Los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta proveedores de
artículos para magos traviesos están orgullosos de presentar
EL MAPA DEL MERODEADOR.
Y el mapa comenzó a mostrar cada detalle del castillo de Hogwarts y de sus terrenos. Pero lo más extraordinario eran las pequeñas motas de tinta que se movían por él, cada una etiquetada con un nombre escrito con letra diminuta. sonriendo, RJ se inclinó sobre el mapa.
—gracias, Fred y George —susurró, observando en él.
Una mota de la esquina superior izquierda, etiquetada con el nombre del profesor Dumbledore, lo mostraba caminando por su estudio, también estaba Mcgonagall allí. La gata del portero, la Señora Norris, patrullaba por la primera planta, y Peeves se hallaba en aquel momento en el pasillo a un costado de RJ. La niña, asustada, decidió comenzar a caminar al lado contrario, alejandose.
No quería que otra vez Peeves se acerque, tomé su nariz y le diga “¡tengo tú nariz!” para después tirar con fuerza y dejarle dicha zona de tono rojo.
—DCAO, allí vamos —nombró, queriendo ir a la clase donde estaría el mago que provocaba mariposas en ella y muchas de sus compañeras. Exacto, el profesor.
Pasó por dos pazadisos, hasta que esperó a que una tal “Cedric Diggory” salga del pasillo para salir de detrás de un cuadro, miró a los lados, corroborando que él se había ido y no quedara nadie. Salió de allí y cerró el cuadro.
Entró al salón y sonrió, suspirando, mientras veía al profesor Gilderoy Lockhart sentado en su escritorio, viendo su reflejo en un espejo de mano. Caminó hasta sentarse en la primera banca, viendo solo a dos niños llegar antes que ella y a los demás llegar después. Se dispuso a dibujar en un pergamino, al profesor, dibujando muchos corazones al rededor de él. Igual que, en su horario, había dibujado corazones al rededor del nombre del profesor y su clase.
—¡Oh, vamos! —volteó a ver a Ginny que se quejó, viendo a su melliza. La pelirroja miró fuera del salón —llegó antes que yo, Hermione. Lo siento... —al segundo, la cabeza de la niña de segundo año se asomó para ver ceñuda a RJ que extendió su mano para saludarla. Claro que no le hizo gracia.
Hermione, oficialmente, había perdido la apuesta.
—¡Vamos, por favor!
—aún no he hablado con Harry, Colín.
RJ iba caminando con Colin a su lado, los dos saliendo de sus clases. Ya llevaban su primera semana en Hogwarts y Colin se había pasado preguntándole por Harry Potter hasta no dar más. RJ casi ni había hablado con él o Ron, no después de que arriesguen el trabajo de su papá. Sin él, probablemente los Weasley acabarían en la calle.
—¡Sera una foto, solo una fotografía, por favor! —le puso ojos de cachorrito a la niña que sonrió.
—Bien... —se rindió y Colin besó sonoramente su mejilla, provocando la risa de RJ y el sonrojo de él —igual ya te estaba llevando —señaló delante suya.
Estaban en el patio de Hogwarts. Estaba nublado. Hermione estaba sentada en un peldaño de piedra con Viajes con los
vampiros en sus manos. Harry y Ron estaban a su lado, pero el de lentes veía como RJ se acercaba con Colin.
—Hola —saludó, RJ, sentándose a un lado de Hermione —¿Sigues enojada?
—¡Es que aún no entiendo! —la miró, incrédula. Todo por la apuesta —¿Cómo llegabas a todos lados siempre a tiempo? Los gemelos casi nunca van a clases ¿Y se saben todos los caminos de memoria? ¡Creí que sería más fácil!
—¿Lo siento? —se disculpó, confundida, riendo.
—no te disculpes —puso su cabeza sobre su hombro, RJ sonrió.
—¿Ya nos hablaras? —Ron, llamó la atención de su hermana.
—eso creo —asintió y miró a Colín que parecía petrificado —Es que mí amigo quiere conocerlos. Y sacarse una foto contigo, Harry.
Decir que el ojiceleste la miró con tristeza y preocupación fue poco. Ella lo había llamado Harry, no James. Él quería que ella le dijese James, como todo el verano.
—¿Me dejas, Harry? Soy… soy Colin Creevey —dijo entrecortadamente, dando un indeciso paso hacia delante —¿Podría… me dejas… que te haga una foto? —susurró, levantando la cámara esperanzado.
—¿Una foto? —preguntó, Harry, pero sin verlo o prestarle mucha atención, veía a RJ que miraba a Colin.
—Con ella podré demostrar que te vi —dijo Colin Creevey con impaciencia, acercándose un poco más, como si no se atreviera—. Lo sé todo sobre ti. Todos me lo contaron: cómo sobreviviste cuando ya-sabes-quien intentó matarte y cómo desapareció él, y toda esa historia, y que conservas en la frente la cicatriz en forma de rayo y me dijo un compañero de dormitorio que si
revelo el negativo en la poción adecuada, la foto saldrá con movimiento —exhaló un soplido de emoción y continuó —Esto es estupendo, ¿verdad? Yo no tenía ni idea de que las cosas raras que hacía eran magia,
hasta que recibí la carta de Hogwarts. Mi padre es lechero y tampoco podía creérselo. Así que me dedico a tomar montones de fotos para enviárselas a casa. Y sería estupendo hacerte una. —Miró a Harry casi rogándole —RJ puede sacárnosla para que pudiera salir yo a tu lado. ¿Y me la podrías firmar luego?
—Colin, respira —le pidió, su amiga, pero fue interrumpida.
—¿Firmar fotos? ¿Te dedicas a firmar fotos, Potter?
En todo el patio resonó la voz potente y cáustica de Draco Malfoy. Se había puesto detrás de Colin, flanqueado, como siempre en Hogwarts, por Crabbe y Goyle, sus amigotes.
—¡Todo el mundo a la fila! —gritó Malfoy a la multitud —¡Harry Potter firma fotos!
—No es verdad —dijo Harry de mal humor, apretando los puños —¡Cállate, Malfoy!
—Lo que pasa es que le tienes envidia —dijo Colin, cuyo cuerpo entero no era más grueso que el cuello de Crabbe. RJ sonrió.
—¿Envidia? —dijo Malfoy, que ya no necesitaba seguir gritando, porque la mitad del patio lo escuchaba —¿De qué? ¿De tener una asquerosa cicatriz en la frente? No, gracias. ¿Desde cuándo uno es más importante por tener la cabeza rajada por una cicatriz? —Crabbe y Goyle se estaban riendo con una risita idiota.
—Colin no habla de la cicatriz —bufó, RJ, viendo obvia al niño de cabello blanco que la miró mal —habla del estatus de popularidad en Hogwarts, mientras Harry es importante solo por respirar, tú quieres destacar rebajando a los demás. ¿Adivina qué, Malfoy? A nadie le interesan tus aires de superioridad.
—¡Si! Échate al retrete y tira de la cadena, Malfoy —dijo Ron con cara victoriosa, dándole la razón a su hermana.
Crabbe dejó de reír y empezó a restregarse de manera amenazadora los nudillos, que eran del tamaño de castañas.
—vaya, vaya. Pareces más un niño que una niña —Malfoy casi escupió, viendo a RJ que mostró su molestia —Weasley, ten cuidado —dijo con un aire despectivo, mirando ahora a Ron —No te metas en problemas o vendrá tu mamá y te sacará del colegio —imitó un tono de voz chillón y amenazante—«Si vuelves a hacer otra…»
Varios alumnos de quinto curso de la casa de Slytherin que había por allí cerca rieron la gracia a carcajadas.
—¿Estás seguro de que no eres el que quiere un autografo de Harry y Ron? Porque pareces muy fan aprendiendote el mensaje que nuestra madre nos envió ¿Tan aburrida es tú vida, Malfoy, que tuviste el tiempo de memorizar el vociferador? —RJ, alzó las cejas. Malfoy dió un paso.
—Potter, dile a tú noviesita que se ve más bonita con la boca cerrada —Malfoy, gruñó. Ron sacó su varita reparada con cinta.
—¡Con mí hermanita, no, Malfoy! —pero Hermione cerró su libro de un golpe y susurró:
—¡Cuidado!
—¿Qué pasa aquí? ¿Qué es lo que pasa aquí? —Gilderoy Lockhart caminaba hacia ellos a grandes zancadas, y la túnica color turquesa se le arremolinaba por detrás —¿Quién firma fotos?
Harry quería hablar, pero Lockhart lo interrumpió pasándole un brazo por los hombros y diciéndole en voz alta y tono jovial:
—¡No sé por qué lo pregunté! ¡Volvemos a las andadas, Harry! —Sujeto por Lockhart y muerto de vergüenza, Harry vio que Malfoy se mezclaba sonriente con la multitud.
—Vamos, señor Creevey —dijo Lockhart, sonriendo a Colin —Una foto de los dos será mucho mejor. Y te la firmaremos los dos.
Colin buscó la cámara a tientas y sacó la foto al mismo tiempo que la campana señalaba el inicio de las clases de la tarde.
—¡Adentro todos! —gritó Lockhart a los alumnos, y se dirigió al castillo llevando de los hombros a Harry.
RJ suspiró y miró a Ron que refunfuñaba.
—no hacía falta que me defiendas —la niña le dijo a su hermano.
—ya no estés enojada ¿Si? Yo te defendería de incluso una araña... No, de una araña no, si quieres de cualquier otra cosa —asintió y RJ rió, acercándose a abrazar a su hermano que sonrió.
—Te quiero, Ronnie.
—te quiero, RJ.
A las tres y media, RJ, Ginny, Colin y los otros Gryffindors bajaron corriendo los escalones delanteros, hacia el parque, para asistir a su clase de vuelo, la anterior se había cancelado, al parecer Madam Hooch había pescado un resfriado. Era un día claro y ventoso. La hierba se agitaba bajo sus pies mientras marchaban por el terreno inclinado en dirección a un prado que
estaba al otro lado del bosque prohibido, cuyos árboles se agitaban tenebrosamente en la distancia.
Los Slytherins ya estaban allí, y también las veinte escobas, cuidadosamente alineadas en el suelo. Fred y a George Weasley le avisaron a RJ que algunas de las escobas del colegio comenzaban a vibrar si uno volaba muy alto, o que siempre volaban
ligeramente torcidas hacia la izquierda.
La señora Hooch, era baja, de pelo canoso y
ojos amarillos como los de un halcón, estaba allí.
—Bueno ¿qué estáis esperando? —bramó —Cada uno al lado de una escoba. Vamos, rápido.
RJ hizo una mueca, observando a la emocionada Ginny, luego miró su escoba. Era vieja y algunas de las ramitas de paja
sobresalían formando ángulos extraños. No eran muy diferentes a las que tenía en la madriguera.
—Extiendan la mano derecha sobre la escoba —les indicó la señora Hooch —y digan ¡arriba!
—¡Arriba! —gritaron todos.
La escoba de Ginny saltó de inmediato en sus manos, pero fue una de los pocos que lo consiguió.
—estoy segura que debí escaparme contigo a practicar Quidditch desde niñas —susurró, RJ —¡Arriba! —pero la escoba no hizo más que rodar por el suelo.
—piensa que le lanzas un expelliarmus a tus pinceles para pintar —le dijo su melliza, sonriendo.
RJ suspiró, cerró sus ojos con fuerza y respiro repetidas veces, tratando de concentrarse, hasta que volvió a ver la escoba.
—¡Arriba! —nada —¡Arriba! —nada. Volvió a suspirar y murmuró —arriba... —la escoba rápidamente se elevó hasta estar en su mano —¡Si! ¿Viste, Ginny?
—a partir de ahora práctica Quidditch conmigo en vacaciones —le dijo su melliza y ella asintio, segura.
Luego, la señora Hooch les enseñó cómo montarse en la escoba, sin deslizarse hasta la punta, y recorrió la fila, corrigiéndoles la forma de sujetarla. Elogiando a Ginny por ser perfectamente correcta.
—buena en deportes, buena en libros. No te deprimas —Ginny señaló a su hermana que suspiró —nos complementamos, recuerda.
—Ahora, cuando haga sonar mi silbato, dais una fuerte patada —interrumpió, la señora Hooch —Mantengan las escobas firmes, elevense un metro o dos y luego bajen inclinándoos suavemente. Preparados… tres… dos… ¡Uno!
Eso hicieron, bastante bien a decir verdad, aún que RJ tuvo algo de vértigo pero luego se acostumbró. La clase de vuelo no era de sus favoritas, pero fue bastante buena.
Así fue hasta que salieron, RJ iba sosteniendo sus libros, entre ellos, estaba el diario. En su bolsillo llevaba el mapa y la varita.
—¡RJ! —la niña volteó a ver a Harry Potter que corrió hasta alcanzarla —hey, ¿Clase de vuelo?
—si —murmuró, dándose la vuelta para ir alejandose, con el rostro comenzando a palidecer.
—RJ... —susurró, acomodando sus lentes —Se supone que en tú primera semana comeríamos juntos, con Ron y Hermione ¡También iríamos a ver a Hagrid! Que, por cierto, iremos mañana ¿Por qué no vienes? Ya no estés molesta, entiendo que...
—esta bien, Harry —negó, sintiendo un escalofrío y bajando la vista al diario. A menudo le pasaba eso, sintiendo la necesidad de escribir en él.
—no, no me digas Harry —frenó y ella volteó a verlo —¡Tú me dices James! Se suponía que serías la única en hacerlo ¿No?
—esta bien, lo siento, James —sonrió, y Harry igual. La niña comenzó a enrojecer —mañana iremos a ver a Hagrid, ahora debo ir a clases, te veo luego ¿Si?
—de acuerdo —asintio, más calmado.
Ella asintió, dándose la vuelta para casi correr a clases, en las que no presto atención por estar escribiendo en el diario lo que le había pasado con Harry.
«¿Te gusta, Harry Potter, River?» apareció escrito por parte de Tom.
«no lo sé, es bonito, me gustan sus ojos» irónicamente, se sonrojaba al escribir sobre el ojiceleste.
«sigo incrédulo al que lo hayas perdonado, pero de acuerdo. Solo nunca lo olvides, cuando algo malo vuelva a suceder, recordarás lo que hizo» le pidió y ella aplanó los labios, más otra cosa apareció «solo protejo a mi amiga» RJ sonrió.
«¿Somos amigos?»
«¿A caso no comenzamos a hacerlo desde que me contaste sobre como te gusta cocinar galletas cuando estás estresada?» eso la hizo reír por lo bajo.
—¿Señorita Weasley? —cerró el diario de golpe, alzando la cabeza para ver a Severus Snape —¿Hay algo divertido en su libro que la haga reír y evitar prestar atención a mí clase?
—no señor —negó avergonzada —lamento mucho eso, en serio...
—¿Qué es lo que estábamos diciendo, señorita Weasley? —dijo con su usual tono amargado.
Las clases de Pociones se daban abajo, en un calabozo. Hacía mucho más frío allí que arriba, en la parte principal del castillo, y habría sido igualmente tétrico sin todos aquellos animales conservados, flotando en frascos de vidrio, por todas las paredes. El profesor Snape parecía sisear como serpiente al hablar, y estaba parado frente a la mesa de RJ que se sentaba con Ginny.
—acónito y luparia, señor, hablaba de eso —susurró, moviendo un mechon de su cabello anaranjado —que son la misma planta...
—¡Silencio! —la regañó y ella lo miró sin entender ¿A caso no se lo había preguntado? —su atrevimiento es insulso, señorita Weasley, dígame, si tan creída de inteligencia se cree ¿Dónde buscarías si te digo que me encuentres un bezoar?
—Un bezoar es una piedra sacada del estómago de una cabra y sirve para salvarte de la mayor parte de los venenos —susurró, viendo a Ginny que le sonreía —y...
—¡“y” nada! —la interrumpió nuevamente haciéndole dar un saltito.
—¡Oiga! —voltearon a ver a Ginny —usted le preguntó y mí hermana le dió vuelta la situación, en vez de alegrarse de tener a un alumno inteligente, lo calla... —Severus Snape dejó caer su libro con fuerza sobre su mesa y se acercó a ponerse cara a cara con la niña que se encogió en su lugar.
—su insolencia no me sorprende viniendo de una... Weasley —nombró su apellido con asco —se le restará diez puntos a la casa Gryffindor por el descaro de sus compañeras. Además, serán castigadas.
Se volteó, moviendo con fuerza su capa. RJ abrió la boca sorprendida y casi a punto de llorar. Ese hombre hizo, oficialmente, la clase de RJ la menos favorita.
La menor de los Weasley iba caminando con los bolsillos de su túnica repletos de comida. Ginny le había avisado que Colin se levantó temprano, yendo con Harry al entrenamiento de Quidditch, Hermione y Ron fueron con ellos. Así que se encaminó al campo de Quidditch para ir en busca de sus amigos.
—buenos días —saludó a Hermione y Ron, sentandose a su lado.
—¡RJ! —Hermione le sonrió a la niña que comenzó a sacar comida para darles —nos salvaste, gracias.
—¿Es cierto que Snape te castigó a ti y a Ginny? —Su hermano le preguntó, llegando rápidamente una tostada a su boca.
—si, pero se lo agradezco —RJ murmuró, risueña.
—¿Por qué? —Hermione, preguntó, incrédula.
—¡Porque su castigo fue llevarnos con el profesor Lockhart a responder cartas que le envían sus fans! —dijo, sonriendo. Su hermano rodó los ojos. Hermione chilló emocionada —¡Pasamos dos horas en las que hablaba sobre sus logros!
—haré la broma de Fred y George, haré que me castiguen —murmuró, Hermione, segura de si misma.
—se ven tan babosas —se quejó, Ron —no vengan a la casa de Hagrid si se la van a pasar hablando del profesor inútil.
—¡No le digas así! —Hermione casi le gritó y RJ le dió un golpe en el brazo.
—¡Auch! —las miró molesto, pero su vista se congeló al ver lo que pasaba. Las dos siguieron su mirada y notaron el desconcierto de Ron.
En el campo de Quidditch, el equipo de gryffindor y Slytherin estaba en el suelo, al parecer discutiendo. Los tres se apresuraron a bajar para ir, así enterarse de qué pasaba.
—¿Qué pasó? —preguntó Ron a Harry —¿Por qué no juegan? ¿Y qué está haciendo ése aquí? —Miraba a Malfoy, vestido con su túnica del equipo de quidditch de
Slytherin. RJ lo miraba molesta.
—Soy el nuevo buscador de Slytherin, Weasley —dijo Malfoy, con petulancia. RJ pareció aún más desconcertada —Estamos admirando las escobas que mi padre compró para todo el equipo —Ron miró boquiabierto las siete soberbias escobas que tenía delante —Son buenas, ¿eh? Pero quizás el equipo de Gryffindor pueda conseguir oro y comprar también escobas nuevas. Podrían subastar las Barredora 5. Cualquier museo pujaría por ellas.
El equipo de Slytherin estalló de risa.
—¿Otra vez, Malfoy? —RJ llamó su atención —ya te dije que si quieres un autógrafo de Harry y mi hermano solo debes pedirlo, no hace falta que te metas en el mismo puesto que Harry en Quidditch para llamar su atención.
—y en el equipo de Gryffindor nadie compró su puesto —observó Hermione agudamente, las dos niñas parecían siempre tener con qué enfrentarlo —Todos entraron por su valía.
Del rostro de Malfoy se borró su mirada petulante.
—Nadie pidió tu opinión, asquerosa sangre sucia —espetó él. RJ quedó sin aire al oirlo.
Flint tuvo que ponerse rápidamente delante de Malfoy para evitar que Fred y George saltaran sobre él.
—¡Cómo te atreves! —Alicia le gritó, furiosa. Ron se metió la mano en la túnica y sacó su varita.
—¡Pagarás por esto, Malfoy! —y sacando la varita por debajo del brazo de Flint, la dirigió al rostro de Malfoy.
Un estruendo resonó en todo el estadio, y del extremo roto de la varita de Ron surgió un rayo de luz verde que, dándole en el estómago, lo derribó sobre el césped. RJ abrió los ojos espantada, la niña de once años parecía querer llorar. Desde las crueles palabras de Malfoy, hasta su preocupación por Ron, RJ parecía muy adolorida por lo que sucedía.
—¡Ron! ¡Ron! ¿Estás bien? —chilló Hermione.
Ron abrió la boca para decir algo, pero no salió ninguna palabra. Por el contrario, emitió un tremendo eructo y le salieron de la boca varias babosas que le cayeron en el regazo.
El equipo de Slytherin se partía de risa. Flint se desternillaba, apoyado en su escoba nueva. Malfoy, a cuatro patas, golpeaba el suelo con el puño. Los de Gryffindor rodeaban a Ron, que seguía vomitando babosas grandes y brillantes. Nadie se atrevía a tocarlo.
RJ escuchó un susurró y vió el libro sobresalir del bolsillo de su túnica, sus ojos se pusieron levemente cristalizados y miró a Malfoy con molestia. La furia parecía estallar dentro de su cuerpo que actuó por si solo.
—¡Melofors! —apuntó con su larga varita blanca a Draco Malfoy que la miró asustado.
Pronto, vieron cómo el niño caía hacia atrás sosteniendo su cabeza que comenzó a volverse naranja, a los segundos, una cabalaza salió de él y encerró su cabeza en dicha calabaza. Todos observaron sorprendidos a la niña que bajó la varita. Malfoy no pudo levantarse del suelo por el peso de la calabaza que aprisionaba su cabeza mientras gritaba por ayuda.
—¡La calabaza va a comer mi cabeza, ayuda! —gritaba el niño, haciendo reír a los gryffindor y avergonzar a los Slytherin. Todos sabían que ese conjuro no hacía nada malo, simplemente debían romper la calabaza para liberar su cabeza.
La niña miró a su hermano con preocupación y corrió a ayudarlo a levantarse.
—Lo mejor es que lo llevemos a la cabaña de Hagrid, que está más cerca —dijo Harry a Hermione, quien asintió. El de lentes ayudó a RJ con Ron. RJ miró a su amiga.
—ve a avisarle a Hagrid, Mione, corre.
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