05| hogwarts letters
—“cartas de Hogwarts”...
RJ FUE SOSTENIDA por Ginny cuando casi se caía al ver lo que sus papás tenían en manos. Las mellizas habían bajado del dormitorio, siendo las primeras en despertar, para encontrarse con Molly y Arthur en la sala, tomando la correspondencia. Entre medio de todo el correo, había dos cartas para las pelirrojas.
La carta de Hogwarts.
RJ corrió a tomar la que le tendía su papá, Arthur la tomó por la cintura y la alzó para sentarla sobre la cocina, asomándose para leer con ella su carta. A su vez, Molly se acuclillaba para ver la de Ginny.
—COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA —leyó, RJ, casi chillando entre medio de sus palabras — Director: Albus Dumbledore (Orden de Merlín, Primera Clase, Gran Hechicero, Jefe de Magos, Jefe Supremo, Confederación Internacional de Magos). Querida señorita Weasley: Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios. Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza. Muy cordialmente, Minerva Mcgonagall —miró a su papá, abrazándolo contenta —¡Si me llamaron!
—¡Claro que lo harían! —el hombre pellizcó sus mejillas, viendo a Ginny dar saltitos mientras giraba, feliz
—tambien están los materiales —Molly, mostró la carta con dichos objetos —sera la primera vez que compremos faldas por el uniforme femenino.
RJ, llamando su atención, volteó a ver a Ron y Harry que bajaron a desayunar, la niña estaba tan feliz que corrió a abrazar a su hermano mayor, el niño rió extrañado.
—¡Llegaron las cartas de Hogwarts, tengo la mía! Iré a Hogwarts, entraré en mi primer año ¡Oh, por las barbas de Merlín! ¿Quedaré en gryffindor? ¡Ya quiero tener DCAO o transformaciones, ni hablar de pociones...
—RJ, tranquila —Su madre la guío a la silla de la mesa, ella respiró, sentandose y Harry se sentó a su lado, y agarraron las tostadas que les pasaba la señora Weasley a ambos —no pienses en eso aún.
—sus cartas —Arthur les entregó a Harry y a Ron dos sobres idénticos de pergamino amarillento, con la dirección escrita en tinta verde—. Dumbledore ya sabe que estás aquí, Harry; no se le escapa una. También han llegado cartas para ustedes dos —añadió, al ver entrar tranquilamente a Fred y George, todavía en pijama.
—¡Entre a Hogwarts! —RJ le dijo a los gemelos que extendieron sus manos, ella chocó los cinco con ambos, al mismo tiempo.
Después de leer su lista, RJ se asomó a leer la de Harry con Fred.
—¡También a ti te han mandado todos los libros de Lockhart! —exclamó el gemelo —El nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras debe de ser un fan suyo; apuesto a que es una bruja.
—¡Oye! —RJ lo golpeó y él levantó sus manos en zon de paz, pero luego la niña sonrió —¡ahora tendré excusa para poderme leer todos sus libros! El de la Banshee es el que más espero ¡Mi primer año no podría ser mejor! No veo la hora de ir a la biblioteca de Hogwarts y leer cada libro.
—si, pero mira, comelibros, todos estos libros no resultarán baratos —observó George, mirando de reojo a sus padres y callando a RJ que hizo una mueca, su hermano tenía razón —De hecho, los libros de Lockhart son muy caros…
—Bueno, ya nos apañaremos —repuso, Molly, aunque parecía preocupada—. Espero que a sus hermanitas les puedan servir muchas de sus cosas.
—Yo aun guardo mis libros del año pasado que no usaremos este, tal vez te sirvan —Harry le dijo a RJ que se sonrojó.
—oh, Harry, no hace falta —Molly, lo frenó.
—Pero Ron podría darle los suyos a Ginny, yo los míos a RJ. Por favor, sería un placer —negó el de lentes —sinó deberían comprarlos en vano.
Interrumpiendo su charla, Percy, entraba en aquel preciso instante. Ya se había
vestido y lucía la insignia de prefecto de Hogwarts en el chaleco de punto.
—Buenos días a todos —saludó Percy con voz segura—Hace un hermoso día.
—¡Percy! ¿Adivina qué? —RJ le dijo a su hermano, pero, cuando él Se sentó en la única silla que quedaba, inmediatamente se levantó dando un brinco.
Vieron como quitó del asiento al ave mensajera de Ron haciendo palidecer a RJ que miró con pena al desplumado animal.
—¡Errol! —exclamó Ron, tomando a la maltratada lechuza y sacándole una carta que llevaba debajo del ala —¡Por fin! Aquí está la respuesta de Hermione. Le escribí contándole que te íbamos a rescatar de los Dursley.
Ron llevó a Errol hasta una percha que había junto a la puerta de atrás e intentó que se sostuviera en ella, pero Errol volvió a caerse, así que Ron lo dejó en elescurridero, exclamando en voz baja «¡Pobre!». Luego rasgó el sobre y leyó la carta de Hermione en voz alta.
—son muy malos con Errol —se quejó, RJ, yendo a alimentar al animal y tomarlo en brazos para sentarse de nuevo en su lugar con el ave sobre su regazo.
Querido Ron, y Harry, si estás ahí:
Espero que todo saliera bien y que Harry esté estupendamente, y que no hayas tenido que saltarte las normas para sacarlo, Ron, porque eso traería problemas también a Harry. He estado muy preocupada y, si Harry está bien, te ruego que me escribas lo antes posible para contármelo, aunque quizá sería mejor que usaras otra lechuza, porque creo que ésta no aguantará un viaje más. Por supuesto, estoy muy atareada con los deberes escolares y el próximo miércoles nos vamos a Londres a comprar los nuevos libros. ¿Por qué no quedamos en el callejón Diagon? Contadme qué ha pasado en cuanto podáis.
Postada: Le he enviado unos elementos muggles a RJ que le encantaran.
Un beso de
Hermione
—¡Tú novia es fantástica, Ron! —RJ tomó el paquete que le dió Percy, siendo que Errol lo había tirado al suelo.
—¡No es mi novia! ¡A penas y la soporto!
—Bueno, no estaría mal, podríamos ir también a comprar su material —dijo, Molly, comenzando a quitar las cosas de la mesa, e interrumpiendo la discusión de sus hijos—. ¿Qué van a hacer hoy?
Harry, Ron, RJ, Fred y George planeaban subir la colina hasta un pequeño prado que tenían los Weasley. Como estaba rodeado de árboles que lo protegían de las miradas indiscretas del pueblo que había abajo, allí podían practicar el quidditch, con tal de que tuvieran cuidado de no volar muy alto.
Aunque no podían usar verdaderas pelotas de quidditch, porque si se les escaparan y llegaran a sobrevolar el pueblo, la gente lo vería como un fenómeno de difícil explicación; en su lugar, se arrojaban manzanas. Se turnaban para montar en la Nimbus 2.000 de Harry, que era con mucho la mejor escoba; a la vieja Estrella Fugaz de Ron incluso la adelantaban las mariposas.
—¿Por qué a RJ si la dejan ir? —Ginny se quejó, pues RJ sabía que su hermana practicaba Quidditch en secreto ya que sus hermanos no la dejaban.
—porque ella va a contar los puntos, es la única que no hace trampa —defendió, Fred, obvio.
—no va a jugar —asintió, George.
—¿Por qué no? —Harry, miró a RJ.
—ideas de niños, las niñas no pueden jugar quidditch. Pero bueno, tampoco es cómo si me interesará mucho y mis hermanos no son buenos instructores —se encogió de hombros.
Cinco minutos después se encontraban subiendo la colina, con las escobas al hombro. Habían preguntado a Percy si quería ir con ellos, pero les había dicho que estaba ocupado.
—Me gustaría saber qué se lleva entre manos —comentó Fred, frunciendo el entrecejo —No parece el mismo. Recibió los resultados de sus exámenes el día antes de que llegaras tú; tuvo doce M.H.B. y apenas se alegró.
—Matrículas de Honor en Brujería —explicó George, viendo la cara de incomprensión de Harry —Bill también sacó doce. Si no nos andamos con cuidado, tendremos otro delegado en la familia. Creo que no podría soportar la vergüenza.
—no digan eso, saben cuánto quiero ser como Bill y Percy —RJ, se quejó, caminando a un lado de Ron —es un orgullo lo que hacen, alegran a mamá y papá —ellos suspiraron, callandose y RJ volvió a hablar —aun que... Espero que mamá y papá no le compren otra vez cosas nuevas a Percy, porque...
—si, entendemos. No sé cómo se las van a arreglar papá y mamá para comprarnos todo lo que necesitamos este curso —dijo George después de su pausa— ¡Cinco lotes de los libros de Lockhart! Y tú y Ginny necesitará una túnica y una varita mágica, entre otras cosas.
—Me saltaré la parte de la mascota y cosas innecesarias —admitió, RJ.
La verdad es que la niña no tenía problemas en decir que su familia no era adinerada ¿Por qué debería avergonzarle? Su padre se esforzaba mucho por traer dinero a la casa y su mamá porque la casa no se caiga abajo.
Aveces Bill, con su trabajo en Gringotts, le enviaba algunas cosas como chips de chocolate para que ella cocine, como pequeños caprichos para mimarla. Y Bill siempre le enviaba historias con dragones que servían para entretenerla, ella se leía esas cartas miles de veces hasta aprenderselas de memoria, como cuentos fantásticos pero con su hermano mayor como protagonista. Esa era la forma de sus hermanos de colaborar con sus padres para hacer que RJ tenga, como muchas niñas, algo en que mimarla. No eran muñecas caras o casas de muñecas, pero era mucho mejor para ella.
Al miércoles siguiente, la señora Weasley los despertó a todos temprano. RJ había levantado a los gemelos con agua y salió corriendo escaleras abajo.
—¡Mami, Fred y George me quieren matar sin razón! —Se puso detrás de su madre.
—¿Sin razón? —cuestionó, George, empapado.
—¡Miranos, mami! —se señaló, Fred.
—dejen de pelear a RJ —Molly los regañó y RJ corrió a sentarse a un lado de Harry que sonrió.
—Buen día, James...
—Buen día.
Después de tomarse rápidamente media docena de emparedados de beicon cada uno, se pusieron las chaquetas y la señora Weasley, tomando una maceta de la repisa de la chimenea de la cocina, echó un vistazo dentro.
—Ya casi no nos queda, Arthur —dijo con un suspiro—. Tenemos que comprar un poco más… ¡bueno, los huéspedes primero! ¡Después de ti, Harry, cielo! —Y le ofreció la maceta.
—dudo que sepa que son siquiera los polvos flu, mami —RJ, rió, al ver la cara de Harry.
—¡Oh, si! Él nunca ha viajado con polvos flu —dijo Ron, señalando a su hermana —Lo siento, Harry, no me acordaba.
—¿Nunca? —le preguntó, Arthur —Pero ¿cómo llegaste al callejón Diagon el año pasado para comprar las cosas que necesitabas?
—En metro…
—¿De verdad? —inquirió interesado, mientras RJ veía con curiosidad al niño —¿Había escaleras mecánicas? ¿Cómo son exactamente…?
—Ahora no, Arthur —le interrumpió, Molly haciendo reír a RJ, aún que su papá también le había pegado la fascinación por cosas muggles —Los polvos flu son mucho más rápidos, pero la verdad es que si no los has usado nunca…
—Lo hará bien, mamá —defendio, Fred —Harry, primero míranos a nosotros.
Tomó de la maceta un poco de aquellos polvos brillantes, se acercó al fuego y los arrojó a las llamas. Produciendo un estruendo atronador, las llamas se volvieron de color verde esmeralda y se hicieron más altas que Fred. Éste se metió en la chimenea, gritando: «¡Al callejón Diagon!», y desapareció.
—Tienes que pronunciarlo claramente, cielo —le explicó, Molly, mientras George introducía la mano en la maceta—, y ten cuidado de salir por la chimenea correcta.
—¿Qué? —preguntó Harry nervioso, al tiempo que la hoguera volvía a
tronar y se tragaba a George.
—Bueno, ya sabes, hay una cantidad tremenda de chimeneas de magos
entre las que elegir, pero con tal de que pronuncies claro…
—Lo hará bien, Molly, no te apures —le dijo el señor Arthur, sirviéndose también polvos flu.
—Pero, querido, si Harry se perdiera, ¿cómo se lo íbamos a explicar a sus tíos?
—A ellos les daría igual —la tranquilizó, Harry —Si yo me perdiera aspirado por una chimenea, a Dudley le parecería una broma estupenda, así que no se preocupe por eso.
—bueno, si a ellos no les importa, a nosotros si, James —negó, RJ, y el niño se sonrojó ligeramente, al igual que ella —iré primero —tomó los polvos.
—fijate que George y Fred no haya hecho nada, ya los dejamos más de cinco segundos solos y a ellos les basta con tres —pidió, Molly, viendo a su niñita menor.
—Callejón Diagon —habló, luego de tirar los polvos. El fuego, RJ, lo percibió como una brisa cálida.
Le divertía la sensación de que la succionaban para luego girar a gran velocidad, el remolino de llamas
verdes la mareaban ligeramente, la niña rápidamente aterrizó en la otra chimenea y sacudió su ropa sonriendo.
—Te dije que enviarían primero a RJ si mamá se quedaba para supervisar a Harry —George, palmeó el brazo de Fred, señalando a su hermanita.
—Se supone que Harry viene detrás mía —dijo la niña, dando saltitos hasta tomar la mano de los gemelos. Ambos vieron el fuego.
Pero salió Molly y al segundo Ron. Los dos se acomodaron las pintas y miraron a los tres pelirrojos.
—¿Y Harry? —preguntaron al unisono, RJ y Ron. Los dos se vieron con ojos abiertos de la preocupación, volteando a ver a su mamá que se llevó una mano al pecho.
Luego aparecieron los demás Weasley, pero sin rastro de Harry.
—¡Oh, Harry!
RJ entró a Ollivanders, estaba preocupada, su mamá había ido con Ginny a buscar sus uniformes mientras ella se adelantaba a buscar su varita, así cuando Ginny llegase, lo harían rápido e irían en busca de los demás. Los hombres Weasley estaban buscando por todo el callejón a Harry.
—oh, una Weasley.
RJ miró a un hombre de cabello blanco y despeinado, asomarse con una caja entre sus manos. Ella entrabrió su boca.
—Cada uno de tus hermanos, y padres, han venido aquí —dejó la caja frente a ella, y RJ caminó, dudosa.
—me llamo RJ, usted es el señor Ollivander ¿Cierto? —el hombre asintio —eso es bueno, yo soy la más pequeña de mi familia. Bueno, soy mayor que Ginny, mi melliza.
—Bueno, eso me dará una idea a la hora de escojer su varita, pero, ¿Por qué no pruebas está? He estado esperando tú llegada con ansias —Le tendió el artefacto.
RJ la tomó, mas solo logró explotar un cajón que se prendió fuego, dejó la varita, disculpándose repetidas veces con Ollivander que hizo un ademán, tratando de no darle importancia, luego le dió otra, pero, con tal solo tomarla, la varita soltó unas chispas que no pararon hasta que la soltó.
—la tercera es la vencida —Ollivander le tendió una caja. RJ la miró, era diferente al resto.
Mordió su labio inferior y admiró la varita, era de color blanco, tenía una forma recta con dibujos tallados en su madera. La tomó y sintió una corriente recorrer su cuerpo pequeño, luego, hizo un movimiento y reparó todo lo que había roto.
—magnifico —alagó, el hombre, para luego tomarla y empacarla para ella —30 cm y cuarto de largo, hecha de tejo, con un núcleo de pluma de ave del trueno —se la entregó y ella sonrió, justo cuando Molly entraba con Ginny.
La varita de su hermana fue mucho más fácil de elegir, al segundo intento Ollivander ya había acertado. Luego, salieron veloces para ir en buscar de los Weasley y Harry. RJ rogando que James estuviese bien.
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