☆꧁༒Diecinueve༒꧂☆
☆꧁༒☬ℙⒺяг@☬༒꧂☆
☆꧁Pasado꧂☆
Hinata no podía dormir, giró en la cama, sintiendo su pecho aún pesado. Se mordió el labio, mirando fijamente la oscura pared, y finalmente se sentó, lanzando la ropa de cama a un lado, lejos de ella. Tomó aire profundamente y lo soltó, sabiendo que eso no haría nada para que la pesada culpabilidad que sentía, desapareciera. Ella apretó los labios, asomando sus pies al suelo y caminando hacia el baño para cambiarse.
Naruto estaría patrullando, por lo que probablemente habría alguna amenaza acechando, sólo él estaba con los centinelas cuando los oráculos decían que era necesario.
Hinata se vistió a consciencia, sabiendo que la noche estaba un poco fresca, poniéndose unas zapatillas cómodas para caminar por el bosque. Se observó en el espejo, recordando la sonrisa amable que le había dado Naruto la mañana siguiente al ser proclamados como compañeros. Cómo él había buscado la forma en que ella siempre se sintiera cómoda y sus palabras cada vez que la marcaba:
"Pequeña.. Mí pequeña compañera", él la abrazaba entre sus brazos mientras ella temblaba por su fuerte clímax, temblando y sacudida hasta los cimientos. Él siempre hacia que escuchará su corazón, fuerte y rítmico, mientras acariciaba su cabeza con suavidad. "No hay nada que temer", retumbaba su pecho con su ronca voz, mientras ella flotaba a un sueño tranquilo. " Siempre estaré aquí... Mí pequeña compañera"
Hinata parpadeó, mirando su reflejo y volviendo a su presente. No podía dormir, no sin Naruto abrazándola y solamente había pasado unos pocos días.
El sentimiento de culpabilidad tampoco la dejaba. Se había concentrado en sólo sus sentimientos, sabiendo que cada vez que se mostraba lejana y fría con Naruto, lo lastimaba. Puede que él la haya empujado para que finalmente fueran compañeros, ¿pero que otra opción le habría quedado?
Hinata salió de la cabaña, mirando hacia el cielo despejado y oscuro, sin luna esa noche. El bosque parecía más oscuro, más solitario que nunca mientras ella se sumergía entre los árboles. Caminó, buscando alguna señal de los centinelas o el mismo Naruto, pero ellos parecían estar más cerca de los límites de la manada. Simplemente caminó, sin darse cuenta de la inquietante tranquilidad que la rodeaba, más perdida en sus pensamientos y sus ganas de encontrar a Naruto, para sacarse ese sentimiento.
Cada vez se sumergió más, sin darse cuenta que estaba subiendo la colina que estaba en la parte trasera de la manada. En la cima, estaba la cabaña de Chiyo, la anciana era una vidente, pero su salud poco a poco le había quitado las visiones. Por lo que ya no era parte del oráculo.
Cada manada tenía un concejo de ancianos o un círculo de oráculos. Su antigua manada no tenía oráculos, por lo que los ancianos cumplían ese poder. Pero, los Remolino tenían el círculo de oráculo más grande de la región, ya que vivían según las antiguas normas, decían los demás. Ella jamás se había acercado al círculo, les tenía cierto miedo y respeto, ellos le ponían la piel de gallina. Además, tenían una forma de hablar, como si fueran acertijos que generalmente dejaban más confundidos a los que iban a consultarle.
Hinata se detuvo cuando vió la cabaña, sintiendo que los bellos de su nuca se alzaban, dándole un escalofrío. La noche oscura, daba más miedo al ver a la pequeña y tenebrosa cabaña, como si fuera la casa de una bruja de algún cuento. Ella estaba por girar y volver sobre sus pasos, cuando se detuvo de golpe al ver unos ojos brillar.
—¿Quién anda ahí?— gruñó, dejando que sus uñas crecieran un poco.
Parpadeó, intentando agudizar el sentido, y su cabeza fue hacia atrás, con asombró, cuando se dió cuenta de quien era. La sombra se movió, acercándose unos pasos hacia ella y la anciana mostró una sonrisa amable, sorprendiendo más a Hinata.
— La noche oscura pronto acabará — dijo Chiyo.
Hinata oculto sus uñas, mirando a la anciana, aún con ceño fruncido y algo de recelo.
— Chiyo— murmuró suavemente —. Lamento haberme insmicuido en su territorio.
La anciana dió unos pasos más, mostrando su figura alta y fuerte, a pesar de ser una mujer muy anciana, no mostraba signos de estar enferma.
— Kaguya está durmiendo en este momento —, dijo mirando al cielo oscuro, las estrellas titilando, pero sin la luna a la vista—. No es momento para vagar.
Hinata tragó saliva, esperando que la anciana no notará como su piel se erizaba.
— Lo sé. Yo sólo...
— Él entiende — le interrumpió la mujer, haciendo que Hinata la mirará asombrada.
¿Hablaba de Naruto? Hinata le frunció el ceño.
—¿Qué?
— Los cambios pueden ser duros, pero que el camino sea empinado y doloroso, no quiere decir que la meta no valga la pena.
Hinata le frunció más el ceño, agitó la cabeza intentando entender lo que decía la mujer.
— Yo..
— Cuidado — Hinata jadeó cuando la mujer se lanzó a ella y la tomo de los brazos. Sus dedos fueron fuertes y una pinza, que lastimaron su piel mientras ella observaba a la anciana—. La oscuridad de esta noche puede terminar, pero siempre acecha. El sol se oculta, y la noche sin Kaguya volverá. El monstruo saldrá, golpeando adonde duele.
—¿Mo.. monstruo?— tartamudeo, mirando a sus ojos grises perdidos en la nada.
— La misericordia no es una opción—, gruñó la mujer, su voz distorsionada—. Ser cruel será la piedad que necesites.
Hinata gruñó, los dedos de la mujer cada vez más apretados la lastimaban. Quiso moverse, zafarse de su agarre de hierro, pero la anciana tenía más fuerza de la que parecía.
— El monstruo puede ser tu amigo o tu peor enemigo. Golpeará sin piedad, destruirá a tus enemigos, pero también a tus seres queridos. ¿Estás lista para las consecuencias?
—¿De qué hablas?— gruñó, aún intentando liberarse, retrocediendo pasos, pero la anciana la seguía.
— Él seguirá a tu lado, sin importar lo que pase. El monstruo te seguirá a donde vayas y golpeará sin piedad.
Hinata jadeó cuando su espalda golpeó contra un árbol, deteniéndola de su intento de huída. Su corazón retumbaba en su pecho, su piel erizada sólo le daba una rara sensación de vulnerabilidad. La anciana giró el rostro hacia un lado, como si quisiera llevar su oído hacia un sonido que Hinata no podía escuchar.
—¿Lo oyes?— gruñó la anciana—. Está cerca.
Hinata tembló, lo único que podía escuchar era su corazón golpear en su pecho como un tambor. La anciana la soltó tan rápido que Hinata cayó de culo al suelo, ya que sus piernas habían estado débiles. Levantó la cabeza para ver a la mujer, giró hacia un lado y luego salió casi corriendo hacia la dirección de la cabaña. Hinata la siguió con la mirada, notando que, ciertamente, la mujer se metía en su casa.
Tomó una profunda respiración, intentando relajar su cuerpo tenso y lleno de miedo. Los oraculos no eran tan misteriosos o peligrosos como lo era Chiyo, la anciana había veces que deliraba, pensó con un leve temblor. Apoyo su mano, allí donde su corazón aún golpeaba e intentó relajarse.
Escucho el crujido de una rama y levantó la cabeza con violencia, mirando hacia donde la anciana había guiado su oído y se quedó congelada.
La enorme sombra podría haberle dado miedo, el aroma de macho también podría haberlo hecho, pero no lo tuvo al ver los ojos rojos.
"¿Estás lista para las consecuencias?"
Naruto estaba allí apoyando una de sus manos en un árbol, mirándola fijamente y ella tragó saliva.
"Él seguirá a tu lado, sin importar lo que pase.."
—¿Pequeña? ¿Qué haces aquí?— la voz de Naruto, baja, pero ronca y profunda.
—¿Naruto?— murmuró, aunque sabía que era él.
Su compañero avanzó, como si saliera de un hechizo y se arrodilló a su lado. Su mano, curtida por el trabajo, acarició su mejilla.
—¿Qué haces aquí, pequeña? Deberías estar durmiendo.
" El monstruo te seguirá a donde vayas..."
Hinata agitó la cabeza.
— No podía dormir. No sin ti—, dijo sin pensar.
Las palabras asombraron a Naruto, él lo mostró en su expresión anonadada. El cuerpo de Hinata se movió por inercia, su mano subió por su brazo, acariciando el ancho hombro y terminado en la nuca de Naruto.
— No me diste un beso de despedida —, murmuró mientras hacia que él bajara su rostro y ella subía hacia él.
Naruto gruñó profundamente antes de besarla. La besó con tal necesidad y casi con violencia, mientras Hinata gemía en rendición.
"Y golpeará sin piedad...
¿Lo oyes?
Está cerca..."
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