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As The World Caves In

Advertencias: Violencia típica del anime/manga.

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El demonio en el Edén había aniquilado al ser humano más fuerte de la época actual. El hombre que estaba más allá en la naturaleza, más allá de lo divino. A él le siguieron como piezas de dominó sus compañeros hechiceros.

“Naoko, iré al campo de batalla” la voz femenina de una mujer sonó por el intercomunicador.

—¡No! Deja que los demás se hagan cargo —dijo el joven jadeando, siendo perseguido por la maldición—. ¡Prometiste no hacerlo!

“¿Ya acabaste con el objeto maldito?” Preguntó suavemente, con el ruido de los hechiceros discutiendo de fondo.

—Estoy en eso —usó la lanza atinandole a la maldición, su cabeza fue partida por el centro—. Parece una niña.

El joven de ojos negros subió las escaleras corriendo, esperando que la menor no hubiera escapado, y sorprendentemente la encontró de pie al filo del edificio.

—¡Oye! No saltes —el de cabellos negros apenas registró sus palabras “Es un objeto maldito, no morirá y solo planea huir” pensó—. Camina hacía aquí, lentamente.

La castaña apretó sus puños y lo miró de reojo—. Si yo vivo, él estará atado a esta vida, ¿Verdad?

Los ojos del joven se abrieron ampliamente—. Sí, eres su plan B.

—¿Cuántas muertes ha causado?

—Incontables —la respuesta del más alto fue casi como un susurro, como un pequeño que esperaba no ser regañado.

—¡Yo no quiero que más mueran! —su súplica era dolorosa y desgarradora—. Él no es un monstruo para mí…pero más gente va a morir.

El semblante del hechicero cambió—. Es un monstruo, mató a incontables personas, hechiceros, clanes enteros ¡Esa mierda de maldición le arrebató la felicidad a la única persona que no se lo merecía! —el mayor la miró con asco—. Maldita mocosa, hablas a la ligera.

“Suficiente, Naoko. Matarla no va a revivir a Satoru” dijo la mujer por el comunicador.

—¡Pero debemos hacerlo, Akiko —gruñó enfadado—. ¡Es su objeto maldito de mayor peso ahora!

La castaña contuvo la respiración, esperando el corte de la lanza dorada que usaba el joven, pero no llegó, escuchó un largo suspiro.

—No puedo matarte —sentenció el mayor—. Irás conmig-

Las palabras fueron interrumpidas cuando una maldición en forma de polilla lo arrojó al otro lado del edificio, su arma cayó lejos, a los pies de Hina—. ¡Cuidar! ¡Cuidar a la mujer pequeña! —balbuceó la maldición, aterrada—. Sukuna, ordenar cuidar mujer.

El de cabellos negros intentó ponerse de pie, cuando a lo lejos vió una gran explosión de sangre. Akiko Katō había entrado al combate, su aire abandonó sus pulmones, las lágrimas caían una a una, y no levantó la cara ni siquiera cuando la maldición mostró un aguijón frente a él.

Está sufriendo tanto…Ryomen los hace sufrir” la de ojos verdes de dió cuenta de que ella misma corría hacía la lanza. Alguien tan temerosa de la vida misma, corría desesperada a un arma.

Una Santa, una mujer de fé, un alma pura. La cómplice de un demonio.

“No pude salvarnos, Ryomen…solo espero vernos otra vez para decirte lo mucho que te amo”.

La maldición se detuvo, Naoko alzó la mirada y vislumbró la imagen de aquella joven castaña ensangrentada. Hina había tomado la lanza y la clavó en su pecho en repetidas ocasiones.

—T-todavía tengo miedo de morir… —murmuró al sentir la sangre brotar de sus labios, como dolía su pecho, y sus manos temblaron. Cayó al concreto frío, y a lo lejos pudo escuchar un gran estruendo, y luego nada.

Nada.

Eso era ella sin Ryomen. Eso fue en el templo, nada más que una mujer infeliz, alguien abandonada, y temerosa. Extrañaría las palabras bruscas y crueles se Ryomen, extrañaría su piel, sus besos, sus mordiscos.

Extrañaría ser la humanidad que a Sukuna le faltaba.

Extrañaría ser la dulzura que Ryomen nunca conoció, y apenas verla, se volvió adicto a ella.

Ryomen Sukuna perdió. Fue separado de su objeto maldito, y se desintegró ya que nadie era temeroso de él, y su pequeño objeto maldito en Hina fue exorcizado.

“¿Cómo podría estar enojado con ella? La amo, y sé que es muy blanda” pensó antes de ver cómo fue reducido a nada.

La nada que siempre fue, pero que Hina tomó con gentileza, y pulió con amor. Era nada sin la sonrisa dulce y la mirada tierna de la mujer.

Su único ojo carmesí se cerró lentamente, y dejó de oír, ver y pensar. Murió realmente como maldición, una muerte definitiva, y total.

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—Ryomen, mira eso azul, ¿Qué es? —preguntó Hina, el mayor la cargaba en su espalda con cautela de no lastimarla.

—Eso es el mar, es inmenso, ni se te ocurra entrar sola —respondió el de cabellos rosas. Suavemente la bajó de su agarre y sonrío al verla retorcerse por las sensación de la arena cálida contra sus pies—. No corras tan lejos, nuestro barco zarpará en unas horas.

La de ojos verdes apenas pudo corrió directo a la orilla del mar, soltó una risa inocente cuando el agua tocó la punta de sus dedos—. ¡Se siente bien!

El mayor sintió una profunda melancolía, verla así, indefensa, ignorante del mal le recordaba cómo debía ser él mismo, cómo debía haber visto el mundo. Después de todo, ambos estaban por primera vez ahí.

Se acercó a ella y la envolvió en un abrazo por la espalda—. Lo siento por no cuidarte como debo…lo siento por no ser suficiente.

Hina sintió como su corazón bajaba a su estómago en cuanto notó las lágrimas saladas caer desde los ojos de Sukuna hasta el agua salada del mar. Suavemente se dió la vuelta y lo abrazó—. Te amo, y yo cuidaré tu corazón, siempre.

—¿Incluso si soy malvado?

—Sí.

—¿Aún conociendo todo sobre mi pasado? —preguntó una última vez.

Hina sonrió enternecida—. Sí, incluso si fueras nada, te amaría.

Tal vez después de esa plática, Sukuna la tomó y la llevó a un país lejano, dónde tuvieron tres hijos, Hina siendo una ama de casa dedicada y amorosa, criando bien a sus hijos, cuidando de su esposo, un hombre tan serio y brusco, pero delicado con su familia, un hombre que lloró de alegría al tener a su primer hijo en brazos.

Tal vez él volvería después de trabajar a su pequeña cabaña, sonriendo genuinamente al ver a su amada cocinar, o simplemente sentada en la entrada, esperando a su amado Ryomen.

Tal vez se quedaron en esa playa para siempre, vieron el barco irse y se sentaron en la arena por horas, hasta que Hina se durmió en el hombro de Sukuna. Ambos siendo uno mismo, en su lugar ideal.

Hola, soy Honey.
Con esto finalizamos el fanfic de Sukuna, pero unos puntos claros.
-Habrá especial de reencarnación atemporal (Hina y Sukuna de época, viviendo felices)
-Habrá especial de reencarnación época actual (Hina y Sukuna renacen como personas normales)
Y mucho sexo en ambos, claro que sí.
Me encantó escribir está historia, y me encantará terminar de redactar los especiales. Creo que encontré un balance perfecto entre una personalidad tan agresiva como la de Sukuna, y la personalidad dulce de Hina que me inventé.
Perdón por tardarme en actualizar, me mudé y no tengo internet.

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