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A la mañana siguiente, Kiara, Betty y Leo salieron del Gran Comedor después de comer al medio día. Los tres se dirigieron a su primera clase de la tarde compartida con los Gryffindor: Defensa Contra las Artes Oscuras.

Cuando entraron en el aula, la profesora Umbridge ya estaba sentada en su sitio. Llevaba su esponjosa chaqueta de punto rosa que había lucido la noche anterior y llevaba un lazo rosa en su cabeza.

Los alumnos quedaron en silencio nada más entraron en el aula. Aquella profesora era nueva y nadie sabía cómo de estricta podría ser.

—¡Buenas tardes a todos! ¡Ay, ay ay! —exclamó cuando ningún alumno le respondió—. ¿Así saludáis a vuestra profesora? Me gustaría oíros decir "buenas tardes, profesora Umbridge". Volvamos a empezar, por favor. ¡Buenas tardes a todos!

—Buenas tardes, profesora Umbridge —exclamaron todos, la mayoría con burla.

—Eso está mucho mejor —los felicitó con dulzura—.  ¿A que no ha sido tan difícil? Voy a llamar vuestros nombres para que os sentéis por orden. Harry Potter y Hermione Granger —la profesora Umbridge les señaló la mesa en la que debían sentarse—. Ernie MacMillan y Neville Longbottom. Kiara Moon y Leo Malfoy —y así siguió hasta que llamó a Betty—. Ronald Weasley y Betty Cooper —y les señaló una mesa.

En aquel momento, Betty sintió que sus piernas se habían pegado en el suelo y se negaban a moverse. Miró a su alrededor para ver a Ron sentándose en la mesa distraídamente y notó las miradas expectantes de Kiara y Leo sobre ella. Suspirando, Betty caminó hacia la mesa y se sentó al lado de Ron.

—Hola —Betty quedó sorprendida cuando Ron la saludó.

—Hola —le devolvió el saludo nerviosamente.

Cuando todos los alumnos estuvieron sentados por orden, sacaron todos sus varitas y libros.

—Guardad las varitas y sacad las plumas —les ordenó Umbridge.

Betty quedó sorprendida e intercambió alguna mirada con Kiara, la cual estaba sentada en el pupitre de enfrente. Betty guardó su varita en su mochila y sacó una pluma y un pergamino. La profesora Umbridge sacó su varita de su bolsa, y con ella, dio unos golpecitos en el pizarra. De inmediato, unas palabras aparecieron escritas.

𝘋𝘦𝘧𝘦𝘯𝘴𝘢 𝘊𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘭𝘢𝘴 𝘈𝘳𝘵𝘦𝘴 𝘖𝘴𝘤𝘶𝘳𝘢𝘴, 𝘳𝘦𝘨𝘳𝘦𝘴𝘰 𝘢 𝘭𝘰𝘴 𝘱𝘳𝘪𝘯𝘤𝘪𝘱𝘪𝘰𝘴 𝘣𝘢́𝘴𝘪𝘤𝘰𝘴.

—Muy bien, hasta ahora vuestro estudio de esta asignatura ha sido muy irregular y fragmentado, ¿verdad? —afirmó la profesora Umbridge con los brazos cruzados—. Por desgracia, el constante cambio de profesores, muchos de los cuales no seguían el programa de estudio aprobado por el Ministerio, ha hecho que estéis muy por debajo del nivel que nos gustaría. Sin embargo, os complacerá saber que ahora vamos a rectificar esos errores. Este año seguiremos un curso sobre magia defensiva cuidadosamente estructurado, basado en la teoría y aprobado por el Ministerio. Copiad esto, por favor.

Volvió a golpear la pizarra y el primer mensaje que había aparecido fue sustituido por los objetivos del curso.

𝘪. 𝘤𝘰𝘮𝘱𝘳𝘦𝘯𝘥𝘦𝘳 𝘭𝘰𝘴 𝘱𝘳𝘪𝘯𝘤𝘪𝘱𝘪𝘰𝘴 𝘦𝘯 𝘭𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘣𝘢𝘴𝘢 𝘭𝘢 𝘮𝘢𝘨𝘪𝘢 𝘥𝘦𝘧𝘦𝘯𝘴𝘪𝘷𝘢.

𝘪𝘪. 𝘢𝘱𝘳𝘦𝘯𝘥𝘦𝘳 𝘢 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘦𝘳 𝘭𝘢𝘴 𝘴𝘪𝘵𝘶𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘦𝘯 𝘭𝘢𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘦 𝘦𝘮𝘱𝘭𝘦𝘢𝘳 𝘭𝘦𝘨𝘢𝘭𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢 𝘮𝘢𝘨𝘪𝘢 𝘥𝘦𝘧𝘦𝘯𝘴𝘪𝘷𝘢.

𝘪𝘪𝘪. 𝘢𝘯𝘢𝘭𝘪𝘻𝘢𝘳 𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦́ 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘹𝘵𝘰𝘴 𝘦𝘴 𝘰𝘱𝘰𝘳𝘵𝘶𝘯𝘰 𝘦𝘭 𝘶𝘴𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘮𝘢𝘨𝘪𝘢 𝘥𝘦𝘧𝘦𝘯𝘴𝘪𝘷𝘢.

Cuando todos los alumnos copiaron los tres objetivos del curso, la profesora Umbridge preguntó.

—¿Tenéis todos un ejemplar de Teoría de Defensa Mágica de Wilbert Slinkhard? —un sordo murmullo de asentimiento recorrió ma clase—. Creo que tendremos que volver a intentarlo —dijo la profesora Umbridge—. Cuando os haga una pregunta, me gustaría que contestarais "sí, profesora Umbridge" o "no, profesora Umbridge". Veamos, ¿tenéis todos un ejemplar de Teoría de Defensa Mágica de Wilbert Slinkhard?

—Sí, profesora Umbridge —contestaron los alumnos a la vez.

—Estupendo —sonrió orgullosamente—. Quiero que abráis el libro por la página cinco y leáis el capítulo uno, que se titula "Conceptos elementales para principiantes". En silencio, por favor.

Betty abrió el libro por la página cinco y empezó a leer, pero el temario era casi tan aburrido como las clases del profesor Binns. Sin embargo, la concentración de Betty empezó a fallar pocos minutos después. Había leído la misma frase cinco veces y aún no lograba entender más de las dos primeras palabras. Betty apoyó su cabeza sobre la mesa mientras miraba de reojo cómo Ron giraba su pluma con sus ojos pegados en una de las páginas del libro.

Betty, aún aburrida, miró hacia su derecha y se sorprendió cuando vio a Hermione a su lado con el libro cerrado y la mano levantada, mirando fijamente a Umbridge. El libro era tan aburrido que la mayoría de los alumnos prefirieron prestar toda su atención a Hermione.

Cuando más de la mitad de la clase miraban a Hermione en vez de al ejemplar, la profesora Umbridge se dio cuenta de que ya no podía continuar ignorando aquella situación.

—¿Quería hacer alguna pregunta sobre el capítulo, querida? —le preguntó a Hermione como si se hubiera dado cuenta ahora de que quería preguntarle algo.

—No, no es sobre el capítulo —respondió Hermione bajando la mano.

—Ahora estamos leyendo —repuso la profesora Umbridge—. Si tiene alguna duda podemos solucionarla al terminar la clase.

—Tengo una duda sobre los objetivos del curso —le aclaró Hermione.

—¿Cómo se llama, por favor?

—Hermione Granger.

—Mire, señorita Granger, creo que los objetivos del curso están muy claros si los lee atentamente —dijo la peofesora Umbridge con algo de dulzura.

—Pues yo creo que no —soltó Hermione sin miramientos—. Ahí no dice nada sobre la práctica de los hechizos defensivos.

Se produjo un breve silencio en el cual los alumnos releían los objetivos del curso, que seguían escritos en la pizarra.

—¿La práctica de los hechizos defensivos? —repitió la profesora Umbridge con una risita—. Verá, señorita Granger, no me imagino que en mi aula pueda suegir ninguna situación que requiera la práctica de un hechizo defensivo por parte de los alumnos. Supongo que no espera usted ser atacada durante la clase, ¿verdad?

—¿Entonces no vamos a usar la magia? —exclamó Ron en voz alta.

—Por favor, levante la mano si quiere hacer algún comentario durante mi clase, señor...

—Weasley.

La profesora Umbridge, con una amplia sonrisa, le dio la espalda. Harry y Hermione levantaron sus manos inmediatamente. La profesora Umbridge miró unos segundos a Harry antes de dirigirse a Hermione.

—¿Quiere preguntar algo más?

—Sí —contestó ella—. Es evidente que el único propósito de la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras es practicar los hechizos, ¿no es así?

—¿Acaso es usted una experta docente preparada en el Ministerio, señorita Granger? —le preguntó la profesora Umbridge con aquella falsa dulzura.

—No, pero...

—Pues entonces me temo que no está cualificada para decidir cuál es el "único propósito" de la asignatura que imparto. Magos mucho mayores y más inteligentes que usted han diseñado nuestro nuevo programa de estudio. Aprenderán los hechizos defensivos de una forma segura y libre de riesgos.

—¿De qué va a servirnos eso? —inquirió Harry en voz alta—. Si nos atacan no va a ser de forma...

—¡La mano, señor Potter! —exclamó la profesora Umbridge.

Harry levantó su mano, pero la profesora Umbridge lo ignoró. En aquel momento, Betty levantó su mano, y la profesora Umbridge no tuvo otro remedio que dirigirse a ella.

—¿Su nombre, por favor? —le preguntó la profesora a Betty.

—Betty Cooper.

—¿Y bien, señorita Cooper?

—Bueno, creo que Harry tiene razón —le dijo Betty—. Si nos atacan no vamos a estar libres de riesgos.

—Repito —dijo la profesora Umbridge, que miraba a Betty con una sonrisa irritante—, ¿espera usted ser atacada durante mis clases?

—No, pero...

—No es mi intención criticar el modo en el que se ha hecho hasta ahora las cosas en este colegio —explicó con una sonrisa poco convincente—, pero en esta clase han estado ustedes dirigidos por algunos magos muy irresponsables, por no mencionar —soltó una desagradable risita— a algunos híbridos peligrosos en extremo...

—Si se refiere al profesor Lupin, es el mejor profesor que hemos...

—¡La mano, señorita Cooper! Como iba diciendo, los han iniciado en hechizos demasiado complejos e inapropiados para su edad, y letales en potencia. Los han asustado y les han hecho creer que podrían ser víctimas de ataques de las fuerzas oscuras en cualquier momento...

—Eso no es cierto —la interrumpió Hermione—, sólo nos...

—¡No ha levantado la mano, señorita Granger! —Hermione levantó su mano pero la profesora Umbridge le dio la espalda—. Tengo entendido que mi predecesor no sólo realizó maldiciones ilegales delante de ustedes, sino que incluso las realizó con ustedes.

—Bueno, resultó ser un maníaco, pero aún así aprendimos muchísimas cosas —repuso Betty.

—¡La mano, señorita Cooper! —exclamó la profesora Umbridge—. Bueno, el Ministerio opina que un conocimiento teórico será más que suficiente para que aprueben el examen, y al fin y al cabo, para eso es para lo que vienen al colegio. ¿Su nombre? —preguntó mirando a Parvati, que acababa de levantar la mano.

—Parvati Patil —respondió—. Pero ¿no hay una parte práctica en el TIMO de Defensa Contra las Artes Oscuras?

—Si habéis estudiado bien la teoría, no hay ninguna razón para que no podáis realizar los hechizos en el examen —explicó la profesora Umbridge quitándole importancia al asunto.

—¿Sin haberlos practicado de antemano? —preguntó Parvati incrédula—. ¿Signifíca eso que que no vamos a hacer los hechizos hasta el día del examen?

—Repito, si habéis estudiado bien la teoría...

—¿Y de qué nos va a servir la teoría en la vida real? —le interrumpió Betty, molesta por todo lo que decía la nueva profesora—. ¿Cómo sabremos defendernos si no aprendemos con magia?

La profesora Umbridge la miró con severidad.

—Esto es el colegio, señorita Cooper, no la vida real.

De repente, Harry golpeó sus puños contra el pupitre y se levantó.

—¿Acaso no se supone que estamos preparándonos para lo que nos espera fuera del colegio?

—No hay nada esperando fuera del colegio, señor Potter.

—¿Ah, no? —cuestionó Harry furioso.

—Entonces si nos encontramos en la vida real a un criminal, ¿le decimos de memoria todo un párrafo sobre cómo hacer correctamente el hechizo para desarmar a tu oponente? —le cuestionó Betty sintiendo que la ira hacia esa mujer crecía cada vez más.

Betty escuchó algunas risas en el aula, incluída la de Ron. Sentía como la adrenalina se apoderaba de ella en tan sólo cuestión de pocos segundos. Nunca le había alzado la voz a ningún profesor, pero esta vez, estaba orgullosa de poder decírle unas cuantas cosas a aquella mujer.

—¿Quién iba a querer atacar a unos niños como ustedes? —preguntó la profesora Umbridge con un exageradísimo tono meloso.

—Hum, a ver... —respondió Harry fingiendo reflexionar—. ¿Quizá... Lord Voldemort?

Betty sintió escalofríos subir por su cuerpo y a su lado, Ron contuvo la respiración. La profesora Umbridge, sin embargo, ni siquiera se inmutó, simplemente se quedó mirando a Harry con un gesto de satisfacción en su rostro.

—Diez puntos menos para Gryffindor, señor Potter —indicó la profesora Unbridge mientras los alumnos se mantenían callados—. Y ahora, permítame aclarar algunas cosas. Les han contado que cierto mago tenebroso ha resucitado...

—¡No estaba muerto —le corrigió Harry furioso—, pero sí, ha regresado!

—Señor Potter, ya ha hecho perder diez puntos a su casa, no lo estropee más —le advirtió la profesora Umbridge—. Como iba diciendo, les han informado de que cierto mago tenebroso vuelve a estar suelto. Pues bien, eso es mentira.

—¡No es mentira! —la contradijo Harry—. ¡Lo vi con mis propios ojos! ¡Luché contra él!

La mirada de Umbridge estaba llena de ira y parecía estar tratando de mantener la calma.

—¡Castigado, señor Potter! —exclamó entonces la profesora Umbridge—. Mañana por la tarde, a las cinco en mi despacho. Repito, eso es mentira. El Ministerio de Magia garantiza que no están ustedes bajo la amenaza de ningún mago tenebroso. Si alguno todavía está preocupado, puede ir a verme fuera de las horas de clase. Si alguien está asustándolos con mentiras sobre magos tenebrosos resucitados, me gustaría que me lo contara. Estoy aquí para ayudar, soy vuestra amiga. Y ahora, ¿serán tan amables de continuar con la lectura? Página cinco, "Conceptos elementales para principiantes".

Y tras pronunciar aquellas palabras, Umbridge se sentó. Harry, en cambio, se levantó con una expresión seria y los brazos cruzados.

—Entonces, según usted, Cedric Diggory murió porque sí, ¿verdad? —dijo Harry con voz temblorosa.

Al oír aquella pregunta saliendo de la boca de Harry, Betty sintió como su piel palidecía mientras notaba un escalofrío recorrer todo su cuerpo. La profesora Umbridge miraba a Harry atentamente con sus cejas arqueadas mientras el resto de alumnos de la clase miraba a Harry expextante.

—La muerte de Cedric Diggory fue un trágico accidente —afirmó con tono cortante.

—Fue un asesinato —le discutió Harry—. Voldemort lo mató y usted lo sabe.

El rostro de la profesora Umbridge no denotaba expresión alguna.

—Venga aquí, señor Potter.

Harry apartó su silla de una patada y se acercó a la mesa de la profesora Umbridge. Ella sacó de su bolso un pequeño pergamino rosa, mojó la pluma en el tintero y empezó a escribir sobre él.

Nadie dijo nada.

Aproximadamente después de un minuto, la profesora enrolló el pergamino y le do un golpecito con su varita para sellarlo y que nadie lo viera.

—Llévale esto a la profesora McGonagall, hazme el favor —le ordenó la profesora Umbridge tendiéndole la nota.

Harry cogió el pergamino sin decir nada y salió del aula sin mirar a nadie, cerrando la puerta de un portazo tras él.

El aula quedó completamente en un silencio incómodo en el que Umbridge trataba de contener la calma.

—Muy bien, esto es un ejemplo de lo que pasará con todos los alumnos que difundan las mentiras sobre el mago tenebroso que resucitó —dijo Umbridge seriamente—. Y ahora, ¿serían tan amables de continuar con la lectura? Página cinco, "conceptos elementales para principiantes"

Betty volvió a abrir su libro por la página cinco y volvió a tratar de leer más de cinco palabras, pero como antes, fue imposible. Volvió a recostar su cabeza sobre su mesa y volvió a mirar de reojo a Ron, quien seguía jugando con su pluma.

El tiempo pasaba y no había nada que lograra hacer que Betty no estuviera aburrida. Miraba las manecillas del reloj del aula pasar lentamente, pero aún así, parecía que el tiempo se había detenido por completo. A su lado, Ron seguía jugando a dar vueltas la pluma sobre sus dedos, pero de repente, la pluma salió disparada de sus dedos, directa al tintero de Betty, el cual cayó sobre ambos con un fuerte ruido estrepitoso.

Betty y Ron se miraron asustados, ¿qué le iban a decir ahora a la profesora Umbridge? Todos los alumnos de la clase se giraron para verlos llenos de tinta. La profesora Umbridge, harta de tantas interrupciones en su primera clase con los de quinto grado, se levantó de su asiento y se dirigió hacia ellos.

—No voy a tolerar las faltas de respeto en mi clase, señor Weasley y señorita Cooper. Cinco puntos menos para Gryffindor y Hufflepuff y los veré mañana en mi despacho, a las cinco, castigados. Ahora, retírense y vayan a limpiarse —les ordenó Umbridge con tono cortante.

Los ojos de Betty se abrieron por completo.

—¿Castigada? —preguntó incrédula.

—Si no quiere perder más puntos será mejor que se retire inmediatamente con el señor Weasley.

Betty guardó sus libros en su mochila y se levantó bruscamente de donde estaba sentada. Ella y Ron salieron del aula, y Betty cerró la puerta de un portazo. La rabia que aquella mujer le causaba a Betty era imposible de describir. Pero ahora mismo, tenía un problema peor, estaba a solas con Ron Weasley.

Betty se mantuvo callada mientras ambos caminaban hacia los baños de Hogwarts, aunque, realmente, Betty no sabía para qué estaban yendo. Eran magos, podían hacer un hechizo para limpiarse, y así, Betty podría alejarse de Ron y evitar estar a solas con él.

—Hum... sabes que no tenemos por qué ir al baño, ¿no? —le murmuró Betty a Ron, que giró su cabeza para mirarla confundido mientras se detenía, haciendo que Betty también de detuviera a su lado—. Hay un hechizo que podemos usar.

—Bien, ¿cuál es? —le preguntó Ron impacientemente.

Betty levantó su varita y apuntó a Ron, y al instante en el que lanzó el hechizo, la ropa de Ron quedó completamente limpia.

—Listo.

—Gracias, me has ahorrado mucho tiempo —le agradeció Ron—. Ahora me dará tiempo a ir a la cocina a por algún aperitivo antes de mi siguiente clase.

—De nada —le sonrió Betty, y Ron se alejó, camino a la cocina.

Betty se apuntó con su varita y pronunció el hechizo, haciendo que quedara completamente limpia y se dirigió al patio de la escuela para avanzar sus deberes.

ᯓ★ 𝗺𝗮𝗱𝗱𝘀𝗰𝗹𝗶𝗻𝗲

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