ᯓ 𝘀𝗶𝘅
ᰍ . ° 𝗋𝗈𝗇'𝗌 𝗌𝖾𝖼𝗋𝖾𝗍 .ᐟ ˎˊ˗
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A la mañana siguiente, Betty se saltó el desayuno para acabar todos los deberes que no pudo terminar por el castigo.
Cuando Ron bajó, se dio cuenta de que Harry no estaba desayunando, por lo que buscó a Betty con su mirada. Al no encontrarla, un mal presentimiento lo invadió. Harry y Betty fueron al castigo y ninguno de los dos había bajado a desayunar. Pero dejó pasar el mal presentimiento al pensar que aún estarían durmiendo.
Ron cogió unas galletas y salió del Gran Comedor. El pequeño secreto que tenía le estaba quitando todo el tiempo de hacer los deberes y si no los hacía acabaría castigado.
Cogió sus libros y pergaminos de su habitación y fue directo a la biblioteca. Tuvo que esconder las galletas en su bolsillo para poder entrar sin que la bibliotecaria se diera cuenta. Cuando fue a buscar una mesa libre, vio a Betty sentada en la mesa del fondo de la biblioteca, la más apartada de la gente. Ron, algo nervioso, caminó hacia ella.
—¿Me puedo sentar? —le preguntó.
Betty levantó su cabeza y cuando vio a Ron, su cara se volvió algo roja.
—Sí, claro —Ron dejó sus libros y pergaminos sobre la mesa y se sentó—. Tienes muchos debres, ¿no?
—Unos cuantos —respondió él.
—Si quieres puedo ayudarte —ofreció Betty—, sólo tengo que acabar de dibujar el Bowtruckle.
—Gracias —agradeció Ron sonriendo.
—¿Por qué no los hiciste anoche? —le preguntó Betty curiosa.
—Porque... Me apetecía dar un paseo —contestó Ron con evasivas, aunque no convenció del todo a Betty—. Por cierto, ¿cómo te fue el castigo de la profesora Umbridge? ¿Qué tuvisteis que hacer?
Betty escondió su mano en su túnica instintivamente.
—Hum... nos puso a copiar —respondió Betty, omitiendo la parte del corte.
—Ah, pues no está tan mal —comentó Ron.
—Ni tan mal —murmuró Betty tratando de sonreír. De repente, un extraño rugido sonó—. Lo siento, es mi estómago. Ayer no bajé a cenar porque estaba en el castigo y esta mañana no he desayunado, ya sabes, tengo muchos deberes.
Entonces, Ron de su bolsillo sacó dos galletas y se las dio a Betty.
—Toma, pensaba comérmelas luego, pero debes tener mucha hambre.
Betty murmuró un gracias y se comió las galletas como si no hubiera comido nada en dos años. Y hasta la primera clase, Betty estuvo ayudando a Ron a acabar todos sus deberes.
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El segundo castigo fue igual de duro que el primero. La piel del dorso de su mano se irritó más deprisa y enseguida se puso roja e inflamada. Sin embargo, Betty no dejó escapar ni el más mínimo sonido de dolor.
Pero tras media hora escribiendo "no debo interrumpir la clase" empezaron a caer algunas gotas de sangre, formando un pequeño charco de sangre bajo su mano.
—¡Muy bien! —exclamó felicitándolos mientras les revisaba las manos—. Esto debería serviros de recordatorio, ¿no creen? Ya pueden marcharse.
—¿Tenemos que volver mañana? —le pregunto Betty con voz débil mientras cogía la mochila con la mano sin cortes.
—Sí, claro que sí —contestó la profesora Umbridge con una amplia sonrisa—. Creo que podemos grabar el mensaje un poco más.
Harry y Betty salieron del aula sin decir nada. Bajaron las escaleras y giraron hacia la derecha, llegando al patio. Sin embargo, cuando giraron hacia el pasillo de la izquierda, Harry y Betty se llevaron un susto cuando casi chocaron con alguien.
—¿Ron? —dijo Betty.
Al verlos, Ron se sobresaltó e intentó esconder su escoba detrás de él.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó Harry sorprendido de ver a su amigo en el pasillo cerca del despacho de Umbridge.
—Pues... nada —respondió nervioso—. ¿Y vosotros?
—¡Vamos, Ron, puedes contárnoslo! —Harry lo miró frunciendo el entrecejo—. ¿De qué te escondes?
—Hum... me escondo de Fred y George —empezó a explicar Ron—. Acabo de verlos pasar con un grupo de alumnos de primero. Creo que están utilizándolos de conejillos de indias. Como ahora ya no pueden hacerlo en la sala común porque está Hermione...
Ron hablaba tan rápido que era muy difícil entenderlo.
—¿Y qué haces con una escoba a estas horas? —le preguntó Betty curiosamente.
—Hum... esto... ¡Está bien, os lo contaré! Pero no os riáis, ¿vale? —dijo, poniéndose a la defensiva—. Es que... quiero presentarme a las pruebas de guardián de Gryffindor ahora que tengo una escoba decente. Ya está, ya podéis reíros.
—¡Es una idea excelente, Ron! —le dijo Betty mientras Ron parpadeaba por la sorpresa—. ¡Sería genial que entraras al equipo!
—Nunca te he visto jugar de guardián, ¿se te da bien? —le preguntó Harry emocionado por la idea.
—Digamos que no lo hago del todo mal —respondió Ron, aliviado por la reacción de Harry y Betty—. Charlie, Fred y George siempre me colocaban de guardián cuando jugabamos en vacaciones.
—¿Y has estado practicando esta noche? —quiso saber Harry.
—Todas las noches desde el martes. Pero yo solo. He intentado encantar algunas quaffles para que volaran hacia mí, pero no ha sido fácil y no sé si servirá de algo —Ron parecía nervioso—. Fred y George se van a morir de risa cuando vean que me presento a las pruebas. No han dejado de molestarme desde que me nombraron prefecto.
—Ojalá pudiéramos asistir a las pruebas —lamentó Betty con pena en su voz—. Me hubiera gustado poder asistir a verte.
De repente, Harry se rascó la nariz con la mano derecha. Al darse cuenta de la expresión de Betty, se dio cuenta de que había dejado su mano descubierta. Harry trató de esconderla rápidamente detrás de su espalda, pero ya era demasiado tarde.
—¡Harry! ¿Qué es eso que tienes en la mano? —le preguntó Ron sorprendido por el gran corte rojo que acababa de ver.
—Sólo es un corte... No es nada... Es que... —pero Ron había agarrado a Harry del antebrazo y observó los cortes grabados en su piel.
Luego miró a Betty, quien apartó la mirada de él. Ron, que estaba pálido, agarró la mano de Betty y miró los profundos cortes.
—Me dijiste que sólo te hacía copiar.
—Bueno, es que en parte sólo copiábamos —vaciló Betty, pero acabaron contándole toda la verdad sobre los castigos de la profesora Umbridge a Ron.
—¡Está enferma! —exclamó Ron horrorizado—. ¡Decídselo a McGonagall, haced algo!
Pero Harry negó.
—No quiero darle la satisfacción de saber que me ha afectado.
—¿Que te ha afectado? —exclamó Ron incrédulo—. ¡No podéis dejar que se salga con la suya!
—No sé hasta qué punto la profesora McGonagall tiene poder sobre ella —le dijo Harry, tratando de poner todas las excusas posibles.
Ron estaba rojo de ira.
—¡Pues díselo a Dumbledore! —pero Harry negó—. ¿Por qué no?
—Él ya tiene bastantes preocupaciones.
Pero al ver que Harry estaba decidido a mantenerlo en secreto, Ron se rindió. Harry decidió volver a su sala común para acabar los deberes, y cuando Betty estuvo a punto de irse de vuelta a su sala común, Ron la detuvo.
—Lo siento mucho —dijo de repente Ron, tomando por sorpresa a Betty.
—¿Por qué tendrías que disculparte conmigo? —le preguntó Betty confundida.
—Porque por mi culpa, la profesora Umbridge te ha hecho eso —dijo Ron con la voz llena de resentimiento.
—No es tu culpa, Ron —trató de decirle Betty, pero Ron no quiso hacerle caso.
—Sí lo es —afirmó él apenado—. Yo fui el que derramó todo el tintero sobre nosotros.
—Ron, no me importa, ¿vale? —le dijo ella agarrándolo por los hombros y así Ron pudiera verla a los ojos—. Este viernes se acaba el castigo y no tendré que pisar ese despacho de nuevo, aunque haría lo que fuera por no verle la cara de nuevo a ese sapo.
Ron rió levemente.
—Es algo tarde, tengo que acabar todos los deberes y mañana tenemos clases, así que, nos vemos mañana, supongo.
—Sí, claro. Adiós Bett —se despidió Ron, haciendo que Betty sonriera al escuchar aquel apodo.
ᯓ★ 𝗺𝗮𝗱𝗱𝘀𝗰𝗹𝗶𝗻𝗲
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