Advertencia: Muerte, violencia.
~•~
Habían pasado unos años desde la explosión de llamas negras, su "castillo" quedó totalmente desechó, ellos sobrevivieron el impacto de la explosión gracias a la habilidad de la niña. El rubio la adoraba, incluso podía parecer más un padre que un hermano por su manera de protegerla y cuidarla. Se ganaba golpizas cuando algún hombre del barrio mortero miraba morbosamente a su hermana, pero nunca dejó que le faltarán al respeto.
—Tu cumpleaños es en unos días, nueve buenos años, eres una pequeña adulta, Jane —Keiko golpeaba el suelo con su pie impaciente por contarle las nueva noticias a Jane.
—Es verdad —suspiró la azabache poniendo la cabeza entre sus palmas. Le preocupaba obtener alguna cartera llena de dinero, lo suficiente para meterlo en sus ahorros.
—Te conseguiré un buen regalo —sonrió haciendo que la menor lo mirara confundida—. Tómalo como un aniversario por vivir conmigo, eres lo más cercano a un compañero de cuarto.
—Mejor ahorremos para vivir en una casa bonita— riñó la pequeña Jane, estaba ansiosa por juntar lo suficiente para irse a rentar un pequeño cuarto en el centro de Yokohama.
—Te prometo que lo haremos —estiró una taza con agua para su compañera—. Y no te preocupes, yo conseguiré el desayuno hoy.
—Aprenderé a usar este poder para ganar dinero, y compraré una casa inmensa para nosotros dos —dijo tratando de aliviar su culpa, pues sentía que era una carga para el niño. Y era verdad, él pudo irse al ejército como parte de la infantería, pero se quedó a cuidar de la menor.
—Claro, me mantendras de viejo si no me caso -el de ojos oscuros rascaba su nuca—. Dime qué quieres, hazlo por mí.
—Algo azul —Jane miraba al suelo con las mejillas rojas y lo ojos brillosos .
—¿Por qué azul?.
—El cielo es azul, y es hermoso.
—Te daré un pedazo de cielo, Jane.
Salieron de aquel refugio provisional hecho de cartón, y algunas láminas, Jane iría a robar algunas carteras de las personas que chocaban con ella. Keiko era el encargado de vigilar a las mejores presas y así eran un buen equipo de carteristas. Los rumores de que Tony, un matón del barrio había robado una joya preciosa que buscaba vender llegaron a oidos de todos los habitantes, y los menores no fueron la excepción.
Keiko se interesó en dicho pieza.
Era un zafiro azul.
.
.
.
—Jane, te digo que es una buena oportunidad— agitaba las manos con desesperación.
—No le robaremos a ese tipo —aclaró la menor con cierta obviedad.
—Pero si lo hacemos bien no pasará nada...
—No, él está en la trata de armas, a demás ya casi juntamos lo suficientemente para vivir en otro lugar —pese a ser joven era muy buena estratega, ambos lo sabían bien.
—Solo te pido un cosa, por favor Jane piénsalo —la menor negó haciendo que el rubio perdiera la paciencia.
—Somos niños, ellos son mafiosos.
—¡Es por una vida mejor! —nunca gritó antes, estaba desesperado—. Lo haré yo mismo.
—No te dejare, eres mi hermano Keiko...
—¡No solos hermanos, maldición! Te encontré hace unos años comiendo de la basura y eso no nos hizo hermanos, vives conmigo y eso no nos hace hermanos...nos sacaré de aquí, y no seremos hermanos —su enfado era tal que su rostro se puso rojo—. Ambos sabemos lo que te mereces, solo trato de dártelo.
Aunque era temprano salió sin desayunar, no le dijo dónde iría, solo suponía que estaría cerca de donde se conocieron. La niña regreso de sus obligaciones, en el camino también vendió algunas cosas que robó, no estaba bien, pero debía hacerlo para mantenerse.
Llegó al lugar que llamaba casa para esperar a su "hermano", pasaron las horas pero no había rastro del menor. Decidida salió a buscarlo, camino por un buen rato, y ya era de noche, buscaba algún indicio hasta que vio una de las prendas de Keiko. A unos metros estaba un chico ensangrentado.
—Keiko... vas a estar bien, te lo juro —la menor trató de ayudarlo, pero estaba inconsciente, cómo pudo lo subió a su espalda para buscar un médico.
Le costaba trabajo, y mantenerse de pie era un desafío, no tenía la fuerza para cargar con el muchacho. No era conciente del frío en su cuerpo, de su respiración agitada y menos de las gotas saladas que brotaban de sus ojos. Había un lugar donde podía ser atendido, que siempre era visitado por los criminales, un lugar neutral y barato.
—Tu regalo...mi bolsillo —escuchó la voz casi inaudible, después uun jadeo y seguido de eso silencio absoluto.
~Estaras bien Keiko~
Medio flojos los primero capítulos, pero ya después tienen más sentido.
Gracias por leer💗
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro