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Inspirada en la película titulada 'Hancock'.
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—No lo sé. Supongo que el proyecto les agradó —mencionó, intentando parecer desinteresado en el gema. Escuchó cómo la persona (al otro lado de la línea) le respondía, por lo que suspiró—. Ya lo sé. —Rascó su nuca y negó con la cabeza—. Estoy en camino, pero el tráfico está imposible —le informó—. Ya llevo más de media hora aquí y solamente avancé unos centímetros.
JiMin recostó su cabeza en el asiento y suspiró —una vez más— sonoramente, para luego volver a posar la vista en el vehículo que estaba frente al suyo. De nada le servía quejarse o gritar, el tránsito seguiría igual de horrible.
—Puedes pedirle al vecino que se quede con él por un rato —dijo y escuchó una bocina cerca suyo—. Él me hará ese favor. Ya sabes, somos amigos. —Volvió a oír el sonido, el cual ahora fue acompañado por el claxon de otro vehículo más—. Escúchame, tengo que colgar. Regresaré lo antes posible.
Cortó la llamada y guardó su celular en el bolsillo del pantalón, mientras seguía escuchando cómo todos los vehículos comenzaban a tocar la bocina. JiMin frunció su ceño molesto y exasperado, sintiendo que el dolor en su cabeza de acentuaba poco a poco.
—¡Hey, ya basta! —le gritó a las personas segundos después—. ¿Qué demonios les sucede? ¿Es el día de tocar la bocina o qué carajos?
Se dio vuelta y notó que la gente le hacia gestos y gritaba cosas que él no podía comprender correctamente, logrando así confundirlo.
—¡Quítate de ahí! —escuchó que le dijo un hombre realmente exaltado y preocupado, por lo que se confundió aún más. Entonces, pudo distinguir una bocina mucho más fuerte que la de los vehículos.
Sintiendo los nervios invadirlo, miró por el lado derecho de la ventanilla y su corazón se detuvo al instante. Evidentemente, en algún momento, había terminado varado sobre las vías del tren; y ahora, podía ver cómo un montacargas se acercaba a gran velocidad hacia él. Iba a acabar con su vida.
Al instante, JiMin intentó avanzar y retroceder con su auto, mientras le gritaba desesperado al resto de los conductores que se quitaran del camino. A pesar de todo, no pudo moverse ni un centímetro de su lugar. Era imposible poder quitar el vehículo de ahí. Estaba atrapado.
Siguiendo los consejos desesperados de las personas a su alrededor, abrió la puerta del vehículo con dificultad, debido a que los nervios no le permitían desenvolverse como era debido. Planeaba irse lo más rápido posible, pero —cuando estaba por descender— notó que aún llevaba el cinturón de seguridad puesto.
Se maldijo a sí mismo —en voz alta— por ser tan idiota y lerdo para hacer cosas tan simples. Luego de eso, comenzó a luchar para intentar quitarse el cinto, pero no podía hacerlo. Fracasaba constantemente. Él seguía atrapado en el auto y el tren estaba demasiado cerca. Era claro que la locomotora no iba a detenerse en absoluto.
JiMin negó con la cabeza y suspiró de forma sonora, dándose así por vencido. Dejó de luchar con el cinturón de seguridad, para después cerrar sus ojos y abrazarse a sí mismo, listo para recibir el fuerte y mortal impacto del tren.
Unos pequeños golpes en el parabrisas captaron su atención. El rubio abrió nuevamente sus ojos y se encontró con un hombre posado frente al vehículo, mirándolo de forma irónica —o al menos, eso fue lo que supuso JiMin porque los lentes que el otro llevaba no le permitían ver del todo su mirada— y negando con la cabeza.
Vio cómo el hombre chasqueaba la lengua, para luego dirigir su mano a la parte baja del vehículo y alzarlo de la nada. Sin poder procesar lo que sucedía, JiMin tuvo la posibilidad de sentir y ver cómo todo a su alrededor daba vueltas, mareándolo notablemente.
Luego de varios segundos después, escuchando a la gente gritar y verla moverse de un lado a otro; pudo notar que su vehículo estaba al revés. Casi al instante, JiMin se percató de algo más que eso; resultó ser que su auto había terminado sobre el vehículo de otra persona.
—¿Está bien? —le preguntó a la mujer que lucía incrédula, y recibió un asentimiento a modo de respuesta—. ¿Segura que lo está?
JiMin sintió un gran alivio en cuanto dos hombres se acercaron y lo ayudaron a salir del vehículo. Poca importancia le dio a lo mal que había quedado su auto, ahora no iba a pensar en eso. Simplemente se limitó a aceptar la ayuda que le ofrecían, para así poder encontrarse —otra vez— sano y salvo en el suelo.
—Ustedes, escúchenme. —JiMin pudo oír una voz a sus espaldas, por lo que volteó. De forma inmediata, reconoció y supo que el hombre que lo había salvado era quien hablaba—. Gente que obstruye el camino y no permite pasar. Sí, todos ustedes —dijo y miró a todos los presentes—. Son unos idiotas.
—Tú eres el idiota que arrojó el auto sobre ella —mencionó un joven—. Y también, destrozaste el tren. —Ante las palabras dichas, JiMin frunció su ceño y miró confundido hacia el lugar en donde él sabía que estaba el tren.
Su boca casi termina en el suelo, en cuanto logró ver cómo la parte delantera del tren había quedado hecha pedazos, debido a que el pelinegro había detenido al mismo con su propio cuerpo. Y no solamente eso, sino que también —como consecuencia de la fuerza del impacto— los vagones de carga se habían descarrilado, cayendo uno por uno y arruinando todo a su paso.
Irónicamente, JiMin supo que todo habría sido menos catastrófico y complicado si el tren lo hubiera arrollado solo a él, tal y como todos habían imaginado que iba a suceder.
—¿Por qué simplemente no volaste con el auto? Tú puedes levantarlo sin problemas. —Notó cómo el más alto abría su boca para hablar, pero las palabras no salieron. Al parecer, la mujer (la cual había hablado) le había dado una opción muy básica y sencilla, que al otro no se le pudo ocurrir implementar para el rescate—. Lastimaste a la pobre mujer y te encargaste de asustar al joven.
—Así es —habló ahora un hombre mayor y el pelinegro lo miró—. Si yo fuera ellos, te demandaría sin dudarlo.
—Deberías demandar a Mcdonald's por arruinarte el cuerpo —dijo el acusado con desinterés, logrando que las personas se enfadarán aún más.
—Eres un idiota —escupió alguien desde lejos.
—Puedo oler tu aliento —la mujer volvió a hablar con desagrado y molestia—, sé que estás muy ebrio.
—Pues, claro. He estado bebiendo.
Ante la respuesta del alto, la gente comenzó a gritarle y decirle diversos insultos. Pero lejos de inmutarse por eso, el pelinegro soltó una risa sarcástica y comenzó a hacer gestos con las manos, animando a las personas a que alzaran aún más su voz para insultarlo.
—¡Ya basta! —dijo el rubio en voz alta, llamando la atención de todos por el tono molesto y agotado en su voz.
Exasperado y cansado de escuchar cómo todos le gritaban ciento de cosas crueles y fuera de lugar, JiMin se fue abriendo paso entre las personas; hasta encontrarse a sí mismo posado junto al pelinegro, quien lo miró —a su parecer— con atención y curiosidad.
—¿No pueden entenderlo? Yo ahora tendría que estar muerto, pero no es así. Estoy vivo —habló JiMin con voz firme y seria—. Puedo regresar a casa con mi hijo —mencionó aún incrédulo por lo que había sucedido—. Es claro que él tendría que haberse quitado.
JiMin rascó su nuca incómodo.
—Debiste haberte quitado, además que estuve un rato de cabeza y no es una linda sensación—le aseguró al propio pelinegro, quien se limitó a rodar sus ojos bajo los lentes—. Pero, aún así, gracias.
El chico volvió a mirar a todos los presentes.
—Gracias por haberme salvado, Hancock —mrncionó y comenzó a aplaudir, siendo ignorado por la gran mayoría.
Las personas les dirigieron todo tipo de miradas y susurros, para luego regresar a sus vehículos. Por su parte, JiMin volvió a suspirar y bufar, sintiendo aún la mirada del héroe —poco convencional— sobre su persona.
—Oye, Hancock —lo llamó el rubio.
—TaeHyung —dijo el otro y JiMin lo miró confundido.
—¿Disculpa?
—Me llamo TaeHyung, no Hancock.
—Pero...—JiMin quiso hablar, pero el pelinegro optó por interrumpirlo al instante.
—Ya sé que yo hice que los imbéciles me conozcan de esa manera —mencionó con amargura—, pero ya me jode que me llamen así —dijo y soltó un bufido—. Era un buen sobrenombre, aunque la cagaron con sus idioteces.
—Oh, bueno. Vaya. —JiMin se movió incómodo en su lugar—. Entonces, TaeHyung —se corrigió a sí mismo—. De casualidad, ¿podrías acercarme hasta mi casa? Me acabo de quedar sin medio de transporte —susurró apenando, percatándose de lo costoso que le iban a resultar los arreglos del vehículo—. Además, puedes quedarte a cenar —dijo—. Sé que a mi hijo le encantará conocerte.
—¿Tengo cara de relacionarme con sandijuelas, chico?
—Primero que nada, mi nombre es Park JiMin —le comentó—. Y por otra parte; no, es obvio que no tienes cara de relacionarte con niños —hizo hincapié en el último término—, pero quiero agradecerte el que me hayas salvado. Y también, estoy trabajando en un proyecto —notó cómo una mueca aparecía en el rostro del pelinegro— y creo que puedo presentarte algo que te ayudará a ser un mejor héroe.
—No, gracias. Paso —respondió de forma cortante, para después comenzar a caminar a paso decidido, dispuesto a abandonar el lugar.
—Espera, espera. —JiMin lo sujetó por el brazo, provocando que el alto detuviera su andar y volviera a posar su vista en él—. Por lo menos, acepta la cena. Realmente creo que es lo mínimo que puedo hacer por ti —dijo con voz tranquila.
—De acuerdo. Pero, en cuanto la cena llegue a su fin, yo seguiré con mi camino y no nos volveremos a ver otra vez —afirmó TaeHyung con seriedad, notando cómo JiMin asentía y se comprometía también a cumplir con lo dicho.
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A raíz de dificultades que han surgido en fics que escribí basándome en una película (donde terminé apegándome mucho a cómo se desarrollan las cosas en la misma), voy a pedirles que (si vieron la película) no den spoilers. Dado a que, si bien yo modifico mucho las cosas (más que nada a mi gusto), hay cosas básicas y esenciales de la trama que no modificaré, y por eso les pido esto. ¡Gracias!
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