Capítulo 5
Era la segunda vez que TaeHyung pisaba el penthouse de Jungkook.
El sitio le gustaba, años atrás solía decir que el chico tenía un muy buen gusto para la decoración, amaba el estilo minimalista, era locamente ordenado y también un obsesionado con la limpieza.
Los muros se hallaban pintados de blanco satinado, los muebles estaban hechos con materiales de la mejor calidad y las lámparas colgantes parecían tomadas del set de grabación para una película.
En esa vivienda, todo era impecable.
Y lo que más le agradaba a TaeHyung, era el enorme cancel que permitía una fascinante vista a la ciudad.
No podía despegarse del cristal, estaba hipnotizado con el movimiento en las avenidas de la gran urbe y no le importaba lucir como un chiquillo curioso asomándose por la ventana de sus padres.
Incluso sonreía.
—Tengo buena vista, ¿no crees?
Jungkook ya se había posicionado a su lado, ni siquiera sintió cuando se acercó.
—Elegiste un buen departamento —consideró, admirando el par de sillas que yacían en la terraza exterior—. Me imagino que pagaste con un riñón, ¿no?
—Estás equivocado —Lo avistó de soslayo, riendo por la nariz—. Yo no pagué ni un centavo por este lugar.
—¿No lo hiciste?
—No.
—¿Entonces a quién se lo robaste?
De nueva cuenta, emitió una risita floja.
—WooShik lo compró —espetó, colocando una mano sobre el ventanal—. Se podría decir que fue un regalo.
Inevitablemente, TaeHyung hizo ruido al pasar saliva y giró el cuello con lentitud para vislumbrarlo.
Tenía que controlarse.
—Tu futuro esposo es tan espléndido —Trató de no ser tan hostil al pronunciar—: Te sacaste la lotería.
—Sí... Soy muy afortunado.
—Lo eres —Su entrecejo se plisó con rapidez—. ¿Y por qué no te ves contento?
Vio que Jungkook se encogió de hombros, quitándole el seguro al cancel corredizo.
—El cielo está despejado —Lo evadió, arrastrando la hoja de vidrio por el riel—. ¿Te quieres sentar?
El espacio de la terraza le fue ofrecido y aunque él ya se había inquietado, no pudo decirle que no a esa mueca de agotada amabilidad.
Contuvo su urgencia de indagar al atravesar el marco de herrería, saliendo hacia la zona privada de convivencia y cuando pisó el deck de madera, se llenó los pulmones de oxígeno, aspirando profundamente por la boca. Las alturas no le daban miedo, pero si le generaban una comun sensación de vértigo.
Se recuperó enseguida, tomando posesión de la silla a su izquierda y se sentó en ella, apreciando otra vez el alterado paisaje.
Jungkook hizo lo mismo, acomodándose en el asiento sobrante mientras seguía el constante movimiento de los automóviles en la vialidad.
—Kook —susurró, sin tener las agallas de voltear—. ¿Puedo preguntarte algo?
—Puedes —autorizó, barriendo un dedo por el reposabrazos de su lugar—. Se supone que vinimos porque querías hablar conmigo, ¿no?
—Sí, tienes razón.
Por instinto, comenzó a golpear el suelo de madera con la punta de su pie.
Ya no se sentía tan decidido como al inicio, estaba dudando de su torpe arranque de valentía porque no sabía si tenía sentido que estuviera ahí.
—¿Y bien? —El otro le instó, peinándose con impaciencia el cabello—. ¿Qué es lo que sucede?
Con el rostro agachado, TaeHyung se apretó el puente de la nariz y no evitó resoplar con cansancio.
Ya estaba ahí, ¿qué podía perder aparte de su dignidad? De todas formas, era el único responsable de su propia derrota.
—¿Eres feliz? —Soltó la pregunta sin ningún filtro—. Tú... ¿Te consideras una persona feliz en todos los ámbitos?
—... ¿Eso a qué viene?
—Solo responde.
Consternado, Jungkook se talló la parte trasera del cuello con sus uñas cortas.
—Si esto me lo hubieses preguntado hace un tiempo, te habría dicho que sí —contestó simple, al frotarse la palma abierta en el muslo—. Hoy no lo sé.
—¿Cómo que no lo sabes?
—Es que realmente no lo sé.
El castaño por fin lo miró.
—Tienes un apartamento precioso, tu círculo de amigos sigue intacto, el próximo mes vas a casarte con un tipo que tiene más dinero que el banco central... —Realizó un acertado recuento—. ¿Y no sabes si eres verdaderamente feliz?
—Dijiste que me conocías más de lo que te gustaría —resolvió, sonriéndole con timidez—. ¿Tú crees que soy feliz con todo eso?
Aquello lo dejó callado, no supo que decir.
Se humedeció la boca y con el poco valor que le restaba, se atrevió a decir que no con un meneo de cabeza.
En consecuencia, notó que Jungkook tensó los labios en una sola línea mientras se encogía de hombros sin oposición.
Le estaba dando la razón.
—¿Por qué le dijiste que sí querías casarte? —Los sentimientos amenazaron con salir a flote—. ¿Por qué aceptaste su propuesta de matrimonio?
—Tengo derecho a intentarlo —Le recalcó, en voz baja—, no iba a quedarme esperando algo que nunca llegaría y preferí darme la oportunidad con otra persona.
—¿Qué era lo que esperabas?
—¿En serio no lo sabes?
—Lo supongo —manifestó en contraposición—. Pero necesito que tú me lo confirmes.
El menor inclinó la cara y le regaló una mirada esquiva.
—¿Para qué? —Bufó con pereza—. No tiene caso, eso ya quedó en el pasado.
TaeHyung pestañeó sereno.
—¿Seguro?
Y mierda.
El estómago de Jungkook se revolvió.
No podía ser posible que aún fuera débil frente a él, era poco moral que estando a semanas de llegar al altar, se sintiera así de frágil por una persona que no era su prometido.
Lastimosamente, admitía que con WooShik no tenía ese efecto.
—Está haciendo frío —informó, huyendo a toda costa de su penosa realidad—. Mejor hay que volver a la sala.
Se sentía un total imbécil.
No debía revivir las emociones que tanto trabajo le había costado enterrar, en sus planes no estaba volver a lidiar con la inestabilidad, así que se puso de pie, empujando la silla hacia atrás y cruzó el umbral del ventanal con el fin de volver al interior del apartamento.
Su tranquilidad estaba pendiendo de un hilo y se sentía jodido.
Podía escuchar muy de cerca las pisadas de TaeHyung, la suela de su calzado resonando a sus espaldas y cuando su camiseta fue tomada por el borde inferior, supo que su escapatoria sería un fracaso.
Paró su andar sin oponer resistencia, sus ojos se abrieron y cerraron fugazmente, antes de darse la media vuelta para quedar cara a cara.
Se observaron, hasta que la burbuja de tensión se reventó sobre ellos.
No quisieron escapar.
—Voy a preguntarte otra cosa y quiero que seas honesto conmigo —El mayor exigió, soltándolo con delicadeza de la prenda que vestía—. ¿Puedes serlo o no?
—Depende, ¿qué quieres saber?
—En algún punto de nuestros años en la universidad, ¿tú sentiste algo más por mí?
Jungkook batió las pestañas y resopló burlón.
—¿Acaso importa? —Regresó la interrogante, con ironía—. Eso ya no interesa ahora.
—A mí me interesa —refutó, enderezando la espalda—. ¿Te cuesta tanto trabajo decirlo? Te pedí sinceridad.
—No me cuesta trabajo, Tae, simplemente ya no tiene caso.
Se cruzó de brazos.
—¿Eso piensas?
—Es lo que es —Imitó su posición y se abrazó a sí mismo—. Yo voy a casarme, tú tienes la vida de soltero que siempre deseaste, cada quién eligió su camino y ahora estamos bien con nuestras elecciones.
—Yo no creo que tú lo estés —tarareó, al elevar ligeramente el mentón—. Choi no es para ti y lo sabes.
—¿Quién te crees para venir a opinar de mi relación? —Sus muelas se molieron entre sí—. No te sientas con el derecho de juzgar.
—No estoy juzgando, pero alguien que te trata como si solo fueras un objeto del que presume ser dueño, no creo que valga la pena.
La mueca de Jungkook denotó un visible enfado.
Con tal indignación, avanzó un paso y señaló el pecho ajeno con el índice.
—No comprendo por qué te molesta tanto, al final yo decido y estoy tranquilo así —Le dio dos golpecitos en el pectoral—. Tú deberías hacer lo mismo, enfocarte en ti y dejar de ver lo que hacen los demás.
TaeHyung esbozó una media sonrisa y lo capturó de la muñeca al cerrar sus dígitos en ella.
—Yo solo me preocupo por mi amigo —canturreó—. ¿Qué tiene de raro? Jimin lo hace, YoonGi lo hace, y si yo lo hago... ¿Está mal?
—¿Tú piensas que yo soy idiota? —replicó, arqueando la ceja izquierda—. Sé lo que estás intentando.
—Yo no estoy intentando nada. Si no fuera algo importante, ¿crees que me arriesgaría a venir para que me corten las pelotas?
—¿Disculpa?
—Ya sé que no le agrado a Choi y que no me quiere cerca de ti —No había dejado de mirarlo a los ojos—. ¿A qué le teme tu futuro esposo?
Las mejillas de Jungkook estuvieron al borde de teñirse de carmín.
Para protegerse, tuvo que lanzar una risa fingida.
—No le teme a nada, solo no le caes bien y creo que no tiene nada malo, no puedes agradarle a todo el mundo.
—Vaya, menos mal... Yo había pensado en otra cosa.
—No quiero saberla.
—Aún así te la diré.
TaeHyung cerró más la distancia al dar dos zancadas largas.
Cada vez eran menos centímetros los que los separaban y gracias a la posición de su mano, pudo sentir como el pulso opuesto incrementó.
—¿Nervioso? —Se mofó en un susurro—. Ahora que lo analizo, ¿será que tu novio conoce este punto débil en ti?
—De... ¿De qué mierda hablas?
Si, su pregunta había estado de más.
Claro que sabía a lo que se refería.
—Te trata como el rey que eres, económicamente te da lo que te mereces —Sin pensarlo, tomó el riesgo de aproximarse a su rostro—. Pero, ¿cumple tus expectativas en la cama?
—Eso no te incumbe —Y aunque la cercanía lo aterró, no se movió—. Estás diciendo cosas fuera de lugar.
—No lo creo, te repito que me preocupo por ti... Yo me encargaba de tenerte satisfecho en ese aspecto.
—Olvídate de eso, ¿quieres?
—No puedo hacerlo, me corresponde dejarte en buenas manos.
El menor trató de aclararse la garganta, su lado racional estaba corriendo peligro.
Hasta hace unos meses, tenía la certeza de querer unir su vida a la de otro individuo, creía fielmente que no necesitaba nada más para sentirse completo, en verdad pensó que lo tenía todo.
No obstante, eso se jodió cuando TaeHyung resaltó en su lista de invitados.
Sí, obviamente tuvo un pequeño colapso emocional al anotarlo, fue algo caótico ver su nombre y apellido en el bonito sobre que eligió para lanzar el comunicado de su boda.
Él había pensado en no decirle, por el bien común no lo había contemplado dentro de las trescientas personas que tendrían el honor de recibir la invitación, pero WooShik fue muy insistente y lo convenció para que lo tomara en cuenta.
Le había dicho que por la amistad que tuvieron, sería una grosería que no le avisara y acabó cediendo, no sin antes ponerle la armadura a su corazón.
Por el contrario, las complicaciones se intensificaron cuando volvió a tener acercamientos con él y culpaba a la estúpida despedida de soltero, odiaba ser tan sensible, de verdad detestaba no tener la fuerza para enfrentar lo que por tanto tiempo se guardó.
¡Que el mundo se fuera al carajo!
—Ya ni siquiera recuerdo como era follar contigo —murmuró, y él fue quien tomó la iniciativa de acercarse un poco más—. Por algo repetíamos tanto, ¿no?
Sus labios estaban a punto de rozarse.
Y TaeHyung fue el primero en rendirse.
—Tú me gustabas, Jungkook —confesó, sobre su atrayente boca—. Me tenías como un imbécil atrás de ti, no me di cuenta de que lo tenías todo y no puedo dejar que te cases sin que lo sepas.
—¿Dolería si te dijera que es demasiado tarde? —Le colocó su palma suelta encima del hombro—. Además, estás hablando del ayer...
—Mierda, ¿qué quieres que te diga? —gruñó, al tomarlo por la cadera con fervor—. Choi es repugnante, no es la persona correcta y es evidente que ni siquiera lo amas.
—Es que yo sí lo quería, pero después... Tú volviste a aparecer —aseveró y coquetamente, le dio un pequeño lametón en la comisura—. El día que te vi en el cumpleaños de Jimin... Dios mío, yo solo ansiaba ir y comerte a besos.
Una mariposa.
Una puta mariposa enloqueció en la barriga del mayor.
—¿Todavía tienes algún sentimiento por mí?
—Te mentiría si te dijera que no —Lo acarició de la mejilla con una dulzura envidiable—. Y eso me hace sentir la peor persona del mundo, porque yo ya no estoy soltero, se supone que debería estar enamorado de quien será mi esposo...
—Pero no lo estás.
—No, porque alguien como tú no se olvida con facilidad.
Y se dieron por vencidos.
La fuerza de ambos se desplomó y el beso que estalló cuando sus bocas chocaron, fue manejado por la desesperación. Sus lenguas se enredaron la una con la otra, el encuentro frenético les hizo arder hasta el mínimo espacio en la piel y el aire les faltó a la brevedad.
Se movieron a ciegas, arrastrando los pies por el piso de mármol y la espalda de Jungkook se estampó con la pared, haciéndolo gemir al ser acorralado por el cuerpo contrario.
Estaba agitado, el corazón se le iba a salir del pecho porque no podía regular sus latidos y joder, adoró volver a sentir ese apetito por el sexo.
Era un hambre que solo un individuo, lograba despertar.
—No te cases —TaeHyung le rogó, tirando de su labio inferior con los dientes—. Por favor, no lo hagas.
—¿P-por qué no habría de hacerlo?
—Porque no serás feliz —afirmó—: No te engañes, tú siempre serás mío.
Eso.
Solo eso le faltaba a Jungkook para considerarse deshecho.
—Hazme recordar que lo soy.
Podían sentir la excitación mutua, estaban ahí, en medio de área común del lujoso apartamento, frotándose como el par de descarados que siempre fueron.
Tenían los párpados caídos, jadeaban de forma involuntaria y con los muchos toqueteos superficiales, rebasaron la línea de lo permitido.
Se arrojaron al barranco de la lujuria y no tenían la intención de salir de ahí.
La ropa ya les comenzaba a estorbar.
[...]
Ahora si, se vienen 🌝
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