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Capítulo 4

—Dilo otra vez.

—YoonGi...

—¡Hazlo!

TaeHyung refunfuñó y ansió arrancarse los mechones desde la raíz.

—Yo me acoplé a tu ritmo —repitió la frase dicha por Jungkook un par de días atrás—. Tú siempre supiste lo que querías conmigo y no me quejo, yo lo entendí después de nuestro primer acostón.

Exaltado, YoonGi se estrelló la palma extendida en la frente.

—Joder, tengo mucho que procesar —Caminó de un extremo a otro en el espacio libre de la habitación—. Primero que nada, ¡me estás diciendo que Jungkook y tú fueron compañeros sexuales toda la universidad!

—Sí, así es —expresó sin inmutarse y alcanzó el control de su televisor—. ¿Te parece raro?

—No, ahora todo calza, ¡por eso eran inseparables! —Con celeridad, reunió las piezas sueltas en su mente—. Y mierda, ¿cómo fue que nadie se enteró?

—Fuimos cuidadosos, nada fuera de lo común —Presionó el botón de encendido en el aparato y bufó—: ¿Por qué te sorprende tanto?

—¿La pregunta va en serio?

TaeHyung se colocó otra almohada bajo la cabeza y le cambió a los canales de la televisión, buscando un buen programa para ver.

—Sí, de verdad, te veo demasiado asombrado y no entiendo por qué.

—¡¿Cómo pretendes que no lo esté?! —Hizo énfasis al mover ambas manos—. ¡Dos de mis amigos tuvieron sexo por años!

—...¿Y?

—¡¿Y!? Maldición, peor aún, ¡uno de ellos estaba enamorado del otro y no dijo nada! —remató, dejándose caer al borde de la cama—. Eso es-...

—Oye, aguarda —Lo mandó a callar con una ruda interrupción—. ¿Qué acabas de decir?

Alarmado, YoonGi apretó los labios.

—Pues lo obvio, ¿no? —musitó, rascándose atrás de la oreja—. Eso dio a entender.

—¿Qué es lo obvio?

—Que Jungkook sentía algo por ti.

—¿Por qué llegaste a esa conclusión? —inquirió, frunciendo el ceño.

—No me vengas con eso, Tae —Suspiró con languidez—. ¿De verdad es tan complicado de comprender?

El aludido pestañeó lentamente, sus facciones se ablandaron y un sentimiento que no supo reconocer, le trepó por el pecho.

Tuvo que inhalar hondo.

—Es ilógico, ¿sabes? —Se incorporó sobre su lecho y recargó la espalda en la cabecera de madera—. Él fue muy consciente de lo que había entre nosotros, siempre me dejó en claro sus límites.

—¿Cuáles límites?

—Solía decir que no quería ser tratado como algo más que un amigo y hasta prohibió los celos —Abstraído, contempló las venas de sus dígitos—. Pactamos el acuerdo de no ser exclusivos en cuanto a salidas con otros chicos, él se relacionaba con quien quería y yo también, pero ninguno tenía permitido acostarse con alguien más.

Su amigo torció la boca. A su perspectiva, las cosas eran más claras que el agua.

—Yo nunca supe si alguno tuvo pareja formal cuando estábamos en la facultad —tarareó, al tumbarse boca abajo sobre el colchón—. De hecho, todos vimos que ustedes estaban con distintas personas en las fiestas a las que íbamos, pero hasta ahí.

—Fue parte del trato, establecimos que teníamos derecho de conocer a otras personas y si en el proceso alguno quería iniciar una relación estable con alguien, lo diríamos —Su nuca golpeó en contra del muro y bajó los párpados—. Pero nunca sucedió y por eso seguimos como amigos con beneficios hasta que acabamos la carrera.

—¡Es que todo tiene sentido! —Rodó cuál tronco encima del edredón—. No sé quién fue más ciego, si tú o yo.

La nariz de TaeHyung se arrugó y abrió un solo ojo para verlo.

—¿Eh?

—Yo jamás me di cuenta de que ustedes tenían algo —Sus comisuras se retorcieron—. Y tú nunca notaste que Jungkook impuso todas esas condiciones por miedo.

—¿Por miedo? —protestó, aflojando la quijada—. ¿A qué?

—A perderte.

—...¿A mí?

La desesperación atropelló a YoonGi y consiguió reservarse el impulso de arrojarle una de las almohadas en la cara.

En cambio, solamente revoloteó las pestañas ante su incredulidad.

—¡¿Por qué eres tan lento?! —refutó, arrebatado—. ¡Tú le gustabas a Jungkook y prefirió no decirte nada para no arruinarlo!

—Cállate, no es así —Su corazón había comenzado a latir más rápido de lo común sin motivo aparente—. No saques de contexto las cosas.

—Por el amor al cielo, ¿en serio vas a jugar el papel del desentendido?

Un nudo de ansiedad comenzó a trenzarse en lo profundo de su estómago, colándose como una serpiente inquieta entre sus tripas y cuando finalmente abrió su par de orbes, se encontró con la mirada penetrante de su mejor amigo.

Se percató de que sus facciones habían adquirido una solemnidad reflexiva, la repentina pesadez en el ambiente los envolvió y el silencio hizo que se sintiera incómodo, porque parecía que estaba siendo reprendido por haber cometido una falta imperdonable.

Y es que, si lo pensaba un poco mejor, tal vez si lo había hecho...

—¿Y qué se supone que haga ahora? —El disgusto se inyectó en su voz—. Si yo le gustaba o no, eso ya fue, nunca me lo dijo y yo no soy un puto adivino.

—¿Por qué mierda crees que no te lo dijo? —YoonGi ya se había sentado otra vez y mantenía los brazos entrelazados—. Dime, si tu le dijiste que solo querías ser su amigo con beneficios desde el principio, ¿por qué piensas que no se atrevió a expresarte lo que sentía?

—¡Yo que sé!

—¡No lo hizo porque sabía que lo ibas a mandar al diablo!

—¡¿Y por qué me regañas como si fuera mí culpa?!

—¡No te regaño! —Estresado, se presionó los laterales de la cabeza—. No es culpa de ninguno... Les faltó comunicación.

Con el agobio a tope y las ideas enredadas, TaeHyung se levantó precipitadamente del colchón, andando hacia su librero para buscar su cajetilla de cigarros.

—¿Comunicación? —sondeó con sarcasmo y tomó un encendedor—. No éramos una pareja, Yoon, solo follábamos.

—Yo pienso que Kook se conformó con solo tener eso de ti.

—Nunca se quejó, la pasábamos muy bien —objetó, exhalando el humo de la primera bocanada—. Recurríamos el uno al otro para sacarnos las ganas, ¿eso estuvo mal?

—No, no estuvo mal, al final ese fue su acuerdo —respingó—, pero yo te voy a preguntar algo.

—¿Qué cosa?

—Si Jungkook hubiese llegado un día a decirte que ya no quería únicamente sexo contigo, ¿qué habrías hecho?

Gracias a la pregunta, el castaño presionó los labios alrededor del filtro en el tabaco.

No respondió al instante, lo meditó por un lapso considerable, recreando el hecho hipotético con ayuda de su imaginación y al acabar de analizarlo, se recargó sin cuidado en el mueble que resguardaba algunos libros viejos.

—No lo sé —Se quitó el cigarrillo de la boca—. Tal vez las cosas hubiesen sido diferentes para los dos.

Al no recibir la contestación que esperó, YoonGi contrajo excesivamente el ceño.

—Uhm... ¿Qué quieres decir? —Le preguntó, con prudencia.

—Eso, si Jungkook hubiera hablado conmigo, quizá la historia sería otra y no estaría por casarse con el tipo más aburrido de la galaxia.

Sobresaltado, YoonGi se cubrió la boca con una mano.

—Por favor, dime que estoy equivocándome en mi conclusión...

TaeHyung evacuó un suspiro y le extendió el cigarro a medio consumir.

Bien decían por ahí, que quien calla, otorga.

No vio necesario explicarlo en voz alta y tampoco iba a mentirle a su confidente, porque era más que obvio que si en otro universo, Jungkook se hubiese animado a decirle lo que sentía, él también lo habría hecho.

Ninguno tuvo el valor de girar el timón para cambiar la dirección y el tiempo ya les había ganado esa batalla.

¿O no?

[...]

Los bares siempre eran un buen lugar para ir a olvidarse de las penas emocionales.

Aquel viernes, TaeHyung decidió que era una buena noche para tratar de relajarse, así que se hallaba ocupando un banco en la barra principal, con un vaso de vodka entre los dedos y la cabeza llena de pensamientos generados a raíz de su charla con YoonGi.

Las personas lo miraban con afán cuando se acercaban a pedir cervezas, y tal vez era porque probablemente daba toda la pinta de un triste tipo que fue abandonado a su suerte en tal sitio después de una cita fallida.

Y aunque hubo algunos chicos y chicas que hicieron el amago de acercarse a él, creyó que su mala cara había sido lo suficientemente buena como para que desistieran sin siquiera haberlo intentado.

Se giró en el asiento con el propósito de visualizar el entorno del concurrido bar, le gustaba mucho estar ahí porque la música que ponían era de su completo agrado. La pequeña pista de baile estaba abarrotada de seres danzantes, las mesas alrededor eran utilizadas por la clientela ebria y las luminarias de colores funcionaban como complemento al grato ambiente.

Acercó la bebida a su boca sin parar de inspeccionar el sitio y pensó que quizá podría aprovechar su solitaria salida al juntarse con algún grupo de desconocidos que estuviera bailando, con suerte le acabarían invitando algunas bebidas y dejaría de lucir igual a un fracasado.

Pero su idea se esfumó al distinguir a un muchacho de lindos ojos abriéndose paso entre la revoltosa multitud.

Entreabrió la boca, viendo que Jungkook transitaba por la pista con una sonrisa forzada en el rostro, a todas luces parecía que no tenía ganas de estar ahí y su incomodidad se notaba a tres millas de distancia.

Y sí, el destino ya tenía la jodida costumbre de complicarle la vida a TaeHyung.

Una fuerza sobrenatural le impidió correr la cara, no fue capaz de sacarle la vista de encima y cuando fue descubierto por esa preciosa mirada inquieta, imploró que un rayo lo partiera en dos.

El pecho le dolió al ver que el menor estaba caminando hacia él con una mueca totalmente distinta a la inicial, notó que la dureza de sus rasgos se había extinguido y su manera fingida de sonreír, pasó a ser del todo natural.

Joder.

¿Cómo no iba a sentirse molesto consigo mismo por haber sido tan ciego?

Le costaría aceptar las secuelas.

—¡Tae! —Jungkook espetó, al momento de arribar al mostrador y le palmeó la espalda con compañerismo—. ¡No esperaba encontrarte por aquí!

Él movió las dos cejas y meneó la cabeza en forma de saludo.

—Hola, ¿qué hay? —respondió, al depositar su bebida en la barra—. Yo tampoco imaginé que vendrías, vaya coincidencia, ¿no?

—¿Coincidencia? —preguntó, sintiéndose confundido de repente—. ¿No estás con YoonGi?

—¿Con YoonGi?

—¡Sí! Él me invitó a venir, pero jamás mencionó que tú también estarías aquí.

TaeHyung pestañeó entonces, rogando estarse equivocando con sus suposiciones.

Esa noche le había pedido a su amigo que le hiciera compañía en el bar, le llamó por teléfono para informarle que estaría bebiendo un rato y YoonGi se negó a asistir porque ya tenía un compromiso familiar que no podía cancelar por un plan imprevisto.

Al principio no hubo lío, supo que las prioridades existían y pactaron verse después.

Sin embargo, ahora tenía ganas de ahorcarlo, porque Jungkook se había aparecido sin avisar, diciéndole que YoonGi lo había invitado y el muy hijo de puta ni siquiera había puesto un pie por esos rumbos.

Lo mataría.

—¡Ah, sí! Yo vine por él —Aún así, cubrió la mala treta de su compañero—. Me llamó hace un rato, dijo que le surgió algo y no podrá venir.

—¿De verdad? —Jungkook puso un adorable mohín y tomó asiento en el banco contiguo—. Que mal, me dijo que quería hablar conmigo.

—¿Sobre qué?

—No lo sé, no le pregunté.

Afortunadamente, el ruido que las bocinas producía no interfería en su conversación.

TaeHyung optó por desviar la mirada, focalizando esta vez al bartender.

—Luego te llamará, ya sabes como es —exclamó, antes de beberse lo que restaba de su trago.

—Pues mencionó que era de suma importancia que viniera —Se remojó el labio inferior sin ser consciente—. Le enviaré un mensaje más tarde.

—Sí, a mí me contó que tuvo que acudir a una reunión con sus padres. Responsabilidades de familia, lo de siempre.

Jungkook asintió y una sonrisa volvió a aparecer en su cara.

—Lo normal, todos debemos cuidar ese lazo —parloteó, meciendo los pies de atrás hacia adelante—. Mi mamá todavía pregunta muy seguido por ti.

Bien, TaeHyung agradeció no tener ningún líquido en la boca, porque de ser así, lo habría escupido.

Velozmente se volvió hacia el menor, quien lo recibió con su típica faz risueña y se vio forzado a inhalar para no perder la calma.

—¿Ella te pregunta por mí?

—Sí, siempre que puede —Le informó y a su vez, le llamó al encargado de la barra con un ademán—. ¿Quieres otro trago? Yo invito.

—Ehm, no —declinó, al rascarse el pómulo izquierdo—, gracias.

Un escalofrío le había escalado por la espina dorsal, la verdad no se imaginaba que la señora Jeon aún conservaba el interés de saber como estaba.

Enterarse no resultó a su favor, solo le había hecho sentir peor.

—Aunque sé que dijiste que no, te voy a pedir otro de esos —Le avisó, señalando su vaso vacío—. Seguramente es vodka, ¿no?

—Sí, lo es —refutó, al golpetear el mostrador con dos dedos—. Déjame adivinar... ¿Margarita para ti?

—¡Sí! Todavía me conoces bien.

—Jungkook, por favor —Bufó con ironía y curvó una sola ceja—. Te conozco más de lo que quisiera.

El implicado se abstuvo de rodar los ojos.

Sin darse cuenta, la confabulación se proyectó a través del contacto visual que establecieron y por un instante, todo lo que les rodeaba se evaporó.

Ninguno se atrevió a decir algo más, simplemente esperaron a que las bebidas les fueran entregadas y TaeHyung agradeció por ambos cuando los vasos nuevos fueron puestos sobre la barra.

Jungkook pasó su tarjeta bancaria por la terminal, realizando el pago correspondiente de los tragos y a la par, TaeHyung divisó reojo el costoso anillo que portaba como símbolo de su próximo matrimonio.

Tuvo que resoplar, siendo sepultado por un montón de recuerdos y tensó la mandíbula al percibir la desagradable sensación de molestia picando en su abdomen.

Lo repetía, todo eso era una mierda.

Y un suspiro le bastó para decidir que haría su último intento, no estaba dispuesto a resignarse así como así.

—Oye, me gustaría hablar contigo —habló, con determinación.

El otro se retiró el popote de los labios y lo miró con una chispa de sorpresa.

—Claro, ¿qué sucede?

—Preferiría que fuera en privado —Se adelantó a pronunciar, no quería arrepentirse—. Aquí no podemos conversar como se debe.

Y en parte era cierto, si bien la música no se hallaba en un volumen tan elevado, el bullicio a lo lejos los podía desconcentrar.

—Seguro —accedió, sin rechistar—. ¿Quieres que vayamos a mi departamento?

Los ojos de TaeHyung se extendieron al oír la propuesta, él solo iba a sugerir que salieran del bar.

—Mhn, ¿no está Choi esperándote ahí?

—No, si él estuviera, yo no estaría aquí —Se rio sin ganas, tan apagado como el tono que usó para articular—: Salió de viaje.

Al presenciar esa melancólica reacción, el castaño descartó la opción de negarse a ir a su piso.

Lo confirmaba, WooShik era una porquería.

Secretamente encolerizado, procedió a tomarse la preparación con vodka que le fue comprada, bebiéndose de golpe el contenido dulzón y dejando solo un par de gotas al fondo.

—Listo —Lo observó audaz—. Te sigo, príncipe.

Y mierda, Jungkook ni siquiera pudo terminarse debidamente su margarita gracias a que el pulso se le desató y las rodillas le temblaron.

TaeHyung había accedido fácilmente a irse con él. 

[...]

¿Se viene? o ¿se vienen?

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