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Capítulo 2

Jungkook estaba más que emocionado con la idea de su despedida de soltero.

Sus amigos se postularon para ser los encargados de organizar la próxima noche de celebración y él sonreía con alegría, escuchando todas las disparatadas propuestas que llovían en la sala de su penthouse.

—Yo propongo que vayamos a un bar —Uno de los muchachos mencionó—: Conozco uno dónde los bartenders bailan sobre la barra, "Club bengala" se llama.

—¿Qué tal si rentamos una casa cerca de la playa? —Agregó otro de los involucrados—. Un fin de semana completo, ¿les parece?

—Yo voto por hacer la fiesta aquí, así podremos terminar hasta el día siguiente.

—¿No les gustaría una buena cena con mucho vino? Sería genial...

Las sugerencias eran variadas, ninguno se ponía de acuerdo y eso ocasionó que Jimin bufara.

—¿Y si mejor juntamos todas las opciones? —comentó, sobándose el mentón—. Rentamos una casa en la playa, cenamos en un buen restaurante de la zona, salimos a cualquier pub a beber y continuamos la fiesta al regresar...

Consideraba que esa era la alternativa perfecta.

Tenía de todo un poco, no hacía falta entrar en temas de votaciones por elegir.

—Vaya, que manera de solucionar las cosas —SeokJin tronó los dedos y lo señaló con el índice—. Me gusta como piensas.

Jimin se encogió de hombros.

—Su indecisión me estresa, lo siento.

—A mí también —anexó Jungkook, al entregarles un bowl repleto de palomitas—. Yo sé que ustedes quieren planearlo, pero si continúan así, los voy a relegar de la responsabilidad.

—¡No! Ya está, me agrada la idea de Jimin —Ethan canturreó, tomando un puñado de la botana—. Estoy de acuerdo.

—Y yo —concedió Aaron.

—Me uno a ustedes —Mateo fue el último en aceptar—: Hay que buscar viviendas en renta.

—¿En qué playa?

—¡Miami!

—¡No, Tulum!

—Yo me inclinó más por Mallorca...

Tema sujeto a discusión.

Resignado, Jungkook marcó un aspaviento y regresó a la cocina, dejando que sus amigos empezaran la disyuntiva por la elección del lugar.

Jimin lo siguió, ya estaba harto de la nula capacidad de resolución que los demás poseían.

—Son un caso, ¿no? —masculló, al tomar una manzana del frutero—. Siempre tan escandalosos.

Los labios de Jungkook se estiraron en una línea y los curvó ligeramente de las esquinas.

—Lo son, pero así los quiero —exclamó, relajado—. Además, prefiero que ustedes carguen con esto, yo estoy muy estresado con los preparativos de la boda y no quiero volverme loco con una tarea extra.

—Lo veo, eres el único que está poniendo de su parte para la organización.

—Ya vas con lo mismo... —Cabeceó en negación y se sobó la frente—. Ya te dije que WooShik ha estado ocupado, pero si está poniendo de su parte...

La mueca que Jimin plasmó estaba atiborrada de un notorio escepticismo y la cubrió al darle una mordida a su fruta.

—Económicamente está presente, eso me queda claro —Opinó, al terminar de masticar—. ¿Qué más ha hecho?

—Uhm... Fue por las invitaciones.

—Invitaciones que tú elegiste, que tú mandaste a hacer y que él solo pagó para poderlas recoger.

Jungkook frunció la boca.

—¿Por qué lo odias? —preguntó, jugando con el contenedor de sal—. Es un buen partido y me trata bien...

—Oh, ¿en serio lo hace? —retó, con una ceja arriba.

—Jimin...

—Es que Kook, te cela por todo —Su postura fue reforzada al cruzarse de brazos—. De verdad, es un exagerado.

—No es así —Entrecerró los orbes—. Me ama y por eso me cuida.

—¿De verdad quiere casarse porque te ama o porque necesita garantizar que nadie se te va a acercar?

Su nariz se arrugó con la cuestión arrojada.

—No voy a discutir contigo de nuevo —refutó, con seriedad—. Mi boda será el evento del año, ¿de acuerdo?

Inconforme, Jimin resopló.

Sin embargo, acabó asintiendo un par de veces porque no planeaba volver a tener esa charla con su mejor amigo.

—Como quieras. Tienes mi apoyo.

—Perfecto —Se pasó los dedos por el cabello—. ¿Mañana me acompañarás a escoger las flores para la decoración del salón?

En ese preciso momento, la respuesta de Jimin se vio interrumpida por el estruendo de varias voces que resonaron en la sala, creando un súbito telón de fondo.

El semblante ambos albergó la sorpresa al escuchar el bullicio externo.

—¡Pensamos que no vendrían, pasen!

—¡Meses sin verte, hombre!

—¡Ahora sí estamos completos!

Precipitadamente, Jungkook arrastró los pies hasta la salida de su cocina, golpeándose por accidente el codo en su abrupto andar y sin discreción, asomó la cabeza a la cómoda estancia.

Se topó de filo con el único par de chicos que faltaba en la reunión, YoonGi y TaeHyung eran recibidos por el resto del grupo, con choques de puños y palmadas en la espalda; todos parecían muy felices por estar juntos y lo hacían resaltar con las enormes sonrisas que compartían.

Se quedó callado, observando de lejos la amistosa interacción de los presentes, hasta que una mirada se enlazó con la suya.

El repentino contacto visual le generó un escalofrío en su espina dorsal, tragó saliva por instinto, sacando el aire por sus fosas nasales y separó los labios al reparar la tenue sonrisa que cierto individuo de pómulos definidos le dedicó.

Tenía mucho tiempo de no ver a TaeHyung, habían coincidido el año anterior en el cumpleaños de Jimin y no recordaba haber tenido ningún tipo de conversación más allá de un saludo cordial.

Eso era lamentable, porque TaeHyung también formaba parte de su círculo social y lo apreciaba como un buen amigo, independientemente del trato especial que tuvieron en sus años escolares.

El sexo nunca ocasionó incomodidad entre ellos, las cosas siempre siguieron la línea de lo acordado y en la actualidad, podía decir que disfrutó como debía su etapa de adolescente hormonal gracias a él.

De cualquier forma, eso ya había quedado atrás. Los dos se hallaban en una etapa diferente y habían madurado bastante, así que no tendrían problemas en manejar de manera correcta su convivencia.

O al menos, eso pensaba.

—¡Jungkook, ven aquí!

La pronunciación de su nombre se deslizó por el aire, sacándolo del ensimismamiento y su rostro se iluminó con una sonrisa radiante que dejó al descubierto la hilera completa de sus dientes.

Se trasladó a la sala, dónde YoonGi lo recibió con un apapacho cálido y amistoso, estrechándolo con un apretón firme mientras sus dígitos se entrelazaban en los mechones rebeldes de su cabello, recreando esa antigua costumbre de revolverle la melena.

—¡Felicidades por tu boda, Kook! —El pelinegro decretó con alegría—. De verdad, mis mejores deseos para ti y tu futuro matrimonio.

—Muchas gracias, Yoon —entonó afable, apartándose sutilmente de sus brazos—. E igual gracias por venir hoy, pensé que no llegarías.

—No faltaría a la organización de tu despedida de soltero —Le guiñó el ojo con un toque de complicidad—. Llegamos tarde porque Tae se retrasó, ya sabes que siempre se tarda.

Por supuesto que lo sabía, conocía a la perfección los problemas que el castaño tenía con la puntualidad.

Se vio en la obligación de darle la razón a su compañero y sin bajar las comisuras, contempló al culpable de la demora.

Curiosamente, TaeHyung ya llevaba un buen rato observándolo.

Tenía una mano en el bolsillo de los pantalones, su rostro estaba levemente inclinado hacia un costado y lo que su expresión quiso comunicar, fue imposible de descifrar.

Esos ojos parecían analizarlo en silencio...

Y cuando se percató de que ya habían tardado más de lo normal en cruzar palabras, le tendió la mano con gentileza, en un intento de evadir la rara sensación que se propagó por el ambiente.

—¿Qué hay, Tae? —Atinó a decir—. Gracias por venir.

El mayor estiró los bordes de su boca en una sonrisa de labios juntos, tomándolo tenazmente de la palma para corresponder al saludo y, de repente, lo atrajo hacia adelante con un tirón.

Jungkook se tambaleó al dar un paso forzado, sorprendiéndose por el inesperado movimiento y ensanchó los ojos al sentir que su cuerpo fue envuelto en un suave abrazo que definitivamente no vio venir.

—Felicidades por tu compromiso, príncipe —Hubo un susurro en su oído y despues, un beso fino en su mejilla—. Éxito en la vida de casado, te deseo lo mejor.

Jungkook boqueó perplejo, separándose del torso ajeno al retroceder de un salto rápido e hizo un extremo esfuerzo por sonreír con naturalidad, procesando el apodo que tenía años de no oír.

Su pulso se había acelerado de un modo vergonzoso, no comprendía por qué se había puesto tan nervioso y ahora, estaba rogando que el calor emergente no se le subiera a las mejillas.

Príncipe”

En el pasado, TaeHyung siempre lo llamó así.

Apenado, dio un vistazo a su alrededor, disimulando su insólita reacción y el alivio le llegó al cerciorarse de que ninguno de sus amigos se había escandalizado por la imprevista muestra de cariño.

Al parecer, todos seguían acostumbrados a las actitudes que solían tener el uno con el otro.

—Eh... ¿Quieren algo de tomar? —Ofreció, en un rápido método de escape—. ¿Cerveza, vino, soda...?

—Yo si quiero, por favor —YoonGi levantó la mano como si estuviera en el salón de clases—. Te acepto una cerveza.

—Yo también quiero una cerveza, por favor —agregó TaeHyung y acaparó el último lugar vacío en el sillón de tres plazas.

Lucía tan fresco, como si nada en el mundo le importara.

Lo común en él.

Jungkook simplemente afirmó con la cabeza, recuperando la calma que se le drenó y despejó la mente cuando se internó otra vez en su cocina.

Abrió el refrigerador, buscando las dos latas de la bebida alcohólica que sus compañeros le solicitaron y aprovechó para sacar un jugo de manzana, pues padecía una extrema sequedad en la boca y le urgía beberse de un solo trago el contenido pequeño empaque.

El frío al interior de la nevera le ayudó mucho a serenarse, pero al cerrar la puerta y girarse hacia la isla central de mármol, los latidos de su corazón volvieron a retumbarle en los oídos.

TaeHyung se hallaba recargado sobre el filo de la superficie pulida, pestañeando con tranquilidad y escrutándolo sin emitir ni un mísero ruido.

Su presencia había pasado inadvertida, ni siquiera se había dado cuenta de que se encontraban en el mismo sitio.

—¿Hola? —titubeó, desconfiado—. ¿Qué sucede?

El simpático semblante ajeno, le ocasionó incertidumbre.

Le resultó insólito que estuviera así de risueño.

—Así que... —Repasó el filo de la barra con un dedo—. Te vas a casar.

Jungkook relajó los hombros.

—Sí... ¿Qué te parecieron las invitaciones? Yo las elegí.

—Lindas, muy a tu estilo —confesó, enarcando la ceja derecha—. ¿Cómo vas con los demás preparativos?

—Bien, creo —comunicó ameno y deslizó una de las cervezas por la isla—. Ya casi tengo todo listo, solo faltan algunos detalles.

—Tienes todo bajo control —Tomó la lata que le fue otorgada y la destapó—. ¿No es así?

—Ya me conoces, no me gusta dejar cabos sueltos.

—Lo sé, tantos años conviviendo no fueron en vano.

Tras lo dicho, TaeHyung se empinó la bebida, dándole tres tragos largos sin importarle que estuviera helada y a su vez, mantuvo intacta la conexión formada entre sus brillantes iris.

Ninguno comprendía porque la situación no les causaba incomodidad.

—¿Continúas yendo al gimnasio? —Le preguntó, al limpiarse la comisura con el dorso de la mano.

El menor parpadeó y asintió maquinalmente.

—Sí, todavía.

—Ya... —Chasqueó la lengua—. Se nota.

—...¿Cómo?

—Dije que se nota —repitió, con franqueza—. Me refiero a que sigues estando en forma.

Jungkook se desconcertó al no saber como interpretar el comentario.

Lo cierto, era que podía tomarlo como un cumplido.

—Gracias, supongo —Consiguió musitar y apretó el envase del jugo con sus dedos—. Ya no voy tan seguido como antes, pero no lo he dejado.

—Entiendo. ¿Y qué hay de tu resistencia?

—¿Mi qué?

—Tú resistencia física —barboteó, mordaz—. Yo recuerdo que te cansabas rápido... No me seguías el paso cuando estábamos en la universidad.

Nuevamente, se pasmó.

Ese tipo de preguntas claramente no las esperaba y el otro parecía mofarse de su estupefacción.

Sus referencias estaban por fuera del límite, ¿de qué diablos se trataba todo ese teatro?

Lo ideal era fingir demencia, así que decidió evadir la cuestión, escudándose al perforar la abertura superior de su jugo con el popote.

—No sé de qué hablas —refutó.

—¿De verdad no lo sabes?

—...No.

—Bueno... —TaeHyung se rio por la nariz, antes de proseguir—: Quizá convendría refrescarte la memoria en otra ocasión.

Y al oír semejante insinuación, Jungkook levantó la cara de golpe, omitiendo que seguramente sus cachetes ya estaban arrebolados por la tibieza que los invadió sin permiso.

Notó que la sonrisa opuesta se hallaba colmada de astucia y joder, sabía muy bien el significado de ese gesto tan peculiar, conocía con una aterradora certeza todo lo que había escondido detrás.

Vio que TaeHyung abandonó la cocina, llevándose consigo la cerveza a medio beber mientras tarareaba en voz baja una canción que tal vez había escuchado en la radio y él dejó escapar un suspiro cargado de emociones encontradas.

Fue como si la soledad le permitiera exhalar con una sensación de alivio mezclada con una pizca de inquietud.

¿Qué mierda le ocurría a TaeHyung?

Peor aún...

¿Por qué carajo lo hizo sentir tan tenso?

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