Capítulo 1
TaeHyung nunca se imaginó que al abrir su buzón, encontraría una jodida invitación.
Y es casi sorprendente la forma en que su corazón empezó a latir cuando regresó corriendo hasta su casa, arrojando el montón restante de facturas por pagar sobre la mesa y enfocándose en abrir el puto sobre con detalles dorados que le da esa horrible apariencia de algo ostentoso o fino.
Lo rasgó, lo rompió sin contemplaciones y sacó del interior una hoja de papel grueso que se mantenía doblada por la mitad, con unas letras en la parte frontal anunciando nada más y nada menos que un magnífico evento.
La boca se le secó, sus ojos se cerraron un instante y ahí decidió abrir la inesperada invitación, deslumbrándose con las primeras líneas impresas en una caligrafía bastante linda, que probablemente él no hubiese elegido si estuviera a punto de casarse.
«Nuestra boda»
«Jeon Jungkook y Choi WooShik»
Y sintió náuseas, repentinamente sintió esa necesidad de encerrarse en su baño y vaciar su estómago, sacando todo lo que había comido en el día. La sangre corrió fría por sus venas, el sudor de sus manos las hizo pegajosas y el alma se le fue en un suspiro, al tomar el par de boletos que le anexaron en cortesía.
Pensó que se trataba de una maldita broma de mal gusto, que probablemente había una cámara escondida en su vivienda para grabar su reacción, en verdad quería que se tratara de un experimento social o de un tonto juego del que definitivamente, se negaba a ser parte.
Pero no parecía ser así, porque el resto de las palabras en la hoja formaba una preciosa letanía de versos, confirmando que se llevaría a cabo la unión de dos personas en el registro civil el mes entrante.
Y uno de esos dos individuos, era Jungkook.
Su amigo.
O mejor dicho, su antiguo amigo con derecho.
TaeHyung rememoró lo bien que la pasaban en las fiestas de la universidad, yendo y viniendo a las fraternidades, bebiendo hasta que el sol saliera, drogándose con cualquier sustancia nociva y bailando sin una pizca de gracia hasta que sus cuerpos cayeran rendidos de cansancio.
Recordó todas esas noches en que terminaron besándose en el baño y del desastre que siempre dejaban luego de haber follado como dos malditas bestias en algún cuarto vacío, acabándose hasta los preservativos que guardaban como reserva.
Su cabeza dolía, tuvo que frotarse la sien y volver a inhalar, tratando de regular la forma brusca en que ya respiraba.
No le dolía, en lo absoluto, era solo un sentimiento encontrado de... ¿Impotencia?
Sí, quizá era eso, porque no se habían visto en algo de tiempo. La última vez que se encontraron fue en el cumpleaños de Jimin y solo cruzaron un saludo, porque Jungkook estuvo muy ocupado presumiendo a su novio con el grupo de amigos que compartían de la facultad.
La vida era así, un día estabas borracho, follando en el baño de un bar y al otro, te hallabas a semanas de firmar un acta de matrimonio que te sentenciaría de por vida.
En medio de un tren de pensamientos, escuchó el timbre de su casa sonar y rogó, en serio rogó que no se tratara de algún vecino pidiéndole una taza de azúcar o una bolsa de té, porque no estaba de humor para ser el amable chico que todas las mañanas regalaba saludos cordiales.
Avanzó hacia la puerta, giró la perilla y alzó ambas cejas cuando se topó con YoonGi, quien levantó frente a sus narices la misma maldita invitación que él dejó sobre la mesa de su comedor.
—¿Hola? —Su amigo le dijo, sacudiendo la hoja decorada—. Dime por favor que también te llegó.
TaeHyung bufó y asintió, quitándose del camino para que el chico ingresara a su morada.
—Sí, y déjame decirte que no tengo un traje decente para tan magnánima noche —ironizó.
—Yo tampoco, tendremos que rentar uno o en su caso, comprarlo —sugirió, al dejarse caer en el sofá más grande de la sala.
—¿Tú sí piensas ir?
—Claro —Frunció el ceño—. ¿Tú no?
—No está en mis planes —refutó, al tirarse en el otro sillón—. Tengo cosas que hacer ese día.
YoonGi lo miró con los ojos entrecerrados, como si supiera que estaba mintiendo.
Porque sí, lo hacía.
—No seas aguafiestas, ¡es una boda! —Realizó un ademán en disgusto, frustrado por la respuesta negativa—. Además, no todos los días se casa un compañero de la universidad.
TaeHyung resopló, entornando los ojos.
—¿De verdad te importa? —Alzó una ceja, inquisitivo—. ¿O solo quieres ir a embrutecerte con alcohol?
—Que manera de juzgar —musitó, abriendo la boca al sentirse ofendido—. ¿Piensas que yo solamente quiero ir por el montón de botella de champán que posiblemente podremos tomar?
—Sí.
—¡Pues estás en lo cierto! —Lo pronunció sin recato—. Pero hablando en serio, también me gustaría asistir porque Jungkook es un buen amigo, incluso me sorprende que no quieras ir porque se llevaban bastante bien.
Con ese comentario, TaeHyung terminó tragando con dificultad y tirando la cabeza hacia atrás, descansando la nuca en el filo del respaldar.
Pobre YoonGi, él ni siquiera tenía idea de lo que la frase "llevarse bien", llegó a significar para TaeHyung y para Jungkook.
Su trato especial fue un secreto por todo lo que duró la carrera, y el día de la graduación, se despidieron con un polvo en el auto de TaeHyung, comiéndose la boca a besos y llenándose las clavículas de mordidas, como si quisieran dejar las huellas de su último encuentro.
Nunca llegaron a consolidarse como pareja, porque en aquel entonces, ninguno deseaba entrar con el tema de la exclusividad y tampoco les apetecía ir por ahí contando sus intimidades.
Así que, en una especie de acuerdo sellado por ambas partes, se mantuvieron como algo casual hasta que salieron de la escuela.
En la actualidad, cada uno tomaba su camino.
Jungkook se casaba y él, era un invitado más.
—Como sea, prefiero comprar mi propio alcohol ese día y beberlo aquí —estableció, sin la intención de ceder—. ¿Te unes al plan?
YoonGi negó de golpe.
—Yo si quiero ir a la fiesta —aclaró, abrazando un cojín—. Me gustan los festejos grandes y sé que éste, será fenomenal.
—¿Acaso eres adivino? —Se burló, moviendo las cejas de abajo hacia arriba—. ¿O ya preguntaste?
—Ninguna de las dos, pero se sabe que Choi tiene dinero para financiar treinta bodas si así lo quisiera.
TaeHyung volvió a poner los ojos en blanco y se rio.
Esta vez, el sonido que emitió con sus cuerdas vocales no fue tan sardónico como le hubiese gustado.
—Ya, pues que bueno por Jungkook que se consiguió a un hombre de negocios con una cuenta llena dinero en el banco —Chasqueó la lengua, sin borrar su sonrisa amarga—. Algunos todavía luchamos por hacer crecer nuestras billeteras.
Dramatismo.
En realidad, TaeHyung no vivía nada mal. Tenía un buen puesto de trabajo en una constructora, como el ingeniero civil que era. Ganaba sumamente bien, le remuneraban lo suficiente para mantener un excelente nivel económico, pero tampoco podía decir que era el millonario del vecindario porque estaría mintiendo.
En general, no le faltaba nada y disfrutaba completamente de su dinero
—Lo dices como si vivieras en la miseria —El otro respingó, al ladear la cabeza—. Tienes el trabajo que muchos de nuestros compañeros desearían.
—Quizá, pero ni con el sueldo de cinco años podría pagar treinta bodas —Se sobó el mentón, fingiendo pensar—. Tal vez una, o dos, pero no treinta.
La torpe mofa provocó que YoonGi se riera, antes de tomarse el atrevimiento de lanzarle el cojín decorativo que fue comprado hace un par de meses por internet.
Le dio justo al centro de la cara, haciéndolo estornudar por el golpe recibido en la nariz y como toda persona madura, solo le sacó la lengua, haciendo un gesto que intensificó la carcajada opuesta.
—Vamos, será divertido —Y el intento de convencimiento, iniciaba en ese instante—: Solo un rato, ¿ya viste la ubicación del lugar dónde será?
—No.
—Está a dos kilómetros de aquí —Le contó, porque seguramente ya había revisado en la web la dirección exacta—. Podemos ir y volver en taxi, no pienso conducir en estado de ebriedad.
TaeHyung se rascó la frente, intentando ser paciente con la insistencia ajena.
—No quiero —dictó, con seriedad—. ¿Por qué no quedas con SeokJin y se van juntos? Apuesto que también irá.
—Lo hará, pero viene del otro lado de la ciudad, así que lo más probable es que nos encontremos allá —Torció los labios—. Además, el resto de los chicos ya confirmó en el grupo que irán, solo faltas tú.
—¿Qué grupo?
—...El de whatsapp.
La frente del castaño se arrugó por inercia.
—¿Cuál grupo? —La confusión lo gobernó.
—No me jodas, Tae —YoonGi chilló, y enseguida sacó su celular del bolsillo en su pantalón—. ¡Yo mismo te agregué antes de venir a verte!
No entendía ni una mierda.
Verdaderamente, no comprendía nada de lo que el chico hablaba.
—No tengo mi celular aquí, está cargando en mi habitación.
Se había quedado sin batería desde que terminó de hacer su rutina de ejercicio y lo dejó conectado en el enchufe a un lado de su cama, mientras se dedicó a finalizar con sus labores de limpieza.
Desconocía el grupo que YoonGi mencionó, y maldita sea, se estresó porque odiaba demasiado que su celular vibrara constantemente por los mensajes de varias personas escribiendo al mismo tiempo
Un nuevo chat que silenciar, vaya novedad.
Su amigo se levantó del mullido sillón y decidió cambiarse de lugar, sentándose a un costado suyo con el fin de mostrarle la pantalla del móvil.
—Mira, lo hicieron hace un rato —La conversación abierta brilló en el aparato—. Las invitaciones se repartieron desde ayer y hoy por la mañana, Jungkook lo creó con la esperanza de que todos la hubieran leído ya.
—¿Llegaron ayer?
—Sí, estuve esperando que revisaras tu buzón para venir —Mostró los dientes en una sonrisa forzada—. En cuanto pasé y vi que ya estaba vacío, fui por la mía y heme aquí.
TaeHyung lo observó con incredulidad.
—Acosador, ¿me estabas espiando? —Se jactó, empujándolo por el brazo.
—No es así, imbécil —refunfuñó—, solo estaba al tanto de lo que hacías.
Básicamente, lo mismo.
Si fuese otra persona, ya habría puesto una orden de restricción o posiblemente se mudaría al día siguiente.
Pero como se trataba de YoonGi, no le preocupó ni un poco. Ya lo conocía.
—Como sea, ¿por qué me añadiste tú al estúpido grupo? —reclamó, hastiado—. ¿Quién te dio permiso de compartir mi número?
—Nadie, pero Jungkook mencionó que le faltaban algunos contactos y entre ellos, estaba el tuyo —Con simpleza, se encogió de hombros—. Y te repito, aún así tuve que esperar a que fueras por tu correspondencia porque no quería arruinar la sorpresa.
—Sorpresa... —repitió la palabra, entre dientes y de mala gana—. Me voy a salir de ese chat en cuanto mi celular tenga el cien por ciento de batería.
—¡No! —graznó, escandalizado—. Este grupo no te va a molestar mucho, solo estamos los amigos cercanos y únicamente es para organizar la despedida de soltero.
El parpadear de TaeHyung fue pausado. De nuevo, se ofuscó.
—¿La qué?
—¡La despedida de soltero! —reiteró—. ¿Estás sordo o qué?
No lo estaba.
Simplemente al oír semejante ridiculez, se turbó.
—Por el amor de Dios —Se contuvo a derrochar una sonora risa—. ¿Qué habrá? ¿Paletas en forma de pene y strippers usando ropa interior pequeña?
—Precisamente para eso es el grupo, Tae —YoonGi no pilló su sarcasmo—, para ponernos de acuerdo y ver que vamos a organizar.
Ya no logró guardar más su carcajada y esta brotó cual agua en fuente, haciendo que le doliera el estómago ante la inmensa tontería.
—Mierda, son un caso —Simuló limpiarse una lágrima—. Conmigo no cuenten.
—Eres un amargado, ¿lo sabías? Ni siquiera porque es la última noche de soltero para Jungkook...
—¿Eso es motivo de festejo? —Meneó la cabeza en desaprobación—. Él decidió casarse.
—Pues sí, y por eso merece un adiós digno a la etapa del libertinaje.
El argumento era una completa basura.
Y TaeHyung lo sabía.
Optó por incorporarse, levantándose de su cómodo asiento y apuntó a su mejor amigo con el dedo índice.
—Lo dicho, no cuentes conmigo —Dio por finalizado el tema—. Voy por cerveza, ¿te traigo una?
Resignado, YoonGi asintió.
Entonces, TaeHyung se retiró de la sala, dirigiéndose a su bella cocina mientras pensaba en lo que oyó con anterioridad.
“Es la última noche de soltero para Jungkook.”
Abrió el refrigerador, tomando dos latas del sixpack de cerveza que compró ayer y las colocó sobre la barra central de mármol.
“Merece un adiós digno a la etapa del libertinaje.”
Apoyó ambas manos en el borde del mueble, agachó la cabeza y respiró, intentando despejar su mente.
¿Por qué estaba considerando formar parte del tonto show?
¡Él detestaba ese tipo de festejos desde que tenía uso de razón!
Maldición.
Por su propio bien, no daría el brazo a torcer.
Porque sí, sabía a la perfección quien era el único que podía darle a Jungkook, una auténtica despedida antes del cambio en su estado civil.
Quizá...
Joder, la piel no olvidaba.
[...]
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