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Capítulo 45

Para Taehyung, ya no era nada del otro mundo encontrarse una vez a la semana en el consultorio de su psicóloga.

Ya no miraba sus tenis cuando ella le cuestionaba por su estado de ánimo, sus uñas permanecían libres de mordidas y sus dedos ya no jugueteaban entre sí a causa del nerviosismo que le llegó a amedrentar en un inicio. La opresión en su pecho iba disminuyendo con el paso de las sesiones, su confianza ascendía y Kate se encargaba de registrar su avance.

Como una verdadera profesional, la mujer con quince años de experiencia en su ramo, veía el progreso de Taehyung como una reconstrucción a su salud emocional y mental; el chico llegó hecho trizas, vulnerable y en busca de una salvación que no lo dejara a la mitad del laberinto.

Fueron días complicados, le costó formar el vínculo habitual con su paciente, tuvo que buscar las palabras correctas para ir llevando la terapia por el buen camino y no orillarlo a desistir, que no abandonara la ayuda que por fin había solicitado luego de tantos años de dolor contenido.

Pero gracias a que el castaño consiguió desenvolverse en las pláticas y tuvo la dicha de contar con el apoyo de sus seres queridos, afrontó su realidad y alcanzó ese nivel de confianza en sí mismo que le permitió expresarse sin temor a ser juzgado.

Liberaba su carga emocional, el autoconocimiento le aportaba los granitos de arena necesarios en su desarrollo personal y su calidad de vida mejoraba al priorizar la intervención que lo dotaba de herramientas para cambiar ciertas actitudes indebidas.

Los beneficios iban recolectándose.

—Entonces, ¿todo fue bien esta semana, Taehyung? —Kate deseó saber, mientras presionaba las teclas de su ordenador—. ¿Cómo te sentiste?

—Bien, estuve muy ocupado con mis deberes y eso, pero todo fue de maravilla —murmuró, descansando los brazos a los laterales de la silla—. Con mi trabajo y mi vida personal, creo que encontré un equilibrio.

—Muy bien, de hecho, te veo más animado —Sonrió, sin dejar de mirar la pantalla de la computadora.

—Lo estoy, cada que vengo aquí es un alivio para mí —declaró.

Era una especie de lugar seguro donde encontró resguardo, un cobijo en otra perspectiva que le auxiliaría para gestionar sus conflictos internos.

—Vamos bien, Taehyung —Volteó a mirarle y la mitad de su rostro se iluminó con la luz de la pantalla—. ¿Recuerdas lo que te mencioné hace algunas sesiones sobre tu diagnóstico?

Él asintió, era consciente de su valoración.

—Bueno, me gustaría explicarte un poco más a fondo lo que te concierne sobre el tema —La especialista entrelazó los dedos sobre el escritorio y ladeó su cabeza—. ¿Estás de acuerdo?

—Sí.

Con el consentimiento, Kate se levantó de su cómoda silla ejecutiva y se aproximó al librero donde tenía los expedientes de sus pacientes. Sus tacones resonaron en el piso vinílico y cuando estuvo frente al mueble, buscó aquella carpeta que llevaba el seguimiento clínico de Taehyung.

La tomó antes de volver a su sitio y luego de acomodarse mejor en su asiento, la abrió en la última hoja impresa que también contenía notas hechas a mano distribuidas en el rectángulo de papel.

Taehyung intentó echar un vistazo, pero no alcanzó a leer nada que le fuera de utilidad.

—Bien —No dejó de analizar el documento—, como ya te lo he mencionado, lo que tienes se originó a raíz de tu niñez y adolescencia, gracias a los problemas que tuviste con tu familia y desgraciadamente, eso repercutió en lo que hoy en día te sucede.

—Eso lo tengo en claro...

—El apego evitativo que desarrollaste, te llevó a encerrarte en una fortaleza, tú decidiste que nadie más tendría el poder de dañarte —prosiguió, esta vez observándolo a él—. Evitabas la cercanía emocional a toda costa, le temías al rechazo y aunado a ello, tú conflicto con el reemplazo se fue intensificando a un grado dónde tú no permitías que nadie amenazara tu territorio físico y personal.

No tenía mucho que decir, se sabía que por muchos años se condicionó a vivir independiente, sin depender de ningún individuo, abarcando lo económico y también lo sentimental.

—Nunca creí que eso fuera malo... —susurró, pisando la punta de uno de sus vans—. Me gusta obtener las cosas por mí mismo, luchar por lo que quiero y demostrar que no necesito a nadie para lograr lo que me propongo.

Kate afirmó.

—Eso lo sé y está muy bien que tengas esa mentalidad, pero también hay que entender que las relaciones interpersonales nos ayudan crear lazos, no es bueno que tu estabilidad dependa de alguien, pero tampoco es malo abrir un poco tu panorama y darte la oportunidad de conocer que hay más allá de tu propio límite —habló con positivismo—, mencionaste que tenías amigos y que te llevas fantástico con ellos, ¿por qué ellos no te intimidan?

El ojiazul desvió la mirada, fijándola en un calendario rosa de escritorio que la psicóloga tenía sobre su espacio de trabajo.

Hizo una mueca el pensar y enseguida se acarició el lóbulo del oído.

—No lo sé, nunca lo hicieron, de hecho yo fui el que buscó hablarles en la fiesta dónde los conocí —confesó y remojó sus labios—, pero ese día estaba muy ebrio, entonces no lo pensé tanto.

—Vale, el alcohol sirvió para desinhibirte y así fue como te acercaste, ¿no? —Lo miró garantizar la suposición y prosiguió—. Aun así, seguiste frecuentándolos, porque encontraste a dos personas que te brindaban un apoyo sin condiciones, que te demostraron lealtad y que aparte te querían tal y como eres.

Dio exactamente en blanco, Taehyung tuvo la ligera sospecha de que le estaba leyendo la mente.

¿Acaso ella tenía ese poder y no se lo había comentado?

—En eso tiene razón, NamJoon y SeokJin me integraron por completo en su círculo, yo no tuve amistades hasta que los conocí —Rascó su barbilla y estiró las comisuras hacia arriba—. Son geniales, me sentí cómodo desde el primer momento.

—Entiendo. Sin embargo, tu interacción con ambos era superficial —Ella constató y destapó un bolígrafo de gel—. Si te das cuenta, les permitiste entrar a tu vida, pero solo por encima y cuando alguno intentaba ahondar en alguna situación, tu primer instinto era poner la tranca y prohibirles el paso, por eso reaccionaste de forma agresiva con ellos cuando te sugirieron que vinieras a verme hace un tiempo.

Taehyung tuvo que suspirar al recordar de nuevo ese día.

En una de sus citas, le contó el percance que tuvo cuando la primera sugerencia de visitarle, fue hecha; platicó sobre su reacción a la defensiva y los insultos que escupió acerca de no ser una persona hundida en la locura para necesitar tratamiento profesional.

Eso, le hizo ver a Kate que el muchacho vivía en un constante bucle de negación.

—La verdad, me dio miedo aceptar que yo no estaba del todo bien... quiero decir, en ocasiones era consciente de mi falta de empatía, de mi arrogancia y de mi forma nada sutil de tratar a las personas desconocidas —Estaba muy avergonzado de su actitud caprichosa—, y no me justifico, pero no podía dejar de ser así, me preocupaba muchísimo perder el respeto que me gané en ciertos lugares, era una necesidad terrible de imponerme, de no permitirle a nadie acercarse más de lo que yo pautara, incluso llegué a ser insoportable en mi trabajo, hice que despidieran a muchos chicos...

Detuvo su hablar y se tapó el rostro con una mano. Le daba muchísima pena hablar de sus errores, ahora que los exponía, reconocía haberse comportado como un imbécil en todas sus letras, ninguno de los novatos tenía que haber soportado su maldito egocentrismo y mucho menos debió de provocar las renuncias de tantos.

Muchos necesitaban el empleo y él, les cerró la puerta en la nariz.

—Le dabas mucho valor a la autonomía, tú seguridad tambaleó y fue ahí donde cierto grado de temor te consumió —dijo concentrada, sin dejar de escribir en una pequeña libreta—. Lamentablemente, tú inseguridad te canalizó a un grado dónde sacar a flote tus emociones lo veías absurdo y no solo eso, Taehyung, llegaste al borde de calcinar todos los sentimientos buenos que cualquiera te pudiera ofrecer, dejaste de identificar las buenas intenciones que la gente podía tener contigo.

El nombrado sacó un suspiro alargado desde lo más hondo. No tenía armas para defenderse y tampoco planeaba hacerlo, pues no había forma de negar lo que él ocasionó.

—Solo no quería que me lastimaran —Sus ojos comenzaron a picar, como cada que estaba bajo esas cuatro paredes—, no quería que me corrieran del trabajo ni que encontraran a una persona mejor que yo, no quería que SeokJin y NamJoon consiguieran otro amigo, que me hicieran a un lado y jamás me hubiera perdonado no hacer nada por evitarlo... Porque todos, eventualmente se van y lo poco o mucho que yo obtenía en mi círculo social, se iría al diablo por algún intruso...

La psicóloga entendía sus razones, desde que lo escuchó en la sesión inicial, hasta el día de hoy, comprendía que su protección contra el sufrimiento se veía reflejada en evadir todo lo que representara una posible intimidación en cualquier aspecto de su existencia.

Como tal, Taehyung no distinguía entre las relaciones que le podían aportar algo sano, pues se rehusaba a seguir los patrones que le llevaron a colisionar en su infancia.

—Tú protección frente al peligro fue usar la desconexión emocional, dejaste de mostrar lo que sentías y recae en lo mismo —dijo, con la calidez que le distinguía—. Implica el no ser rechazado y por ende, no lograste reconocer lo que te asustaba, no sabías con exactitud lo que deseabas y lo que necesitabas, solo te enfocabas en lo útil y práctico.

—Era la única manera que tenía para salvaguardarme... —Sorbió la nariz y sus párpados decayeron—. Hasta que Jungkook apareció y todo se arruinó.

—He oído ese nombre tantas veces y en realidad, yo no sé de quién se trata.

Taehyung apretó la mandíbula y su respiración se tornó lenta; no se había dado el valor de entrar en detalles sobre el británico de labios bonitos y mejillas ruborizadas.

Sin embargo, creyó que era el momento preciso para hacerlo.

—Jungkook es un chico que conocí en el club, llegó pidiendo empleo al bar dónde trabajo y mi jefe le concedió el lugar —Abrió sus orbes, pero mantuvo la cabeza agachada—. Como cualquiera, le hice la vida miserable ahí, intenté de varias formas hacer que dejara el puesto, incluso traté de bajarle la autoestima y no me enorgullece decir que fui un patán con... c-con lo que el sentía.

Kate le prestó toda la atención del universo, tal y como su parte profesional se lo establecía.

—Teníamos un trato, dónde ninguno se rendía cuentas de nada, teníamos... bueno, éramos una clase de amigos con derecho pero ni siquiera había una amistad de por medio, al comienzo solo fue un lazo meramente físico —A Taehyung le costó encontrar las palabras correctas y decentes para explicarse—, después... no sé qué pasó, pero me encontré llevándolo a casa, comprándole los dulces que le gustaban, viendo las películas que amaba y prácticamente pasando todo el día a su lado.

—¿Eso te hace sentir bien? Lo último que mencionaste —La mujer cambió la hoja de su cuaderno—. ¿Te hace sentir tranquilo estar con él?

Con la pregunta, el castaño se sonrojó y tuvo que morderse el labio. Se veía apenado, rozando lo débil.

—Cuando estoy con él, puedo ser yo —farfulló, creando la unión del contacto visual—. No me critica, no me juzga, me hace ver lo que está mal y también me aplaude lo que hago bien, siempre está para mí sin importar qué, es muy lindo conmigo, me hace sentir menos vulnerable.

—Me gustaría saber algo —Le pidió, y tras un asentimiento que le autorizó la cuestión, formuló—: ¿Sientes algo más que amor fraternal por él?

Al oír dicha interrogante, elevó el mentón y no le apartó la mirada.

La revolución en su estómago, las mariposas volando y su corazón yendo a cada segundo más y más rápido.

—No puedo verlo como a un hermano, ni siquiera como amigo. Me gusta más de lo que pude imaginar —murmuró. Las palmas le empezaron a transpirar—. Sé que él cayó primero... pero yo caí más fuerte.

Kate ladeó una sonrisa, permitiéndole vaciar el enorme bulto de sentimientos que no se había aventurado a expresar.

—¿Consideras estar enamorado?

Inhaló y exhaló con profundidad.

Quiso sonreír socarrón, sabía perfectamente que no podía mentir...

—Lo estoy.

No tuvo la audacia de negarse. Ya no le descolocó aceptarlo, el miedo que le absorbía quedó obsoleto, se desvaneció como el vapor.

Estaba enamorado de Jungkook.

Y probablemente, Jungkook también estaba enamorado de él.

—Lo único que te puedo decir en estos casos Taehyung, es que tomes las cosas con calma y que dejes fluir lo que sientes, no te reprimas —Se pasó un mechón de cabello por atrás de la oreja—, es parte de tu crecimiento en todo esto, por lo que me has contado, el chico fue una pieza fundamental para que vinieras aquí, y solo como consejo, más allá de algo clínico, tienes que balancear el cariño que sientes por él, no puedes crear una dependencia y tu bienestar no debe estar atado a sí estás con él o no.

—Sé que no debo, pero creo que ligado al padecimiento, me aterra que un día se canse de mí y se vaya, que encuentre a alguien mejor —Negó con rapidez, de solo plantear la idea—, o peor aún, que yo sea el que se dé cuenta que mira a otro chico, tal y como me veía a mí.

—Eso tú no lo sabes, desgraciadamente en este mundo nunca terminas de conocer a las personas y no puedes leer el futuro para saber si alguien va a permanecer en tu camino o se irá —certificó, retomando el uso de su computadora y el teclado fue oprimido con maestría—, has tenido un gran avance, todo lo que ya te dije ha sido porque he notado el cambio en ti y me alegra saber que la terapia está ayudando como debería hacerlo.

Taehyung acotó con una sonrisita y sus manos se escondieron por debajo de sus muslos.

—¿Cree que estoy listo para llevar un compromiso? —consultó sin titubear—. No me refiero a un matrimonio, antes de que se entienda como una boda el término... me refiero a una relación, ehm... ¿un noviazgo?

Kate sonrió más amplio y mostró su dentadura.

—¿Tú qué opinas?

—Uhm... ¿sí? —Subió y bajó los hombros una vez—. Bueno, me gustaría intentarlo, me he sentido mucho mejor desde que vengo, más libre...

—Se nota en tu forma de ser, llegaste cohibido y ahora te desenvuelves con facilidad, ya no te cuesta.

Tenía que darle méritos a su progresión, Taehyung superó los obstáculos más complicados con el apoyo terapéutico, pero también por su propia fuerza mental y autodisciplina.

—Entonces... ¿es buen momento? —instó, con sus facciones resplandeciendo.

—La decisión es tuya, solo aprende a equilibrar un romance sano —pronunció claro.

No ocultó la felicidad que le embargó, sus iris centellaron y se formaron aquellas arruguitas al término de sus ojos.

No había vértigo, no existía la incertidumbre.

Finalmente, estaba seguro de encadenar su presente a una persona, sin tener que preocuparse por el día de mañana.

[...]

Taehyung abandonó la clínica en cuanto su cita acabó, esa tarde asistió solo porque Jungkook estaba a la espera de recibir un nuevo mueble que compró para su sala y se lo iban a entregar a eso de las cinco y media de la tarde.

Caminaba lentamente por la acera, observando el ritmo de Nueva York, siempre era el mismo paisaje; las personas apuradas que se subían a los taxis, unas más que conversaban sobre algún tema banal y los exitosos empresarios en la parte trasera de sus carros último modelo manejados por choferes.

Y él, avanzando con una serenidad que hace bastantes años no sentía, mientras se bebía un café que compró en una franquicia reconocida, al tomar otra ruta para llegar al apartamento del rizado.

En esas estaba, con una mano metida en el bolsillo y la otra ocupada en el vaso desechable, cuando enfocó un letrero naranja y gigante a las afueras de un local que nunca había visto en esa avenida.

"Adopta un colmillito"

Al leer las tres palabras conjuntas, sus ojos escanearon el establecimiento que presumía un bonito cancel en el acceso, había distintas macetas con flores adornando la entrada y el anuncio colgaba de la marquesina.

Mientras examinaba con minuciosidad el espacio, la puerta corrediza fue abierta y del interior, salió una niña entusiasmada, cargando una bola de pelos color café con manchas blancas y orejas largas.

Detrás de ella, venían un par de adultos escoltándola. Supuso que eran sus padres, igual de felices que su retoño.

—¡Podemos ponerle Tomy! —La chiquilla habló, acariciando el lomo del animalito—. ¡O coco!

—Me gusta Tomy —El hombre apoyó—. Recuerda que tienes que cuidarlo bien, ahora es tu mascota.

—¡Lo sé, lo prometo! —Dio un saltito, sin descuidar al pequeño ser vivo que arrullaba—. Lo sacaré a pasear, le pondremos sus vacunas, recogeré su popis y lo educaré para que no destruya nada.

—Espero que así sea —Esta vez, intervino la madre—, adoptar a un perrito conlleva a una gran responsabilidad.

La pequeña rodó los ojos, al parecer fastidiada de los pormenores que sus progenitores no dejaban de recalcar.

—Ya les dije que sí, lo prometo.

Luego de la corta pero divertida charla, la bonita familia emprendió camino hacia el auto que dejaron estacionado un par de metros lejos de la veterinaria.

Taehyung dejó de prestarles atención y nuevamente visualizó el letrero.

Jamás había tenido una mascota, nunca supo lo que era tener la preciosa unión que los perros generaban con los humanos; el veía a las personas jugar con ellos, lanzarles una pelota y ser dichosos cuando los canes traían el juguete lleno de saliva.

Por lo tanto, bebió el último trago de su café, lo tiró en el bote de basura más cercano y no lo pensó más.

Se acercó hasta el ingreso del sitio, tiró de la manija para deslizar la puerta por el riel e hizo una mueca que no pudo controlar cuando el aroma singular de los animalitos, se coló por sus fosas nasales.

Talló su nariz, despistando la previa acción y después se aclaró la garganta, en busca de que la chica que atendía ahí notara su presencia.

Ella alzó el rostro y una sonrisa ancha le invadió al apreciar a otro posible dueño de algún amigo con cuatro patas.

—Buenas tardes —espetó, saliendo de la parte de atrás del mostrador—. ¿En qué puedo ayudarle?

El mayor oprimió sus labios entre sí.

—Me gustaría pedir informes sobre el anuncio que tienen ahí afuera —Señaló hacia la calle y chasqueó la lengua—. Sobre la adopción de colmillos.

La chica se rio con bondad y asintió.

—¿Le gustaría adoptar a un buen amigo fiel?

—Sí —contestó con decisión—. Bueno, solo si cumplo con los requisitos...

—Es sencillo, solicitamos su identificación oficial, un comprobante de domicilio y que firme el contrato de adopción dónde se establece que cuidara a la perfección del cachorro —La joven comunicó, caminando de vuelta hacia la vitrina—. Somos un grupo de rescatistas, mi nombre es Leyla y soy veterinaria titulada, el equipo de trabajo lo conformamos cinco personas.

Taehyung enarcó la ceja y avanzó atrás de ella, plantándose frente al aparador de cristal.

—Mucho gusto. ¿Son nuevos en la ciudad? —preguntó, esperando no sonar demasiado quisquilloso—. Quiero decir, nunca vi este local antes.

—Tenemos seis años dedicándonos a esto, somos un albergue que recoge animalitos en condiciones precarias y nos encargamos de darles una vida digna hasta que alguien de buen corazón venga por ellos —Le entregó una tarjetita con los datos del sitio—. Vivieron mucho tiempo en la calle, y nosotros les buscamos una nueva oportunidad, que obtengan el amor que les fue negado. Recién pudimos abrir este espacio para extender nuestra labor en Manhattan.

El castaño tuvo que parpadear al procesar la información que se le otorgó.

Se notaba a leguas que era un negocio apenas establecido; la pintura, la decoración y todo el mobiliario que se necesitaba para la revisión de las mascotas, lucía nuevo y en muy buen estado.

—Ya, entiendo —murmuró, bailando la ficha informativa entre los dedos—. ¿Entonces solo necesitan esos documentos?

—Así es, y si gusta, puede pasar a ver a los candidatos —Ofreció, apuntando en dirección a una puerta que yacía cerrada al fondo del local—. Tenemos un patio trasero donde puede conocer a su futuro acompañante.

Ya estaba ahí, no necesitó reflexionar nada.

—De acuerdo —canturreó y humedeció sus labios antes de sonreír—. Veamos que nos depara la visita.

La muchacha juntó sus palmas, esperanzada de encontrarle un hogar a otro de los múltiples animales en abandono.

Con un movimiento de cabeza, le pidió que la siguiera y Taehyung lo hizo, viéndola buscar en el bolsillo de su bata blanca un manojo de llaves, en el cual estaba la que usarían para salir al patio del que provenían gran variedad de ladridos.

Botó el pestillo y con sumo cuidado, la puerta de metal fue empujada por la veterinaria, indicándole que cruzara velozmente el umbral y la cerró de inmediato en cuanto pasaron. Así, evitaban que alguna de las juguetonas crías se fugara.

La ilusión se pintó en la cara de Taehyung, al recorrer el verde del pasto dónde corría un increíble número de perros: tanto hembras como machos, pequeños, grandes y de distintas razas. Había un dúo de jóvenes vigilando que la convivencia fuera limpia, que no se lastimaran y que tampoco se pelearan por comida o cosas de esa índole.

Todos tenían un collar rojo, algunos estaban dormidos sobre almohadones, otros comían sin ataduras y los más traviesos se mordían las orejas sin llegarse a herir.

—Por Dios, son demasiados —Asombrado, cruzó los brazos—. ¿A todos los han recogido?

—Así es —Le respondió con amabilidad—. Esterilizamos a los que traemos, cada uno de los pequeñines ha sido salvado.

—Fantástico, su tarea es admirable.

—Gracias —Se limitó a murmurar e hizo un gesto para mostrarle el panorama—. Ahora dime, ¿Cuál de los colmillitos te agrada?

El ojiazul no bajó las comisuras, tampoco no despegó la visión del entorno; los oyó ladrar, los vio perseguirse y juró estar en un paraíso desconocido.

—No puedo elegir, quiero decir, sería inhumano y no-...

Pausó el habla, al sentir unas garritas encargarse sin saña en su pierna.

Miró hacia abajo y se encontró con una bonita criatura de pelaje negro y alborotado que le meneaba la cola con la lengua de fuera, dándole el toque perfecto para lucir adorable.

Se mordió la mejilla interna, y no pudo controlar las ganas de acariciarle la cabecita peluda, pasando sus dedos por las orejas caídas.

—¿Quién eres tú? —cuestionó jovial, despeinando a la cachorra.

—A ella la trajimos hace un par de meses, la encontramos cuando veníamos por la carretera, la abandonaron, estaba tan asustada y desnutrida —La doctora argumentó—, fue una labor complicada hacer que nos tuviera confianza, que se dejara bañar y que también comiera croquetas, estaba acostumbrada a comer basura, literalmente.

El corazón se le estrujó, ¿quién sería capaz de cometer tal atrocidad?

Era una hermosura; le lamió la mano, le restregó su naricita oscura en la palma y hasta sentía que le estaba sonriendo.

—¿Cuántos años tiene?

—No debe tener más de un año, es una bebé todavía y aún le falta crecer.

Taehyung tuvo que hincarse frente a la bola de pelos. No sabía que raza era, pero poco le importaba el dato, era lindísima y tenía un color oscuro terriblemente divino.

En cuanto se halló de rodillas frente a ella, la perrita se tumbó boca arriba sobre el césped y advirtió que había una mancha de pelaje blanco decorándole el pecho.

—Creo que le caí bien —murmuró soltando una risa endeble y le rascó la barriga.

—Notó algo en ti —articuló, al ver la tierna escena—. Es muy asustadiza y hasta es raro que te haya recibido de tal forma.

Taehyung le pasó ambas manos por la pancita y no se contuvo de reír con ganas al apreciar como movía su pata trasera involuntariamente por el estímulo.

—¿Quieres venir conmigo? —Como si hubiese entendido la pregunta, la cachorra ladró una sola vez—. ¡Oh joder, por supuesto que quieres!

La veterinaria también soltó una carcajada llena de afecto al ver la inminente conexión que tuvieron.

—¿Entonces? —sondeó—. ¿Ella?

—Sin duda —replicó, sin dejar de repartir los toques amorosos en su pelo—. Pero no traigo el comprobante de domicilio.

—Uhm, ¿la identificación?

—Sí, esa sí.

—Bueno, puedes firmar el contrato de adopción ahora y mañana que traigas el comprobante, te la puedes llevar.

A Taehyung le brilló el semblante, quién diría que su desvío por un café, le traería la buena nueva de una mascota.

Jungkook se volvería loco al enterarse.

—Me parece perfecto —parloteó, y se sacudió el pantalón cuando se levantó.

—Vamos adentro, te explicaré los detalles —Instruyó y rotó sobre los talones para volver al negocio.

Sin embargo, cuando se dispuso a regresar a cerrar el trato con el papeleo correspondiente, el aullido del dulce animalito le tronó en los oídos. Y no fue solo uno, se convirtió en una serie de sonidos lastimeros que su futura cachorra emitió.

Tan pronto como se alzó, ella se le aventó en un saltito de poca altura, alcanzando solamente su pantorrilla.

Él hizo un mohín con el hecho, la pobre pensaba que se iría de ahí y no volvería a verlo nunca.

—Hey, no, tranquila —Con los dedos, le repasó el hocico apaciblemente—. Mañana vengo por ti, te lo prometo.

Pero la criaturita no comprendió y siguió aullando con devoción, alterando a los perros que estaban a su alrededor y ocasionando una orquesta de bramidos.

—Oye, cálmate, te juro que vendré por ti.

Aun así, ninguna palabrería la convencía y no paraba de subirse en su pierna, brincando como un saltamontes.

—Hey, preciosa, él va a venir por ti —Leyla habló en tono suave y le sobó el lomo, buscando tranquilizarla—. Te juro que él te llevará.

Pero la mirada tristona del diminuto ser era una daga para las almas sensibles. Y a pesar de que Taehyung no se consideraba tan moldeable en ese ámbito, verla desprotegida le rasgó el corazón.

La cargó con cuidado y la acunó entre sus brazos, imitando a la chiquilla con la que se tropezó al encontrarse con la veterinaria. Con el índice, le golpeó cariñosamente la naricita húmeda y ella buscó lamerle el dedo.

Fue más rápido al quitarlo y descubrió que su propia sonrisa si podía ser más grande de lo que se trazaba frente a la sociedad.

—¿Hay alguna posibilidad de que me la pueda llevar desde hoy? —indagó, con una tranquilidad infinita—. Prometo que mañana a primera hora le traigo el comprobante.

La joven frunció los labios debido al desacuerdo.

—Sería saltarnos el protocolo, no es viable.

—Por favor, ella quiere ir conmigo —Le frotó el pecho y la escuchó refunfuñar, vivaracha—. ¿Lo ve?

—No lo sé...

—Por favor, te dejo mi identificación como promesa de que voy a regresar —Esta vez, su mirar se canalizó en la chica, quién consideraba a fondo la opción—. Te juro que vendré, dime todo lo que tengo que hacer para llevarme a esta chilloncita.

—¿Estás completamente seguro de que nadie te dirá que la devuelvas? —resopló, inclinándose a la posibilidad.

—En lo absoluto, mi... —carraspeó, reestructurando la oración—. Mi amigo estará encantado con ella.

¿Amigo? Jesucristo. Jungkook lo fusilaría si supiera el título que le dio.

—Bien, lo aceptaré únicamente porque no va a dejar de llorarte —Acabada por la insistencia del próximo dueño mimoso, accedió—. Vamos allá, te explicaré.

Taehyung se permitió sonreír por enésima vez esa tarde; no sabía explicar con palabras lo que sentía, era una riqueza inmaterial, el día era completamente suyo y la vida le concedía un rayo de fortuna intangible.

Con esa auténtica mentalidad, arropó a su primera mascota, enterándose de que era la cruza de un french poodle con un schnauzer, o al menos eso deducía la especialista.

Anotó sus datos de contacto, leyó el contrato sin distracciones y las dudas que le surgieron con respecto a la alimentación, las vacunas y desparasitación, fueron resueltas.

Con su nombre y firma al final del documento, el trámite de la adopción quedó realizado y pudo llevársela a casa, saliendo de la veterinaria luego de despedirse con un apretón de manos de Leyla.

Deseó llegar lo más pronto posible a la casa de Jungkook, así que no se demoró en sacar su celular y pidió un taxi en la aplicación, atravesando por la dificultad de la escritura al no soltar bajo ninguna circunstancia a su cachorra.

Esperó paciente y cuando el auto llegó, se montó en el asiento, emprendiendo el camino de escasos de diez minutos a la vivienda de Jungkook. El cargo total fue hecho a su tarjeta de crédito y agradeció tenerla vinculada, hubiese sido complicado sacar la billetera y luego buscar la cantidad marcada en dólares.

Al estar en el edificio, saludó al portero y éste le permitió la entrada; entornó los ojos al percibir lo que Taehyung cargaba con tal grado de devoción.

Subió los escalones por pares y al encontrarse adelante del ya conocido tapete color azul con la palabra "Bienvenido" escrita en negro, tocó el timbre. Aguardó a que su llamado fuese atendido, pues olvidó las llaves sobre la barra y nulamente le interesaba el sermón que tendría que zamparse en consecuencia a su despiste.

La perrita lucía igual de emocionada que él, no paraba de mover la cola y su lengua estaba afuera. Tal vez tenía sed.

Cuando la puerta del menor se abatió, esperó encontrarse con ese par de jades curiosos llenándolo de preguntas al ver que no venía solo.

No obstante, Jungkook únicamente le abrió y retornó a su sitio, parándose al centro de la sala. Se sobó la barbilla con dos dedos, analizando el espacio dónde iría el nuevo mueble que adquirió para la televisión.

No hubo caos con dejar la puerta abierta, supo que se trataba de Taehyung ya que nadie más dejaba el dedo pegado al timbre para que sonara con empeño, por ello le dejó el camino libre para que ingresara.

El recién llegado entró a la morada, dando un portazo liviano. Permaneció inmóvil, cargando con la mascota que también observaba al más joven, con la cabecita ladeada y las orejas levantadas.

—Oye Tae, ¿qué opinas? Yo siento que podríamos ponerlo en esta esquina, justo al costado del librero y... —A virar hacia el involucrado, contuvo la respiración. Sus ojos se abrieron a tope—. ¿Qué traes ahí?

Taehyung relajó visiblemente los hombros y alzó una ceja.

—¿Esto? —Acomodó mejor a la divina cría, tomándola por el dorso y la levantó a la altura de ambos rostros—. Es una pantera, ¿te gusta?

—¿Una pantera? —Jungkook restó la separación, plantándose frente a él. Acercó su dedo al hocico de la perrita y esta trató de aprisionarlo con sus dientes—. ¡Kim!

—¿Qué? Me dijeron que era una pantera que a veces ladraba.

El rizado se mordió la lengua para evitar reír y estiró las manos, aludiendo la petición de cargarla. Entonces, Taehyung se la entregó y la cachorra se desparramó en sus antebrazos al darle un buen soporte, no tuvo problema con otorgarle el permiso de sostenerla.

—Por el amor de Dios —dijo encantado, al sentirla acurrucarse en su pecho—. Es preciosa.

—Lo es, ¿no? La adopté de un albergue, mañana tengo que ir a dejar una copia de mi comprobante de domicilio y aprovecharé para que le pongan sus vacunas.

—Me encanta, demonios —No cesó las caricias en su lomito—. ¿Cómo le vamos a poner?

El castaño arrugó el entrecejo y agitó la cabeza.

—¿Vamos? —La ironía estaba implícita—. Me suena a manada, es mía.

—Podríamos llamarte Kiara, como la hija de Simba —sugirió—. ¡O Sarabi! Como la esposa de Mufasa.

Pasó por alto el reclamo del otro, dándose a la tarea de seguir imaginando cual sería el nombre adecuado.

—Creo que, como su dueño oficial, yo debería elegir el nombre... —Realizó una mueca, casi incrédulo.

—Podemos irnos por algo más fino, como Duquesa o Reina —Ignoró de filo lo dicho.

—¿Estás escuchándome? —Taehyung le pegó flojamente en la espalda.

El de ojos verdes ni siquiera se inmutó.

—¡Ay! —chilló con algarabía al sentir la lengua mojada de su pequeña en la mejilla—. ¡Sí te gustaron las opciones!

—¡Kook!

Pero él seguía sumergido en el júbilo que le producía su amor por los animales. Los gatos y los perros eran su ruina, aunque tuviera un afecto ligeramente preferencial por los felinos, no hacía a un lado el gusto por los caninos.

—¿Qué tan tarde es? —Visualizó la hora en el reloj de su pared—. Mierda, apenas nos da tiempo.

—¿Tiempo de qué? —gruñó, al verle correr hacia la recámara sin soltar a la nueva integrante—. ¿Qué carajo estás haciendo?

Fueron treinta segundos los que el Jungkook empleó en ir y regresar a la sala, trayendo una hoodie y un abrigo de lana colgando de su hombro.

—Ponte esto, tenemos que ir a comprarle una camita, croquetas, su collar y correa, tal vez algunos juguetes... —Le lanzó la sudadera, atinándole ni más ni menos que a la cabeza.

La luz se le apagó por un instante a Taehyung y bufó al quitarse la prenda de un jalón. Estaba aturdido con la conducta alborotada del menor.

—A ver, detente —Estrujó la tela con una mano y con la otra apuntó hacia las manecillas del reloj—. ¿Ya viste la hora que es? De ninguna manera nos daría tiempo de ir y venir, vamos a llegar tarde al trabajo y nos van a descontar a los dos.

La programación cambió en el cerebro del aludido. Había un punto muy acertado en eso.

—Tienes razón —musitó, elevando con precaución a la cachorrita—. Ahora más que nunca, necesitamos dinero para mantener a esta preciosidad.

—Bien —farfulló, tomando al animalito de vuelta. Sin embargo, cuando le vio ponerse el abrigo y tomar sus llaves, tuvo que cuestionar—: Un minuto, ¿qué haces?

Con prisa, Jungkook se cerró tres botones y luego, se acercó hasta él. Tomó su rostro con ambas manos y le plantó un pico acaramelado, cerrando los ojos en el proceso.

—Dile a Jimin que llegaré una hora tarde, iré yo, así solo se verá afectado uno de los dos sueldos y no tendremos que darle una mala vida a nuestra princesa.

—Nuestra princesa... —citó, sorprendido.

—No me tardo, te veo en el club, guapo —ratificó, y se escabulló por la salida, abandonando su propio hogar en un pestañeo.

El aviso fue dado y por mucho que Taehyung quisiera sentirse ofuscado, aquello se mezcló con la satisfacción de tener la tremenda suerte de encontrarse con un alma tan pulcra como la de Jungkook, tan natural, tan transparente.

Sonrió veraz y se le trancó el paso de la saliva.

Claro que le quería, tan innegable su atroz enamoramiento.

Y encontraría el momento justo, para hacérselo saber. 

[...]

Nota autora original: La información descrita en la cita de Tae con la psicóloga, es con base a información obtenida de internet, no pretendo desinformar, nunca he asistido a terapia y solo amoldé la info conforme a lo que necesité para el proceso del capítulo.

Gente, faltan pocos caps para terminar esta adaptación, la extrañare mucho 🤧

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