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Capítulo 22

Sus párpados se sentían pesados y se negaba a alzarlos, estaba cómodo, envuelto en sus mantas de dormir afelpadas y con su almohada siendo abrazada por el confort que significa descansar plácidamente. Tenía que levantarse ya, vería a Ashton cerca de la una de la tarde; quedaron en empezar una serie juntos y el encargado de preparar los aperitivos esa tarde sería el australiano.

Recordó pedirle la dirección de su casa, no sabía muy bien cómo llegar aún. Desconocía que hora era con exactitud, pero confiaba en que le daría tiempo de tomar una ducha rápida, cambiarse y poder irse en un taxi, no se quería perder.

Giró con tranquilidad, enterrando la cara en una de las tantas almohadas, inspirando el aroma usual de su hogar...

Un minuto...

Esa no era su casa.

No se sentía como su colchón, en el que estaba era más blando, la habitación más fría y las cobijas más delgadas. Había un aroma dulce, diferente al que el solía olfatear en su espacio, no menos agradable pero no era el suyo... Entonces, su mente hizo click.

—Ya llévame, Dios —musitó, al tiempo en que volvía a rodar como un tronco, quedando boca arriba y se dio el valor de abrir los ojos por fin.

Lo primero que vio fue el techo con la luminaria apagada, después viró hacia los muros, los muebles, la televisión y el enorme ventanal con las cortinas cerradas para no permitir el paso de la luz solar.

Si, se había quedado en la casa de Taehyung.

Por un instante lo olvidó, fue como si hubiese perdido la noción, pero luego los recuerdos de la madrugada lo abofetearon sin piedad; él montando al mayor, acabando con su energía y terminando molido, tendido y siendo igual de inservible que un costal de papas.

Llevó las manos a su rostro, tallando sus ojos hinchados y asimiló lo transcurrido en las últimas horas. No arribó a su departamento, era la primera vez desde el día en que llegó a Nueva York, que faltaba a dormir, a excepción de la vez en que SeokJin celebró su cumpleaños.

Se sentó en el mismo sitio, todavía adormilado y con muchas cosas vagando sin explicación. Vislumbró prendas regadas por el área, su camiseta colgando del escritorio y los pantalones de Taehyung en una esquina arrumbados.

Observó la entrada cuando un ruido le indicó que la puerta fue abierta sin aviso y se cubrió el pecho desnudo con la sábana. La silueta del ojiazul hizo su aparición, tenía la cabeza agachada y sacudía sus cabellos avellana con los dedos.

Jungkook produjo demasiada saliva, al ver una toalla en la cintura de Taehyung: su torso descubierto, brillando por las gotitas de agua que caían sobre el tono bronceado de su piel y usaba un par de sandalias que dejaban huellas de su andar.

—Ah, ya despertaste —exclamó con sorna, luego de alzar el rostro y se acercó a su armario arrastrando los pies.

El menor parpadeó rápido, inclinando su cabeza hacia un lado.

—Buen día... —Pretendió no estárselo comiendo con la mirada.

—¿Día? —Taehyung se rio, buscando su atuendo en el mueble—. Pasan de las doce.

—¿Las doce?

—Sí.

—¿Mediodía?

—¿Eres tonto acaso?

—No me jodas, no me jodas —gruñó, buscando su celular que ni siquiera recordaba haber visto desde que llegaron ahí.

—Ayer pediste lo contrario —bromeó, eligiendo una camiseta.

—Que ordinario eres —Jungkook bufó, sobándose las sienes—. ¿Viste mis pantalones?

—No, párate a buscarlos.

—Estoy desnudo.

—Precisamente por eso.

El ojiverde le arrojó una almohada sin el tino adecuado, ésta pegó en la puerta del closet y Taehyung se burló de su intento fallido. No se levantaría de la cama sin taparse, aún existía en él, algo denominado pudor.

Muy poco, pero existía.

—Mis pantalones, por favor, tengo que irme —alegó, relajando los músculos y haciendo crujir los huesos de su espalda.

—¿Acaso te los pondrás sin ropa interior?

—¿Uhm?

—Tus bragas están rotas.

La nuca de Jungkook golpeó el muro cuando se dejó ir hacia atrás, implorando desaparecer de ahí.

—Solo dame mis pantalones, por favor —Intentó una tercera vez—. Necesito mi teléfono.

—Ya voy —Después de todo, Taehyung tampoco era un ogro cruel... o cuando menos no con las visitas, así que le concedió la solicitud.

Colocó su vestimenta en el borde de la cama y aún con la toalla en su cintura, buscó con la mirada la prenda que tanto anhelaba su compañero. La encontró asomándose debajo de su buró, no tenía idea de cómo había ido a parar ahí.

Recogió los pantalones y el atrevimiento que tuvo al hurgar en los bolsillos, tocando una billetera, unas llaves y luego un celular, hizo que Jungkook frunciera notoriamente el ceño.

No dijo nada, su mandíbula cayó en cuanto el mayor hizo aquello de encender la pantalla para ver sus recientes notificaciones.

—Tienes tres mensajes de tu madre, dos solicitudes en instagram, una etiqueta en facebook y como veinte textos de Irwin en whatsapp —Le informó, ladeando una sonrisa y le tendió el móvil.

—No voy a decir gracias por eso, metiche —recalcó, desbloqueando el artefacto y moviendo sus dedos rápidamente sobre el teclado—. Carajo, ya tendría que estar en camino.

—¿A dónde vas? —inquirió.

—A casa de Ash, pero debo pasar a la mía para bañarme y todo eso —Suspiró inconforme—. Creo que debo irme.

No vio la distorsión en los gestos de Taehyung, no reparó el disgusto y tampoco el descontento.

—Puedes usar el baño si te quieres duchar, no me importa, toma una toalla de las que están dobladas en la repisa —indicó, cargando con su camiseta, jeans y ropa interior—. Después ya pides tu taxi o lo que sea.

Seguido de eso, anduvo hasta la salida de la habitación, a sabiendas de que tenía un par de ojos esmeralda fijos en su persona.

Jungkook no comentó algo extra y fue absurdo que se sintiera desanimado al creer que Taehyung lo llevaría a su departamento como usualmente lo hacía. El dejó de usar las aplicaciones de taxis desde hace días al salir del club, ya que su traslado consistía en un vehículo dónde ya tenía el poder de elegir la música y de usar la visera para mirarse en el espejo.

—Si... gracias —inhaló tranquilo, sin moverse.

—Ajá, me avisas cuando te vayas —contestó seco y giró la perilla, dedicándole una mirada curiosa que lo hizo temblar—. Dejé algo ahí, espero te sirva.

Después de señalar una mesita de noche que permanecía a un costado, Taehyung salió del lugar, azotando dramáticamente la puerta contra el marco. Se iría a cambiar a otra de las habitaciones, si había planeado tentar a Jungkook al vestirse frente a sus orbes, al último minuto decidió que no lo merecía y mejor optó por la otra alternativa.

En cambio, el rizado observaba el punto exacto que su colega le reveló. Sobre la superficie, había una bolsa negra de plástico, pequeña y amarrada de la abertura. Contuvo un gemido de impaciencia al sostenerla, palpando para tratar de adivinar su contenido.

—¿En serio? —musitó, rasgando el plástico al no poder deshacer el nudo.

Tragó grueso y su tórax sufrió por los latidos erráticos que su corazón dio, al encontrarse con un presente que él clasificó como inesperado.

La misma tela pero con otro modelo y diseño en color negro; eran más transparentes que las que él había comprado, con un pequeño lazo al frente y unas cintas que se amoldarían a su cadera cuando se las pusiera.

Tenían una etiqueta de la tienda donde fueron adquiridas, la señalaba como nuevas y una bola de fuego interna subió y bajó desde su vientre hasta su pecho, al concluir que Taehyung había ido por la mañana a traerlas para él.

Le pagó las bragas que le rompió.

Para ser honesto, eran bonitas y le encantaron. No iba a ser un mentiroso al decir que había detestado el obsequio, porque la sonrisa en sus labios revelaría su falsa indignación. Tenía que agradecerle después por reponerlas... una foto o un video no vendría mal.

Como quiera, tomó la oferta que el castaño le hizo y sí se dio un baño rápido, levantando antes la ropa que traía el día anterior y analizó su lencería carmín rota por la mitad. ¿Tan desesperado iba a estar Taehyung por poseerlo? No tuvo tacto, condenado bárbaro.

Sin embargo, esa pieza la dejó ahí tirada.

El dolor en su cadera era soportable, su resistencia al sexo aumentó o algo parecido, le dolía el cuerpo pero podía caminar a la perfección sin cojear ni odiar al ojiazul con cada zancada que daba.

Se arregló con lo que encontró, se aseó hasta los dientes con un cepillo nuevo que encontró; esperaba que Taehyung no se molestara, tenía un paquete con varios y uno menos no le haría daño.

Bajó apresurado las escaleras, revisando que nada le faltara y al estar en planta baja, localizó el cuerpo del mayor tumbado sobre el sofá, un plato de cereal con leche entre sus manos y una película de Harry Potter en la televisión.

—Ya me voy —llamó, logrando que lo viese de soslayo—, gracias por... por dejarme quedar.

—No te dejé quedar, terminaste muerto y no te iba a cargar hasta tu casa —exclamó, luego de sacar la cuchara de su boca.

—Como sea, gracias por eso y... —Bajó la mirada hacia sus pies, encontrándolos muy interesantes de repente—. Por lo que había en la bolsa negra, sí.

—Era lo mínimo que debía hacer, no te podías poner los pantalones sin ropa interior —declaró, comiendo más de su almuerzo.

Jungkook realizó una línea con sus labios al apretarlos. Taehyung estaba inmerso en el filme, con sus piernas recogidas en flor de loto y su flequillo alborotado; muy desconectado del entorno. Era complicado entender sus cambios inopinados, era como descubrir a cada segundo una parte inédita.

Taehyung representaba un laberinto al cual entrabas con el riesgo de jamás encontrar la salida, podías quedarte perdido ahí, vagando con la ilusión de hallar una escapatoria. Jungkook estaba en el medio de eso, conociendo la ruta correcta para huir en cualquier momento de las garras de un ser variable.

Sin embargo, no quería hacerlo.

—Nos vemos en el trabajo —Se despidió en un resoplido y en lugar de avanzar hacia la puerta, lo hizo hacia el sillón.

Taehyung tardó en reparar los hechos; el rizado se había aproximado a su rostro, mientras él tenía las mejillas repletas de cereal remojado y sus ojos abiertos a tope. Pasó el bocado con dificultad, sintiendo después unos suaves labios descansar en su pómulo, formando un besito suave e inocente.

No hubo más, solo un "hasta la noche" por parte de Jungkook, quién avergonzado hasta el alma por su impulso idiota, corrió hacia la salida, abandonando la casa que lo arropó amablemente.

La rabieta que realizó el ojiazul fue por mucho, la mejor del mes: dejó su plato en la mesa de centro, sus puños chocaron con la tapicería del mullido sofá y luego se rascó la frente con exaspero.

—Esto me pasa por imbécil —Se dijo a sí mismo, colocándose velozmente sus tenis.

No supo por qué se encontró saliendo a la calle, con las llaves de su carro en la mano derecha y buscando al muchacho que minutos atrás dejó escapar de su vivienda, en lugar de llevarlo al lugar que le pidiera.

Trató de ubicarlo a lo lejos, su vecindario estaba lleno de gente pretenciosa y altanera; no convivía con nadie de ahí, misma razón por la que se frenó para preguntar si habían visto a un chico con cabellera de rulos y ojos bonitos.

Pero ya no lo encontró, así que chocó su pie en el concreto y volvió a su morada, con el labio inferior sobresaliendo en un mohín.

Como sea, lo vería más tarde.

[...]

—¿Viste la hora que es? —reprochó Ashton al dejarlo pasar, mientras usaba un guante de cocina y un delantal manchado de harina.

—No me lo recuerdes, me desperté muy tarde —siseó Jungkook, atravesando la sala y comedor, hasta establecerse en la cocina—. ¿Tienes jugo?

—De manzana —murmuró animado, luego de colocarle el seguro al acceso.

El rizado husmeó en el refrigerador de su amigo, sacando el envase del jugo mencionado. Tomó un vaso limpio de la alacena y se sirvió hasta el tope del contenido, apoyando su espalda en la barra en lo que observaba un horno eléctrico encendido.

—¿Qué se supone que estás preparando? —preguntó, bebiendo dos tragos largos.

—Cupcakes, de vainilla y chocolate —Le comentó, alegre de su triunfo en la repostería—. Te juro que van a estar deliciosos.

—Confío que si, huele muy bien —Y no mintió, el aroma en la cocina era exquisito.

—Ya lo verás, pronostico un buen postre —canturreó, agachándose para visualizar sus productos a través de la puerta traslúcida—. Esponjen mis pequeños bebés, por favor...

—Claro que lo harían si no tuvieran miedo a ser comidos por ti y por mi —Una risita resonó en el espacio, haciendo que Ashton lo inculpara.

—¡Cállate! Eso ellos no lo saben —expuso con resentimiento.

—Que me disculpen entonces.

—Si no se logran hacer como yo quiero, tu serás el único culpable —advirtió, meneando la espátula que se conocía como miserable.

—O por tu nula habilidad en la preparación de alimentos, cualquiera de las dos —El rizado se mofó otra vez, alzando sus comisuras.

—Te odio, en serio —Teatralmente, el australiano le dio la espalda y colocó los ojos en blanco—. Si salen bien, no te daré ni uno.

—Acepto el sacrificio.

Un silencio no incómodo se formó en el área, Jungkook viendo a su amigo cuidar de sus pastelitos y terminando de beber el líquido con sabor a manzana. Tenía una cuestión brincándole en el cerebro, ansiaba resolver una duda diminuta que se le formó en el trayecto y si podía encontrar la contestación ahora, mucho mejor.

—Oye... —inició, bordeando con su índice la parte superior del vaso.

—Dime.

—Eh... tú... ¿Qué sabes de Taehyung? —Arrojó la interrogante como una bomba, sin miedo.

Ashton arrugó la nariz, extrañado y con una pizca jovial oculta en su expresión cuando giró hacia él.

—Define saber —expresó, cruzándose de brazos.

—Si, pues... Lo conoces de un tiempo, ¿no?

—Error, conozco a SeokJin de rato, con Taehyung solo coincidí en el bar —explicó.

—¿Le conociste alguna pareja?

Jungkook no se midió al soltarlo así, se expuso como un chismoso que amaba conocer la vida íntima y ajena de los demás. Hasta él mismo se asombró de su manera precipitada de hablar, eso no era habitual en él, si le gustaba cotillear por ahí pero no con cosas de ese tipo.

—¿Pareja? —Sin embargo, el baterista no lo juzgó y continuó con la charla—. No, la verdad es que no... solo sé que no le van las chicas.

—Eso ya lo sé —dijo y fue incapaz de no rodar sus ojos—, pero yo quiero saber si ha tenido algo serio, una relación.

—Pues en los escasos días que trabajé en Club Bengala, nunca le vi salir con alguien o llegar acompañado —Exhaló, prosiguiendo con su relato—, igual no es que yo lo vigilara, hablo por las pocas veces que tuve la desdicha de compartir con él.

—Creo que estoy jodido —confesó de la nada, apretando su labio regordete con ansia.

—¿De qué hablas? —La sonrisa de Ashton, previno lo que ya sabía que su amigo diría.

—Hm, Taehyung me... —Paró de hablar, ante la falta de contexto que tendrían sus argumentos. Por ende, decidió replantear la dirección que la conversación iba a tomar—. Llegué tarde porque pasé la noche en su casa.

—¿Y qué hay de malo en eso? —espetó, trasladándose más cerca de Jungkook y enarcó sus cejas tupidas—. ¿Te hizo daño?

—Si por hacerme daño te refieres a follarme como me gusta, entonces si... me hizo mucho daño —El rizado lucía mortificado—. Estoy caminando en una cuerda floja.

Ashton estudió el desahogo presenciado, sabía que en cualquier instante Jungkook llegaría así, a contarle que estaba cayendo por su compañero de trabajo. Y no había nada malo en eso, siempre fue un presagio inevitable, tomando en cuenta que Taehyung era raramente afectuoso y hasta complaciente con él.

La verdadera cuestión en el caso, era que con Taehyung no había nada seguro. El menor presentía que el progreso en lo que fuese que tuvieran, era imposible; solo eran polvos casuales que él acepto.

Él podia salir con quién quisiera, podía disfrutar de la vida, relacionarse con cuantos chicos le diera la gana y nadie haría reclamos. Taehyung también era libre, si algún día encontraba a una persona que le llenara más de lo que él podía, estaba en su derecho de cerrarle la puerta en las narices y negarle su polla.

¿Por qué le preocupaba tanto eso?

—Kook... —Ashton ladeó la boca, negando con la cabeza perezosamente—. ¿A ti te gusta Tae?

—¿Gustarme? —indagó, con el estomago revuelto y sus vellos se erizaron.

¿Le gustaba Taehyung?

Le parecía atractivo, entre sus mejores atributos consideraba que sus ojos eran brillantes, un par de océanos que se movían con el viento y tan profundos como para perderte navegando en ellos. Sus labios eran finos, delgados y con un tono rosáceo que le gustaba intensificar con un beso.

¿Le gustaba en serio? Amaba la manera en que sus manos le apretaban la cintura, como si no quisiera que se fuera de su lado, sabía como persuadirlo a realizar actos inmorales, tenía el material para hacerlo flaquear en un abrir y cerrar de ojos.

—C-creo que solo me gusta tener sexo con él —retomó, trabándose en su franqueza medianamente atinada—. No puede gustarme un chico que me trata mal en el trabajo.

—El otro día dijiste que ya no se mete contigo —Su amigo no deseaba intervenir en aquello que no le correspondía, pero tampoco iba a dejar de ser realista—. ¿Aún te molesta?

—No tanto como molestarme, es... a veces me pone el pie —Los nervios le obligaron a retirar con sus propias uñas, el esmalte amarillo que tenía sobre ellas—, literalmente hay días que me ignora ahí dentro, no me habla para nada y lo prefiero a que me colme la paciencia con sus estupideces.

—Pero ya no te perjudica como al inicio, se ha calmado y eso es lo raro en Taehyung.

—¿Raro?

—Claro. Cuando Jimin te contrató, te apuesto que Taehyung se atascó de inseguridades con respecto a su puesto, eso le pasa —farfulló, golpeando el suelo repetidas veces con la punta de su pie—. Y te lo digo por experiencia propia, de verdad es tan irritante, que no cualquiera le aguanta el paso.

—Creo que ya se resignó a tenerme ahí, ya sabe que por lo menos a mi, no me va a sacar de la jugada —Sonrió levemente, con un dejo de valentía.

Club Bengala se volvió el segundo hogar de Jungkook, encontró un refugio y una buena entrada monetaria en el bar. Sin importar qué, seguiría trabajando para Jimin, por decisión propia no abandonaría su trabajo, mucho menos ahora que ya conocía las colegiaturas en la carrera que aspiraba terminar en unos años.

Sin sonar exagerado, ese lugar le cambió para bien la vida.

En varios aspectos.

—Entonces... ¿Te gusta o no? —Pícaramente, el baterista le pinchó las costillas y lo hizo retorcerse hacia un costado.

—Lo dejaré en un lazo meramente físico, me gusta su cuerpo —Jaló aire por la nariz, pestañeando dulcemente—. En todo caso, la cuerda floja me hará caer en una red de protección, por si doy un mal paso.

—¿Cuál sería tu red de protección?

—Eso, mi querido amigo —Le proporcionó unos golpecitos en la mejilla—, es un secreto.

—Bueno, espero mantengas los pies sobre la tierra —Ashton quería mucho a Jungkook, lo escucharía siempre pero todo bajo el límite de un consejo bien habido—, y si vas a seguir follando con él, solo no te enganches.

—No hay privilegios, si algún día conozco a alguien... te prometo que cortaré de raíz lo que tengo con él —Esas palabras fueron ácidas en su boca, sin razón precisa.

Ashton asintió, sonriendo satisfecho y fácilmente convencido, antes de ir a revisar sus creaciones al horno.

Mientras tanto, Jungkook quiso golpearse la frente con la pared hasta que sus ideas se acomodaran y supiera que hacer en su complicado estado.

¿Una red de salvación? Eso había sido nuevo, no existía tal cosa y era claro el riesgo en el que estaba al seguir el juego de intrépidos encuentros eventuales con el ojiazul.

"Eres precioso."

No iba a olvidar aquel dúo de palabras que le fueron dichas, mientras era embestido hasta el fondo por quién nunca imaginó. En otra circunstancia, le habría servido para subirle el autoestima y luego burlarse de el individuo arrogante que las pronunció.

Pero su desdicha recayó en que ese simple y burdo halago, terminó tatuado en él.

No debía alarmarse, un cumplido era óptimo para nivelar la calentura y que se esforzara más en sus movimientos, era una clase de motor, pues Taehyung también buscaba complacerse en los actos de una noche fuera de control.

El sonido de un mensaje entrante a su móvil, los descanalizó de sus reflexiones consecutivas. Acto seguido, revisó el remitente y mordió su lengua al leer un "Kim Taehyung." en las notificaciones recientes.

<Para: Jeon Jungkook.>

«Dejaste algo aquí. Voy a tirarla, ya no sirve.»

Y con el texto, adjuntaba una foto suya frente al espejo: la mitad del rostro cubierto por su celular y mostrando en el resto del reflejo la lencería desaliñada, que Jungkook dejó tumbada en su alcoba con toda la intención.

La prudencia no se ataba al ojiverde cuando era algo vinculado a Taehyung, así que pensó en algo ingenioso y le escribió una respuesta:

<Para: Kim Taehyung.>

«No la necesito. Tengo nuevas. ;)»

Sonrió a la pantalla cuando en un santiamén, la contestación del mayor le parpadeó en el chat:

<Para: Jeon Jungkook.>

«Merezco una recompensa
Fue de mi parte.»

Bingo.

«Ya, pues espera una
foto por la noche.»

«¿Por qué querría una foto?
Quiero decir, puedo tenerte a ti.»

¿Tan seguro estaba de eso? Joder, debía bajarlo de su nube:

«Una foto, dije. Confórmate con ello.»

«Uhm, en la noche entonces. Nos vemos, precioso.»

No hizo más extenso el intercambio de mensajes y omitió la agitación en su espíritu al ser nombrado de nueva cuenta por ese adjetivo.

—¡No! —El grito prolongado y chillón de Ashton lo aterrorizó y le reventó en los oídos gracias al volumen prominente.

—¿Qué? —El rizado investigó acercándose por la espalda, mientras guardaba el móvil en su bolsillo delantero.

—¡Se arruinaron! —musitó triste, al tiempo en que sacaba la bandeja de cupcakes apestando a quemado y tiznados de negro por el sobre cocimiento.

Jungkook enseñó solo uno de sus hoyuelos y le abrazó por los hombros, recargando su cabeza en la contraria al compartir su pesadumbre.

—¿Pedimos pizza?

—Sí... 

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