Capítulo 10
Taehyung no aceptaría a Jungkook.
Un beso no era nada, llevarlo a su casa mucho menos, simplemente no lo soportaba en el trabajo y punto.
Seguía sin caerle bien, pero los días que transcurrieron en una convivencia continúa, le hicieron conocer aspectos del chico que nunca le rondaron por el cerebro.
Como que le gustaban mucho los perros y su primer mascota se llamó Kóvu en honor a la secuela del Rey León. Ligado a eso, también escuchó por ahí que era un fan empedernido de Disney y su película favorita era Aladdín.
Le contó a SeokJin días atrás que tenía una hermana mayor y a NamJoon que su fruta favorita era la sandía. Les comentó que su número de la suerte era el siete y que siempre tenía que abrazar algo para poder dormir bien. No le gustaba ducharse con agua fría y su dulce preferido eran las gomitas.
¿Por qué Taehyung recordaba todo eso? Bueno, porque se le hacían datos estúpidos, muchas gracias.
Nunca se dirigía a él cuando se encontraban en la cafetería para desayunar, no hablaban entre ellos, solamente eran partícipes en las conversaciones que los incluían. En algún momento pensó en dejar de asistir a los almuerzos y cambiar sus costumbres, pero no lo haría; Jungkook no le iba a robar a sus mejores amigos.
Podía ser tolerante.
Claro que las bromas en el bar no cesaron; se mantenía al pie del cañón.
Las mejores, fueron cuando al ojiverde le encargaron una bebida con refresco y le pidió que le pasara por favor uno nuevo. Como regalo, le agitó la botella para hacer el gas subir y cuando fue destapada, hubo una explosión de soda de limón que terminó mojando la camiseta y cara de su víctima.
Y aquella ocasión en los vestidores, dónde le dejó una araña de juguete en su locker y al ser abierto, el grito de espanto se escuchó hasta Central Park. Se sumó dos puntos por esa, se convirtió en su favorita.
Aunque... le costaba trabajo aceptar que Jungkook le aguantaba el paso, ya no replicaba por las cosas que le hacía con el fin de perjudicar.
Era fin de semana de nuevo, la gente atiborrada al inicio de la barra y esparcida en distintos puntos, todos corriendo para no dejar a nadie seco por la falta de tragos y uno que otro borracho cantando con sus amigos las canciones de fondo.
—¿Tienes un cigarro? —Jimin preguntó, tomando a Taehyung del brazo.
—Claro —contestó, sacando su cajetilla del pantalón y se la entregó para que tomara los que quisiera—. ¿Qué está mal?
—¿Uh? Nada... —susurró, tomando uno entre sus dedos.
—¿Me quieres engañar a mi? —Hizo aquello de acercarle la llama de su encendedor para que lo prendiera.
—¿Por qué te estaría engañando? —titubeó con el filtro entre los labios.
—Jimin, tú solo fumas cuando estás estresado o en su caso, preocupado.
Su jefe inhaló, haciendo que el papel blanco enrollado se quemara y una nube densa de humo fue expulsada con lentitud segundos más tarde.
—No es nada malo, pero Román me dijo que podía venderme este lugar.
El rostro de Taehyung brilló de asombro, abriendo sus ojos más de lo normal.
—¡Eso es fantástico! Lo has buscado tanto tiempo y te lo está ofreciendo, ¿por qué dudas en hacerlo?
—No dudo Tae, es solo que no tengo el dinero suficiente para pagarlo.
Oh, eso.
—Bueno, podrías irle pagando poco a poco, ¿no? —Se refregó un ojo—. ¿Cuánto te pidió?
—Trescientos... —musitó desganado.
—¡Jimin eso no es nada! Eso nos pagas tú a nosotros, es más, no me pagues nada hoy y compra este local, es por el bi-...
—Trescientos mil —Interrumpió, haciéndolo callar.
Taehyung parpadeó azorado.
—¿Tres... Trescientos mil dólares?
—Ajá, estuvimos en una reunión ayer y me hizo la oferta, obviamente accedí porque no creí que se elevara tanto el costo. Pero a juzgar por el lugar donde estamos, el precio siempre fue alto —Jimin rascó su nuca, después de una calada más.
—Pero es demasiado, es decir... ¿Y todas las rentas que ya diste? —Pensativo, sobó su propia frente.
—Ya se hizo la cuenta Tae, eso es lo que restaría por cubrir para que éste local sea mío totalmente, por eso no es tanto comparado a lo que costaría sin todo lo que ya dí... lo consideró como abonos.
Y Jimin tenía razón, era una fuerte suma de dinero pero con el trato que habían hecho, solo le quedaba por cubrir lo mencionado. Era su jodida oportunidad de ser dueño por completo de ese bar que con tanto sacrificio logró sacar adelante en tan poco tiempo. Desde el inicio fue un negocio redituable y subió como la espuma cuando sus bengalas aparecieron.
Le debía mucho a la suerte porque también fue testigo de varios proyectos similares al suyo, que quebraron en menos de dos meses. La gente seguía amando y recomendando el club por encima de muchos.
—¿Tienes el dinero? —indagó el ojiazul.
—Como ciento cincuenta en el banco —Apretó los labios—. Ciento sesenta cuando mucho y me quedaría por un mes en bancarrota.
—¿Y porqué no le das una parte y después otra? En lo que la juntas —sugirió.
—No es eso, la verdad no sé cuanto tiempo me tarde en juntar esa cantidad, tengo gastos que hacer, salarios que pagar y mantenimiento que cubrir —El rubio estaba decaído—, quizá me tarde un par de meses si esto sigue igual, unos tres o cuatro, no sé.
—Bueno, dile que aceptas la oferta y que le pagas en ese tiempo, Román te conoce y cree en tu palabra, sabe que le pagarás si se lo afirmas... —Taehyung buscaba las soluciones más coherentes con tal de ayudar a su amigo.
—La cosa es... —El cigarrillo de Jimin fue consumido por fin y la colilla terminó ahogada en un vaso con cerveza—, que él se va del país en aproximadamente dos meses.
—¿Y?
—Se lo tengo que pagar antes de irse, porque no sabe cuando volverá y todo está a su nombre —Hizo un puchero—, si no, puede venderlo a alguien más porque al final, yo solo estoy rentando.
—¿Venderlo a alguien más? Eso sería injusto, esto ya te pertenece, ¿todo lo que has invertido dónde queda? —replicó en voz alta.
—En teoría no, porque te repito que lo que he dado, solo han sido rentas. Él me dijo que si me lo vendía, por ser para mi y por todos los años que llevo conociéndolo, me dejaría pagarle solo lo restante al valor monetario final —explicó, con un sabor amargo en su boca—, en su caso, si alguien más le ofrece el monto completo, cubriendo el costo total de este espacio... Él está en todo su derecho de aceptar y mandarme al diablo, con todo y bar.
—Jimin, eres demasiado joven para saber tanto de esto, ¿es que eres un adulto en el cuerpo de un chico de veintiuno? —canturreó, aligerando brevemente el melancólico asunto—. Nunca voy a entender como a tu edad hiciste esto.
—Yo tampoco lo sé, pero supongo que mi trébol de la suerte me ayudó mucho —bromeó, con una amplia sonrisa—, Voy a hacer todo lo posible por juntar ese dinero porque este lugar es nuestro —Decidió, chasqueando sus dedos al carburar ideas.
—Cuenta conmigo.
Su jefe le dio un empujoncito en el brazo como despedida y volvió a su oficina, donde probablemente estaría planeando que hacer para vender aún más de lo que ya vendía.
Mientras tanto, él se encargó de seguir con lo suyo, limpiando la barra de los inútiles que derramaron cerveza en ella.
Jungkook no quería verse entrometido, pero había escuchado el final de la conversación privada entre Taehyung y Jimin por accidente. No opinó porque en primera, sería de muy mala educación y en segunda porque el mayor lo terminaría tachando de metiche.
Pero quería ayudar y sí lo haría, porque tuvo una gran ocurrencia que podría servir para recaudar más dinero.
—Jin, ¿cuándo nos toca? —cuestionó al ojimiel, quién estaba ocupado con los flair antes de servir.
—Media hora, aún falta —Le informó, sin perder la concentración.
—Perfecto.
Buscó el megáfono antes de subir un pie a uno de los bancos que usaban para sentarse cuando tenían un tiempo libre y seguido de eso, terminó encima del mostrador, causando furor en todos los asistentes de la madrugada.
—¡Bienvenidos a Club Bengala! —vociferó a través del aparato y el volumen fue el adecuado—. ¿¡Qué tal la están pasando el día de hoy!?
Las personas gritaron un "bien" al unísono, brincando con emoción y sacudiendo sus brazos en el aire. SeokJin, NamJoon y Taehyung intercambiaron miradas cargadas de vacilación mezclada con perplejidad al no captar que estaba haciendo su colega.
—¡Esa es la actitud que necesito! ¡Porque tenemos una nueva dinámica!
Obtuvo una respuesta generosa por parte del público, así que prosiguió.
Era hora de vengarse.
—¿Cuántas veces no han visto a los Bengalas aquí? —Recorrió a paso seguro la madera, sin despegar la boca del alto parlante—. ¿¡Cómo les vendría conocernos un poco más!?
—¿Qué está haciendo? —El castaño se paró a lado de NamJoon.
—No lo sé, creo que se volvió loco.
—¡Una cena, solo para conocer un poco a la plantilla de trabajo de este club! —mencionó y todos guardaron silencio para ponerle atención—. ¿Alguien quisiera invitar a salir a alguno de nosotros cuatro?
Las propuestas y manos alzadas no tardaron en multiplicarse por toda la zona pública, unos queriéndose hacer notar por encima de otros.
—¡Solo una persona puede tener la oportunidad de salir amistosamente con alguno! ¡Y esa persona, será la que pague más por ello!
Taehyung tenía la boca seca.
—¡Uno de ustedes tendrá la oportunidad de invitarnos a una cena, algo casual! —aclaró, plantándose en medio de la barra—. ¿Están listos para la mejor subasta de la noche?
Los clientes aventaron sus bebidas hacia arriba y se empezaron a subir a las sillas para hacerse notar.
—¡Por hoy, empezaremos con el chico que todos aman, que todos idolatran y por supuesto, que a todos nos gusta! —masculló, rotándose para señalar al implicado—. ¡Kim Taehyung!
De pronto, la multitud enloqueció al escuchar el nombre, halagando desde lejos y esperando con paciencia la apertura de la subasta.
El semblante de Taehyung se transformó, horrorizado y turbado, negando con la cabeza a un grado extremo, no, no, no, esto era de locos e incluso iba contra las reglas.
—¡Vamos Taehyung, sube! —Jungkook le invitó, recorriéndose para dejarle un espacio al centro.
—¡Estás demente, bájate de ahí! —reclamó—. ¡No habrá ninguna venta!
—¡Claro que la habrá y no te estoy vendiendo! —Se quitó el megáfono para poder hablarle solo a él—. Te estoy subastando... y es hora que pagues tus bromas.
Mierda, lo iba a estrangular.
—Cabrón, ¡baja de ahí!
—¡Todos quieren salir con Kim Taehyung! —parloteó fuerte, guiñándole el ojo.
El "si" de los hombres presentes y de unas cuantas chicas, fue suficiente para el rizado.
—¡Iniciamos con cincuenta dólares para tener una cita, con condicionantes como cero besos, no estamos prostituyendo a nadie! ¡Solo es la oportunidad de crear lazos amistosos! —farfulló, señalando al gentío.
—¡No, cállate! —imploró demasiado tarde.
—¡Sesenta! —Un muchacho pelirrojo gritó desde una esquina.
—¡Ochenta! —Esta vez, fue una chica de cabello lacio y negro.
—¡Cien! —Un hombre trajeado.
—¡Escucho ciento veinte por acá! —Jungkook retomó su tarea, desplazándose por su área y señalando a los individuos que gritaban sus ofertas.
—¡Ciento treinta!
—¡Ciento cincuenta!
—¡Doscientos dólares!
Así, mientras el aumento de las cantidades iba en progresión, SeokJin ya se había subido con Jungkook para ayudarle a reconocer a las personas que presentaban sus propuestas.
—¡Sube ahí, vamos! —NamJoon le empujó por la espalda, divirtiéndose con la situación.
—¿¡Es que a todos les falta un tornillo!? ¡No voy a hacerlo!
—¡Tae, por dios, te van a pagar una cena y aparte de todo, vas a generar más ganancias!
—¡Eso me importa un carajo, yo no voy a..!
—¡Vamos! ¿Cómo es posible que nadie quiera pagar más de doscientos setenta por salir con él? —La mofa del rizado, hizo que Taehyung sintiera una punzada en el ego.
Porque su belleza era reconocida y no era un secreto que le llovían los admiradores y admiradoras. Se sintió ofendido al ver que la subasta se quedó estancada en tan poco dinero.
—Doscientos setenta a la una... —Inició SeokJin el conteo, pero tuvo que pararlo cuando el ojiazul escaló con maestría el mostrador.
—¡No, espera! ¿Cómo es que están pagando solo eso? —vitoreó, al estar frente a los consumidores y el revuelo volvió con las cuantiosas cantidades—. ¡Mierda, soy yo!
Y la subasta se retomó.
—¡Trescientos! —Un chico que no había hablado, aprovecho para lanzar su oferta al ver que Taehyung si estaba dispuesto a salir con ellos.
—¡Eso, una cena pagada por ustedes, obviamente! ¡Pero a mi lado! —cacareó, apuntando con las palmas levantadas.
—¡Trescientos ochenta!
—¡Que pesados, ustedes gastan más en alcohol todas las noches! —Jungkook localizó al nuevo postor y se carcajeó por el éxito obtenido.
—¡Cuatrocientos!
—¡Pueden dar más, yo lo sé! —Incentivó el castaño, acomodando su cabello.
—¡Cuatrocientos cincuenta —Otra participante se sumó.
—¿Alguien dijo quinientos? —Fingió buscar en la lejanía, al colocar la mano sobre su frente.
—¡Quinientos dólares!
—¡Vendido al chico de camisa a rayas por quinientos dólares! —La voz ronca resonó a través del amplificador de sonidos.
El bullicio retumbó en el sitio, aplaudiendo en celebración por concretar con la primer subasta oficial de Club Bengala. Jungkook le hizo una seña al chico para que se acercara a dejar el dinero e indicarle las limitantes del trato.
Por su lado, Taehyung se llenó de presunción al recibir quinientos dólares por su compañía, cenaría algo rico y aparte no le costaría ni un solo peso.
Después de todo, Jungkook no era tan idiota como imaginaba.
[...]
—Así que una subasta de gente... cuando claramente les dije que no podían relacionarse con nadie de la clientela.
Jimin tenía a Jungkook sentado frente a su escritorio, mirándolo expectante y con una pluma tamborileando entre sus dedos.
—No busco eso Jimin, déjame explicarte... —murmuró, con la cabeza gacha.
—Te escucho, porque necesito saber de dónde salió la brillante idea —Él no estaba enojado, pero si quería una explicación honesta y lo más pronto posible.
Jungkook no sabía como empezar, no preparó un argumento porque no creyó que se metería en problemas por eso, lo vio como algo insignificante... pero vamos, tampoco tenía derecho a hacer y deshacer a su antojo porque al final no merecía consideraciones diferentes.
—Espero no te enojes —Aflojó su semblante, dispuesto a aceptar la sanción que le fuera impuesta—. Por casualidad oí lo que mencionabas acerca del pago para comprar este local y en vista de que necesitas más dinero... se me ocurrió que...
—¿Oíste una charla ajena? —Meneó las cejas hacia arriba.
—Eso no fue muy educado de mi parte y te pido una disculpa. Pero mira...
El dinero que puso sobre la madera pulida, sacó de órbita a su jefe, interrogándolo sin palabra alguna ya que solo fue necesaria una mirada de esos ojos celestes para hacerlo sentir diminuto.
—¿Eso qué? —Tomó los cinco billetes de cien dólares.
—Quinientos dólares que se adicionan a tu cartera para el pago final —siseó, entrelazando sus dígitos por debajo del mueble.
Con la frente fruncida, el rubio observó la cooperación que su empleado le hizo, acariciando los papeles impresos con la cara de Benjamin Franklin.
—¿Al pago final? —Se atrevió a preguntar, solo para estar seguro de lo que entendió.
—No son para mi, son para ti... —dijo el rizado, encogiéndose de hombros—. Es mi forma de aportar algo, si no quieres que lo haga, no lo haré. Pero hablé con los chicos y estuvieron de acuerdo, incluso SeokJin y NamJoon como novios aceptaron porque solo serían citas amistosas...
—¿Estás diciendo que lo que generes con las subastas... será para comprar esto?
—¿Para qué más si no? Yo estoy agradecido contigo porque en verdad, me solucionaste la vida, gracias a ti he tenido para pagar mis cuentas y sin necesidad de privarme nada... es lo menos que puedo hacer para ayudarte.
No iba a mentir, ahora Jimin estaba conmovido y la molestia que anteriormente pudo haber tenido, desapareció cuando comprendió las buenas intenciones de la dinámica.
—Todos hemos estado ahí, Jungkook. Pero dime, ¿qué te hace pensar que la gente seguirá pagando por salir con ustedes? —dijo, estudiando la posibilidad.
—Porque es lógica... muchos desean cuando menos platicar un rato con nosotros y no lo digo con el afán de sentirme superior. Pero si una noche alguien supera el precio final, la siguiente ocasión, quién no lo haya logrado, pagará más hasta obtenerlo —Una sonrisa llena de orgullo por su brillante plan le comió el rostro.
—Sigue hablando...
—Para cuando esto termine, tu ya tendrás el dinero completo, esto solo se haría fines de semana, así daremos tiempo de espera y estaran más desesperados por pagarnos una cita.
Era nuevo, algo novedoso, no eran citas amorosas, se mantenían bajo el reglamento y le pagarían las cenas a sus trabajadores, era algo como un ganar-ganar.
—¿Estás seguro de que los demás están de acuerdo? —Solo por precaución, deseó asegurarse.
—Si, incluso si gustas puedes hablarles y preguntarles, aceptaron sin problemas... Aparte, las condiciones las ponemos nosotros, como reunirse en lugares concurridos, ubicación en tiempo real compartida entre nosotros y transporte listo para cuando tengamos que regresar —Enlistó.
—¿Cómo pensaste en eso tan rápido?
Jungkook se sintió adulado.
—Suelo ser inteligente cuando es necesario.
La risa floja de Jimin rebotó en las paredes de la oficina, haciendo que el ojiverde se contagiara de ella.
¿Qué había sido tan gracioso?
—Bien, háganlo, pero si se presenta alguna anomalía, no duden en cancelar todo.
—No te preocupes, tus clientes son de fiar.
—Lo sé, pero no está de más.
El permiso fue concedido y la primera cita se estaría llevando a cabo en ese momento. Tendrían que manejar bien los horarios pero Jungkook sabía que Taehyung ya estaba disfrutando de una de esas cenas repletas en grasa sin poner un solo centavo de su bolsillo.
Le cobraría después.
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