Samantha
Ava está nuevamente sentada junto a mí, tuve que esperar; no solo que fuera al baño, sino también que preparara dos tazas de té. De esto último no me quejo, pues es una de mis bebidas favoritas y no lo supe hasta que ella llegó a mi vida, con su manía de tomar té por todo y por nada, sin ser inglesa.
—¿Vas a continuar o debo suplicar? —inquiere mientras me mira impaciente.
—Estaba esperando a que terminaras de disfrutar tu té, malagradecida —digo con sarcasmo mientras continúo tomando de mi taza.
—¡Qué considerada! —añade con el mismo tono sarcástico —, casi altruista —Dramatiza con una mano en su pecho —, pero continúa con la historia, por favor.
—¿Por dónde me quedé? —cuestiono tratando de recordar exactamente.
—Jugaban la lotería, al fin se sacaron el bote y aún así tuvieron más desgracias —resume Ava.
—Cierto, gracias por resumirlo —Aclaro mi garganta y continúo con el relato —. Ambos dejaron de trabajar en cuanto recibieron lo que les tocaba luego de la deducción de los impuestos. Mientras que el Sr. Travis buscó asesoría y se matriculó en la universidad, el Sr. Tyron solo gastaba, gastaba y gastaba. Pronto su comportamiento pasó al de ser un parrandero, organizando una fiesta tras otra en la mansión que habían comprado ambos. El Sr. Travis trató de razonar con él, pero fue inútil ; cada día se parecía más a su padre.
—Ya entiendo a lo que se refería el Sr. Travis con las desgracias, sin duda su padre no era un ejemplo a seguir —comenta Ava.
—Exactamente, no lo fue ni lo era en ese momento —agrego.
—¿No me digas que buscó a sus hijos cuando supo que eran multimillonarios? —pregunta con notable asombro.
—Por supuesto que lo hizo —respondo —. Se enteró debido a la publicidad y fue a buscarlos hasta dar con ellos. Cuando los encontró se atrevió a reclamarles, a llamarlos malagradecidos, egoístas, avaros y otros insultos más. Ellos le recordaron lo mal padre que había sido, a lo que él contestó que había cambiado y que estaba arrepentido.
—¿En serio? ¿Así de fácil y de conveniente? —cuestiona Ava con cara de aparente incredulidad.
—Al parecer eso quiso vender, pero los hermanos no le creyeron y mucho menos compraron su mentira. Convivieron unos días juntos, los cuales fueron suficientes para que sus verdaderas intenciones fueran reveladas. Solo quería dinero, por tal razón le hicieron un cheque por una buena cantidad con la única condición de no volver a buscarlos nunca más y este lo tomó, desapareciendo de sus vidas.
—¡Qué joya de padre! —comenta Ava sarcásticamente.
—Dejó mucho que desear, según me contó el Sr. Travis, ellos hicieron el cheque como una prueba. Lo que realmente querían era que su padre no aceptara el dinero y, en su lugar, quisiera estar junto a sus hijos, pero no fue así. Demostró que solo estaba interesado en su propio bienestar, como siempre.
—Que triste debe ser saber que la persona que más debería quererte en el mundo, no lo hace —comenta Ava negando con gestos de desaprobación —, ¿y qué pasó con él? —inquiere —, ¿cumplió con el acuerdo o volvió a buscarlos para que le dieran más dinero?
—No lo sé —contesto sincera —, el Sr. Travis no habló más de él.
—Pues al parecer no volvió o, de lo contrario, el Sr. Travis lo hubiera dicho —agrega Ava —, ¿y qué pasó después con los hermanos?
—Después todo siguió igual, el Sr. Travis enfocado en su carrera universitaria, en invertir y en aprender a manejar su dinero ; mientras que el Sr. Tyron solo gastaba en fiestas, alcohol y mujeres. Un día llegó con una mujer diciendo que era el amor de su vida y se casaría con ella. El Sr. Travis indagó sobre la mujer y resultó ser una dama de compañía, por lo que fue hasta donde su hermano para hacerlo entrar en razón, pero este se negó diciendo que no le importaba que ella dejaría esa vida por él.
—A parte de vicioso, era ingenuo —dice Ava con una sonrisa —, definitivamente estaba enamorado.
—¡Ava, por Dios! —Le reclamo y río de su ocurrencia.
—Sabes que es cierto —dice encogiéndose de hombros —. A algunos el amor nos vuelve no solo ciegos, sino que también nos vuelve idiotas incapaces de ver hasta lo más obvio.
Sé que lo dice por su desagradable experiencia amorosa y no puedo evitar sentir tristeza al recordarlo. Que bueno que ya esa parte de su vida no es más que un mal recuerdo del que tuvo que aprender de la peor manera.
—Sin duda alguna el Sr. Tyron era de esos —continúo relatando —, pues a pesar de la oposición y las advertencias del Sr. Travis, se casó con aquella mujer. No pudo evitar la boda, pero logró con mucha insistencia y perseverancia que se firmara un acuerdo prenupcial; y eso lo dejaba más tranquilo. Después de unos meses la mujer anunció su embarazo y pasado el tiempo necesario nació Tyler. Cuando Tyler tenía cuatro meses de nacido, su madre pidió el divorcio y se fue llevándose al niño, al parecer su plan era solicitar una gran manutención, pero le salió mal la jugada, pues debido a su Inestabilidad económica y su conducta social cuestionable, le fue quitada la custodia.
—Claro, solo a ella se le ocurría que se saldría con la suya —comenta Ava.
—También le negaron la custodia al Sr. Tyron, por su estilo de vida, así que el bebé Tyler pasó a manos de los servicios sociales.
—¡Una mierda, como de película! —dice Ava con cara de total sorpresa.
—Sí o de una de esas historias que leo en Wattpad —agrego —, pero la custodia le fue otorgada al Sr. Tyron tiempo después, ya que entró en un programa de rehabilitación.
—¡Qué bien! —grita Ava haciéndome reír —, ¿qué pasó después?
—Después tuvieron una vida normal, dentro de lo posible —Bostezo al tiempo que digo esto pues estoy muy cansada —, te contaré mañana lo poco que falta, vamos a dormir —Le digo a Ava mientras me estiro en mi asiento.
—Agua fiestas —Me mira con cara seria —, mañana no te daré desayuno si no me cuentas —Me señala mientras habla con tono amenazador.
Ambas reímos y nos vamos hacia nuestras respectivas habitaciones dejando las tazas en la mesa de centro. En mi habitación veo la hora y es cuando noto que ha sido una noche larga y muy entretenida, pues es más de media noche. No imaginaba que habíamos tardado tanto.
Después de darme un baño y cepillar mis dientes, me pongo una pijama cómoda y me acuesto en mi cama. Miro la foto de Steven en mi mesita de noche, la tomo, le doy un beso y le deseo buenas noches. Lo extraño tanto que espero soñar con él esta noche.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro