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Acto Veinticinco


Los años pasaron, demasiados como para contarlos, pero los suficientes para perder la cabeza. No hay cielo, no hay luz, no hay cantos, ni llantos. Simplemente una tierra infértil, con árboles muertos, si no es que hechos polvo.

El cielo destella entre truenos y relámpagos, anunciando la muerte, si es que algo siguiera vivo. Truenos tan fuertes que gritan el dolor y la ira por el cataclismo que la tierra tuvo que vivir, la lluvia cae entre toneladas sobre todo lo que aún existe para quedar marchito

Si miras bien, ya no hay nada que respire en este mundo.

Esto son los vestigios de la guerra, la guerra que acabo con toda la humanidad, y con todo lo que ellos mismos crearon.

Lo único que ellos dejaron son los restos, los cuerpos calcinados de las bombas, algunos otros, solo quedan los huesos al pudrirse la carne y si miras lo suficiente podrás notar lo que algunos llegaron a ser.

Cuántos esqueletos no traen consigo alguna libreta quemada, mochilas con comida y cajas de lápices y colores, mientras algunos pedazos de hojas rotas están atorados entre los escombros

Pero entre las profundidades de las cuevas, al norte, muy al norte puedes encontrar un cadáver con el hueso de la pierna rota y acostado sobre una caja de metal enterrado a poca profundidad.

¿Ahora lo comprendes?

Aquí yace el último ser que fue creado, el único que pudo sobrevivir.

En su mundo.

......
....
...
..
.

—¿Donde esta?, Se que lo deje por aqui— un oscuro cuarto, lleno de papeles

—No puedo perderlo— las mesas llenas de libros y aparatos desarmados

—¿Flowey no viste donde lo deje?— las paredes rayadas con bocetos, ecuasiones, y formulas. Un esqueleto de huesos negros y oscuras prendas, rebusca entre algunos cajones y escombros.

—Esto es importante, sin esta pieza no podré completar el funcionamiento del chip— se levanta un momento, respira cansado por los años

-Lo se Flowey no es para que me mires así- se recarga un poco en la pared

-Pero no puedo descansar ahora- respira un poco pasando su mano por su cráneo

-Estoy cerca, lo se- estaba emocionado, eufórico, tenía tanto que no se sentía tan vivo, su ilusión le daba las fuerzas que necesitaba y después de mucho tiempo, sonrió de sólo imaginar cumplir su sueño.

Volvió al trabajo, recolectando y buscando una vez más. No se rendirá, había llegado tan lejos

-¡Aquí está Flowey!, lo encontré- Error guardó en su mochila la pieza junto con todo lo demás.

-Vámonos Flowey- Error se acerca a un frasco con una flor rota y marchita

-Primero quiero hacer una parada, no tardaremos mucho- un portal es abierto para mirar del otro lado las esferas de los mundos, sin embargo se detuvo un momento antes de cruzar, para mirar una vez más el lugar, repasando que no olvida nada, dejó la mochila con los restos de Flowey a un lado del portal

-Sólo espérame aquí- y camino hasta un cama donde había clavado su mirada, sin embargo no es la cama lo que llamo su atención si no un montón de zapatos llenos de polvo y algo de ropa abandonada

Error se sento y midió las suelas de cada par de zapato con los suyos, notando los agujeros, y las partes rotas por el tiempo

-Estos me quedan- se dispuso a quitarse sus viejos zapatos para ponerse los tenis rojos con negro para voltear y ver una camisa grande junto a una sudadera

Miró su ropa, su playera tenía no solo agujeros si no con la orilla desilachado que se logra ver parte de sus huesos

—Creo que sería bueno cambiar de ropa— Se quitó la playera escuchando un ruido, tratándose de la playera rompiéndose otra parte más, este negó con la cabeza, al resignarse por el echo de estar por cambiar de ropa

—La ventaja de ser el único Sans— dejó caer la playera y recogió la que está en el suelo para sacudirló del polvo que aun tenía para cambiarse

—Nunca me gustó el estilo de Red—  miró una vez más para ir al portal, ponerse su mochila, tomar el frasco e irse.

Apenas sus pies pisaron el recinto, el agua a sus pies crearon ondas que fueron creciendo hasta desaparecer, quedando quieto por un momento mirando todos los mundos rotos, cada uno de los que fueron creados en su momento, completamente negros con una grieta y la tinta cayendo al agua

-Me alegra que estos mundos no hayan desaparecido por completo- tocó uno para verlo vacío oscuro y sin colores. Un pueblo fantasma

-Han sido de utilidad- para mirar su mundo que aun se mueve mostrando colores y estática, glitcheandose cada cinco segundos, desviando su mirada al de Inktale. Su alma late con dolor.

-Después de 63 años, es el único que sigue intacto- no sabía que lo deprimia más, el saber que ese mundo fue salvado cuando su creador lo escondió o que Ink este muerto. Su alma y mente se fragmenta.

Este cierra sus ojos dando la espalda a su dolor, por un intento de mantener la poca cordura que le queda

-Después de hoy todo será diferente- lo repitió una y otra vez, entre una leve risa nerviosa y sarcástica, casi rasgando a la locura. Este se giró sin abrir sus ojos, mientras sostiene su cráneo y tocó un mundo al azar, solo viendo oscuridad, volvió a tocar y el portal apenas lograba estar abierto. Respiro profundamente y sin dudarlo entró.

—Ya casi— seguía riendo, sintiendo temor y nervios al paso de los minutos, levantó la mirada viendo que se encontraba fuera del subsuelo, con solo sentir el aire fresco, era un mundo pacifista con un final feliz, o al menos lo fue. Una vez que logró calmarse, camino entre la pradera hasta la ciudad, entro a una casa rompiendo la puerta con un ataque. Se escucha sus pasos sobre la madera.

—Este es un buen lugar, ¿No lo crees Flowey?— entro hasta la cocina para llevarse algunas botellas de agua,  comida enlatada, algunas cobijas, siguió revisando llegando a la cochera

—Aqui no hay gasolina— Tomo sus cosas y siguió caminando entre las calles hasta encontrar un bar, uno que reconocía, se detuvo frente a la puerta y suspiro

-El bar de Grillby's- le gustaba mucho ese lugar en cada mundo Ink lo llevaba para pasar un rato con los demás monstruos. Puso su mano en la puerta, y sus cuencas se tornaron negras, sus glitchés aumentaron y sus nervios saltaron.

"Vamos Error, los demás nos están esperando"

"¿Porque lo harían?"

"Porque ahora son tus amigos..."

-Amigos...- Quito su mano retrocedió

—Mis amigos...— su sonrisa se torció.

— Ellos... Todos...— su mente se nublo por unos instantes.

Dió otro paso atrás y le dio la espalda, conciente de la comida que dejaba atrás.

-Vámonos Flowey- Sin embargo, se gira para mirar un poco más.Tal como una alucinación de un viejo recuerdo se vio asi mismo siendo jalado por Ink para entrar a ese lugar mientras todos dentro, se hacercan a saludarlo, reviviendo ese instante de duda, y miedo que se volvió en alegría. Aún puede recordar ese sentimiento, el sentirse amado, y aceptado por todos.

Su mirada sería y llena de frustración, no era suficiente para esconder las lágrimas que escurrían, pero esta vez no había nadie a quien pueda evadir por el echo de llorar, no había nadie que le diera una palmada o una sonrisa. No hay nadie.

Se ahorro la molestia de secar sus lágrimas y solo siguió su camino.

Camino por algunas horas buscando una gasolinería hasta encontrar una, pero al entrar, no había nada, respiro un poco al sentirse cansado, se recargo en la pared, mirando atrás vez del cristal del comercio una tienda, cruzó la calle y entro alumbrado por el último rayo del sol, dejando a Flowey sobre el mostrador, camino un poco encontrando los refrigeradores con comida en descomposición por la falta de electricidad sin embargo aún había otras cosas, bajo su mochila y guardo un par de cajas de chocolates y abrió una barra para comer, saco una de las aguas y empezó a beber tanto como podía, sintiendo como sus huesos se refrescaban y su alma aliviarse.

— Lo se Flowey, pero quizás sea lo mismo en otro mundo— Se levantó para explorar un poco la parte de atrás de la tienda

—Nada, solo otro cuerpo humano— al mirarlo, le parecía que solo dormía. Al menos los humanos que eran creados no cambiaban, al menos de que sus creadores quisieran, pero sin uno, solo murieron y así se quedaron

—Creo que esto jamás se acaba—envolvió el cuerpo en una de las sábanas y lo arrastró fuera del cuarto hasta afuera de la tienda, donde vio un árbol rodeado de algunas flores.

—Ese es un buen lugar— con la luz de la luna empezó a escavar con una piedra que había encontrado, escavo sin detenerse por horas

—Siempre que salgo entierro a alguien...— respiro un poco

—Y siempre olvidó la pala— ajusto sus huesos para mirar el cielo, y ver la  luna a unas horas de ocultarse.

Salió del hoyo y jalo el cuerpo hasta caer dentro. Se quedó quieto y su mente empezó a divagar en el pasado, en su soledad. Miró sus manos llenas de tierra, lodo y polvo

"¿Cuántos he enterrado?"

"¿Cuántos muertos han sido?"

Aún recuerda esos días felices

"¿Como es que llegamos a esto?"

Solo se tiró al suelo y empezó a empujar la tierra, con cada montón de tierra enterraba su pasado, su alegría, a sus amigos.

"¿Cómo es que llegue a esto?"

Cada humano que encontraba y enterraba era como volver a enterrarlos a todos en ese cementerio con las flores de la primavera floreciendo todos los días.

—¿Hasta cuándo acabará esto?— Al terminar se sentó bajo el árbol cansado, para cerrar sus ojos y quedarse dormido

Al abrirlos se encontró con la luz del día y tembloroso del frío se levantó, mirando una moto abandonada entre el pasto alto.

Se hacerca para levantarla y revisarla, parecía estar en buenas condiciones y sin necesidad de las llaves la encendió.

Ahora tenía transporte. Entro por su mochila y Flowey los coloco en la parte de atrás de la moto y entro para llenar la otra mochila con detergente, jabón, y de más cosas, incluso algo de ropa extra. Amarro todo.

—Ya no es tan fácil usar los atajos Flowey, es mejor asi—  Subió a la moto y la arrancó.

Sentía la brilla sobre sus huesos, esquivando los carros abandonados y mirando las tiendas pasar, y después las casas. En ese momento podía cerrar los ojos y olvidar su vida. Aquello lo llenaba, alejaba su mente aún que sea por unos minutos.

Aceleró en cuanto vio más despejada la autopista, hasta ver a lo lejos una tienda de refaccionarias y una gasera. Para bajar la velocidad y frenar.

—Espera aquí Flowey— agarro la mochila con la ropa y entro primero a la refaccionaria, guardo algunas cajas de herramientas, baterías de carros, cables de pasa corrientes, para mirar un cargador de batería. Por desgracia era demasiado grande para llevarlo. Salió y amarro la mochila y fue a la gasera donde encontró un remolque junto a una carretilla para jalar con un motor encima.

Fue un par de horas para tirar el motor y liberar la carretilla, para poder llevar el enorme cargador y un generador de electricidad, para echar varios Valdés de gasolina tantos como puede.

Ya era suficiente por hoy, tenía lo que necesita, respiro muy profundo.

—Ya estoy viejo para esto— miró a Flowey y se levantó para agarrar uno de los botes que había llenado de gasolina y lleno el tanque de la moto, la relleno para ponerla atrás. Reviso que la carretilla y las mochilas estén bien amarradas y emprendió el viaje de regreso hasta el monte Ebott.

Con la carga extra, fue caso dos días de camino. Una vez que llegó bajo de la moto y reviso que nada faltará.

—Ya no puedo Flowey— miró el frasco con la flor

—La última vez que intente abrir un portal a esa distancia tuvimos que caminar hasta el monte— abrió el portal de regreso al punto de las esferas

—El Monte Ebott está atado a todo, y es menos esfuerzo— el portal se veía inestable y difícil de mantenerse, aún así al mirar todo lo que traía hizo un esfuerzo por agrandarlo ya que está ocasión necesitaba entrar con todo.

Una vez de vuelta jaló rápido la moto al ver el portal cerrarse, saco su mochila y cargo a Flowey para buscar entre las esferas una más, aún que estuviera cargado de cosas, podía dejar la moto con todo lo demás un momento sin problema.

—Aqui esta— tocó dos veces el portal se abrió y cruzó

El cielo no era tan brillante como antes y el pasto parece estar por secarse, aún con la lluvia que cae en las tardes, no parece suficiente para que este lugar tenga algo de vida como antes.

Error miró el horizonte antes de ver las ectareas llenas de cruces echas de ramas y madera que fueron improvisadas con el uso de sus hilos, todas clavadas en fila, sin poder ver el final de estás. Debajo de cada cruz hay una caja de cartón, metal o madera, protegiendo el objeto amado rodeado del polvo del difunto y en otras el cuerpo inerte de los Frisk y Charas que ese día murieron.

Camino entre el pasto pasando frente de las cruces que con un marcador de color rojo, se encuentra escrito el nombre del muerto. Camino sin detenerse, sin saludar. Solo recordaba los días, semanas, meses, incluso años que le llevó reconstruir el cementerio y enterrar a todos sus conocidos y amigos.

—¿Qué tal?— bajo a un lado la mochila para incarse frente a un nombre en especial

—¿Cómo están?— mejor dicho, dos.

—Vine con Flowey— dejó el frasco frente de la cruz

— Lamento no haber podido venir antes, pero estoy a punto de lograrlo— jalo la mochila buscando entre sus cosas

—Si lo logro, podré traerlos y ya no estaré solo— sacando de la mochila dos rosas de papel

—Estarías fascinado Gaster— para colocar una enfrente del nombre de Gaster

—No me he olvidado de ti Blue— dejó una más

—Reconstruire todo, sin necesidad de los creadores— se levantó

—Solo esperen un poco más..., solo un poco mas— miró ambas tumbas para caminar un poco dejando sus cosas

A lado de una tumba ya sin lápida ni una cruz de madera más que escombros de piedras acumuladas y con signos de haber sido víctima de vandalismo hace mucho tiempo, solo le miró para quedar de pie a la que estaba a su lado.

—Hola, siento haberte echo esperar tanto— se quedó de pie un momento

—Pronto estaremos juntos de nuevo—  sosteniendo en su mano una rosa mas, suspiro con nostalgia y solo sonrió eufórico y con tranquilidad.

Se inco y dejó la rosa que había echo, una especialmente blanca para el amor de su vida. Acarició el nombre que a esepcion de los demás había tallado con una navaja de Mafiatale, solo por tratarse de Ink. Paso sus dedos en cada tallado, para sostener con su otra mano el frasco que contiene todos los colores que trae como un collar con una cuerda cáñamo.

—Pronto...— se levantó para caminar hacia las lápidas de sus amigos les sonrió a ambos y cargo la mochila y despues a Flowey, para abrir un portal. Se quedó mirando al horizonte, el cielo que se enrojecia al caer el sol era hermoso, los colores que se iban entre mezclando, azul naranja morado, rosa, y rojo.

—Hoy me parece más hermoso que otros dias— aquello era una señal, Error lo sabía y nada podría fallar, absolutamente nada.

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