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Una Navidad Para Recordar

Sus manitos estaban cubiertas por gruesos guantes de color blanco, mientras que el abrigo rojo que llevaba lo hacía caminar a los tropezones. El gorrito cubría la mitad de su frente y llegaba hasta sus orejitas y la bufanda hasta su nariz, que gracias al frío, había logrado tener un tono rojizo bastante distinguido.
Su padre caminaba a su lado, habían comprado el abeto que pronto estaría en el recibidor, adornado con las diferentes bolas anteriores del árbol que ya no existía. No habían tenido suerte con la lotería de Navidad, pero Grisha aún mantenía su sonrisa alegando que su madre esa noche, tendría para darles un pedacito de tronco de Navidad, que era delicioso.

No tardaron en llegar a casa y Eren como de costumbre había observado al niño que estaba en la esquina pidiendo limosnas, esta vez, esperaba que Santa pudiese darle el regalo que había pedido.
Adornaron el nuevo árbol una vez que entraron y en la noche, al momento en que los fuegos artificiales comenzaban, su madre apareció con el postre entre sus manos. Y como sus padres le habían comentado después de hacer una rabieta, los regalos se abrirían al día siguiente, así que Eren no tuvo más remedio que dormir esa noche sin saber si Santa le había traído lo que pedía.

Al día siguiente los villancicos lo despertaron, sin embargo al contrario de lo que sus padres creían, después de abrir los regalos Eren salió disparado al exterior. Sabían lo que el pequeño había pedido así que simplemente dejaron que siguiera su camino.

—¡Levi!— gritó al ver al pequeño cerca de la esquina —¡Santa ha dejado tu regalo!

Los ojitos azules del contrario se abrieron ampliamente mientras estiraba sus manos para tomar el paquete, con torpeza logró romper el envoltorio y sonrió levemente al momento en que veía el nuevo par de zapatillas.

—¡Las ha traído Eren!

Dio un pequeño salto a causa de su alegría y el castaño no pudo hacer más que sonreír ampliamente antes de agregar.

—Mamá dice que estás invitado a cenar en año nuevo—. Dijo en un tono muy avergonzado —Me gustaría que las usaras esa noche.

Así fue cuando todos estaban preparando la mesa que unos golpes tímidos llamando a la puerta los alertaron. Eren abrió la puerta con rapidez, y sus ojos verdes se encontraron con los azules, quien sonriente antes de pasar le enseñó el par de zapatillas nuevo que traía.
Levi se sentía agradecido con la familia, habían dejado que probara toda la comida hasta que su pancita se encontró sumamente hinchada. Había jugado y luego cerca de las doce había podido disfrutar de los pocos minutos que quedaban para recibir el año.

Se sentaron juntos para ver los fuegos artificiales desde la terraza y Eren le confesó, que pensaba pedirle a Reyes un regalo para él también, así que no debía olvidarse de darle unos zapatitos cerca de la fecha. Levi esa noche disfrutó por primera vez de la calidez de una familia y también la de una cama, ya que los padres y el mismo castaño insistieron demasiado para que se quedara.

Al quinto día, Levi apareció con una pequeña bolsita y sus zapatillas dentro de esta, pidiendo que a los reyes le pidiese un par de guantes nuevos.
Eren esa noche, al dejar el pastito, el agua y las zapatillas de ambos pidió lo que el niño le había dicho.

Grande fue su sorpresa esa mañana, cuando al bajar las escaleras encontró que no solo faltaba el césped y el agua, sino que una gran cantidad de regalos adornaban sus zapatitos y un pequeño Levi lo esperaba sonriente para abrirlos.

—¡Mira Eren! ¡Han traído muchos regalos para nosotros!

Aquello no podía ser más que cierto, no solo el par de guantes estaba allí, también había un lindo abrigo azul, un gorrito blanco como el de Eren y una bufanda ostentosa. El castaño recibió calcetas pero en vez de sentirse ofendido había sonreído mucho más que en las fiestas anteriores.

Levi esa mañana fue invitado a quedarse y a ir todas las veces que le hiciese falta a casa de los Jaeger, donde siempre lo recibirían gustosos y lo dejarían tanto comer, dormir y jugar cuanto quisiera.
Eren miró por unos segundos al más bajo, que después de unas cuantas palabras había enseñado la sonrisa más hermosa que alguna vez había visto, sus ojos se habían aguado y su labio había temblado al dar las "gracias".
El castaño lo había abrazado por impulso y deseó que la calidez que sentía en su pecho llegara hasta el más bajo, jamás lo diría en voz alta. Pero Santa le había concedido uno de los regalos que había quedado pendiente, y aquél era, poder ver a Levi sonreír con todo su corazón.

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