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Nos detuvimos en medio del césped que decoraba el jardín. Había arbustos con forma de animales y un par de árboles elegantes creciendo en el borde de algunos senderos. La brisa los movía con docilidad, y si uno prestaba atención, podía escuchar el canto de las aves. Las flores se veían hermosas y sus colores resaltaban muy bien entre tanto verde.
Ese lugar era como un hermoso escenario de cine, era como estar dentro de alguna película de época.
Después de que Jin dijera que podíamos intentar divertirnos le di un abrazo seguido de un beso. Me sentía feliz de estar allí con Jin, mi pecho se sentía ligero, y mi cuerpo revitalizado.
Su tía parecía ser una mujer agradable, su casa era como una enorme isla llena de tesoros ocultos. Me sentía menos nervioso, estaba decidido a disfrutar mi tiempo con Seokjin.
—Gracias por traerme, ¡vamos a divertirnos mucho! —le dije. Estaba convencido de que crearíamos buenos recuerdos.
Y luego, desde lo más profundo de mi corazón y encantado por su presencia, dije lo primero que me vino a la mente.
—Te quiero, Jinnie.
Pero su respuesta me dejó pasmado.
—Te amo —contestó él.
No tengo idea de qué rostro puse, pero él pareció asustarse después de ver que yo me quedaba completamente congelado.
¿Acababa de decirme eso? Oh Dios, definitivamente no lo esperaba.
¿Jin me amaba?, ¿Él de verdad me amaba?
—¡Tío Jin! —lo llamó una voz jovial y animada. Me di la vuelta de inmediato y vi a un muchacho de unos... ¿quince años tal vez?. Él se aproximó a nosotros con su mirada fija en Seokjin—. Pensé que no vendrías.
—Namjoon, me da gusto verte —respondió Jin. Rápidamente la atmósfera entre nosotros dos se dispersó. El desconocido se acercaba caminando con bastante elegancia.
Él vestía un refinado traje de oficial de la milicia europea de la época. La tela en color rojo tenía un brillo particular, y el cravat claro alrededor de su cuello era pomposo y a la vez prolijo. Lo único que le faltaba era la peluca blanca llena de risos, contuve una risa al imaginármelo.
—He estado buscándote desde que llegué. También me da gusto verte —dijo Namjoon, con las manos tras la espalda en una postura bastante correcta.
—Quisiera presentarte a mi llama gemela, su nombre es Taehyung —Jin hizo un gesto con el brazo a modo de reverencia delante de mí. Namjoon lo imitó. Me sentí varias décadas atrás por ese minúsculo instante.
—Mucho gusto, Taehyung. El azul de tu pañuelo es un detalle muy apropiado.
Sonreí en silencio. Preferí no aclarar que aquella prenda le pertenecía a Jin y no a mí, y que prestármela fue su idea. Recordé que vestir prendas de colores similares era una forma de reconocer a las parejas.
—Gracias. Es un placer —dije en cambio. Namjoon tenía unos simpáticos hoyuelos en sus mejillas y una expresión amable. Probablemente era de los pocos familiares que Jin apreciaba de forma genuina.
—Namjoon es mi sobrino. Es el hijo único de una de las primas de mamá —me contó—. También podría decirse que es un favorito de nuestra tía Eun Ja.
—Nadie jamás será como tú —contrapuso Namjoon—. Pero eso está bien. Hace bastante que no nos reuníamos en una celebración como ésta.
—¿De dónde sacaste ese traje? —quiso saber Jin, frunciendo el ceño.
—Mi madre mandó a diseñarlo especialmente para mí. También hizo un vestido a medida para ella, es la que tiene el diseño francés en rosa claro —se volteó ligeramente y nuestra atención se centró en una mujer que vestía con ese color.
El diseño sí que era digno de un retrato. El corset estaba decorado con piedras brillantes, tenía mangas pagoda ceñidas con tul y una falda voluptuosa. Además, lucía una pluma sobresaliendo de su prolijo peinado y una cinta en el cuello. La verdad era que las demás mujeres lucían muy arregladas también, pero ella junto a la tía Eun Ja eran, probablemente, las mejores vestidas.
Me puse a pensar en cómo era posible que dentro de la misma ciudad viviesen personas como ellos, dispuestos a gastar dinero en un traje a medida para una sola ocasión; y personas como yo, viviendo en una pocilga y con exceso de perfume barato.
—Oh —a pesar del comentario, Jin no parecía estar sorprendido en lo absoluto—. Siempre tan sofisticada.
Namjoon asintió y luego me miró de arriba abajo.
—Tu traje difiere del original por el detalle de los puños. Los botones no deberían ser botones, sino un bordado prolijo.
—Namjoon —el tono serio de Jin puso en alerta al jovencito, quien se apresuró a disculparse.
—Lo siento. No era mi intención ofender —me dijo, haciendo una pequeña reverencia.
—No puedes hablar o criticar sobre la forma de vestir de los demás tan fácilmente. Es muy descortés —le dijo Seokjin.
—Pero yo no critiqué nada —se defendió su sobrino—. Solamente señalé la diferencia que hay entre el traje original y el que él está usando ahora.
—¿Es eso lo único que te importa sobre mi llama gemela?, ¿Si su ropa es de diseñador o una imitación? Creí que eras más maduro.
Pude ver el arrepentimiento en los ojos de Namjoon mientras miraba a su tío. Seokjin había sido bastante firme al reprenderlo.
—Discúlpame, Taehyung. Realmente no buscaba herirte con mi comentario —me dijo una vez más.
—Descuida —casi de forma inconsciente me acerqué un poco a Jin, buscando su resguardo—. Uhm, supongo que para quienes realmente saben del tema resultará evidente.
Si hasta un adolescente podía notar que yo estaba vistiendo un traje barato, entonces todos lo harían.
—El tío tiene razón. Tu forma de vestir no importa, no estamos en un concurso. Es una fiesta, y el centro de atención será nuestra tía —dijo Namjoon, recobrando la postura erguida que había perdido durante algunos instantes.
—Así es. Ahora, estoy seguro de que tus primas podrán seguir esa interesante conversación sobre los trajes originales —le dijo Jin, tomándome de un brazo y sutilmente dándome la vuelta—. Llevaré a Taehyung a conocer el resto del jardín.
Sin lugar a objeciones, Seokjin comenzó a caminar y pronto dejamos a Namjoon atrás.
Dimos unos pocos pasos, yo podía percibir el enojo brotando del cuerpo de mi llama gemela.
—¿No fuiste un poco duro? —le pregunté a Jin en voz baja mientras seguíamos avanzando sobre el césped.
—No. Es joven, pero es necesario que aprenda sobre sus errores. Dijo eso con demasiada naturalidad, sin considerar que era una observación irrelevante e innecesaria —replicó con convicción—. No quiero que sea igual que mis otros sobrinos y primos, Namjoon es mucho más que prejuicios y comentarios inadecuados. Sé que tomará esto como una lección.
—Pareces un tío estricto —sonreí de lado.
Jin me miró de reojo sin detenerse.
—Soy una persona estricta.
—No cuando comienzas guerras de pintura —lo acusé.
—Te recuerdo que fuiste tú quien comenzó ese desafortunado evento —me dijo de inmediato. Nuestra caminata no tenía ningún rumbo en realidad, sólo vagábamos por los jardines a nuestro gusto.
—¿Cómo que desafortunado evento? Fue nuestro primer beso —me quejé.
Jin se detuvo y me acercó a él. De pronto su rostro y el mío estaban demasiado cerca, me perdí en sus ojos durante un momento mientras me sumaba a su sonrisa.
A veces hacer cosas como mirarnos bastaba para que todo lo demás perdiera importancia. Sentí como una de sus cálidas manos me acariciaba una mejilla.
—Tú te arriesgas —la mirada de Seokjin parecía cargada de adoración—. No eres de los que pasan horas y horas pensando en cómo actuar, tú lo piensas y luego lo haces.
—¿Gracias? —sonreí con confusión. ¿Me estaba halagando?
—Por eso y otras cosas te admiro, Taehyung. Y sí, tú decidiste cómo y en qué momento sucedería nuestro primer beso, y así sucedió.
—¿Entonces no deberías ser tú quien me de las gracias a mí? —me burlé.
Jin sonrió y después me besó. Tan suave y gentilmente como sólo él podía hacerlo. Acarició mis labios con los suyos para luego apartarse despacio.
—Gracias, por ese primer beso, y por entrar en mi vida.
La seguridad de sus palabras hizo que mi corazón se acelerara y que mis ojos se humedecieran ligeramente mientras miraba los de él. De inmediato me abracé a su cuerpo y cerré los ojos.
—Gracias por dejarme entrar en tu vida, Jin —murmuré contra su ropa.
No había forma de considerar nuestro destino un error, o algo que nunca debió pasar.
Mi alma y la de Seokjin eran una sola.
Por ese breve instante sentí que nada podría separarnos, y que no importaba lo muy diferentes que fuéramos el uno del otro. Hoy, el amor de mi vida estaba en mis brazos, y yo en los suyos. Sinceramente no podía pedir nada más.
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Un poco más tarde, la ceremonia del vals comenzó. La tía de Jin había contratado a músicos que tocaron para todos los invitados, ellos también tenían vestimenta acorde a la época y sus instrumentos incluían violines, un arpa, un piano, flauta traversa y dos violonchelos. Algunos de ellos me recordaron a los músicos actores del Titanic.
El salón era inmenso, había mucho espacio así que en lugar de bailar en pareja, lo hacíamos en rondas. Un círculo grande y uno más pequeño en medio, en donde estaban las mujeres. Lo común era comenzar el baile con alguien, y luego intercambiar parejas. Por lo que aunque empecé con Jin, me tocó como compañera una señorita que parecía apenas un poco más mayor que Namjoon.
Ella lucía un vestido floreado en color vino, el aro bajo su falda hacía que fuese aparatoso pero elegante a la vez. Tenía un peinado alto y una rosa cerca de su oreja. También noté a un muchacho con la misma rosa en su pecho bailando más allá, así que probablemente eran pareja. Una cosa que me pareció curiosa era que tenía un lunar que parecía una verruga. Estaba junto a su nariz y debo decir que era algo llamativa. Me recordó a las brujas, y pensé que era raro ver una así en una chica joven.
Como Jin me lo había enseñado, esperé a que ella me permitiese tomar su mano. Luego comenzamos a caminar siguiendo a las demás parejas mientras dábamos pequeños pasos al compás de la música.
—Vaya, así que tú eres el nuevo novio de Seokjin —dijo mi acompañante. Su vista estaba centrada en las demás parejas y en el movimiento del baile.
—Mi nombre es Taehyung —me presenté.
—¿Por qué llevas un traje de imitación, Taehyung?
—¿Por qué se interesa por mi vestimenta, mi estimada? —repliqué.
Giramos al ritmo de la música alegre y volvió a enseñarme su mano para que yo la tomase y continuásemos por la pista.
—Por nada en particular —respondió, sin mostrarse mortificada—. Supongo que después de lo sucedido es normal para Seokjin tener problemas económicos.
Yo sabía perfectamente que se refería al incidente de la joyería.
De pronto la señorita a mi lado me resultó una persona desagradable. Si yo no estuviese al tanto de ese evento, probablemente me intrigaría su comentario sin ser capaz de percibir la malicia que cargaba. Ella y yo jamás nos habíamos visto antes, pero no dudó en mofarse de Jin diciendo que no había podido comprarme un traje.
Me limité al silencio. No iba a permitirme caer en sus juegos bobos.
—Porque lo sabes, ¿no es así? —insistió ella—. Sobre aquella desgracia bochornosa que ensució el apellido de mi familia.
—¿Seokjin no es acaso parte de tu familia también?
—Sí. Para nuestra bendita suerte —hizo un gesto de fastidio arrugando la nariz. Su verruga se arrugó un poco también. Volvimos a girar, esta vez nos tocó bailar de a dos. Me vi frente a frente con ella.
Era mucho más baja que yo, aunque suponía que estaba usando zapatos de tacón. De no ser por su malicia y ese pequeño imperfecto en su rostro, podía pasar por una jovencita buena.
Traté de no acercarla demasiado a mi cuerpo, tampoco me interesaba mirarla.
—Todos lo saben —continuó murmurando—. Aunque yo soy de la opinión de que es imposible que Seokjin sea tan listo como para ejecutar un robo perfecto.
Mi agarre en su mano se tensó.
—¿Robo? —fingí confusión.
—Sí. El robo de las joyas.
—El asalto de las joyas —corregí. Ella me miró con insistencia—. Es claro que Seokjin no es el culpable.
—Claro que no. Todos de pronto lo creen una mente maestra, cuando se trata simplemente de él. No es tan inteligente —dijo como si fuese obvio—. Más bien es bastante idiota por permitir que algo así nos perjudique a todos. ¡Más despacio! —dijo en protesta e inmediatamente aflojé mi mano.
—Mis disculpas —sonreí con falsedad. Continuamos bailando, para mi sorpresa, pude acoplarme al ritmo sin ningún problema. Seguramente era producto de mis horas de práctica con Jin—. Lamento mucho que te refieras a él de forma tan despectiva —comenté después—. Ha sido el más perjudicado de todos.
—Se lo merece —respondió con determinación—. Ojalá pudiera desvincularse de todos nosotros, así no tendríamos que ser juzgados por las personas de la ciudad. Es vergonzoso.
—Lo verdaderamente vergonzoso es que una familia le de más importancia al qué dirán que al bienestar de uno de sus miembros —repliqué de mal humor.
—Bien, no espero que coincidas conmigo siendo su... Lo que sea que seas de él.
—Su Llama Gemela —le dije, y me atreví a mirarla con firmeza.
La música terminó con un sonoro acorde de violines. Nos detuvimos y todos comenzaron a aplaudir, así que ambos nos sumamos a la multitud.
Ella me sostuvo la mirada, luego, tomó su abanico y se cubrió el rostro hasta los ojos.
—Te compadezco, Llama Gemela —me dijo antes de voltear y marcharse.
Me quedé en mi sitio sin quitarle la vista.
—Y yo la compadezco a usted, pequeña Bruja —me apresuré a sonreírle y coloqué las manos tras la espalda cuando vi que volteaba a mirarme al haberme escuchado.
Jin llegó a mi lado poco después. Parecía agitado.
—Te vi bailando con la prima de Namjoon —me dijo, notablemente alarmado—. Es desagradable.
—Lo sé. Acabo de comprobarlo.
—¿Te dijo algo malo? E-es decir, sé que lo hizo porque no es una chica amable, p-pero me refiero a si- a si dijo algo que no comprendiste —Seokjin lucía nervioso, así que tomé su mano.
—Dijo que mi traje no era original, y se quejó cuando apreté su mano con demasiada fuerza —le conté.
—¿Eso fue todo?
—Casi no hablamos, pero noté que no es una buena persona.
—Y tiene apenas diecisiete. Está creciendo llena de prejuicios, justo igual que su madre y su abuela —me contó—. No le hagas caso.
—Para nada.
Nos alejamos del centro del salón hacia la mesa donde estaban los bocadillos ordenadamente servidos. La tía de Jin no escatimaba en gastos, toda la vajilla estaba decorada y lucía muy costosa. Había todo tipo de bebidas y alimentos dispuestos de manera elegante.
Jin notó mi entusiasmo tras mirar mi rostro.
—Adelante, puedes probar lo que quieras.
Me quedé enmudecido después de ver que se trataba de aperitivos costosos como fruta fresca, bocadillos de carne y un par de snacks extravagantes.
Con duda, tomé un pequeño rollo de salmón en forma de bastoncito que tenía salsa blanca encima.
—Ése bocadillo se caracteriza por ser picante primero y refrescante después.
—¿En serio?
—Sí. La salsa es lo especial —hizo un gesto indicándome que lo probara.
Lo llevé a mi boca y degusté con dos bocados. Luego, mi lengua comenzó a arder, y después mi garganta parecía repleta de fuego.
Me sujeté a un brazo de Jin, necesitaba agua o algo frío para poder pasar la desagradable sensación. Sin embargo, antes de emitir alguna palabra, la sensación cambió radicalmente y sentí la frescura mentolada abriéndose paso en mi esófago y luego en el resto de mi boca.
Solté a Seokjin mientras él me miraba sonriente.
—¿Fue tan terrible?
—¿Qué clase de droga es esta? —quise saber, Yoongi se fascinaría ante un nuevo descubrimiento.
Seokjin soltó una carcajada divertida.
—No es droga, es una planta oriunda de Turquía —me contó. Es medicinal, pero también se utiliza en la cocina. Es famosa por el contraste de sus sabores.
—Ya lo noté. Sentí que estaba en llamas y que luego el incendio se apagaba.
—Adelante, puedes probar más.
Yo miré la mesa servida con duda. Había tanto dinero en esos bocadillos costosos que de pronto sentí que no era bueno que alguien como yo estuviese probándolos. Me retraje un par de pasos.
—Mejor vayamos afuera o a otro lado.
—¿No tienes hambre? Eso es extraño, tú siempre tienes hambre —me dijo Jin, con una sonrisa amable.
—No esta vez.
—Pues no podemos salir ahora —me atrajo a su lado y susurró—, se supone que es momento de socializar antes de cortar el pastel.
—¿Hay que fingir que nos agradan los demás presentes? —quise saber.
—Algo así. Podemos ignorar a la mayoría —explicó, y comenzamos a caminar por el salón—. Pero quisiera que conozcas a alguien importante.
El pensamiento vino a mi mente enseguida. Me detuve.
—Jin, no sé si estoy listo para conocer a tu madre —le dije mirándolo con pánico.
—Ah, sabía que dirías eso —sonrió con pena—. No temas, mi madre no es como los demás. Le he hablado sobre ti antes.
—S-sí, p-pero...
—Será un momento, no tenemos que quedarnos con ella. Anímate, ¿no sientes curiosidad por conocer a tu suegra? —me dio un golpecito suave con el codo.
Noté que él estaba de excelente humor mientras yo comenzaba a palidecer, sentí que conocer a su madre era algo así como un paso sumamente importante en nuestra relación. Si ella supiera quien era yo en realidad, me odiaría. De hecho, probablemente la mitad de las personas que estaban con nosotros dentro de salón ya me odiaban, y la otra mitad odiaba a Jin, creyéndolo culpable.
Sonreí como pude cuando estuve delante de ella. Estoy seguro de que notó mi nerviosismo. Sin embargo, la tranquilidad que emanaba Jin me ayudó a no tartamudear. Fue una presentación corta y cordial. Mi suegra era una mujer de apariencia bondadosa, con rasgos indiscutiblemente parecidos a los de mi amado. Cuando sonreía se marcaban algunas arrugas en su rostro, pero quedaban totalmente opacadas por la elegancia de su porte.
—Me alegra poder conocerte finalmente, Taehyung. Jin me ha hablado mucho sobre ti —luego casi susurró—. Antes decía que eso de las llamas gemelas no era para él, ¡y míralo ahora! Jamás lo había visto tan feliz.
—Mamá —Seokjin se cubrió ligeramente el rostro, avergonzado.
—Es la verdad —insistió Myoungja—. Lo importante es que ambos lograron encontrarse y están juntos.
Con suavidad, tomó una de mis manos y una de su hijo, y luego las unió bajo una mirada repleta de cariño. Pensé que era maravilloso contar con su apoyo.
Le sonreí de vuelta, agradecido por saber que no se oponía a nuestra relación. Hubiera sido muy feo tener que lidiar con un Jimin del lado de la familia de Seokjin.
Conversamos brevemente acerca del clima y de la fiesta, y después Myoungja acompañó a la cumpleañera a saludar a las últimas personas que se habían sumado a la celebración. Namjoon, la madre de Jin, y la tía Eun Ja eran las únicas personas que parecían felices de haberme conocido. El resto del salón no se interesó por Jin y mucho menos por mí, sin embargo yo podía notar esas miradas poco discretas que a veces nos dirigían algunos de los invitados.
Nunca se lo mencioné a mi amado, pero también logré escuchar susurros con comentarios poco agradables.
No me importó. Lo mejor era ignorar todo eso.
Hasta que aquello sucedió.
❣❣❣
Mi tía consideró que era indispensable mi presencia al momento de cortar el pastel. Tenía exactamente cinco pisos, por lo que era necesario que alguien le ayudara a la anciana a subir a un pequeño banco para luego posar con un inmenso cuchillo filoso a punto de hacer el primer corte.
Me tocó a mí ser su ayudante. Me aparté de Taehyung y de la multitud expectante que se había formado en cercanías de la mesa donde estaba el enorme pastel.
Tenía forma circular, desde la base y hacia arriba, decorado con flores que iban al tono de la decoración y del vestido de mi tía. Era digno de un verdadero banquete real.
No era difícil sostener su mano y ofrecerle estabilidad para que ella pudiese subir, lo difícil era hacerlo mientras vestía ese aparatoso vestido. Así que puse lo mejor de mí para permanecer firme como un buen escolta cuando mi tía subió los tres escalones con una mano en la mía y la otra sujetando el bendito cuchillo.
Fue un éxito. Ella posó con gracia y una brillante sonrisa antes de cortar el primer trozo de pastel. Todos los fotógrafos hicieron miles de tomas, y estoy convencido de que salió espléndida.
La costumbre era que decidiera entregar ese primer trozo a alguien especial. Por ser su cumpleaños, podía seleccionar a cualquier invitado presente.
Pero nunca imaginé que se lo daría a Taehyung.
—¡Quiero entregarle el primer trozo a Taehyung, quien es la llama gemela de mi amado sobrino Seokjin! —enunció mi tía en voz alta con la porción en un plato pequeño.
Inmediatamente los presentes comenzaron a murmurar. Miré a Tae desde donde yo estaba, de pie junto a mi tía. Él lucía igual de desconcertado que yo.
Con la mirada entusiasta, Eun Ja invitó a Taehyung a que se acercara a ella. Pocas veces lo vi con actuar con duda, parecía un cachorro extraviado que no estaba seguro de si era buena idea acercarse al humano que lo llamaba.
—Es un honor saber que eres el compañero de vida de mi Chinnie. Espero que consideres esto como la bienvenida formal a mi familia —le dijo, al tiempo que le entregaba el pastel.
Taehyung esbozó una sonrisa avergonzada, y con timidez recibió el plato mientras agradecía con una reverencia.
Ante el silencio de la multitud, mi madre fue la primera en iniciar una ronda de aplausos. Namjoon la siguió, y en pocos segundos escuchamos un montón de personas acompañando el momento de la misma manera.
Aunque quedó bastante claro que reinaba un ambiente de confusión dentro del salón.
Tras otra breve sesión de fotografías, la fiesta continuó mientras los meseros vestidos como servidumbre comenzaron a repartir el pastel a los demás invitados. Por ser el escolta seleccionado por mi tía, tuve que quedarme a ayudar.
Vi que Taehyung estaba de pie detrás de la mesa sin saber bien a dónde dirigirse, o si debía empezar a comer. No fue difícil notar su incomodidad puesto que después de intercambiar algunas palabras con mi tía, nadie más trató de acercarse a él. Yo quería apresurarme a terminar de repartir el pastel para poder volver a su lado. Los ayudantes servían porciones desde el piso superior y hacia abajo, y yo me deslizaba por todo el salón acercándome a los invitados para entregarles un plato.
—¿Cómo es posible que Eun Ja le haya dado ese espacio a un desconocido?
—Lo sé. ¡Es como si hubiera perdido la cabeza! Además míralo, el sujeto ni siquiera se vistió de manera adecuada. Es una vergüenza que deambule así entre nosotros, Dios Santo.
—Ejem —aparecí desde atrás con dos porciones de pastel y tuve que reprimir cualquier otro comentario desagradable hacia esas dos mujeres adultas.
Al voltear, sus rostros demostraron sorpresa e inmediatamente cambiaron de tema, pero yo ya había escuchado todo.
Pensé que sería el único caso aislado, sin embargo tuve que toparme con más personas similares, hablando con bastante desprecio sobre el acto de mi tía con Taehyung. Finalmente el enfado me obligó a terminar de servir todo sin molestarme en saludar o en disimular mi furia.
Mi llama gemela no merecía estar en un lugar donde los demás se tomaban la libertad de juzgarlo y hablar mal de él.
Cuando terminé, busqué a Taehyung y me lo llevé hacia un lugar apartado. Su porción de pastel iba a la mitad. Sentí su preocupación tras ver mi actitud seria.
—Jin, ¿qué sucedió?
—Debemos marcharnos. La fiesta casi termina y ya cumplimos con mi tía —respondí. Me negaba a quedarme en ese lugar lleno de personas tan hipócritas.
—¿De verdad?, ¿Tu tía no se molestará?
—No.
Y si lo hacía, debo decir que no me preocupaba.
Tomé su mano y lo guíe hacia mi tía para informarle de manera educada que teníamos compromisos pendientes.
Ella no se opuso. En cambio, se mostró feliz de que hubiéramos participado. Eun Ja era una mujer lista, ella sabía que yo estaba llevándome a Tae porque no toleraba la mala predisposición de los presentes él. Casi como si tuviera responsabilidad por los actos vergonzosos de sus invitados, mi tía nos dijo que podíamos volver a visitarla para un encuentro más ameno. Creo que se sintió apenada porque lo que esperó que fuera un momento ameno se transformó en una bola de nieve repleta de comentarios maliciosos. En todo caso, no era su culpa.
Después, saludamos a mi madre y a Namjoon. Ocurrió todo tan rápido, que fue imposible para mí el no percibir la confusión que mi Llama Gemela sentía.
Salimos de la fiesta en silencio, y no se atrevió a hablarme sino hasta hasta estuvimos en el taxi que nos llevaba de vuelta a mi departamento. Dejamos atrás la enorme mansión, los detalles lujosos y la gente vestida con ropa de época. La música clásica comenzó a escucharse cada vez más lejos. Mi enojo también disminuía.
Sentí la inquietud de Taehyung ahondando cerca de mi mente, pero no lograba conectar como para comunicarnos de manera mental. Yo sabía que las Llamas Gemelas podían establecer conexiones mentales, pero era poco común que lo hicieran tras poco tiempo de haberse conocido. Quizás Tae y yo necesitábamos más tiempo.
—¿Qué? —musité mientras lo miraba. Seguíamos en el interior del coche.
—¿Cómo que "qué"? —respondió frunciendo el ceño—. Casi me arrancas el brazo para sacarme de ahí. ¿Qué es lo que ocurrió?
—Pensé que lo mejor para los dos era dejar ese ambiente lleno de personas superficiales —dije mirando hacia el frente. Todavía estábamos un poco lejos de mi departamento.
—Mientes —Yo suspiré. No habría forma de mentirle a él—. Es decir, sé que eso es lo que realmente piensas, pero hubo un detonante —continuó Taehyung. Me sorprendió su seguridad al afirmar aquello, dejó en evidencia que nuestro vínculo ya era bastante fuerte.
—Sí, lo hubo —estaba dispuesto a ser sincero con él—. Mientras repartía el pastel escuché que muchos invitados no estuvieron de acuerdo con el gesto de mi tía contigo.
—Y hablaban mal de mí... —adivinó.
—Sí. Algunos lo hicieron también de ella, mientras se atragantaban con el pastel que ella hizo que les sirvieran. Por eso no los soporto —me llevé una mano a la frente, masajeando despacio.
Tae apoyó parte de su peso en mi cuerpo, dejando su cabeza en uno de mis hombros.
—No les des importancia, Jin. No me afecta lo que un montón de desconocidos puedan decir sobre mí.
Sentí la sinceridad de sus palabras. Tae no dejaba que cualquiera afectara su estado de ánimo. Yo admiraba y envidiaba esa simplicidad. De haber adquirido ese comportamiento, seguramente todo lo del robo no me habría afectado de la manera en que lo hizo.
—Tae, dime. ¿Alguien te habló sobre algo que no entendiste?
—¿Eh?
—Sé que no hablaste con muchas personas, pero quería saber si alguien te dijo algo que no pudiste comprender...
Él pareció dudar un momento.
—Sí —admitió—. La prima de Namjoon, durante el vals.
—Dijiste que sólo se quejó porque apretaste fuerte su mano —recordé. Inmediatamente me sentí confundido al no poder percibir esa mentira cuando me la dijo.
—Eso no era mentira. Se quejó por eso y también habló sobre mi traje —explicó Taehyung.
—¿Y qué más? —sentí que su ánimo decaía de repente.
—Ella me habló mal de ti. Eso me molestó mucho.
Sabía que tarde o temprano llegaría el momento de contarle todo. No podía ocultar algo tan grande por siempre. Pensé que Taehyung merecía saber la verdad, y aunque me aterraba que pudiera dudar de mí o que decidiera alejarse, me armé de valor y decidí que era hora de ponerle punto final a toda esa situación. Desde el principio me dije a mí mismo que no iba a huir, y no lo haría.
—Tae, amor mío... En cuanto lleguemos a casa tengo que decirte algo importante —tomé su mano y traté de calmar mi miedo.
Vi que sus ojos me miraban con curiosidad.
—Está bien, Jin —cerró su mano tomando la mía.
❣❣❣
Sentí que mi estómago se revolvía. En realidad no quería hablar sobre ese día.
Llegamos al hogar de Jin en poco tiempo.
Cuando entramos en su habitación, mi corazón se aceleró. Yo podía percibir el pesar en su ser porque él tampoco quería hablar sobre eso.
—Hay una muda de ropa en el segundo cajón —me dijo, señalando con la cabeza hacia el mueble.
Me dirigí hacia allí y comencé a cambiarme. La noche había caído.
—¿Tienes hambre? —me preguntó con la vista baja. Cuando Jin estaba en su hogar vestía ropa más holgada, pero nada demasiado informal. Estaba sentado en el otro lado de la cama, jugando con sus manos de forma nerviosa.
—Tengo el estómago cerrado —admití. Él rió.
—Bien. Entonces, hablemos.
Antes de poder empezar a entrar en pánico, Jin volteó y se sentó justo en medio de la cama, invitándome a su lado.
Me acerqué a él y esperé con paciencia. El día más horrible había llegado. Lamentablemente no podía evitarlo.
—Es una historia un poco larga —dijo, como si estuviera avergonzado por eso—. En mi familia éramos cuatro. Mamá, papá, mi hermana mayor y luego yo.
Me limité a escuchar. Se suponía que yo no sabía que Jin tuvo una hermana. La culpa comenzaba a pesar en mis hombros.
—Mamá trató de criarnos de manera diferente a cómo sus padres la criaron a ella. Esperaban que yo me convirtiera en el hombre de finanzas, pero mi hermana mayor se hizo cargo de los negocios familiares, eso no les molestó. Yo no sentía gusto por las matemáticas ni la economía, pero sí me interesaban la historia y el arte —me contó—. Cuando era un adolescente no estaba seguro de lo que quería por profesión, pero sabía que me gustaban las joyas.
Oh, no. Aquí vamos...
—¿Qué sucede? —Seokjin me miró con confusión.
—La comida, tal vez —dije.
—No, no es la comida —contrapuso de inmediato—. Dime qué ocurre.
—Sólo... termina tu historia y luego yo te contaré la mía —le aseguré—. Lo sabrás entonces.
Jin no parecía demasiado a gusto con esa idea, sin embargo, la aceptó.
—Las joyas eran lo mío. Siempre sentí fascinación por ver la variedad de piedras y colores que adornaban la vestimenta de mi madre. Aprendí sobre ellas, sobre cómo se trabaja en oro, en plata, y en otros metales nobles que sirven para accesorios. Desde anillos hasta relojes —sonrió un poco—. Lo mío era la orfebrería.
—¿Ofre qué?
—Orfebrería —repitió—. Son las personas que se dedican a eso. Es diferente pero a la vez similar al oficio de un artesano. Las joyas pueden fabricarse en moldes o sin ellos, el diseño de las piezas puede ser único en el mundo. Yo quería diseñar las joyas más finas y bellas para que pudieran exponerse en algún evento importante, con gente que disfrutara lucirlas —un tenue brillo adornó su mirada—. Me maravillaba el sinfín de combinaciones posibles. Comencé a capacitarme, hice diplomaturas y cursos. Quería hacer de eso mi oficio.
Jin me habló sobre la posición social de su familia. No se trataba de una familia de millonarios, sino de gente habilidosa para administrar finanzas y negocios. Los Kim tenían buena reputación por ser gente seria, confiable y asertiva. Los padres de Jin eran trabajadores, y educaron a sus hijos para que fuesen trabajadores responsables como lo eran ellos. No eran personas ociosas que nadaban en billetes. Tenían contactos y familias de buen renombre con los que ocasionalmente se vinculaban por cuestiones laborales. Ese era el caso de la señora Wong.
Dijo que la señora Wong, justo igual que la tía Eun Ja, sí que eran personas que amasaban fortunas. Wong provenía de una familia que por generaciones se había dedicado a la fabricación de joyas y accesorios. Eun Ja tenía una herencia por haber pertenecido, en algún momento, a la élite del país.
La señora Wong era también una amiga del matrimonio Kim. Sabiendo que Jin sentía fascinación por el trabajo que hacía su familia, decidió darle una oportunidad. Después de todo, Seokjin se encontraba capacitado para brindar atención al público. La cadena de joyerías estaba en plena expansión, una nueva sucursal abriría sus puertas en una de las zonas más lujosas de la ciudad. El local estaba en remodelación, pero pronto estaría listo para ser un punto clave dentro de la estrategia comercial que tenía la señora Wong.
Las joyas diseñadas por esa marca eran muy reconocidas, y estaban ganando popularidad dentro del continente Europeo. Algunos diseñadores de moda las habían seleccionado para acompañar sus colecciones y alguna que otra mujer de la realeza las lucía en eventos sociales. Poco a poco el público internacional mostraba su aceptación, sumándose así a los clientes que ya existían dentro del país.
Jin creía que era una oportunidad excelente, se sentía honrado y entusiasmado por poder iniciar su profesión en un lugar de tanto prestigio. Estaba demasiado agradecido con la señora Wong, y haría su mejor esfuerzo para aprender y quizás, en algún futuro, iniciar sus propios diseños, como deseaba.
Comenzar de a poco, hasta lograr ser alguien reconocido.
—Tenías todo listo, ¿Pero...? —pregunté.
—Pero... Pero algunas veces las cosas no suceden como nosotros queremos que sucedan.
Jin suspiró. Me dolía verlo tan abatido. Puse una de mis manos en la suya, para mostrarle apoyo y animarlo a continuar. Tenía que sacar todo eso de su sistema, tenía que hablar sobre lo que había ocurrido, y lo terrible y mal que se sentía.
—No quisiera pensarlo así, pero creo que esa oportunidad fue por lo que pasó con mi hermana. Su muerte el año pasado nos hizo mucho daño como familia —su voz tembló—. Ella era una mujer joven, que apenas estaba abriéndose camino en la vida. No merecía morir de la forma en que lo hizo.
Tragué saliva.
—¿Cómo murió?
—La asesinaron —de repente vi que Seokjin perdía la compostura apretando con furia sus puños—. Asaltaron el banco en donde trabajaba, y los delincuentes le arrebataron la vida con un arma de fuego. No contentos con tomar todo el dinero, mataron a una persona inocente que no les hizo absolutamente nada —la amargura se filtraba en la inestabilidad de su voz y en la forma en que sus ojos comenzaban a derramaban dolor.
—Lo siento mucho —musité con pena.
—No es justo, ¡No es justo! —se cubrió el rostro—. ¡Habiendo tantas personas viles en el mundo, que se dedican a lastimar, a hacer daño... y tuvo que morir ella, que no hizo nada malo!
Me acerqué a él. Con cuidado, me incliné para darle un abrazo.
Cuando lo sostuve entre mis brazos y él se dejó consolar, sentí todo su dolor. De pronto mis ojos se llenaron de lágrimas también. Podía sentir su enojo, su impotencia. El duelo no superado de haber perdido a su querida hermana, a una figura que estuvo a su lado desde que nació, y que desaparecía de un momento por estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado. La tristeza de Seokjin me abría el pecho en una grieta enorme. Era como una herida de cortadura profunda, que quemaba la piel y rasgaba los tejidos de los órganos cercanos al corazón.
Su dolor me dolía. Me lastimaba, y me costaba creer que cargaba con eso desde el momento en el que ocurrió, hacía ya más de un año.
Normalmente Jin resplandecía y emanaba un cálido aroma a chocolate. Pero esta vez, lo que resplandecía era la grieta marcada en su pecho, idéntica a la que yo sentía en el mío. Me aparté un momento, sorprendido por el conjunto turbulento de sensaciones físicas que él estaba transmitiendo, y que ya sentía como míos.
—Es injusto perder posesiones en un robo. Todo el tiempo, el dinero y esfuerzo se esfuman de nuestras manos en un santiamén. Pero las cosas materiales se recuperan, ¿comprendes? —sollozó—. El dinero, los objetos personales... incluso los más grandes, como un coche o una casa. En cambio, las personas no vuelven, Taehyung. La ambulancia tardó demasiado, y nadie dentro del banco tenía los medios para socorrerla después de recibir un disparo en el pecho. Murió desangrada en el suelo frío, mientras nadie podía hacer nada por ayudarla —lloró.
Tuve que mirarme a mí mismo, pero no había nada extraño en mi ropa o en mi cuerpo... y sin embargo, lo sentía. Sentía el dolor. Todo lo que Jin estaba sufriendo, comencé a sufrirlo yo también. Se trataba de una herida grande en su alma, y como yo era su otra mitad...
—No fue tu culpa —le dije, mientras intentaba recomponerme para no desviar la atención de sus palabras.
—No, eso lo sé. Pero es que no... Es que no comprendo por qué tuvo que pasarle a ella. ¿Por qué?
—Por- porque... —no sabía qué responder. ¿Por qué?, ¿Por qué motivo algunas veces la vida actuaba de manera tan precipitada?—. Tienes razón, no es justo —le dije.
—Por supuesto que no. Mis padres no pueden entenderlo tampoco, y no los culpo. Su primera hija, muerta en el suelo de un banco a manos de delincuentes. Es espantoso, no se lo deseo a nadie —respondió, comenzando a limpiarse el rostro—. Mi pobre hermana. No puedo evitar pensar en lo duro que debió ser para ella estar con vida esos últimos segundos, agonizando de dolor, sin poder hacer más que balbucear. Sus compañeros de trabajo dijeron que no fue capaz de emitir ni una sola palabra. Morir así debe ser tremendamente horrible.
—Lo siento mucho, Jin —le tomé el rostro entre mis temblorosas manos, aún compartiendo su tristeza. Volví a abrazarlo, y me sentí terrible por saber el peso que esto tenía en su corazón. La grieta. La herida que seguía demasiado latente.
—En ese momento juré que cobraría venganza. Dije que no podía permitir que esos infelices estuvieran en libertad y con vida mientras mi familia estaba destrozada y mi hermana sepultada bajo tierra —de repente, la voz de Seokjin cobró fuerza, y su agarre conmigo también—. Ni siquiera merecen la muerte. Merecen pudrirse en una celda, hasta que los gusanos les coman los pies, y los insectos se repartan el resto de su cuerpo.
El dolor se había transformado en odio. Y eso me llevó a apartarme.
Miré a Seokjin con duda. Y luego lo entendí. Él lograba llevar esa enorme herida emocional consigo porque la acompañaba con ira. Todo ese rencor le permitía parchar los sentimientos de pena, y así conseguía sobreponerse.
Pero eso no era sanar.
—Jin... —levanté mi mano hacia él, sintiendo compasión.
Cuando Jin aceptó mi mano con la suya, y su palma estuvo en pleno contacto con la mía, tomé consciencia de que la mayoría de sus heridas estaban exactamente igual, remendadas con odio, con desprecio o con rencor. Y luego algo en mi interior me dijo que así era como muchos humanos conseguían sobreponerse a la vida, y a las situaciones adversas... acumulando todas esas emociones intensas e hirientes.
Me sorprendí cuando todas esas cicatrices fueron plenamente visibles para mis ojos. Todas, marcadas en el cuerpo de Seokjin. Se veían como cortes rojos de luz marcando su piel, por debajo de la ropa. Me asusté. Ahogué un grito, porque pude verlo lastimado.
—¿Ves lo que yo veo? —pregunté con duda.
Jin se vio a sí mismo. Luego me soltó y comenzó a examinarse rápidamente.
—Estoy herido.
—Estás muy herido —asentí—. Pero todas son...
—Heridas emocionales —completó él, como si lo entendiera.
Sus ojos se encontraron con los míos, y entendimos que ver eso era posible porque ambos estábamos juntos.
—¡Tae, tú también! —me indicó. Miré mi cuerpo, y distinguí bajo la ropa todas mis propias heridas. Los ojos de Jin estaban abiertos de par en par, mis heridas duplicaban o triplicaban las suyas.
Me cubrí con vergüenza, pero era inútil porque Jin todavía podía verlas.
—Amor mío —su voz cargada de preocupación llegó a mis oídos de inmediato—. Esto es... Es lo que hemos acumulado hasta ahora en nuestras vidas. Es impresionante, sabía que todos los humanos guardábamos historias dolorosas y recuerdos desagradables, pero tú, Taehyung... —me acercó a él y me abrazó con fuerza.
En aquel momento éramos como dos recipientes abiertos. Éramos iguales, estábamos al mismo nivel, como seres humanos, y como almas.
Él reconociendo mis heridas y yo las suyas, contemplándonos con angustia mutua y vergüenza. Era un momento del que ya había escuchado en historias de Jungkook sobre su relación con Yoongi. Y aunque en ese entonces me sonó a un disparate, ahora estaba viviéndolo.
Si la unión de las Llamas Gemelas era auténtica, el fruto de su vínculo terminaría sanando todas esas heridas. Todas, hasta la más minúscula.
Me pregunté si realmente yo sería capaz de hacer tal cosa por Seokjin. Mis ojos recorrieron su cuerpo, sentí mucha tristeza por ver lo lastimado que se encontraba. Al mismo tiempo, me costaba creer que mi cuerpo llevara más heridas que el de él. Yo no me sentía tan mal, pero era evidente que también las estaba cubriendo con otras emociones inadecuadas, como lo hacía Jin usando el enojo. Fue impactante vernos cubiertos de cortes luminosos. Fue impactante comprender que ninguno de los dos estaba bien.
El abrazarnos ayudaba a sentirnos más tranquilos. Las heridas no dolían, no de manera física. Pero estaban allí, y eso significaba que si ahondábamos en todas, descubriríamos las causas de por qué marcaban nuestros cuerpos.
Ambos sabíamos que no sería un momento feliz. Pero también sabíamos que era necesario.
Le pregunté a Jin por sus otras heridas. La más grande, que estaba en su pecho, era la de la pérdida de su hermana mayor. Ahora quería saber la historia detrás de las demás.
No importaba si eso me lastimaba, porque en efecto, su dolor se transformaba en el mío. Pero yo quería aprender sobre él, y hacer lo posible por sanarlo.
Conmigo tardaríamos mucho más.
Al parecer, era necesario que comenzáramos a hablar sobre eso para que las heridas fueran visibles a los ojos de los dos. Nunca antes nos había ocurrido. Los dos podíamos percibir las emociones del otro, y hasta logramos sentir lo que sentía el otro estando separados. Pero esto era algo muy diferente.
Lloré más que nunca. Los dos estábamos deshidratándonos. Comprendí que las heridas eran realmente heridas. No había momentos de culpa, de ansiedad o de trauma, a menos que estuvieran ligados al dolor.
Aprender sobre las heridas de Jin aumentó mis ganas de cuidarlo y protegerlo, y no pude evitar lanzarme a su labios sintiendo una mezcla de pena y determinación por ayudarlo. Los besos también funcionaban como anestesia. Los abrazos, las caricias y nuestras miradas comenzaban a ayudar a disminuir todo ese malestar. Iniciamos separados un poco, luego nos acercamos más, y más... y ahora me encontraba recostado sobre su cuerpo. Nos envolvía una especie de manto invisible compuesto por nuestra temperatura corporal, que se había igualado, y por todo el cúmulo de sentimientos abrazándonos en consuelo.
Finalmente, Seokjin me habló sobre el robo de la joyería.
—No debería formar parte de estas heridas, pero aquí está —dijo él, señalándola como una marca en el brazo. Curiosamente estaba en el sitio donde lo habían inyectado Jimin y Yoongi—. Duele por los comentarios que recibí, y los que recibió mi familia —explicó—. Duele por el rechazo de las personas que llegué a considerar amigos. Duele porque hay quienes debieron darme apoyo, pero escogieron señalarme y darme la espalda. Y duele porque me siento un fracaso. Le fallé a mi familia, y a la dueña de la tienda. Siento que estoy acabado.
Era tan valiente. Seokjin era una persona fuerte, pero seguía siendo un ser de carne y huesos. Había transitado el asunto del robo con mucha madurez y con solidez, pero seguía siendo una situación tensa e indeseable.
—Yo-
—No digas nada —puso su índice contra mis labios—. Ya es demasiado embarazoso mostrarme tal cual soy. Quiero saber sobre las tuyas cuando llegue tu turno.
—Pero Jin —antes de poder continuar, una de mis heridas creció llamando la atención de ambos. Se encontraba en mi mano. No supe identificar por qué estaba allí, pero dolía. Mi herida ligada al asunto de la joyería dolía por saber todo lo que le había causado a Jin, siendo mi llama gemela. Pero él no lo sabía todavía.
—Está creciendo. ¿Duele mucho? —preguntó alarmado.
—D-demasiado —murmuré, mientras mis ojos se empapaban mirándolo.
Seokjin me cobijó a su lado y me besó en una mejilla.
—No sé cómo se supone que logremos sanar todo lo que nos ha hecho daño, pero de alguna manera tengo la seguridad de que podremos hacerlo —decretó con convicción.
—Tengo miedo.
—¿Miedo? —Jin tomó mi rostro y me sonrió con bondad—. No tienes nada que temer. Mientras estemos juntos, estaremos bien.
—¿Y si decidimos no estar juntos?
Yo moriría. Si Seokjin llegaba a odiarme después de saber toda la verdad, no soportaría estar alejado de su lado. No sería capaz de lidiar con su odio y su rechazo.
En realidad, su alma merecía sanar y encontrar la paz. Quizás yo era demasiado malo para él. Yo causé una de sus heridas. Yo era uno de los que merecía pudrirse en una cárcel.
Seokjin lucía nervioso tras aquella pregunta. Intentaba indagar en mi mente, en mis emociones... pero sólo hallaba tristeza. La respuesta que él estaba buscando estaba oculta detrás de todo ese temor.
Jin sostenía mi rostro entre sus manos, mirándome fijamente. Traté de concentrarme en transmitirle el único pensamiento que deseaba que entendiera.
—Te amo.
Vi en detalle como su expresión se suavizaba y sonreía. Me atrajo a su pecho y luego susurró en mi oído.
—También te amo. Mucho.
El sollozo me impidió hablar. Pasé mis brazos por su cuello y traté de calmarme.
Estaba tremendamente enamorado de Seokjin. De todo lo que su alma representaba, siendo mandón, estricto y serio. Con su alma llena de heridas, con su obsesión por el orden, por los colores de consultorio y por ese tonto aromatizante a limón que usaba a diario. Lo amaba. Simplemente siendo él.
Y quería que me amara. Aún siendo un gusano de alcantarilla.
Mi cuerpo se movió sobre el suyo y me senté a horcajadas encima de sus piernas. No lograba controlar mis emociones, todas parecían desbordar de mi pecho.
Como si él ya lo supiera, tiró de mí y nos unió en un apasionado beso. El contacto de nuestras manos parecía sagrado, pero el de nuestras bocas era cien veces mejor.
Fue tan efusivo que me llenó de alegría en un santiamén. Como la nieve cayendo sobre una fogata, sentí que mi abdomen se llenaba de burbujas y de vapor. El chocolate mezclándose con la menta, el invierno llegando a la playa y el mar caluroso a orillas de las montañas nevadas. Mi amor por Seokjin era inmenso como el océano y el cielo azul. Y su amor por mí trascendió su piel llegando a lo más profundo de mi corazón.
Me sentí agradecido de haberlo encontrado en vida. De haberlo conocido, incluso si había sido apuntándole con mi arma. Aún con todos los problemas, con la angustia, las mentiras... no me arrepentía de haberlo conocido. Amar con tanta intensidad era un sentimiento hermoso. Uno que yo experimentaba por primera vez, y me sentía grandioso. Era como estar en la cima del mundo y gritar a todo pulmón bajo un sol brillante. Me hacía sentir invencible. Completo. Amar a Seokjin era liberador.
Casi no noté cuando sus manos viajaron por mi cuerpo y las mías por el suyo quitándome la ropa. No teníamos prisa. No había en nosotros nada más que el deseo de amarnos, sanarnos y alcanzar esa unión tan grande de las que otras llamas gemelas hablaban.
Respirábamos al unísono. Nuestros cuerpos entraron en una perfecta armonía, yo sentía mi corazón vibrar al compás del de Seokjin. Exploré su piel con cuidado. Descubrí cicatrices físicas, pequeños detalles que en segundos me enamoraron, y escuché por primera vez su voz producir sonidos que nunca había oído antes cuando ingresé en su interior. Nunca había entendido eso de que el cuerpo era el templo del alma, pero el de Jin era realmente una obra maestra de la creación. No fue solamente la conexión física, la mental me tenía enloquecido porque sabía que él quería más de mí. La espiritual se dio porque pude conocer su pasado, su presente, y añorar lo mejor para su futuro.
Era como si lo hubiésemos hecho muchas veces en el pasado. Conocerlo era como repasar algún lugar en el que ya había estado antes. Con la paz y la calma que se obtienen al volver a casa.
Sus labios recorrieron cada centímetro de mi piel. Me perdí en su tacto y en su forma de estimular mis sentidos y emociones. Se metió dentro de mí de manera literal. Bajo mi piel, bajo mis inseguridades y mis secretos. Seokjin tenía la llave de todas esas cosas incómodas que uno desea esconder de los demás. Él ingresó siendo cuidadoso, y no me juzgó. Manteníamos un lenguaje no verbal que eran intercambios de gemidos. Le hice saber que el placer me estaba inundando después de echar la cabeza hacia atrás y cerrar los ojos cuando él logró llegar a mi centro. Incluso así, Jin supo exactamente cómo proseguir. Tal vez se lo dijo mi mente. O tal vez era su habilidad al experimentar aquella sensación de reencuentro conmigo.
Hacía calor. No terminó de hablarme sobre todas sus heridas, yo tampoco le hablé sobre las mías, pero nos llevó directo a nuestro primer encuentro sexual, y eso nos unió un poco más. Teníamos un bonito lazo atado a nuestros corazones y conectando nuestras almas. Era extraño porque no se trataba de algo tangible, sin embargo estaba allí. Yo podía sentirlo, y Seokjin seguramente también.
Me sentí tan feliz, que olvidé todas mis preocupaciones. La noche nos encontró cálidamente acurrucados y dormidos. Me adormecieron sus caricias y el aroma de su piel. Con su corazón tan cerca del mío, entendí que simplemente estábamos hechos el uno para el otro.
Así que decidí que dejaría de temer. Ya no me escondería. Le haría saber a Jin absolutamente todo sobre el robo. Sobre mi vida como miembro de aquella pandilla que organizaba robos. Le contaría sobre Jimin, Jungkook y Yoongi. Me disculparía con él.
Y rogaría porque él no escogiera apartarme de su vida.
❣❣❣
Debo decir que no recuerdo nunca haber despertado con tanta paz en mi alma como lo hice esa mañana.
Sin embargo, en cuanto noté que Taehyung no estaba a mi lado, me senté en la cama a toda velocidad.
—¿Tae? —pregunté alzando la voz, algo ronca. Nadie contestó.
Miré a mi alrededor, su ropa tampoco estaba. Quizás se había marchado porque tenía cosas que hacer. Me levanté de la cama con pereza.
Mi cuerpo, contrario a lo que esperé, se sentía ligero y renovado. Estaba seguro de haber tenido relaciones con Taehyung la noche anterior, y aunque ambos caímos rendidos, no me sentía particularmente agotado. Magnífico.
Estiré los brazos hacia arriba, tomé una toalla y estaba listo para tomar una ducha.
Cuando salí hacia el comedor, noté a través de las ventanas que ya era casi medio día, lo que significaba que mi descanso había sido de más de ocho horas. Bastante bien.
Mi corazón también se sentía a gusto. Me toqué el pecho. La experiencia con Taehyung fue impresionante, desde el lado físico y el lado emocional. Conocí sus heridas mientras aprendía sobre mí mismo y descubría lo perfecto que era él en cuerpo y corazón. Debo reconocer que me sentía muy enamorado.
Estaba a punto de buscar mi móvil para contactarme con él, cuando encontré una nota de papel bajo una taza de café vacía.
"Jinnie, tuve que madrugar porque me solicitaban en casa. En cuanto esté libre te llamaré.
Lo pasé increíble anoche te amoooo mucho♥
Taehyung"
Me había dejado una nota breve, pero llena de amor. Sonreí. Esperaría su llamada.
De pronto, incliné la cabeza mirando la nota. Su letra me resultaba extrañamente familiar.
A la velocidad de un rayo, un recuerdo espantoso me atravesó de pies a cabeza. No podía ser, no.
Regresé a mi cuarto a revisar en el cajón de la mesita de noche junto a mi cama. Busqué desesperadamente la nota doblada que apareció misteriosamente después del asunto del robo. No podía ser posible que la caligrafía fuese la misma. Tenía que comprobar que era solo una errónea impresión mía.
Logré encontrarla. Estaba doblada, así que con las manos temblorosas la llevé hacia afuera. Puse una junto a la otra.
Me horrorizó notar que eran iguales.
Exactamente en una palabra. El《te》.
El de "Seokjin, te quiero" de la primera y "te amo mucho" de la de hoy.
Intenté concentrarme para comparar las demás letras. Los ojos se me llenaron de lágrimas en segundos. Era Taehyung. El autor de la primera nota era él, mi llama gemela. Y eso significaba que él sabía lo del robo y que, sin duda, sabía más al respecto.
Sentí que el mundo me caía a los pies.
❣❣❣❣❣❣❣
Bienvenidxs de nuevo!!
Estoy feliz de poder volver a actualizar esta historia. Queda el último capitulo que es el gran final! Es increíble el amor que recibió Twin Flames así que quiero agradecerles por esperar con mucha paciencia n.n de verdad se merecen el cielo enterooo y más.
JIN YA LO SABE CHAN CHAN CHAN!
¿Piensan que perdonará a Tae? ¿O será el fin de esta historia romántica?
Gracias por leer, buena semana❤
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