↬ 14 ↫
Desde aquella noche, puse una muralla alrededor de Jin y de mí, e hice todo lo posible para concentrarme en disfrutar de nuestra relación sin oír comentarios ni quejas de nadie. Y con nadie me refería específicamente a Jimin.
Le hablé a Jin sobre lo difícil que estaba siendo que mi familia aceptara que pasara tanto tiempo con él, una mentira a medias. A mi amigo no le molestaba que yo estuviera con Jin, le molestaba que estuviera con él sin haberle hablado sobre el día del atraco. ¿Y qué? Yo podía tomar mis propias decisiones. Se lo diría a mi llama gemela, claro que sí, pero no todavía.
A medida que Seokjin y yo hablábamos más y más sobre nuestros problemas o nuestras dificultades, podíamos llevar calma a nuestros corazones con sólo mirarnos y unir nuestras manos, aconsejarnos, y escucharnos mutuamente. Así supe que no le gustaban sus piernas, que creía que era excesivamente serio algunas veces, y que su mayor arrepentimiento era no haberse despedido de su hermana el día de su muerte.
No lloró, pero sé que tenía ganas de hacerlo. Tampoco ahondó en detalles, simplemente me dijo que había fallecido y que para él y su familia el dolor todavía era muy grande. Tuve que fingir que no lo había oído antes, fue muy duro. Recordé todo el enojo con el que lo dijo cuando estuvo con nosotros en la guarida el día del robo. Ahora él y yo estábamos en nuestra cita número quince, quizás no se atrevió a dejar que el llanto lo acorrale porque seguíamos a plena luz del día en el parque. No retomamos esa conversación al finalizar la cita porque dijo que debía reunirse con otras personas por asuntos legales. Tampoco explicó detalles sobre eso, y yo no insistí.
Ambos decidimos continuar con nuestros encuentros de manera habitual. Nos reuníamos cinco o seis veces por semana, al menos tres de ellas en su hogar. Fuimos a pasear en bicicleta por el parque, salimos a cenar, volvimos al cine, al museo y a pasear por los jardines históricos de la ciudad. Le ayudé a terminar de pintar. Me quedé a dormir, cenar, almorzar y desayunar muchos días; y lo besé muchas veces también. Con timidez al principio, y con pasión poco después.
Llegados a este punto, lo primero que hacíamos al vernos era besarnos. El apretón de manos formal había quedado demasiado atrás.
Le conté que no me gustan las frutas con carozo, que mi recuerdo más triste fue despedir a mis amigos del orfanato, y que mis orejas eran la parte que menos me gustaba de mi cuerpo. Me mordió el lóbulo apenas dije eso, estábamos recostados en su cama, y luego comentó que a él le parecían perfectas de la forma en que estaban. Nuestras últimas citas eran él y yo en su habitación, con el televisor encendido pero sin que estuviéramos prestando atención. Hablábamos, comíamos algo y luego jugábamos o teníamos peleas amistosas. Supe que le gustaba mucho escucharme reír.
Me sentía tan feliz a su lado.
Mi miedo jamás desaparecía, pero la esperanza de que éramos más fuertes que toda mentira y toda acción pasada comenzaba a crecer en mi interior. Quizás todavía había alguna posibilidad para nosotros.
❣❣❣
Aunque le dije a mi tía que no me encontraba con ánimos de reuniones ni festividades, ella me suplicó que acudiera a su celebración de cumpleaños número setenta y tres. La tía Eun Ja era algo así como una abuela a la que yo adoraba demasiado, y ella me quería como a su nieto. Mi madre siempre me decía que yo era su favorito de entre todos los sobrinos y nietos de mi familia materna. Crecí con esa idea, y admito que me gustaba ser su orgullo y su consentido. Ahí, donde mis propios primos envidiaban mi prosperidad y la de mis padres, mi tía Eun Ja celebraba mis logros y festejaba mis objetivos alcanzados. La mujer era simplemente encantadora.
Yo sabía perfectamente que la acusación del robo les daba a mis primos la oportunidad ideal para que cotillearan sobre mi familia y sobre mí. Siempre mantuve una buena reputación, pero después de que el caso se volviera público sólo ensucié el apellido de la familia. Podía apostar que más de uno se había alegrado al saber que me había ocurrido a mí. Patético. A veces resulta que los lazos de sangre son simplemente una condena.
Escogí mantener un perfil bajo para no llamar más la atención, por lo que recibir la llamada de la tía Eun Ja y su voz entusiasmada a sus setenta, me atrapó entre la espada y la pared. En realidad no quería ir. Le ofrecí visitarla de manera personal y también le dije que podía venir a verme cuando quisiera, pero no aceptó. Cuando me preguntó sobre mi llama gemela, noticia que supo por mi madre seguramente, terminó exigiendo que fuésemos juntos a su cumpleaños.
No sabía cómo darle un no, y la tía no sabía cómo aceptar una respuesta negativa.
Finalmente y después de insistentes llamados también por parte de mi madre, acepté. Le hablaba a Taehyung sobre eso mientras terminábamos de almorzar.
—No entiendo, ¿por qué no quieres ir?
—La familia de mi madre es la más superficial del mundo, se fijan siempre en apariencias y no en otras cosas. Por fortuna nunca crecí demasiado cerca de ellos, a excepción de mi tía y de otras pocas personas. Mamá siempre trató de que mi hermana y yo fuésemos diferentes, incluso ella no los soporta —le conté. Caminaba por el corto pasillo entre la cocina y mi habitación con la mano derecha en el mentón y la otra en el bolsillo de mi pantalón marrón.
Una familia adinerada y molesta.
—Bueno, son ricos. ¿No es ese el estereotipo de una familia de clase alta? —preguntó él, sosteniéndose el rostro con sus manos y los codos apoyados sobre la mesa. Exactamente lo que yo estaba pensando.
—No todos somos así.
—No, claro que no. Pero los estereotipos no surgieron como un invento descabellado... —señaló Tae—. Si no quieres ir, no vayas y listo.
—No es tan fácil. Sinceramente, me preocuparía poco ofender a cualquier otro miembro de la familia, pero no puedo hacerle algo así a ella —expliqué.
—Puedes decirle que venga aquí y fin del problema. No tienes que ir.
—Ya lo intenté, pero ella siguió insistiendo. Además, quiere conocerte.
—¿Le hablaste sobre mí? —de pronto la mirada de Taehyung se llenó de ilusión.
—Sí. No demasiado, pero le dije que encontré a mi llama gemela y ella se mostró fascinada. Ahora quiere verte allí, en su fiesta de cumpleaños.
Tae sonrió entusiasmado.
—Hay que ir.
—¿Ahora resulta que sí quieres que yo asista? —sabía que la respuesta era obvia, pero quería escucharla igualmente.
—Que asistamos —me corrigió—. Y sí, ¡Me encantan las fiestas! Pero debes decirme si hay protocolos o tradiciones familiares que siguen sí o sí, no quiero echarlo a perder.
Pasé a su lado y dejé mi mano en uno de sus hombros.
—Jamás podrías hacer tal cosa. Y no te preocupes por los esquemas familiares y las costumbres petulantes, más allá de todo el dinero que amasan sus apellidos, son personas como tú y como yo. Se creen la gran cosa, pero no lo son.
Sentí el momento exacto en el que su pecho se llenaba con alivio, al tiempo que me sonreía. Estaba empezando a enamorarme de aquella sonrisa suya, tan llena de vida, de ilusión y de color.
Mi llama gemela era perfecta.
🔥🔥🔥
Nunca terminaba de admirar la persona que era Kim Taehyung. Era un joven adulto como yo, pero no era el típico muchacho obsesionado con un puesto de trabajo, la economía, o el equipo ganador del último torneo de fútbol.
Taehyung era más distendido. Un adulto que conservaba la capacidad de asombro, la inocencia, y la torpeza que me recordaba de vez en cuando a los infantes. Estar con él me permitía hablar sobre el Cosmos, extraterrestres, caricaturas animadas y luego pasar a temas tan extraños como los diferentes tipos de algas que les otorgan el color rosado a los flamencos, comida tradicional coreana y mitología Griega.
Él veía el mundo de forma única, y eso me fascinaba.
Del mismo modo que me fascinaba mirarlo mientras hablaba y hablaba sobre lo que sea que llegara a su cabecita llena de pensamientos perpendiculares. Estar con él me recordaba la perfección de las cosas pequeñas, lo importante de ser consciente del presente y la escasa capacidad de disfrute que tenemos quienes nos vemos inmersos en nuestra rutina.
Taehyung era un cálido día de verano. Taehyung era el perfume del mar, y cada que sonreía podía escuchar las olas rompiendo contras las rocas de algún peñasco. Su piel era como la arena dorada, y sus ojos azules parecían ser del mismo color que el océano en su majestuosa inmensidad.
A veces me sorprendía a mí mismo perdiéndome en su manera de hablar, en aquel tono grave tan seductor que podía hacer que me temblaran todos los huesos.
Era una persona dulce, y sus muestras de afecto consistían en abrazos cortitos, en besos fugaces y en miradas resplandecientes. Mientras más lo conocía, más me gustaba... Y debo admitir que ya me gustaba demasiado.
¿Era posible, acaso, que nuestra conexión sagrada fuese tan impactante como para que sintiera que estaba próximo a enloquecer por él?
Hacía años que no me enamoraba de alguien con todo el conjunto de sensaciones incómodas y magníficas típicas de la adolescencia. Ahora, en un par de semanas, lograba revivir todas esas emociones que creía olvidadas. Probablemente se debía a que se trataba de mi Llama Gemela.
—Nunca antes hice algo así —mordió su labio y bajó la mirada.
—Lo estás haciendo bien, vas muy bien —repliqué yo. Estábamos bailando en la planta baja, donde estaba el sofá pequeño frente al televisor. Antes, el enorme equipo de pantalla plana junto con el sofá de tres cuerpos ocupaban demasiado espacio, ahora el lugar era amplio y nos permitió practicar.
Decidí que debía preparar a Taehyung para el momento del vals, era una tradición de cada celebración en la mansión de mi tía. Ella estaba algo obsesionada con la ropa, la decoración y las costumbres de la época victoriana, y lo reflejaba en sus extravagantes reuniones familiares.
Una mano de Tae estaba contra la mía, y la otra se afirmaba suavemente en uno de mis hombros. No teníamos música porque yo quería que él fijara el ritmo básico en su mente. De esa forma, no podría perderse y si lo hacía, lograría retomar el compás en pocos segundos.
—No mires al suelo —corregí.
Taehyung alzó la vista y sus ojos azules se centraron en los míos.
—¿Qué? —preguntó enseguida.
—Nada —me encantaba mirarlo, y bailar nos permitía estar cerca de una forma diferente—. Relaja el brazo derecho —indiqué. Él obedeció—. Imagina en tu cabeza el sonido tal y como dije. Un, dos, tres. Un, dos, tres. Un, dos, tres —murmuré.
—Deberíamos practicar con música.
—No. Necesitas afianzar la seguridad de tus pasos primero, la música vendrá después.
Taehyung pareció morderse la lengua para no contestarme, era extraño que lo hiciera, normalmente tenía miles de formas de responder.
—Estás algo distraído. Tu atención debería centrarse en tu compañero de baile —señalé.
—Tu mirada pétrea me intimida —dijo él, sin rodeos—. Eres un instructor de baile demasiado serio.
—El vals es un baile serio —contesté—. Debe ser preciso y elegante, de lo contrario no se verá bien.
—¿Y debemos usar trajes?
—Sí. Es parte del código de vestimenta.
—Jin, p-pero yo no tengo ningún traje con estilo antiguo —murmuró temeroso.
—Oh, no es necesario que sea antiguo. Simplemente debe ser negro. Y deberás incluir algún detalle en color azul.
Las parejas siempre solían vestir algún detalle en un color distintivo, de esa manera era fácil reconocer a quienes estaban juntos en medio de tanta gente. El vals también era un momento social, así que era probable que tanto yo como mi llama gemela bailáramos con alguien más.
—¿Un detalle?, ¿Como una corbata o un prendedor?
—Sí. Los hombres habitualmente lucen un pañuelo de tela doblado en el bolsillo superior —le dije—. Si no tienes ninguno de ese color, yo conseguiré uno para ti.
—Por favor, eso me ayudaría bastante —contestó Taehyung—. ¿Crees que a tu tía le moleste ver a dos hombres bailando juntos?
—En lo absoluto. Quizás sus gustos sean antiguos, pero su mentalidad es bastante actual. Además, una de sus nietas es lesbiana. Mi tía acepta que sus familiares estén con quienes deseen.
—¿Aceptó a Millia?
Desvié la mirada. Debo decir, con mucho pesar, que mi ex novia no era especialmente apreciada entre los miembros de mi familia materna. Y nunca supe el porqué.
—Millia fue diferente —respondí—. Tenía el respeto que merecía por ser una persona, y por ser mi novia, pero no congenió demasiado con mis tías o mi madre.
—Oh —Tae permaneció pensativo, todavía seguíamos bailando—. Me gustaría que tu familia y yo pudiésemos llevarnos bien.
—Me gustaría que tu familia y yo también —le dije, mirándolo con intención.
—Mi familia es pequeña.
—Ya me habías dicho eso. Son solamente tus hermanos, ¿no es así?
—Sí. Jinnie, ¿recuerdas que una vez mencioné que nosotros no vivimos del mismo modo que tú?
—¿Te refieres a que todos son como tú y prefieren ser menos estrictos con ciertas cuestiones?
Tae sonrió con amabilidad.
—Algo así.
—Está bien. No importa si nuestros familiares son polos completamente opuestos, al final del día lo único que realmente importa somos nosotros dos —aseguré—. Espero que en algún momento puedas presentarme ante ellos.
—Es complicado —respondió Tae. Noté su tristeza y su preocupación.
—No lo es, amor mío. Haremos sólo lo que tú apruebes, cuando tú lo apruebes.
Taehyung detuvo el baile y me besó.
Me expresó gratitud, y por supuesto, todo su cariño. Sus labios en forma de corazón eran perfectos para los míos, no me resistí a pedirle otro beso cuando terminamos el primero. Nuestras mentes se sentían más unidas, y nuestros sentimientos se volvían cada vez más fuertes. Estaba enamorándome cada día un poco más de mi llama gemela.
🔥🔥🔥
Taehyung era tan guapo. El traje le sentaba de maravilla, lucía espléndido. Me quedé mirándolo como un bobo cuando apareció en la puerta de mi hogar listo para asistir a la celebración. Parecía una estrella de cine, un magnate multimillonario.
—¿Estás listo?
—Sí —salí de mi trance y le entregué la bolsa con el obsequio—, ¿y tú?
—¡Listo!
Inmediatamente se aferró a mi mano mientras con la otra sostenía el regalo para la Tía Eun Ja. Salimos poco después.
El día llegó más pronto de lo que imaginé. Taehyung y yo estábamos rumbo a la mansión de la familia de mi madre a celebrar una pomposa fiesta de cumpleaños. Este año, mi tía dijo que sería una celebración en los jardines del ala este, frente al lago.
El presente era un cuadro mediano de una joven artista a la que ella admiraba mucho. Mi tía tenía gusto por la pintura y la escultura, su mansión estaba decorada con cuadros abstractos y colores pasteles. La idea original era entregarle una joya de oro blanco con un topacio azul, pero tras todo lo acontecido tuve que improvisar y usar mi ingenio.
En el interior del taxi, el sol nos alumbraba desde la ventana, comenzando a esconderse. Aunque viajábamos en silencio, yo podía percibir todo el nerviosismo que emanaba mi querida llama gemela. Traté de buscar, disimuladamente, la razón de aquello. Sin embargo por mucho que intentaba no lograba descifrar la causa. No me quedó más opción que preguntarle, seguramente lograría saber esas cosas sin tener que recurrir al diálogo con un poco más de tiempo de convivir juntos.
—¿Qué te preocupa?
Tae siguió mirando por la ventana, una de sus manos estaba enlazada a la mía.
—Este es un traje de imitación —confesó en voz baja—. Se darán cuenta, ¿no es así?
Miré su ropa. Ni siquiera yo me había percatado de la etiqueta o el diseño, simplemente se veía bien.
—No le des importancia. Toda la atención debería centrarse en la tía y no en nosotros —le aclaré.
Aun así, no me sorprendería que alguien decidiera hacer un comentario sobre lo sucedido en la joyería. Correría el riesgo sólo por complacer a mi tía, y porque ya era demasiado tarde para decirle a Tae a que fuésemos a otro sitio.
Me aseguré de decirle a mi llama gemela que no tomara en serio ningún comentario extraño o negativo que alguien fuese a decir sobre nosotros. Si alguno de mis familiares abría la boca sobre el delicado asunto del robo, enfrentaría la situación frente a Taehyung a solas con él.
—Es que dijiste que eran personas superficiales.
—Te ves increíble, nadie notará si es una imitación o no —respondí—. Si me hubieras hablado sobre esto antes, yo podría haberte ayudado.
—No quería sonar superficial —admitió cabizbajo. Estaba desanimado, era más que evidente.
Pasé un brazo por sobre sus hombros y lo atraje a mi lado para darle un beso en la frente.
—No vayas a permitir que ninguna de esas personas te haga sentir mal. ¿De qué sirve que vistan cosas costosas y tengan las billeteras llenas si sus cabezas están totalmente huecas? —Taehyung soltó una carcajada bajita. Sentí cómo relajaba sus músculos y su pecho se llenaba de bienestar—. Mi tía Eun Ja te adorará. No dejemos que nadie lo arruine.
Me había convertido en un novio mucho más cariñoso de lo que recordaba, impresionante.
Tae se inclinó a darme un beso pequeño y suave en los labios.
—De acuerdo —aceptó con tranquilidad. ¿Cómo no iba a ser yo un novio cariñoso con alguien como él?
Tras veinte minutos de viaje, llegamos a la enorme mansión.
Los vehículos formaban una larga fila, atravesaban las puertas de barrotes metálicos y subían un camino sinuoso hasta llegar a la cima. Se detenían frente a la entrada a la casa para que los pasajeros descendieran, y luego se marchaban dejando que el coche de atrás hiciese lo mismo.
Una alfombra roja finalizaba en los escalones que llevaban al interior del recibidor. El patio estaba decorado con globos inflados con helio en arreglos que simulaban ser rosales, y un par de reflectores iluminaban las telas doradas que decoraban la entrada con el enorme cartel de "Feliz Cumpleaños". Demasiado propio de mi tía.
El sendero marcado por la alfombra nos guió en medio del verde y pulcro césped hacia el ala este, donde sería la celebración. En el camino noté que Tae apretaba su agarre hacia mi mano, clara señal de que estaba más nervioso que antes.
Dos columnas de globos dorados nos indicaron que ya estábamos en el lugar. Había bastante gente presente. Mis ojos hicieron un recorrido rápido entre los invitados para reconocer a mi tía, y cuando vi una mujer con vestido celeste y un sombrero a juego, supe que era ella.
Taehyung miraba todo el lugar asombrado. No era para menos, el jardín inmenso en el que estábamos lucía decorado al estilo victoriano. Tenía plantas exóticas, arbustos simétricos y flores, muchas flores. A mi tía le tomó años darle la forma que quería, contratar a paisajistas expertos y a gente que había vivido en Europa para que la asesoraran. Mantener un jardín de tal magnitud también le había costado bastante dinero.
Había esculturas de ángeles, una pérgola gigante donde estaba la mesa de regalos, y varias mesas redondas y blancas cubiertas con manteles y enormes adornos. Tenía baños de pájaros en forma de fuente, bancos forjados en hierro junto a los rosales, y toldos decorados con dorado donde los bocadillos y las copas estaban dispuestas en otra inmensa mesa. Incluso teníamos música en vivo gracias a un par de violinistas y una mujer tocando el arpa.
Las mujeres lucían vestidos largos y peinados prolijos, y los hombres llevábamos trajes, tal como lo indicaba el código de vestimenta escrito en las invitaciones. Busqué a mi madre, pero no pude verla.
Tae pareció calmarse luego de notar que no desentonaba entre los demás invitados.
—¿No es exagerado para tratarse del jardín de una casa? —murmuró cerca de mi oído.
—Sí. Si esto te parece extravagante, la casa te resultará un palacio. Allí está mi tía, deberíamos ir a saludarla —le dije guiándolo junto a mí.
Eun Ja conversaba con un grupo de tres personas que vestían igual de arreglados que ella y que sonreían como si la charla fuese la más divertida del mundo. Estaba dándonos la espalda, y ante las miradas curiosas de sus interlocutores, volteó y me enseñó una sonrisa amable y entusiasta.
—Chinnie, sabía que vendrías —Tae se aguantó la risa. Mi tía extendió los brazos y me saludó con un abrazo fuerte.
—Jin está bien, tía —le dije, me avergonzaba que usara ese sobrenombre.
—Y tú debes ser... —sus ojos grandes se centraron en mi llama gemela.
—Tía Eun Ja, quiero presentarte a Taehyung, es mi llama gemela —hice un gesto con mi brazo hacia Tae, para que se acercara un poco más.
Lo hizo, estaba bastante nervioso.
—Es un placer. Gracias por invitarme, Jin me ha hablado mucho sobre usted. Espero que esté pasando un feliz cumpleaños —extendió hacia ella la bolsa con el presente.
—¡Qué muchacho tan guapo y encantador! —festejó ella, recibiendo el obsequio—. Me alegra poder conocerte, Taehyung. Cuida muy bien de mi Chinnie —luego se acercó a él y susurró—. Cuando estaba aprendiendo a hablar, Seokjin no podía decir su propio nombre y corría en pañales gritando "Chinnie", "Chinnie" mientras intentaba atrapar las aves en este inmenso jardín.
—Tía... —me llevé una mano a la frente totalmente mortificado.
La señora de vestido largo y aretes de perlas estalló en una carcajada animada. Taehyung lucía igual de divertido.
—Sigues siendo una dulzura, Seokjinnie —me agarró una mejilla—. Bienvenidos a la fiesta, disfruten del ambiente. Los bocadillos están justo allí, en una hora más cortaremos el pastel —luego, su mirada firme se centró en mí—. Y luego viene el vals, querido.
—Por supuesto —asentí. El baile era la costumbre de todas sus celebraciones, año nuevo, navidad, o incluso su cumpleaños.
—¿Sabes bailar, Taehyung?
—Estuve aprendiendo —me miró.
—Muy bien, quiero verlos juntos —le dijo ella, y su mirada perspicaz le indicó que no podría escapar del momento del vals. Bajo esas muchas arrugas alrededor de sus ojos y boca existía una mujer de voluntad férrea que lograba lo que quería. No por nada su fortuna había crecido hasta ser lo que era a día de hoy. Pareció notar el repentino nerviosismo de Taehyung, así que luego volvió a reír—. Tu llama gemela es muy tierna, ¿por qué no le das un recorrido por el jardín antes de conocer a los demás invitados? —nos animó.
Afirmé con la cabeza. Taehyung tenía porte y elegancia con aquel traje, además sus rasgos eran masculinos y prolijos, no podía sentirme más orgulloso de presumirlo a mi lado. Su apariencia encajaba muy bien dentro de este mundo, el mundo de los ricos.
—Los veré después, queridos —nos despidió y volvió a ser el centro de atención mientras más personas se acercaban a ella.
Mientras nos alejábamos, Tae recobraba la tranquilidad.
—¿Lo hice bien?, ¿Le agradé?, ¿Crees que me haya aceptado ya?
Sonreí.
—Tranquilo, lo hiciste bien —le dije—, y sí. Creo que le agradaste porque te llamó guapo y encantador.
—Qué alivio —suspiró—. Espero no estropearlo.
—Calma, amor mío —enlacé nuestras manos—. Es una fiesta, podemos divertirnos como todos los demás... ¡Tae! —grité por el sobresalto cuando casi me derriba al lanzarse a mis brazos.
Lo escuché reír con alegría antes de que finalmente me diera un fuerte y decidido beso. Sentía el entusiasmo brotando desde su pecho. Parecía decidido a dejar las preocupaciones de lado por el momento.
—Gracias por traerme, ¡vamos a divertirnos mucho! —afirmó con decisión—. Te quiero, Jinnie.
¿Fueron sus ojos llenos de luminosidad?, o tal vez... ¿El hecho de que estuviéramos rodeados por una gran variedad de flores y una fuente con la escultura de cupido?
¿Fue la inmensa felicidad que me provocaba verlo sonreír?, ¿O el sentir mi dicha por haberlo encontrado y porque ya formaba parte de mi vida?
—Te amo —le contesté.
Y lo vi abrir los ojos con sorpresa mientras su rostro me demostraba pánico.
❣❣❣❣❣❣❣
Actualización después de mucho tiempooo. Fue un capítulo más largo, creo que le quedan un par más antes del gran final.
Feliz cumpleaños a mi bella @LizMalpicaC :3
Twin Flames ganó los TH Awards 2020 y ya tiene su insignia en la portada, me hace muy feliz. La fiesta va a continuar en el siguiente capítulo, espero poder publicarlo sin tanta demora.
Y como vieron Jin le dijo "Te Amo" :0 Tae se enamoró primero, pero Jin se enamoró más fuerte oknoperosí. Habrá consecuencias.
Cuídense todxs y gracias por leer. Buena semana :)
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro