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Los labios de Taehyung eran adictivos, simplemente no podía dejar de besarlo.

Sentí su alegría fluyendo por mis venas. Sentí mi propio entusiasmo inundar mi corazón.
No había nada que quisiera más en aquel momento que seguir en sus brazos.

Abrí los ojos cuando sentí que se apartaba.

—Jin, tengo que decirte algo importante —anunció de repente.

Lo miré sin comprender. Iba a preguntar, pero ambos nos sobresaltamos al escuchar la llave girando en la entrada.

Hoseok abrió la puerta y nos vio en aquella comprometedora posición en el suelo.

—¡Ahhh! ¡Lo siento, lo siento! Fijan que nunca vine, ya me voy.

Me senté mientras sonreía.
—Está bien, puedes entrar. No te preocupes.

—¿Tiene llave de este lugar? —murmuró Taehyung, manifestando su claro disgusto. Yo me puse de pie primero y luego estiré los brazos en su dirección, ayudándolo a él.

—Jin, n-no quería interrumpir lo que- lo que fuera que estaban haciendo —volvió a disculparse Hoseok, seguía cerca de la entrada.

—Intentábamos pintar —expliqué. Luego me miré a mí mismo, estaba hecho un desastre. Tae a mi lado lucía igual o peor—. Hasta que él tuvo la brillante idea de atacarme —lo señalé con el pulgar.

—¡Todo fue tu culpa! —estalló Taehyung en respuesta. Sabía que mi comentario le molestaría—. Me llamaste chiquillo inmaduro.

—Pero es lo que eres, cariño —dije con obviedad. Tae volvió a darme un empujón y yo me balanceé casi perdiendo el equilibrio.

Mi mirada dura bastó para que él soltara una carcajada animada e intentara huir. Le tomé un brazo y lo atraje a mi cuerpo sosteniéndole la cintura, comencé a hacerle cosquillas. Lo oí reír con más fuerza mientras cerraba los ojos, flexionaba los brazos tratando de cubrirse, y fracasaba en su plan de escape. 

Para mi sorpresa, yo me sentía igual de animado y con excelente humor. 

Me detuve al comprobar la mirada curiosa de Hoseok sobre nosotros dos. Su mano se posó nuevamente en el picaporte.

—Mejor me retiro. No quisiera- uhm, distraerlos del trabajo que están haciendo. Muy bueno, por cierto —nos felicitó.

—¡Gracias! —respondió Taehyung—. Por fin Jin se deshace de ese color de consultorio médico. Ahora se ve mucho mejor, ¿cierto?

Mi mejor amigo hizo un gesto que parecía demostrar su aprobación al comentario de Taehyung.

—Lo hacen muy bien —dijo, mirando atentamente las paredes terminadas—. ¿Cómo aprendiste? —me preguntó a mí.

—No es una ciencia compleja —contesté—. Sólo puse el rodillo en la pintura y luego en la pared.

—Pues no está nada mal. No sabía que ibas a pintar el día de hoy, no hubiese venido a molestarlos.

—No lo planifiqué, simplemente consideré que era oportuno utilizar todas las cosas que compré hace algunos días. Y le pedí al Señor Experto en Colores que me ayudara. 

—Cuando terminemos se verá estupendo —añadió Taehyung.

—Ya lo creo —convino Hoseok.

—Tae, deberías quitarte la pintura antes de que se seque. Podemos tomar un descanso antes de continuar con el resto de la cocina —sugerí.

Él volteó a mirarme con duda.
—¿Como dices?

—Puedes usar la ducha y dejar estas prendas a un lado, vestías otra muda al llegar. Será por un momento, las pondremos en la secadora —expliqué. Él me sonrió.

—No tardaré —luego caminó por el pasillo hasta llegar al baño—. ¿Puedo usar la toalla gris? —gritó desde allí.

—Sí. Puedes.

—¡Gracias, Jinnie! —y luego Hoseok y yo escuchamos el sonido de la puerta.

Hoseok me miró con una sonrisita divertida.
—Pero qué bien lo llevas, querido amigo.

Decidí fingir que no sabía de qué me hablaba.
—¿Qué cosa?, ¿El oficio de pintor?

—Tu relación con tu llama gemela —aclaró—. Él parece tener una personalidad diferente a la tuya.

—Somos muy distintos —confirmé—. Taehyung es despreocupado, volátil y habla demasiado —le conté.

—Y también es alegre, divertido y tiene una sonrisa brillante —continuó mi mejor amigo, abriéndose paso en el suelo cubierto de periódico para seguirme a mi habitación.

—Sí, no está mal —acepté, rebuscando en mi armario otra muda de ropa para bañarme después de que lo hiciera Taehyung. También tomé una toalla de manos pequeña que me ayudaría a limpiarme el rostro.

—En realidad pasaba a ver cómo seguías de ánimo. Pero veo que Taehyung ya se ocupó de eso.

—Supongo que lo normal es sentirte a gusto si tu llama gemela está cerca de ti —expliqué.

—Supongo. No te había visto sonreír así en días —señaló.

—No es gran cosa —negué—. Es la acumulación de químicos que producen bienestar en mi sistema.

—Es la conexión con la mitad de tu alma —me corrigió. Yo me detuve a mirarlo—. Está bien, Jin, puedes relajarte. Es tu llama gemela, no te abandonará ni te juzgará de ninguna forma. Puedo ver lo mucho que se quieren.

—¿Cómo puedes asegurar eso? Es la primera vez que nos ves juntos.

—Con todo respeto, jamás te vi sonreír así mientras estabas con Millia —justificó—. Era una chica agradable y guapa, pero no era para ti. Taehyung sí. Nació para conocerte, y tú a él.

—Estás exagerando todo.

—No, en realidad no. La historia de las Llamas Gemelas se remonta a la Antigüedad, donde los Dioses creían que permitir la existencia de seres tan poderosos se convertiría en una amenaza para ellos. Así es como decidieron separarlos, y desde entonces estamos en busca de nuestra otra mitad —explicó, apoyándose en el marco de la puerta. Yo suspiré poniendo en blanco los ojos—. Eras un escéptico, pero la vida decidió darte una lección y por eso conociste a Taehyung. Lo quieras creer o no, él es real, y tu vínculo con él también.

—No puedo negar eso —respondí—. Sí, parece mágico. Es asombroso y también un poco espeluznante. Pero sigue siendo reciente.

—¿Puedo preguntar qué estabas haciéndole en el suelo cuando yo entré?

Me sonrojé vivamente.
—Nada.

—Jin...

—Lo besé —admití—. M-más bien, él a mí, por primera vez. Luego yo continué.

—Mierda, interrumpí su primer beso, qué oportuno.

—No te preocupes. 

—Bueno, vendrán muchos más —luego se quedó mirándome—. Ya te lo dije: Re-la-ja-te.

—Estoy relajado.

—¿Es por lo de la joyería? 

—No se lo he dicho todavía. No creo que sea bueno mencionar eso, podría espantarse.

—No te preocupes, él entenderá y te dará su apoyo. Estoy seguro —La situación me inquietaba. Más de lo que quería admitir—. Debes decírselo tarde o temprano —comentó mi mejor amigo. Su cabello ondulado caía sobre sus orejas. Era extraño ver su semblante de preocupación.

Targué saliva.
—Temo que pueda pensar que soy un delincuente.

—Llevan saliendo más de un mes, ¿Piensas que no es tiempo suficiente para demostrarle qué clase de persona eres?... Sé que estas últimas semanas fueron duras para ti, justamente por eso debes relajarte y dejar que alguien más te de contención. Créeme, nadie te hará sentir mejor que él.

 —N-no lo sé —bajé la mirada y presioné los labios.

Yo no era un hombre dubitativo, temeroso e indeciso. Yo sabía perfectamente lo que quería, cómo y cuándo, pero el estar bajo la sospecha de ser el autor de un robo millonario había creado grietas en mi autoestima y en mi autoconfianza. Ya no estaba tan seguro de ser el Kim Seokjin que sentía ganas de seguir perfeccionándose en el estudio de la orfebrería hasta lograr abrir su propio negocio. Yo todavía era investigado por un detective. Las personas seguían dudando de mi inocencia, y muchos ya me creían culpable.
Perdí mi empleo, mis amigos, mi novia y mi reputación. Ciertamente, tenía muy poco en mí mismo que me ayudara a sentirme orgulloso.
Eso había quedado atrás, ahora tenía que sobrellevar la situación con la esperanza de que el auténtico culpable fuera encontrado y condenado, para poder limpiar mi nombre. 

No me sentía preparado para hacerle saber todo eso a Taehyung. ¿Qué pensaría de mí?... ¿Me creería un mentiroso como lo hicieron los demás?

—Creo que deberías intentar decírselo —sugirió—. Hazlo con calma, puedes compartir con él todos tus miedos y preocupaciones. Hacerlo te ayudará —me aseguró—. Yo debería irme, es mejor que no esté aquí siendo el que sobre.

—Tal vez podría intentarlo —pensé al respecto. Un mes era tiempo suficiente.

¿Lo era?

—No intento presionarte, sólo pienso que mientras más pronto lo hagas, mejor será para ti.

—Entiendo.

—Piénsalo. Y si decides no hacerlo todavía, también está bien.

—Sí. Gracias —valoraba su consejo por sobre el de cualquier otra persona. Hoseok se había mantenido cerca cuando todos los demás se alejaron, eso significaba mucho para mí.

Cuando salimos de la habitación, nos topamos de frente con Taehyung, tenía el cabello mojado y la vestimenta con la que había llegado al apartamento.

—¡Oh!, justo a tiempo. Acabo de salir, Jinnie. Puedes entrar ahora —me indicó.

—Yo debo irme, tengo cosas pendientes del trabajo —se excusó Hoseok—. Fue bueno verte, Jin. A ti también, Taehyung.

—Gracias. Suerte con el trabajo —le dijo, aunque no sabía a qué se dedicaba mi mejor amigo.

—Gracias, la necesitaré. ¡Cuídense, nos veremos luego! —y tan repentino como llegó, se marchó.

Taehyung y yo nos quedamos en el espacio que estaba entre la cocina y mi habitación.
Dudé un momento sobre si él había sido capaz de oír mi conversación con Hoseok.

—Jin —volteó a mirarme sobre un hombro—. Tengo hambre, ¿podemos comer algo?

Sus ojos grandes y su vocecita tan suave me hicieron sentir deseos de abrazarlo con fuerza.

—Podemos —respondí—. Aunque no creo que sea agradable cocinar con tanto olor a pintura.

—¿Tú tienes hambre?

—No en realidad. 

—¿Ni siquiera un poco?

—Descuida. Podrás comer lo que desees, no necesitas de mi permiso.

Él me examinó con cuidado.
Después, se acercó hasta sujetarme en un abrazo. Afirmó su cabeza en el hueco de mi cuello, sus brazos me sujetaron despacio.

—Tienes el estómago cerrado. ¿Por qué estás tan nervioso, Jinnie?

Fue inmediato. Sólo me hizo una pregunta, pero sentir su calor y sus brazos alrededor de mi espalda me devolvieron la calma. No me molesté en aparentar lo contrario, sabía que hacerlo sería inútil.

—Tenemos que hablar —le dije—. Hay algo que tengo que decirte.

—No deberías forzarte si crees que no estás listo —respondió él, con sus ojos azules fijos en los míos.

Decidí que tenía razón. Aún así, podía hacer el intento.

—Ordenemos algo y vayamos a comer a mi habitación. Podremos hablar después —sugerí.

Taehyung aceptó.

🔥🔥🔥

Me preguntaba si Seokjin finalmente me hablaría sobre la joyería. Decidí que si él lo hacía, yo le confesaría todo. Mantener el silencio era tortuoso, especialmente porque el miedo crecía y me atormentaba la idea de que fuese a enojarse tanto que tuviésemos que separarnos.

Noté leve mejoría en su estado después de que pedimos comida y comenzamos a hablar de otras cosas.

Me contó sobre Hoseok y su profesión de médico, y que era uno de los pocos amigos que le quedaban. No ahondó demasiado en el motivo de la palabra "quedar".

También dijo que últimamente pasaba mucho tiempo a solas, excepto por mí. Me reconfortó saber que yo podía darle mi compañía. 

Me sorprendí luego de ver que fue hacia la cocina y regresó con dos botellas de cerveza, una en cada mano.

—¿Bebes? —pregunté con duda. Habría jurado que las personas como Jin no bebían sólo porque sí. Además, la etiqueta me indicaba que era una bebida cara.

—¿Por qué no? —sonrió. Me entregó una y luego volvió a su lugar en la cama. Los dos estábamos sentados ocupando todo el lugar.

Acepté su invitación y dejé que él las destapara. Fui el primero en darle un trago al líquido de la botella. Saborearlo me trajo algunos recuerdos, Jimin y yo decidimos comprar esta marca para lucir como el resto de hombres en aquel bar lujoso. Era mucho más costosa que las demás, y probablemente también era la mejor.

El sentimiento se volvió agridulce. Jimin y yo nunca seríamos como esas personas, nosotros sólo teníamos apariencia. Eso y nada más.

Sentí una mano de Seokjin posarse en la mía.

—¿Qué sucede?

Me recompuse, dejando mi botella junto a la suya, sobre uno de los muebles.

—Recordé algo triste —admití. 

El siguiente gesto de Jin me sorprendió aún más. Se acercó a mi lado y me tiró a su lado, permitiéndome recostarme ligeramente en su pecho. Seguíamos sentados, pero él me estaba abrazando. Sentí su respiración sobre mi cabeza.

—Hueles a pizza más que a menta.

Yo reí. 

—Tú sigues oliendo a chocolate —respondí. Apreciaba su intención por hacerme sentir mejor, aún si no se atrevía a preguntarme nada—. Jin...

—¿Sí?

—Llevamos saliendo más de un mes, ¿cierto?

—Un mes y cuatro días —me corrigió. Que lo supiera con tanta precisión me alegró.

—Un mes y cuatro días —repetí—. ¿Eso nos hace novios? —pregunté. Quería saber si ambos pensábamos en lo mismo.

—Eres mi llama gemela, Taehyung —contestó él.

—Sí, y tú la mía. 

—Eso debería bastar. Las llamas gemelas son mucho más que un noviazgo o que cualquier otra relación interpersonal. Eres la razón por la que mi corazón se acelera cada vez que estás cerca de mí —explicó.

Mentiría si dijera que esperaba esa respuesta, me sonrojé. Jin podía ser muy dulce cuando quería.

—Eres adorable —sonrió, notando la forma en la que enmudecí. Yo bajé la mirada.

—No vayas a malinterpretarlo, sabía que te sentías bien a mi lado, pero escucharlo de tus labios es mucho mejor.

—Me gustas mucho —me dijo con convicción. Sentí que me explotaba el pecho de alegría. 

Sonreí y me abracé a él con más ganas.

—También me gustas mucho mucho mucho. 

Jin levantó mi rostro y me besó. Lo besé de vuelta, lleno de júbilo.

Me gustaba tanto besarlo, tanto.

—Perdona —se interrumpió levemente—. Suelo ser poco comunicativo en ciertas ocasiones, de hecho, soy un poco cobarde.

—¿Cobarde? —fruncí el ceño. ¿Jin hablándome sobre sus defectos?

—No me atrevía a besarte cuando en realidad deseaba hacerlo. Por eso, cuando tú lo hiciste...

—Jinnie... —reí sintiéndome enternecido.

—Por eso dicen que las llamas gemelas habitualmente se complementan, ¿no es así? Tú eres espontáneo, cálido y alegre. Yo soy más bien-

—También eres cálido, divertido y dulce —interrumpí—. Pero creo que deberías sonreír un poquito más. 

—Hoseok también piensa lo mismo —me contó—. He estado bastante estresado las últimas semanas.

Sabiendo a lo que me atenía, pregunté.

—¿Por qué?

Vi la angustia reflejarse en sus ojos, los que yo consideraba los más hermosos del mundo.

—Porque poco antes de conocerte, algo muy desafortunado ocurrió en mi vida —me preparé para soltar toda la verdad, inevitablemente sentí un nudo en la garganta—. No te angusties así, no fue tan terrible, supongo. 

—¿En serio?

—Más bien, lo fue. Fue una catástrofe —admitió—. Sigo preguntándome "¿por qué a mí?", "¿existía forma de evitarlo?"

—¿Qué cosa, Jin?

—No estoy listo todavía, no —dijo apartándose de mi lado—. No lo tomes a mal, por favor. Soy un cobarde, en verdad lo soy.

—¿Recuerdas cuando dije que yo también tenía que decirte algo? 

—Sí.

—Bien, somos dos cobardes —expliqué—. Tengo miedo de decírtelo.

—También tengo miedo. Qué par de tontos —sonrió, tratando de aligerar el ambiente—. Quizás lo mejor sea esperar a que ambos estemos listos. Igualmente, si llegas a averiguarlo antes de que yo te lo diga, puedes decírmelo. Lo hablaremos entonces.

—De acuerdo —acepté. Hubo un breve silencio en medio.

—Por cierto, tuve solo tres relaciones formales contando a Millia. También disfruto de masturbarme. Jamás participaría de una orgía, creo que al morir simplemente nos volvemos nada, no creo en la existencia de Dios ni de ningún ser superior, y el gobierno está bastante mal, aunque comparto ciertas medidas políticas que han implementado —soltó de repente.

Pestañeé dos veces.

—Todo es interesante, pero debo admitir que hay una en particular que llama más mi atención.

—La de la masturbación —adivinó. Afirmé con la cabeza.

 —¿Has estado con otros hombres o sólo con mujeres?

—Un solo chico y dos chicas —admitió. Creo que notó mi entusiasmo.

—Puedo ser mucho mejor que tu ex. Mejor que todos, en realidad.

Él puso los ojos en blanco.

—Ser mi llama gemela ya te vuelve superior, si eso te hace sentir mejor —Yo me mordí los labios—. Tu mirada de pronto es lujuriosa, querido Taehyung.

—¿No te sientes igual que yo? —quise saber—. Quiero destrozarte contra las escaleras, pero mis impulsos están algo dormidos.

—¿Dormidos?

—Jin, sino fueras mi llama gemela habríamos tenido sexo la primera vez que estuve aquí.

—¿Me deseas tanto? —preguntó con algo que parecía sorpresa y orgullo al mismo tiempo.

—Oh, sí que lo hago, mierda —admití—. Pero quiero más que eso. Quiero que confíes en mí. Que me hables sobre qué tan cobarde eres. Quiero oír todo lo que desees contarme. Quiero saberlo todo sobre ti, y no por la codicia de sentirte mío. Es diferente a eso.

—Quieres sentirte más unido a mí. Es similar a lo que yo siento, es algo extraño.

—Bueno, no se trata de una relación típica. Ambos estamos aprendiendo.

Seokjin me miró atentamente. Noté que sus ojos miraban mi cuello y luego descendían a lo largo de mi cuerpo.

—También te deseo —me aseguró—. Y también quiero saber más sobre ti. Podemos hacerlo a nuestra manera —su mano sujetó la mía con suavidad—. Tal vez tengas ciertas expectativas sobre cómo estamos llevando esto, sobre el tiempo o sobre mi comportamiento, ¿o me equivoco?

—Lo único que debes saber es que aunque haya pasado solo un mes, siento que ya te quiero —confesé—. Te quiero, Jin.

—También te quiero, Taehyung. Y sí, se siente como poco tiempo —besó mi mano, todavía unida a la suya—. No importa. Tratemos de ser menos... lógicos al respecto. No tenemos por qué seguir ningún patrón ni nada similar. Establezcamos nuestro propio camino. ¿Estás de acuerdo?

—Muy de acuerdo —sonreí.

—Perfecto —me devolvió la sonrisa—. ¿Vas a quedarte a dormir?

—¿Puedo?

—Por supuesto que puedes. Pero no tienes permitido adueñarte de todo el espacio esta vez.

—Soy pequeño —me defendí—. Y además, si me dejas acercarme a ti, ocuparé menos lugar.

Seokjin soltó una suave carcajada.

—Está bien, lo pensaré —dijo recogiendo los residuos que quedaron después de la cena.

—¿Lo pensarás?, ¿Qué significa eso? —yo tomé las botellas vacías y fui tras él.

—Es sólo una broma —respondió animado.

Lo que significó que además de poder dormir a su lado, pude abrazarlo como había querido hacerlo desde hacía muchísimo tiempo.










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