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Cuando Taehyung y yo estuvimos un poco más tranquilos, le ofrecí ropa seca para que no fuese a enfermar.

Me sorprendí al ver que no le quedaba excesivamente grande, como había imaginado en un principio. Si bien Taehyung era ligeramente más bajo en altura, su contextura y la mía eran similares.

—Lamento todo esto.

Alcé mi vista hacia él, que estaba sentado en el lugar de Millia cuando cenábamos o almorzábamos juntos. Percibí culpa, mucha culpa.

—Descuida. No estoy molesto —no lo estaba, pero sí me sentía un poco confundido—. Lo que quisiera es entender. ¿Qué fue lo que te llevó a desaparecer por nueve días? —pregunté desde mi lugar, afirmado de espaldas a la encimera de la cocina y con los brazos cruzados.

—El miedo —musitó.

—¿Miedo?

Taehyung tenía una toalla pequeña en los hombros. Su cabello castaño todavía goteaba un poco.
—Yo... —pareció reunir coraje. Lo vi lamer sus labios antes de volver a hablar—. Hice algo muy malo, Seokjin.

—Jin está bien —contesté. Me miró con ojos de cachorro—. Continúa.

—Hice algo terrible. Y creo que cuando lo sepas, me odiarás. Me avergüenza mucho decírtelo.

Reflexioné al respecto.

—Bueno, yo también tengo algo muy serio y muy embarazoso para decirte —respondí—. Y tampoco me siento preparado para traerlo a colación ahora. Pienso que el miedo es la respuesta racional a este tipo de situaciones. ¿Por qué estás tan seguro de que voy a odiarte?

Taehyung simplemente agachó la cabeza en respuesta.

—Así que decidiste que no querías enfrentarlo y te mantuviste alejado —continué.

—Lo siento.

Fruncí el ceño, noté que su aura emanaba tristeza y angustia otra vez. Suspiré. Me acerqué al lugar frente a él en la mesa, afirmé los codos y me sostuve el rostro mirándolo fijamente.

—Fuiste tú quien dijo que no quería volver a sentir todos los síntomas de la lejanía, y sin embargo fuiste tú quien los provocó.

—Lo sien-

—Ya basta de disculpas —lo interrumpí, sin ser brusco. Él volvió a mirarme—. Escucha, Taehyung, apenas somos conocidos. Y sí, somos llamas gemelas, vínculo que nos une en más de una forma y con consecuencias indeseables si permanecemos alejados. Sé que ninguno de los dos pidió esto, pero no lo hagamos un calvario. Podemos... podemos tratar de sobrellevarlo de una mejor forma —expliqué—. Y sobre lo que debes decirme, bien, todos tenemos secretos. No pretendo saberlo cuando apenas nos estamos conociendo. Me lo dirás cuando creas que es correcto. Del mismo modo que yo te hablaré sobre lo que me está sucediendo cuando me parezca conveniente hacerlo.

—Yo solo-

—Y, por favor, no vuelvas a hacernos esto. Pasé días terribles porque actuaste sin preocuparte por ninguno de los dos —recriminé—. Sé que también sufriste las consecuencias.

—No volverá a suceder —me aseguró.

—Gracias —asentí.

Escuchamos el timbre y yo me puse de pie para recibir mi cena. Debido a mi mal humor, ordené comida chatarra. No estaba demasiado habituado a comer hamburguesas con una doble ración de papas y cheddar. Después de agradecerle al empleado, cerré la puerta y vi el momento exacto en el que los ojos claros de Taehyung brillaban viéndome sostener la bandeja de comida.

—¿Quieres quedarte a cenar?

Él negó con la cabeza.
—Tu novia se molestará si sabe que estuve aquí.

—Despreocúpate, no tengo novia —contesté mientras dejaba la bandeja en la mesa y tomaba vasos, servilletas y los individuales.

—¿Ya le cortaste? —preguntó sonriente.

—Podrías esforzarte más en disimular esa alegría.

—¿Por qué? Me siento satisfecho —admitió sin inhibiciones.

—Tal vez eso cambie cuando te diga que no fue porque le hablara sobre ti.

—¿No sabe que encontraste a tu llama gemela?

—No. No me permitió decirle absolutamente nada —fruncí los labios.

—¿Eso significa que traían problemas desde hace algún tiempo?

—En realidad, no. Sin embargo parece que no éramos tan estables como yo creía.

—Entiendo —él también frunció los labios un momento—. En fin, lo mejor es enfocarse en el presente —resolvió.

—Estás siendo grosero —lo reté mientras separaba la comida en dos porciones.

—¿Por no decirte lo mucho que lamento tu reciente separación? Hacer eso sería hipócrita. Me alegra mucho saber que al fin tengo el camino libre.

—¿Qué tontería acabas de decir?

—Sí, el camino libre. Somos llamas gemelas y por fin somos solo tú y yo.

—Deliras, Taehyung —dije, entregándole un plato—. Todo sigue siendo bastante reciente.

—Pues no luces como un soltero con el corazón partido. Admítelo, estás más tranquilo ahora que terminaste con ella.

Hice un gesto alejando el plato de su mano, la diestra de Taehyung se quedó en el aire. Yo le lancé una mirada fija. Él me respondió con la suya.

Ninguno parpadeó.
Tenía que admitirlo, Taehyung era bueno en eso.

Pestañeé, y finalmente le entregué su porción de comida.
—Bien, tú ganas —él daba saltitos pequeños en su asiento.

—Gracias por la comida —agradeció, antes de dar un primer y gran bocado a la hamburguesa.

Yo comencé a comer también. Me quedé pensando en su comentario sobre que ahora me sentía más tranquilo, ¿realmente era así?, ¿me aliviaba haber finalizado esa relación? Debía reconocer que, efectivamente, no me sentía desahuciado y triste por haber dejado que Millia saliera de mi vida.

—Las papas están buenísimas —comentó con entusiasmo. Luego estiró su brazo y me robó una de las mías.

Lo miré en silencio. Él continuó comiendo como si nada, y después me guiñó un ojo y sonrió como si acabara de hacer una travesura.

Taehyung tenía ese comportamiento lúdico y despreocupado que yo pocas veces podía experimentar en mi rutina. Lo noté también cuando lo vi soplar los dientes de león que encontramos en el pasto que bordeaba la laguna azul. Parecía una persona inocente y sin una sola pizca de maldad en su ser, me pregunté si aquella primera impresión sería cierta.

—¿Cómo exactamente diste con este lugar? —pregunté después de un rato.

—Mis pies me trajeron hasta tu puerta —contestó.

—¿Con tanta precisión?

—La misma que tuviste tú en el bar.

Lo acepté. Cuando esa fuerza inexplicable dominaba mis músculos, no podía evitar responder con naturalidad.

—Jin... —me llamó Taehyung. Alcé la vista una vez más. Él me sonreía con calidez—. Gracias.

Desvié mi mirada.
—No es nada.

Qué sonrisa tan bonita.

Por supuesto, no se lo diría. Eso sería elevar su ego un seis por ciento, y Taehyung parecía una persona con un ego lo suficientemente grande ya.

Cuando los dos terminamos, me puse de pie para recoger las cosas. Él ni siquiera se molestó en ofrecerme ayuda.

—¿Vas a servir el postre? —preguntó enseguida.

—No hay —respondí dejando los platos en el fregadero.

—¿No? Vamos, debes tener algo en ese enorme refrigerador.

—Sólo materia prima para la comida del resto de la semana —le aseguré.

—¿No tienes nada dulce?, ¿Nada?

—No acostumbro a comer demasiada azúcar. Ni tampoco esto —dije, dejando a un lado un trozo de hamburguesa que, definitivamente, no iba a comerme.

—Ya comprendo. Por eso eres tan excesivamente serio y formal.

—Gracias —abrí la canilla y comencé a lavar, dándole la espalda.

—No era un halago precisamente.

—La sociedad necesita personas serias y formales, hacen que el mundo funcione.

—El mundo no funciona por las personas que habitan en él —replicó—. Funciona por-

—Si vas a decir «amor» mejor ahórratelo —sentencié volteando a verlo.

Taehyung se cruzó de brazos en su asiento.
—Funciona por los movimientos de rotación y traslación, que hacen que se mueva en su órbita elíptica alrededor del sol continuamente dando lugar así a los días, los meses y los años. ¿Quién diría que es por amor? No tiene sentido.

—También pensé que dirías «dinero» —dejé las cosas limpias a un lado y sequé mis manos.

—Eso es superficial. La evidencia científica no lo es.

—Con que evidencia científica... —me acerqué a su lugar con motivo de fastidiarlo. Me agaché levemente para estar a su altura—. La evidencia científica no respalda que el consumo de azúcar esté relacionado con el desempeño de una persona.

—Pero sí con su humor —contrapuso, imitando mi postura y acercándose a mi rostro.
Percibí su actitud altanera, y también algo más.

—¿Estás intentando seducirme?

—¿Necesitas esa respuesta para admitir que te sientes seducido por mí? —me desafió.

Sonreí con confianza.
—Es evidencia científica —dije—. Una llama gemela libera endorfinas y secreta sustancias como serotonina y oxitocina en presencia de su llama gemela. Todo el mundo lo sabe.

Taehyung no se quedó atrás.

—Tus orejas están rojas. Y tus mejillas también. ¿Eso es producto de la oxitocina? —preguntó con aire inocente.

Me mordí los labios sin dejar de mirarlo, acababa de perder. Intenté buscar la revancha en el duelo de miradas para no sentirme tan patético. Los profundos ojos azules de Taehyung aceptaron gustosos.

Volví a perder. Me sabía derrotado en el juego que yo mismo decidí comenzar, era todo un bobo.

—Dos a cero, Jinnie —se mofó en mi cara.
Después se puso de pie y estiró los brazos hacia el techo. Sus zapatos y el resto de su ropa estaban en la pequeña lavandería del lado izquierdo de la puerta principal, un cuarto pequeño que limitaba con la cocina. Así que Taehyung caminaba descalzo por mi alfombra, y no parecía molestarle. Se veía relajado, como si estar en mi hogar fuese cosa de todos los días.

—Ya te vestí y te alimenté. He sido un buen ciudadano.

—¿Y ahora qué hacemos, buen ciudadano? —preguntó al tiempo que bostezaba.

—¿Tienes sueño?

—No me culpes. Mi estómago está lleno, estoy calentito y llevo días sin dormir bien. ¿Puedo quedarme?

Su descaro no dejaba de sorprenderme.
—Hay un sofá en la planta baja —respondí.

—¿Me enviarás a dormir al sofá? —protestó.

—Es un buen sofá.

Taehyung se acercó a las escaleras y se sostuvo de la baranda para verlo mejor.

—No se ve cómodo para descansar ocho horas.

—Ni siquiera lo has probado.

—¿Y tú sí?

Estuve a punto de poner los brazos en jarra como si fuera un padre molesto ante la actitud de su hijo adolescente. Taehyung siempre encontraba la forma de replicar y dejarme mudo, comenzaba a ser fastidioso.

—Dormirás en el sofá o no dormirás en esta casa —dictaminé.

Vi como inflaba una de sus mejillas y desviaba la mirada al suelo.

Disciplina. Taehyung necesitaba mucha disciplina.

🔥🔥🔥

—Recuérdame cómo permití esto —me quejé en la cama mientras él me daba un empujón con su trasero para hacerse lugar.

La luz estaba apagada, ambos terminamos en mi cama. Los dos estábamos tratando de encontrar alguna posición cómoda.

—Jinnie, muévete.

—No me llames Jinnie cuando estás invadiendo mi casa y mi cama.

—Tú no te hagas el obeso. Hasta hace poco compartías esta cama con tu ex, ¿A ella le decías lo mismo?

—Estás jugando con fuego, Kim Taehyung, y no deseas verme de mal humor —cerré los ojos y traté de serenarme.

Él dejó de moverse y se quedó en silencio un par de segundos.

—Jinnie —chilló de repente—. Estás mintiendo, te sientes cómodo y feliz. Lo sé, lo percibo.

—Estoy relajado porque estás aquí, eso es todo.

—¡Entonces dame las gracias! Una buena forma de mostrar gratitud es darme un lugar más amplio en tu inmensa cama —se quejó—. ¡Jin! —continuó peleando por las sábanas y el espacio.
Me cansó.

Reuní fuerza y me lancé sobre su cuerpo inmovilizándolo.

—Fue suficiente —dije con tono firme—. Estás en mí casa y en mí cama. Las cosas aquí se hacen a mí manera. ¿Te quedó claro?

Quizás me excedí con el gesto. Aunque no podía verlo bien, oía que su respiración cortaba el aire y sentía su cuerpo completamente quieto bajo el mío.

Su aliento chocando contra mi mentón y su forma tan sumisa de permitirme tomarle las muñecas despertó sensaciones demasiado específicas en mi cuerpo, pero mi cerebro activó una señal de alarma que indicaba que era momento de retroceder si no quería proseguir hacia algo diferente.

Me aparté despacio.
Todo eso sobre el magnetismo de nuestras almas era demasiado complejo.

—Ahora duerme. Por favor —le dije para luego recostarme en mi sitio, dándole la espalda. El silencio invadió la habitación justo después.

Intenté concentrarme en que quería dormir, de verdad lo intenté.
Ignorar lo rápido que latía mi corazón fue difícil, y lo fue más fingir que no percibía la agitación llenando también el pecho de Taehyung.

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