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↬ 06 ↫

Había gastado buena parte de mi paga en comprar ropa nueva, aunque ésta fuera de segunda mano. También decidí oscurecer mi cabello, ahora era castaño. Tuve la sensación de que eso me ayudaría a proteger mi identidad, aunque era una idea un poco tonta.

Después de pensarlo dos días más y de seguir padeciendo aquellos continuos dolores, decidí intentarlo.
¿Qué podía salir mal? Si las cosas se ponían demasiado duras, me suicidaría y fin del sufrimiento, no era tan difícil.

Estaba más nervioso que nunca. Las manos me sudaban.
Con mi apariencia de persona rica podía mezclarme entre los demás y pasar desapercibido. Era la primera vez en diez días que regresaba a la zona de la joyería. Mi intención era descubrir si mi amado, por esas casualidades de la vida, seguía trabajando allí aunque hubiera insistido en que acabábamos de dejarlo desempleado.

Inicié mi camino por la peatonal. El corazón me latía a mil por hora.

Jimin hacía el seguimiento para asegurarse de que la policía no fuese a dar con nosotros debido a que casi siempre se abría una investigación. Esta vez no fue diferente.

Cuando alcé la vista y pude ver la fachada a lo lejos, traté de no perturbarme. Un enorme cartel de «se vende» cubría casi toda la vidriera. Mierda.

Fingí que me dirigía a otro lugar y miré sutilmente el local en venta. Estaba perfectamente cerrado, sin ningún rastro de Seokjin. La culpa se sintió como un látigo pesado azotando el centro de mi espalda.

Sólo me quedaba una opción: pasar por su hogar.

🔥🔥🔥

Creo que caminé en círculos más de una hora.

No recordaba el camino exacto, por lo que deambulé por la zona sin orientación alguna.

El estómago me dolía de hambre. Casi no me quedaba dinero encima, así que decidí no darle mucha importancia. Mi prioridad en aquel momento era ver a Seokjin.

El sol comenzaba a molestarme, no podía ser de otra forma debido a la mala calidad de las telas que formaban mi traje de imitación. Hacía calor.

Aproveché el toldo de uno de los comercios de electrodomésticos que estaba en la misma acerca para descansar un momento. Las pantallas gigantes de los televisores mostraban las noticias. Fingí que me detenía a ver los titulares principales, hacerlo era cosa habitual entre los caminantes de la zona céntrica.

Llegué en el momento preciso para enterarme que tendríamos eclipse lunar en dos semanas, que un sismo de magnitud importante había sacudido la cordillera de Sudamérica, y que las autoridades encargadas de la seguridad pública se comprometían a trabajar más duro para evitar los delitos. Mi atención se centró en aquella última noticia.

Me interesó aún más cuando supe que debido al reciente asalto en una joyería, el detective contratado por los dueños de la cadena se enfocó primeramente en uno de los empleados. Presioné los labios.
Lo único peor que habernos llevado todo en el turno de Seokjin, era que llegaran a considerarlo a él como culpable.

❣❣❣

Décimo día en el infierno.

Súbitamente mi vida dejó de ser mi vida y se transformó en un cúmulo de problemas.
Yo era sospechoso de ser el autor de un robo.

En realidad, no había suficiente evidencia en mi contra, sin embargo y en las exactas palabras del detective, los reflectores apuntaban directo hacia mí.

Desde aquella tarde en la que misteriosamente desperté recostado en mi cama y sin recordar nada, se desató una verdadera tormenta en mi vida personal.

Todo comenzó cuando fui a trabajar al día siguiente. Abrí la joyería como solía hacerlo habitualmente, y no me llevó demasiado tiempo entender lo que había ocurrido: Estaba vacía, completamente vacía.
No había joyas en ningún lado. El dinero recaudado de las ventas anteriores también había desaparecido, las cámaras estaban destrozadas y la computadora no encendía. No me quedó más opción que llamar a la policía.

La expresión del agente que oía mi relato estaba repleta de incredulidad, recuerdo claramente la forma poco amable en la que me preguntó: «¿Dice que aunque trabaja aquí y vino ayer, no sabe qué es lo que sucedió con las joyas y el dinero?»
Si yo fuese el ladrón, lo último que haría sería poner el foco de atención en mí. No se lo dije por supuesto, pero lo pensé.

La señora Wong, dueña de la cadena de joyerías, se puso en contacto conmigo al saber lo que había ocurrido. Estaba histérica.
Todo empeoró cuando el detective contratado por su familia decidió que iniciaría la investigación centrándose en mí.

Millia tampoco tomó bien la noticia de que se me acusara de un robo millonario. Después de seis días, los oficiales obtuvieron una orden de registro y fueron a revisar el apartamento en búsqueda de pruebas.

También fui citado a testificar.
Nunca cambié mi versión. Aún así, podía entender por qué estaban tan convencidos de que yo era el culpable: Era el único sospechoso, sin coartada, y con ése particular vacío en la memoria.

Los agentes rieron cuando les expliqué que no podía recordar lo que había ocurrido entre las dos y las seis de la tarde. A mi abogado, por el contrario, no le hizo nada de gracia.

Algunos medios decidieron no hablar de mí como Seokjin, sino como el hijo mayor de la familia Kim, nuestra reputación se vio gravemente afectada y mis padres estaban completamente confundidos. Mi novia se sentía acosada por la policía, unos cuantos incluso la señalaban como la cómplice clave. La señora Wong se sabía estafada, y yo sólo quería que todo terminara de una vez. 

Peleé con Millia más veces en los últimos diez días que en toda nuestra relación, que tenía ocho meses. Tuvimos la misma conversación unas treinta veces. Ella no podía entender por qué no le había hablado sobre mi amnesia en cuanto llegó a casa aquella tarde, ¿cómo iba a saber yo que al día siguiente comenzaría toda esta barbaridad?

Me realicé diversos estudios médicos, y todos indicaban que mi cuerpo estaba en salud. La noticia debió alegrarme, pero hacía que la sombra de la sospecha se ciñera en mí, y terminó por desanimarme.

La causa judicial avanzaba y estaba abriéndose por otros caminos, pero no existía ninguna respuesta favorable. Las acusaciones en mi contra perdían fuerza, pero a falta de culpable no había garantía de que la situación fuera a terminar pronto.

Yo comenzaba a sumirme en la melancolía. 

¿Cómo podía probar mi inocencia si ni siquiera yo era capaz de recordar lo que había sucedido ese día?

Estaba dispuesto a recurrir a métodos alternativos con tal de lograr recordar. Mis días se estaban yendo al traste por una trampa tendida por algún infeliz deseando arruinarme la vida. No podía permitirlo, tarde o temprano tendría que comenzar mi propia investigación hasta dar con el verdadero culpable.

Probablemente tarde, porque las últimas cuarenta y ocho horas mi cuadro gripal había empeorado. 

Millia decía que todo debía ser más bien estrés, pero las cosas entre nosotros no estaban lo suficientemente bien como para que ella quisiera quedarse a cuidarme o para que yo se lo permitiera.

Las medicinas no eran efectivas. Sin importar las tabletas de aspirina que ingería, nada me ayudaba a sentirme mejor. Llegué a hacer tonterías, como dejar la regadera abierta para que el vapor me permitiera respirar, y beber té embebido en miel y limón, pero ninguna funcionó.

Hoseok, mi mejor amigo, parecía ser el único que todavía se preocupaba por mí. La mayoría de las personas de mi círculo se sentían escandalizadas o avergonzadas de tenerme entre sus conocidos. No podía culparlos, nadie quería ser vinculado al sospechoso de un robo de tal magnitud. 

Debido a que recientemente formaba parte de los desempleados, mis padres volvieron a lidiar con mis gastos. Fue humillante. 
Mi madre insistía en que, si las cosas no se calmaban, dejara la ciudad y me refugiara una temporada en la casa de verano de nuestra familia, en la otra punta del país. Sin embargo yo no estaba dispuesto a aceptar esa condena. Huir sería darle la razón a todo aquel que había tenido la osadía de considerarme culpable. Yo no iba a hacerme responsable por el peso de aquel crimen, ni a permitir que la conspiración en mi contra terminara de forma exitosa. 

Había alguien, oculto entre las sombras, regodeándose de mi miseria. Yo lo sabía. Y no descansaría hasta encontrarlo.

Hoseok me ofreció mudarme a su hogar durante una semana, pero me negué. Cargarlo a él con mi persona era injusto. Casi tan injusto como todo lo que estaba ocurriendo conmigo.

Aun así permití que tomara una copia de mis llaves para que pudiese entrar y salir de mi hogar cuando le apeteciera.
Millia no le dio importancia, su desinterés por mi situación se hacía cada vez más grande, al igual que las grietas en nuestra relación.

Esa tarde me quedé en cama todo el día. Quería aislarme del mundo exterior por los próximos sesenta años, hasta que todo el asunto del robo se hubiera esfumado. Eso contrastaba notablemente con mi postura justiciera y mis ganas de encarnar a un detective con experiencia, yo podía cambiar de parecer tan rápido como lo hacía mi estado de ánimo.

Hoseok llegó a verme sobre las cuatro. Él era algo así como el amigo optimista que todo el mundo necesita, especialmente si eres acusado de ser un ladrón.
Dejé que llenara mi hogar con su presencia, desde mi cama podía oírlo tararear mientras caminaba por la cocina.

De pronto apareció en mi habitación.

—Bebe esto, Jin. Te hará sentir mejor —dijo entregándome una taza con contenido humeante. Me senté en la cama.

—Si se trata de otro remedio casero, te advierto que no será útil.

—Ni siquiera lo has probado —me regañó. Hizo un gesto insistiendo y no tuve más opción que aceptarla.

Hoseok sonrió cuando me vio beber. Tenía el cabello rizado en castaño oscuro, hoyuelos en sus mejillas y un buen humor naturalmente contagioso. 

La bebida sabía asquerosa.

—¿Qué le pusiste? —pregunté. No iba a dar ningún otro sorbo a lo que fuese esa cosa.

—Está hecho a base de jengibre. Tiene raíces del milenio, yerba del acantilado del sur y mucho limón. Sé que normalmente no sabe bien.

Le devolví la taza. Él la recibió.
—Agradezco tu intención, pero por más increíble que sea tu yerba del acantilado, no servirá de nada.

—¿Por qué estás tan convencido de eso? —debido a que tenía la taza en una de sus manos, sólo pudo poner uno de sus brazos en jarra, a modo de protesta.

—Porque yo jamás recurro a cosas naturales teniendo medicina científicamente probada en laboratorios, y hasta ahora nada ha funcionado. 

—¿Y de verdad piensas que es gripe? —ladeó la cabeza—. Llevas más de una semana sintiéndote así.

—No lo sé. Quizás sea una bacteria desconocida capaz de ocasionar una pandemia, quién sabe.

—Jin —el tono reprobatorio de mi amigo me sermoneó—. Ya basta de quedarte en cama. Estás pasando un mal momento, sí, pero si ni siquiera tus preciadas medicinas de laboratorios ayudan, entonces todo está en tu cabeza.

—Claro, como el vacío en blanco que explicaría por qué no soy culpable del robo a la joyería de la señora Wong —suspiré.

—Bueno, fue suficiente —sentenció él, poniéndose de pie. Cambió la taza de mano y me miró con determinación—. Saldrás de la cama y vendrás conmigo. 

—No quiero.

—No te lo pregunté —recalcó. Volteó y caminó hacia mi armario. Tomó un par de prendas y las arrojó a mi cama—. Ponte eso después de bañarte.

—¿Algo más, madre?

—Te llevaré a un bar del otro lado de la ciudad, la parte buena es que no veremos a nadie conocido. 

—¿Un bar?, ¿Por qué un bar?

—Se trata de la etapa final de tu catarsis —explicó Hoseok—. Beberás hasta que ahogues toda tu miseria, y luego de eso y la resaca, regresarás a ser el Kim Seokjin que conozco desde hace tres años.

No pude evitar sonreír un poco. 

—¿Entonces si la medicina casera no funciona, llevas a tus pacientes a beber alcohol? 

—A mis pacientes no —respondió—. A un querido amigo, sí.

Hoseok era médico. Siempre me sorprendió su afinidad por la medicina no convencional que incluía plantas, raíces o setas, se suponía que ellos eran los que corroboraban que los medicamentos fueran, en efecto, útiles.
Podría describir el estilo de vida de Hoseok como el de su cabello: Un poco despeinado en algunas ocasiones, pero siempre viéndose bien. Su forma de vestir era similar.

Así que negarme a aquel torbellino andante fue imposible. Viéndome rodeado por sus constantes frases motivadoras y su entusiasmo, tomé un baño y me preparé para salir junto a él.

Un bar. No era demasiado común para mí beber entre semana, probablemente la verdadera intención de Hoseok era mostrarme que el mundo continuaba, y que incluso si muchos me señalaban como el responsable de aquel acto de vandalismo, mi vida debía proseguir.

❣❣❣

Algo en mi interior se sentía mucho más a gusto por el simple hecho de estar frente al hogar de Seokjin. Mi llama gemela estaba en el interior, seguramente sintiéndose terrible por todo lo que estaba ocurriendo.

Me quedé observando la entrada durante un largo rato sin darme cuenta que llevaba allí más de treinta minutos, pensando en alguna excusa para que un sujeto como yo se apareciera en su puerta. ¿Qué podía decir?, ¿Hacerlo era buena idea? Seguía escondido tras un árbol, no podía quedarme de pie mirando una casa o cualquiera me consideraría un acosador.

Entonces, como si el Dios de las llamas gemelas se apiadara de mí, mi amado salió por la puerta principal. Estaba vestido con un pantalón oscuro y una camisa blanca sin mangas, luciendo el mismo reloj que usaba el día que lo conocí. Se veía increíblemente guapo, mi corazón se aceleró en un santiamén.

Iba acompañado de un sujeto de contextura similar que vestía traje. Tal vez un amigo. Los vi bajar los escalones y luego subir a un flamante coche blanco, el conductor era el amigo de Seokjin. No tenía idea a dónde podían dirigirse, y en un impulso desesperado conté el poco dinero que me quedaba y detuve un taxi.
Me sentí dentro de una película cuando le dije al chofer "Siga ese auto".

Cuando nos detuvimos en un bar, entendí la estupidez que acababa de cometer. Mi último centavo se fue a las arcas del taxi, dejándome de pie frente a un bar donde no podría comprar ni siquiera agua embotellada. Como si eso no fuera suficiente, ahora me encontraba del otro lado de la ciudad. Me sentí el rey de las malas decisiones.

Vi que Seokjin y su amigo ingresaban y terminé haciendo lo mismo poco después. Me pregunté si él era capaz de sentir la misma inquietud que yo en aquel momento.

El bar parecía más bien una cafetería elegante que un bar, excepto por la enorme barra en forma de U y unas pocas mesas solitarias repartidas en el resto del local. Seokjin y su amigo se sentaron juntos en un rincón de la barra. Yo decidí sentarme en un lugar vacío junto a la puerta. Si alguien preguntaba, diría que estaba esperando a mi acompañante. Era la mejor excusa para permanecer sentado sin ordenar nada.

Seokjin estaba de espaldas a mí. Tuve que fingir que miraba desinteresadamente todo el lugar para poder observarlo a él de a ratos. De pronto mi cuerpo se sentía más ligero y mi espíritu más tranquilo. Todo se debía a él.

❣❣❣

—¿Por qué no conocía este lugar? Es fantástico.

—¿Ya te sientes mejor? Te lo dije. Tomar aire te haría bien —dijo Hoseok, con tono fanfarrón.

Tenía que reconocerlo, me sentía animado y mi cuerpo había dejado de doler. Tenía ganas de beber, de reír y de olvidar por un momento todo lo que había ocurrido. Acepté gustoso la bebida que me ofreció Hoseok y brindamos.

El lugar tenía el techo en forma de domo y de algún materia similar al vidrio, la luz natural le daba un aire sofisticado y moderno. La barra estaba impecable, el barman era agradable, y todas las personas parecían estar pasándolo bien.
Sin embargo, en medio de toda esa atmósfera amena, había algo que estaba molestándome. No era una molestia común, era como... un presentimiento. Sabía que algo importante iba a ocurrir en aquel bar. Algo que yo estaba esperando con ansias, pero ¿Qué?

—Jin, ¿Qué sucede? —inquirió mi amigo.

—Nada. No lo sé. Me siento bien, pero es como si algo me estuviera... como si algo fuese a ocurrir. Me siento ansioso.

Hoseok frunció el ceño.
—Estabas enfermo hasta hace diez minutos y ahora te ves como un cachorro a punto de reencontrarse con su dueño.

Reí ante la comparación.
—¿Qué dices?

—Jin, ¿De casualidad todo este malestar se manifiesta con mayor intensidad por las noches?

—Sí, en efecto. No he podido dormir bien.

—¿Has tenido sueños extraños?

—Un poco. Siento que estoy en busca de algo que no puedo encontrar. Es como verme a mí mismo en una carretera sin principio ni fin.

—Interesante —respondió él, acariciándose el mentón.

—¿Por qué?, ¿Ya sabes qué es lo que me sucede?

Hoseok se puso de pie y se colocó detrás de mi taburete.
Sentí sus manos en mis hombros y me hizo dar una vuelta.

—¿Qué se supone que estás haciendo?

—Concéntrate. ¿Sientes una fuerza extraña en este lugar?

—Sí. Está aquí, o cerca.
Me sujeté al asiento circular mientras él volvía a girarme, más despacio está vez.

—Levántate. Ve a buscar la razón por la que te sientes así.

—¿De qué estás hablando? —reí divertido—. Perdiste la cabeza.

—Hazme caso. Deja de ser tan Seokjin por dos minutos y haz que tus pies te conduzcan por donde deseen.

Todavía incrédulo, me puse de pie con tal de darle el gusto. Iba a cruzarme de brazos y a decirle que era una ridiculez, pero algo se apoderó de mi cuerpo.

Algo tan potente que giré sobre mi lugar para tratar de orientarme mejor.
Me estaba llamando.

Comencé a caminar. Deambulé entre las mesas, siguiendo una línea zigzag mientras intentaba concentrarme en el camino correcto. Miré a los presentes, crucé miradas con un par, hasta que unos poderosos ojos azules cautivaron toda mi atención.

Sentí euforia. Alegría. Gozo.
Prácticamente corrí hacía un muchacho joven de traje que estaba sentado cerca de la puerta de entrada. Estaba solo. Y él también estaba mirándome.

Tropecé con el asiento frente a él. Lo escuché reír y me quedé embelesado, completamente aturdido por su presencia y su aura.

—Lo- lo siento, disculpa. Yo sólo... yo... —balbuceaba sin poder coordinar una simple frase de disculpa.

—Descuida —sonrió.

Él era tan... increíble.
Su cabello era castaño, su piel de un tono similar al del arena de las playas doradas del Caribe, y sus ojos eran el mismísimo mar de aguas cálidas. Sentí calor. Quería sumergirme en esas pupilas que supe que serían capaces de apaciguar toda mi angustia. Mi pecho se llenó con el deseo de conocerlo. De hablar más con él. Sostenía una mano cerca de sus labios, como si estuviese avergonzado de mostrarse ante mí. ¿Cómo podía sentir timidez siendo lo que era? Su cuerpo entero estaba acompañando por un resplandor celestial, y su perfume era refrescante, olía a menta. 

Casi sin darme cuenta, tomé asiento frente a él. Estaba fascinado y a la vez intrigado.

—Taehyung —pronuncié. De pronto supe que ése era su nombre. Pero había algo más—. Te he visto antes —comenté con seguridad—. Te conozco. Siento que te conozco, ¿por qué?

Sentí su nerviosismo incrementarse. Taehyung desvió la mirada y algo en su corazón se llenó de culpa, pero yo no podía entender por qué.

❣❣❣




❣❣❣❣❣❣❣

Otra actualización doble ¡yey!

No sé con exactitud la duración de Twin Flames, pero no pretendo que sea un fic demasiado largo. Debería ser de lectura ligera, sin taaanto angst, sin taanto misterio pero a la vez lo suficientemente entretenido como para hacerlo continuo. La idea es que sea equilibrado, ustedes me dirán si voy bien o no xD

Como siempre, gracias mil por leer. Espero que tengan buena semana y nos leemos pronto!

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