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Pasó exactamente una semana.

La peor semana de toda mi vida

¿Por qué no podía hacer nada más que pensar en Seokjin? Quería verlo. Tenía muchas ganas de verlo de nuevo.

Tal y como teníamos planeado, entregamos las joyas robadas y nos dieron la comisión que nos tocaba. Serviría para vivir cómodos algo más de un mes. Lamentablemente jamás veríamos el valor real de esas gemas, nuestra paga era muy baja en comparación al riesgo que corríamos.
La mayoría de los que estábamos en aquella zona de la periferia trabajábamos para otra persona. Lo llamábamos El Jefe. Él nos daba las armas, las drogas y nos enseñaba muchas cosas sobre cómo hacer robos de forma «limpia». Irónico tratándose de robos.

No me importaba. Yo sólo quería volver a ver a Seokjin.

Era otra de esas noches en las que no podía dormir. Me removía inquieto en mi edredón, podía ver la luna a través de los huecos que había en el techo de madera.

Cada vez que quería conectar con los pensamientos de Seokjin, era como levantar el teléfono y esperar en la línea sin que nadie respondiera. Él estaba allí, yo lo sabía, pero él no sabía sobre mí. 

Yoongi dijo que no podíamos destruir el lazo que nos unía, por lo que el estar lejos comenzaba a pasarme factura. Seguramente Seokjin se sentía igual. El malestar físico era real, tenía dolor corporal y decaimiento, también me lloraban los ojos, síntomas similares a la gripe. Lo que más me dolía era el pecho, como si me hubiesen arrancado algún órgano vital. 

De a momentos mis manos se amortiguaban, miles de hormiguitas picaban en mis palmas. Quería tomar las manos de Seokjin, recargarme en su hombro durante unos minutos y sentir que todo estaría bien. 

Pero él me detestaba. Recordar su rechazo dolía aún más. Quería hacerme un ovillo y dormir para anestesiar todas esas incómodas sensaciones, y no podía.

Terminé levantándome y saliendo al exterior. 

La noche oscura era iluminada solamente por la luz de la inmensa luna llena.
Miré la casa destrozada a mis espaldas, tenía un aspecto lamentable. De hecho, todo a mi alrededor lucía igual.

Las casas vecinas eran similares. Nadie tenía acceso a la red eléctrica, por lo que se veía una pequeña vela en el interior de algunas. Techos caídos, calles polvorientas y olor a basura. Sin lugar a dudas este sitio no era para alguien como Seokjin. 

Recordaba haberme sorprendido un poco después de ver su hogar. Contrario a lo que pensé, no se trataba de una mansión inmensa y lujosa, era un apartamento mediano, aunque sí estaba ubicado en una zona de clase alta. 

Yoongi nos prestó guantes de látex para no dejar huellas. Jungkook me ayudó a cargarlo para subirlo al coche y lo hizo de nuevo una vez que estuvimos frente al hogar de Seokjin. 

Fue un poco difícil subirlo por las cortas escaleras que llevaban a su puerta principal, corríamos el riesgo de que algún vecino estuviese disfrutando el espectáculo. Por fortuna, los ricos no tenían aquella costumbre, estaban demasiado ocupados con su vida personal como para prestar atención por alguna ventana. Los pobres usábamos el chisme a modo de entretenimiento.

Kook tuvo el cuidado de poner la mano de Seokjin en el picaporte con el fin de no dejar rastro de nuestra presencia allí.

El apartamento tenía dos plantas. El suelo estaba alfombrado en color claro. Todo el lugar gozaba de grandes ventanas y mucha luz natural. El recibidor era también la cocina-comedor, modesta pero bien equipada con electrodomésticos modernos y una vajilla costosa. La mesa del centro era de madera lustrada y había dos sillas a juego, cuyos almohadones combinaban con las cortinas. 

La habitación de Seokjin estaba al final, y lo dejamos recostado en su inmensa cama. 

Kook se quedó viendo el lugar, me dijo que en la planta baja había un televisor gigante y una chimenea artificial.  Yo no le presté mucha atención.

Le quité los zapatos a Seokjin, me recosté un momento a su lado, y volví a disculparme por todo lo que le habíamos hecho. Él, en aquel estado de inconsciencia, no me escuchó.

Me detuve unos segundos a analizar el espacio en el que él vivía. Era cómodo, limpio y nuevo. Básicamente todo lo contrario al lugar en donde yo pasaba mis días. 

Sabía que pertenecíamos a mundos opuestos. Sabía que lo mejor sería marcharme y tratar de aprender a convivir con el dolor, pero a último momento decidí dejarle una nota. Encontré una pila de adhesivos en el escritorio que estaba en planta baja, y tomé una pluma para escribir. 

Al principio no supe qué poner. ¿Era buena idea dejar mi nombre y mi teléfono?... No, hacer eso era arriesgado. Jungkook me dijo que lo mejor era darnos prisa, por lo que en un arranque tonto e impulsivo, garabateé "Seokjin, te quiero". 

Lo dejé en el mueble que contenía las tazas de café, en la cocina. Y después de echarle un último vistazo al amor de mi vida, me marché junto a mi socio.

¿Lo habría encontrado?, ¿Sería capaz de recordarme?

Necesitaba verlo una vez más, aunque fuera desde lejos.
Llevé ambas manos a mi pecho y cerré los ojos. Necesitaba calmar el dolor.

—¿Qué estás haciendo? —me preguntó la voz fuerte de Jungkook. Me sobresalté.

—N-nada —balbuceé avergonzado.

—¿Rezándole a tus ancestros? —se burló. Sacó un cigarro y un mechero pequeño del bolsillo de su pantalón. Se acomodó contra el tronco inclinado de un árbol, a unos cuantos metros de mí—. Sé que llevas días sin dormir bien.

—Me siento enfermo.

—Lo estás. Es por él.

Bajé la mirada y me froté un brazo.

Jimin y Jungkook eran prácticamente mis hermanos. Los tres crecimos en un orfanato, fuimos educados allí y  al no ser adoptados, nos trasladaron a un hogar para adolescentes. Se suponía que el Estado tenía la obligación de vestirnos, alimentarnos y educarnos para tratar de insertarnos en el mundo laboral. Todo eso siempre y cuando cumplamos con normas muy estrictas.
La verdad era que un gran porcentaje abandonaba el sistema, y de ese porcentaje la gran mayoría lo hacía para delinquir.

Henos aquí.

Comenzamos debiendo favores, y luego nos vimos envueltos en todo un asentamiento de personas como nosotros: Robando para alguien más.

Aunque el camino fue difícil, nos cuidamos el uno al otro y aprendimos a sobrevivir. Jimin asumió el rol de hermano mayor y líder, fue algo natural debido a su carácter fuerte y su obstinación. Jungkook tenía el papel del hermano tranquilo, siempre me resultaba más sencillo hablar con él

—Quiero verlo —admití en un murmullo.

Jungkook me miró con algo parecido a la empatía.
—Es normal. Creo que has hecho un buen trabajo soportando todos estos días.

—No es fácil.

—Los demás no lo entienden —le dio una calada a su cigarro, vi el humo saliendo de sus fosas nasales—. Sólo los que encuentran a su llama gemela son capaces de entender todo lo que ello implica. 

—Jimin no lo entiende.

—Ni lo hará nunca —resolvió él—. ¿Por qué pretendes que lo haga? 

—No quisiera molestarlo —admití. Aunque Seokjin ya no era un problema, seguía siendo un asunto complicado para mí.

—Taehyung, Taehyung —negó con la cabeza—. Siempre que se trata de Jimin, cedes.

—Le debo mucho —por no decir mi vida.

—También yo, pero si la vida de Yoongi corriera peligro abandonaría a Jimin sin pensarlo dos veces.

—Lo sé, él también lo sabe. Ambos lo sabemos desde hace tiempo. Quizás tu lealtad siga estando con nosotros, pero te perdimos desde que descubriste que Yoongi era tu llama gemela.

Aquello fue duro.
Una parte de Kook seguía con nosotros, pero la otra estaba y estaría siempre con su novio. No era simplemente una relación, era una conexión más profunda y casi sobrenatural. Quienes nunca pudieron experimentarlo lo consideraban una leyenda. Yo lo creí también, hasta que pude vivirlo de cerca gracias a Jungkook. Ahora, me tocaba vivirlo en carne propia.

Para Jimin fue muy difícil aceptarlo. Por aquel entonces los dos peleaban todo el tiempo y yo trataba de consolar a Jimin mientras Jungkook escapaba a los brazos de Yoongi. 

No eran celos, era algo mucho más complejo que eso, Jimin no odiaba a Yoongi ni tampoco a Jungkook. Los tres crecimos juntos y sin tener nada. Jimin nos defendió y luchó por nosotros desde muy temprana edad. De alguna forma nos aferramos entre nosotros, eramos lo único que teníamos en la vida.

Supongo que por eso entender que Jungkook ya no era "nuestro" Jungkook fue tan doloroso para Jimin. No voy a mentir, yo me sentí desplazado y olvidado también. Creí que Kook nos mentía cuando hablaba del aroma a café que desprendía Yoongi, y del supuesto resplandor violáceo que acompañaba su cuerpo.
Ni Jimin ni yo eramos capaces de visualizar nada. A nuestros ojos, Yoongi era un sujeto común delgaducho y con ojeras, que siempre estaba bostezando. Para Jungkook, Yoongi representaba la mitad de su alma. 

Me sentí mal al recordar eso. No diría que crucificamos aquella relación, pero tampoco recibimos a Yoongi con los brazos abiertos. Debió ser difícil también para Jungkook.

—Es considerado un milagro por muchos —volvió a hablar.

—Y también es considerado una desgracia por otros —repliqué.

—Es cierto. Además, no siempre terminan juntos.

Ya lo sabía.

—Tal vez Seokjin y yo nunca vayamos a estar juntos.

Kook miró hacia la luna y luego apagó el cigarro pisando la colilla con sus zapatos.
—¿Cómo lo sabes?

—Me odia, fue el último pensamiento que dirigió hacia mí.

—¿Lo percibiste o es que acaso hablaron mentalmente? —preguntó.

—Me lo dijo, casi. Hablamos, pero fue solo un momento, cuando íbamos en el coche antes de que él perdiera la consciencia.

Jungkook me miró de arriba abajo.

—A Yoongi y a mí nos tomó semanas. Supongo que eso indica que su vínculo ya es bastante fuerte aún si apenas se conocen. Y si te sirve de algo, cuando te lo dijo estaba molesto.

—Le robamos. Lo dejamos sin empleo y además lo secuestramos y lo drogamos. ¿Qué más se necesita para odiar a alguien? —comenté de forma pesimista.

—Es tu llama gemela. Incluso si en estos momentos no te recuerda, está sintiéndose igual que tú, solo que más confundido. 

—¿Cómo puedes saber eso?

—Nos pasa a Yoongi y a mí. Sé que ahora él está profundamente dormido —explicó—. ¿Crees que yo haría algo como despertar a mitad de la noche para nada? Quería ir a verlo.

—Querías cogértelo —corregí.

—Eso —rió él.

—¿Y porque está durmiendo decidiste renunciar a tus deseos carnales?

—Está agotado. Tuvo un día largo, además Jimin lo presionó para que encontraran las dosis correctas de la sustancia que le dieron a Seokjin. En estos momentos está soñando con ovejas. Es su animal favorito.

—¿Puedes ver sus sueños? —pregunté con asombro.

—Sí. Podría meterme en ellos si quisiera, pero él debe darme permiso para entrar. Esta vez no quiero interrumpirlo, está descansando bien —respondió Jungkook.

—Awww —dije con voz melosa—. Supongo que de eso se trata el amor.

—Algo así —me sonrió. A pesar de los años, siempre que sonreía se marcaban sus mejillas y ganaba una expresión de conejo muy chistosa—. A medida que tú y Seokjin vayan conociéndose descubrirán esa y otras cosas.

—Yo no-

—Tae, sé que te preocupas por Jimin. Sé que crees que si vas tras Seokjin estarás abandonándolo.

—Pero es que es exactamente así.

—Sí. ¿Y qué?

—No es tan fácil como lo haces ver.

—Sí lo es. Tú tienes llama gemela, él no. Quizás su alma no está dividida, no es algo que le pase a todo el mundo. ¿Qué harás al respecto?, ¿Rompérsela y buscarle su otra mitad?

Bajé la vista.
—No.

—Claro que no. No puedes. Ni siquiera sabemos si su alma está completa o no. Hay quienes encuentran a su llama gemela cuando son ancianos, otros cuando son apenas niños. No hay forma de saberlo, simplemente sucede —ante mi falta de respuesta, él añadió—. Solo intento darte un consejo. Tienes que descubrir si Seokjin está dispuesto a aceptarte o no, y la única forma de hacerlo es acercándote a él.

La idea de volver a ser rechazado me causó escalofríos.

—¿Y si él jamás me acepta?

—Tendrás que soportarlo. A menos que el dolor sea tan grande que te lleve al suicidio, ha ocurrido antes y sé que lo sabes.

Por supuesto. Las llamas gemelas que se negaban a permanecer juntas solían terminar en tragedia. Generalmente una de las dos decidía terminar con su vida, de esa manera podía esperar a la siguiente para volver a intentarlo. Las llamas gemelas no cambiaban, pero las personas sí. 

¿Y si finalmente ése era mi destino?: Suicidarme por el dolor de no estar junto a Seokjin. 

Temblé de miedo. 

Para cuando reaccioné, Kook tenía una de sus manos apoyada en mi hombro izquierdo.

—Sigue tu destino, hermano. 

¿Mi destino? 

Luego de decirme aquella frase célebre, regresó al interior de nuestra guarida.

Se suponía que él estaba aconsejándome con el fin de que yo pudiese tomar una decisión, pero la verdad es que me sentía más confundido que nunca.



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