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12


Cuando la cena concluye, mantienen una discusión de aproximadamente cinco minutos, ya que, al parecer, ambos están dispuestos a pagar la cuenta. Después de ponerse de acuerdo, decidiendo pagar cada uno lo que se han pedido, salen del local entre risas.

Todavía era temprano, alrededor de las siete de la tarde. La tarde se había pasado realmente rápida para los dos chicos, y siendo sinceros, ninguno de los dos quería que terminase.

Cuando llegan al coche de Auna, ambos se dan una mirada despectiva, divertida y contenta.

-La tarde realmente ha pasado volando-. Comenta Nick, apretando sus labios en un gesto nervioso.

-Y que lo digas. Si te digo la verdad, me gustaría que no terminase, eres demasiado divertido, Coleman-. Alaga, abriendo la puerta de su coche para meterse en él, y seguidamente, bajar la ventanilla, quedando cara a cara con el de pelo miel.

--Bueno... no veo necesario que termine ahora-Auna alza una ceja, en señal de que prosiga-. Tengo una idea. Hace unos días compré una maravillosa cafetera, la cual, traía distintas muestras de café, ¿qué te parece si te invito a una muy probable taza de café? Pareces una de esas personas fanáticas de él-. Añade, apoyando uno de sus brazos en lo alto del coche.

Auna hace un gesto pensativo, fingiendo una gran mueca y posando uno de sus dedos en los labios, haciéndose la dubitativa.

-¿Tienes café caramelizado?--. Preguntó, inclinando brevemente su cabeza hacia un lado.

-Por supuesto.

--Sube-. Dice finalmente, robándole una sonrisa emocionada a Nick, que obedece las órdenes de la chica. Antes de subirse en el vehículo, retrocede hasta quedar otra vez donde antes, tocando el cristal de la ventanilla que anteriormente la chica había subido, y ahora, bajaba-. ¿Qué sucede?

-Creo que sería mejor idea si yo vuelvo a conducir, ya que dudo que te sepas mi dirección--. Bromea.

La morena lo mira con lentitud, soltando un resoplido para después desabrocharse el cinturón y bajarse del coche, intercambiando lugares con Nick. El camino hacía la vivienda de Coleman fue agradable, ya que los chistes que el de ojos avellanas realizaba por cada comentario que decía la chica, la hizo soltar más de una carcajada.

Tiempo después el coche se adentra a una pequeña urbanización bastante pequeña, ya que apenas contaba con siete casas. El vehículo se estacionó frente a una casa de dos pisos, de color azul cielo y con pequeños detalles de blanco; aparentemente era agradable.

Nick no tarda en bajarse, al igual que Auna, y cuando el coche está cerrado completamente, la chica puede admirar con mejor detalle la casa. Su atención es llamada cuando Coleman la llama, y junto a él, se adentran a la vivienda. El recibidor era acogedor, decorado por varias plantas y uno que otro cuadro.

Pasaron por un pasillo hasta llegar a una cocina, la cual era simple con un espacio bastante mediano, con un ambiente acogedor. Nick le extendió una mano a Auna en dirección a una isla de mármol blanco que reposaba en mitad de la cocina, Auna sonrió, para coger asiento y mirar con atención las acciones del chico, quien caminaba de un lado a otro en busca de café. Un par de minutos pasaron, la bebida caliente ya se encontraba preparada.

Nick se sentó frente a Auna, dándole uno de los vasos que sostenía, y cuando la morena hizo el amago de darle un sorbo, sintió como aquel ardor recorría sus labios, haciendo que inconscientemente una mueca le adornaba el rostro, junto a un quejido. El de pelo rizado no puede evitar soltar una carcajada, ganándose una mala mirada de parte de Miller tras un golpecito en el brazo.

-No se donde le ves la gracia.-Dice ofensiva, lamiéndose los labios para intentar calmar su dolor.

-Oh vamos, fue gracioso-comentó Nick, aguantando una risita-. ¿A quién se le ocurre beber algo recién sacado de calentar? No me puedes culpar.-Se encoge de hombros--. Cambiando completamente de tema, ¿qué tal lo llevas con el trabajo? Trabajar en una revista suena complicado--. Pregunta, mirando a los ojos de la chica, quien aparta la mirada, algo incómoda por ese gesto.

--Pues, bastante bien, apenas llevo unos tres meses, supongo que en tan poco tiempo se puede avanzar tan rápido, así que...-deja el resto de la frase en el aire. El silencio invade el lugar, hasta que Auna vuelve a hablar.-¿Cuánto tiempo llevas viviendo en esta casa?, parece que lleva bastantes años en pie-.
Cuestionó mientras se fija en la madera vieja del techo, que aparentemente parece de esas que chirrían.

-Buena pregunta. Esta casa lleva en mi familia desde hace mucho antes de que yo naciera. De hecho, fue construida el mismo año en el que la familia Williams apareció en estos lugares, impresionante, ¿verdad?-.Auna asiente asombrada, procesando la información dicha--. Tardé bastante en convencer a mi madre de reformarla, ya que por obvias razones, la casa se caía a pedazos, y no me apetecía vivir en un lugar sin techo-. Bromeó, pero sin embargo, Auna no rió.

La morena estaba atenta a un antiguo reloj que marcaba las diez en punto. <<Vaya, si apenas eran las ocho cuando miró su reloj>>, pensó, extrañada. Se giró en dirección a Coleman, quien estaba atento a ella.

-Nick, ¿tu reloj está bien?--. Pregunta, devolviendo su vista al nombrado.

El muchacho miró confundido a Auna, desconcertado por aquella inusual pregunta.

-Eh, si, ¿por qué la pregunta?--. Responde, frunciendo su poblado ceño.

-Hace unos minutos mi reloj marcaban las ocho, y el tuyo dice que son las diez.-Aún más abrumada, saca su teléfono móvil de nuevo.

-¿Qué? Deberías revisar tu hora, ya que justo esta mañana lo instalé de forma correcta-. Dijo, refiriéndose a el reloj.

Cuando Auna enciende su pantalla, se percata de algo; 10:10 de la noche, marcaba en su reloj.

-Creo que... será mejor que me vaya. Al parecer tenías razón, tal vez estaba algo distraída.-Se levanta de golpe, sintiendo como todo en su entorno comenzaba a girar y girar.

Cuando Nick se percató de eso, enseguida se puso en pie, intentando ayudar a la chica.

-Si, y creo que lo correcto sería que te acompañase-. Propone, ayudándole a caminar en dirección a la puerta principal.
-Oh no, no quiero ser un estorbo-. Justifica la chica, posando una de sus manos en su frente, mareada.

-Por supuesto que no, no dejaré que conduzcas en este estado.-Nick negó, cerrando la puerta de su casa, liberando a Auna de su suave agarre para cerrar la puerta de la casa, y en ese momento, pequeñas gotas de agua empiezan a caer-. Mierda, lo que faltaba-. Se quejó.

El recorrido hasta el coche fue corto pero para Nick fue infinito.

Entre que Auna no paraba de tropezarse y que no podía ver bien gracias a la lluvia golpeando su rostro, pero cuando llegó a su destino, no tardó en meter a la chica dentro del vehículo, seguidamente entra él. Le costó una barbaridad abrochar el cinturón de Auna, pero cuando lo logró, no perdió el tiempo para arrancar el coche.

El trayecto fue tranquilo y silencioso, ya que la morena se había quedado dormida, pero esa tranquilidad no tardaría en convertirse en algo peligroso y letal. Cuando Nick se adentra en aquella carretera junto al profundo bosque del pueblo, todo se empieza a descontrolar. Las luces del coche empiezan a parpadear, el freno de mano y de pie comenzaron a fallar.

Nick frunce el ceño, pensando en que gracias al tiempo climático estaban pasando esos sucesos. Llega un momento donde el coche termina frenando, y aunque el muchacho intentara volver a ponerlo en marcha, se le hizo imposible. Su atención fue llamada cuando una desconocida energía pasa con rapidez por la carretera, pero sin embargo, Nick no le da mucha importancia, pensando de qué se trataba de algún siervo mal herido, pero no tarda en volver su atención a el frente; algo anda mal, piensa.

Mira a la chica que reposaba junto a él en el asiento de copiloto, para después abrir la puerta de su lado.

--¿Hola? ¿Hay alguien ahí?-Pregunta, dando varios pasos al frente tras cerrar la puerta del coche.

Aquel impacto hizo que Auna se despertará, sintiéndose mejor que hace unos minutos, sin embargo, el mareo no se le pasaba. La morena buscó con la mirada a su amigo, percatandose de su ausencia en el coche, y mirando al frente, viendo al de ojos avellanas mirando a la nada.

No tardó en bajarse, cerrando también la puerta del copiloto.

--¿Nick?, ¿qué ha pasado?, ¿por qué paramos?- Cuestiona desorientada, mientras se restregaba una de sus manos por la cara.
-Auna, pensaba que estabas dormida-.Contesta, ignorando sus demás preguntas y girándose hacia la chica-.Creo que vi a un ciervo herido, quería asegurarme de que fuera eso. No quiero llevarme una multa por atropellar a un animal.

Auna asiente no muy convencida, hasta que esa sombra vuelve a pasar, llamando el interés de ambos. Auna retrocede, sintiendo aquel sentimiento familiar, y al instante, se da cuenta de que aquello no era un ciervo, si no una de aquellas criaturas que Kai le había hablado tantas veces, aquellas cosas que le habían atacado un sin fin de veces en tan poco tiempo. Sin decir una sola palabra, agarra la mano de Nick, tirando de ella, atenta a cada movimiento del lugar.

--Nick, muévete. Tenemos que volver al coche-.Ordena, cambiando su tono de voz, logrando que él nombrado se confunda aún más-. Nick vamos, no estoy bromeando- repite. El chico todavía reacciona, pero Auna no tarda en jalarlo del brazo, llevándoselo en dirección al coche.

Cuando ya están dentro del vehículo, Auna no puede evitar llevarse una mano al pecho, agitada y preocupada.

--Auna, ¿qué te pasa? Solo pretendía ayudar a aquel ciervo, ¿acaso les tienes miedo o...-. Nick deja la pregunta en el aire cuando algo impacta fuertemente contra el coche. Un grito sale de la boca del chico, mientras la contraria se sobresalta.-- ¡¿Qué cojones fue eso?!--. Dijo exaltado, mirando por todas partes.

Hubo un breve silencio en el ambiente, donde Auna se dió cuenta de que no podía dejar que algo le pasara a Nick, que ellos venían a por ella, que ella se tenía que hacer responsable de la situación.

Tragó fuerte, llenándose de valor, para seguidamente, dirigir su mano a la manila de la puerta, volviendo a abrirla, Nick mira asustado el gesto de la chica, empujando el cierto de esta para que volviese a estar dentro del coche.

--¿Te has vuelto loca? ¡Está claro que esa cosa no es un maldito ciervo, Auna! Tiene que ser un oso, seguro que es un oso-. Nick pensó, alterado.

--¿Un oso?, Nick, aquí no hay osos-. La chica se burla.

-¿Cómo puedes estar tan tranquila? ¡Algo nos está intentando atacar!-Ignora la respuesta de su amiga, agitado.

-Oye, tranquilízate, solo iré a echar un vistazo-. Auna intentaba tranquilizar a su alterado amigo, mientras que ella gritaba de pánico, pero no podía dejar que Nick se percató de aquello, o él se enloquecería.

-¿Qué? ¡Si fuiste tú quien quería entrar al coche!, ¿ahora quieres mirar que hay ahí?-Nick sentía como miles de emociones se encontraban.

-Nick, no grites, alteres más a lo que hay allí afuera. Escucha, te juro que solo iré a ver qué hay, después volveré lo más rápido posible, y llamaremos a una grúa-. Auna intentó parecer lo más tranquila posible.

El de pelos rizados asintió no muy convencido. Auna al fin salió del coche, sintiendo como comenzaban a sudar sus manos, o bueno, todas las partes de su cuerpo, ya que los nervios y el miedo la invadieron.

Miró una última vez a Nick, quien la observaba con atención, y comenzó a avanzar, sin escuchar nada extraño, y después de dar varios pasos, quedó bastante lejos del coche y Nick.

Cerró los ojos, intentando tranquilizarse y concentrarse, y cuando unas fuertes zancadas se escuchaban, sus grandes orbes se abrieron, visualizando como frente a ella, unos kilómetros más adelante, un Brushcrek de gran tamaño comenzaba a acercarse de forma impresionantemente rápida.

Logró escuchar los gritos de Nick llamándola, y sin poder evitarlo, ya que el miedo la invadió, comenzó a correr. Corrió lo más rápido que pudo, olvidando su objetivo.

Cuando estaba apunto de llegar al coche, sintió como una enorme mano agarraba su cintura, y otra su brazo izquierdo, alzando a la chica al aire con agilidad para después lanzarla por los aires, cayendo centímetros más lejos de donde se encontraba la bestia, el coche y Nick.

El último no pudo evitar soltar un grito al ver como su amiga cae en el suelo, llamando la atención de la criatura, quien no pierde su tiempo para ir en dirección al chico. Entre más gritos desesperados, Auna abre los ojos con lentitud, sintiendo un dolor infernal por todo su cuerpo, pero al ver como la vida de Nick corría peligro, no dudó en ponerse en pie, con cierta dificultad y percibiendo un terrible dolor en su rodilla derecha, en cambio, comenzó a correr, pero no con intenciones de huir, si no con intenciones de llamar la atención del Brushcrek. Sus intenciones funcionaron, ya que la criatura dejó de prestarle atención a el chico, para observar a la chica.

A medida que Auna avanzaba, sentía como aquel ardor conocido recorría cada parte de su ser hasta llegar a sus manos, y antes de que la criatura hiciera cualquier movimiento, ella se abalanza sobre él, uniendo sus manos a el respectivo rostro de la sombra.

Nick está inmovil viendo como el rostro de aquel monstruo comenzaba a agrietarse a medida que Auna impregna más sus manos en la cara de este, soltando una luminosa energía naranja muy parecida a lo que ellos llamaban fuego. Cuando el rostro del Brushcrek se convierte en cenizas, el cuerpo inerte cae al piso, convirtiéndose en aquel polvo grisáceo.

El silencio gobernó el lugar, hasta que el chico Coleman sale del vehículo, perturbado por lo que acababa de suceder. Cuando las miradas de los jóvenes se conectan, Nick se da cuenta de que la mirada de Auna no era la misma que conocía, si no que era de aquel color ardiente.

La mirada de Auna era fuego.

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