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Perro Cupido

—Jenny, sabes que no soy buena con los perros—subí mis piernas al sillón para mantenerlas alejadas del perro que se paseaba sin control por todo mi departamento—. Ningún animal en realidad.

            —Carolina—gimió con desesperación mi mejor amiga.

            — ¡Hablo en serio! Maté un pez dorado. ¡Un pez!

            —Carolina—esta vez Jenny habló más tranquila—, deja de ser tan paranoica, además, eres mi mejor amiga—se estiró para tomar mis manos entre las suyas y yo bajé los pies— y no tengo a nadie más con quien dejarlo. Solo serán dos días. El lunes en la mañana vendré por él—se acomodó en el sillón mientras miraba a su Golden Retriver, ella palmeó su muslo y la mascota peluda trotó hasta su ama para descansar su hocico en la rodilla de Jenny. Ella le rascó la cabeza con amor—. Thor es un buen compañero.

            — ¿Quién?

            —Thor, mi perro.

            Admiré a la enorme bola de pelos que movía su cola. No pude evitar reír por dentro al pensar en las características que compartía con el dios del trueno del MCU: rubio, grande y bobo.

            —Pues si le va mucho el nombre.

            — ¿Entonces?

            Suspiré y puse los ojos en blanco sintiéndome derrotada.

            —Está bien, cuidaré al perro.

            — ¡Gracias!

Ella se lanzó sobre mí para abrazarme y Thor la siguió cayéndonos encima mientras lamía el rostro de ambas.

Estos iban a ser días muy difíciles.

Mi mejor amiga pasó más de dos horas dándome indicaciones sobre los cuidados de su amada mascota. Después pasó una hora despidiéndose de Thor.

Jenny estaba en la puerta arrodillada frente a al perro mientras le besaba la cabeza con mucho mimo.

Se puso de pie y suspiró con tanta tristeza que incluso podría romperte el corazón, si no conociera lo dramática y teatral que solía ponerse.

—Carolina, es lo más sagrado que tengo—y ella no estaba exagerando, tenía más fotos con su perro que con su novio, familia o amigos en todas sus redes sociales—. Cuídalo mucho.

—Tú tranquila, yo nerviosa.

—Te estaré pidiendo fotos cada hora. No, creo que mejor cada media hora.

—Claro.

—Adiós—abrazó al perro por una última vez y después a mí—. Sean buenos.

Ella se fue y gemí con fastidio. ¿En qué rayos me había metido?

—Tal parece que ahora solo somos tú y yo, compañero—el perro jadeó y me miró por menos de diez segundos. Se dio la media vuelta para largarse a pasear por mi departamento—. O tal vez solo soy yo.

Mi despertador sonó a las seis de la mañana. Tomé el maldito aparato y lo golpeé contra la mesa hasta que finalmente se calló. Me puse la almohada sobre la cabeza disponiéndome a dormir de nuevo. ¿Por qué rayos había puesto el despertador a las seis en un sábado?

Estaba volviendo a quedarme dormida cuando un ladrido me despertó.

Gemí mientras contenía las ganas de patalear en la cama como una niña berrinchuda.

—Esto me lo vas a pagar, Jenny—gruñí y me quité la almohada de la cabeza. Vi al enorme Golden que estaba parado a un lado de mi cama sosteniendo una correa—. Te odio.

Thor no paraba de tirar de su correo animándome a apurar el paso para llegar lo antes posible al parte.

—Espera—lo hice detenerse al tirar de su correa y me hinqué en una rodilla para amarrar una agujeta de mis zapatillas deportivas—. Nunca en la vida voy a comprarme un perro—Thor ladró y tiró con fuerza la correa la cual resbaló de mi mano. Jadeé con horror al ver que la posesión más valiosa de mi mejor amiga se estaba alejando de mí a toda velocidad y no había nada que lo parara—. ¡Oye! ¡Espera! —Comencé a correr detrás del perro—. ¡Thor! ¡Vuelve! —grité a todo el pulmón intentando llamar al perro, pero este me ignoró—. ¡Alguien detenga a ese perro! —todos miraba pasar a Thor sin detenerlo, al contrario, le abrían el paso para que siguiera corriendo—. ¡Thor!

Mis pulmones ardieron con cada respiración forzada, el corazón me latía con tanta fuerza que sentía que iba a salirse por mi boca y las piernas me dolían tanto como si las tuviera en llamas. Las lágrimas comenzaron a saltarme al sentir que estaba perdiendo al perro. No sé qué haría si no podía alcanzarlo. Maldición. Jenny nunca me perdonaría.

— ¡Alto ahí, amigo! —ala distancia pude ver que un chico detuvo a Thor, así que corría con más ganas para llegar hasta donde ellos estaba. Me detuve frente a él apoyando mis manos en las rodillas jadeando en busca de aire—. Supongo que es tuyo.

—S-sí—dije con la respiración entre cortada. Sentía un par de gotitas de sudor cayendo por mi frente. Mi corazón comenzó a tranquilizarse y estaba recuperando el aliento. Miré a Thor y no pude evitar fruncir el ceño al ver que el muy descarado estaba demasiado divertido—. Mil gracias, en serio.

Me enderecé y pude al fin ver el rostro del chico que me había salvado de perder al perro. Mis piernas temblaron al darme cuenta de lo guapo que era. Tenía los ojos más azules que el océano, su sonrisa podía derretirte en pleno invierno y su cabello rubio cenizo daba ganas de agarrarlo y jugar con este.

—No fue nada—él me tendió la mano—. Por cierto, me llamo Tom.

Parpadeé un par de veces hasta que al fin reaccioné y pude corresponderle el saludo.

—Soy Carolina—Tom me entregó la correa del perro—. No sé cómo pagarte por esto.

Palmeé la cabeza de Thor.

Tú me lo pagaras más tarde.

—Tal vez con una cita.

Mi corazón se detuvo por un minuto y abrí la boca con sorpresa. Mis mejillas se encendieron y sonreí con algo de timidez.

—Claro, por mí está bien.

Él sacó su celular y me lo entregó para que le anotara mi número y mi dirección.

—Paso por ti a las siete—dijo cuándo le regresé su aparato.

—Perfecto.

Me mordí el labio inferior mientras ambos nos miramos por un largo momento. El momento fue roto por el pitido de su reloj.

—Debo seguir, pero nos vemos—se inclinó y dejó un beso sobre mi mejilla—. Hasta luego Carolina.

Se alejó corriendo y no pude evitar sonreír como una verdadera idiota.

Tomé la cara de Thor entre mis manos y me arrodillé frente a él.

—Puede que ya no te odie tanto.

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