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Ellos también sufren.

Dolía demasiado. Era como una herida abierta en mi pecho, sangrando constantemente, latiendo por el dolor. Incluso sentía que me faltaba el aire. Mis pulmones no conseguían el suficiente para respirar. Tal vez estaba ahogándome por dentro. Las lágrimas quemaban como el mismo infierno en mis ojos, apretaba los parpados intentando contenerlas, no quería llorar, pero era inútil. Miré el vaso de cristal que tenía en mi mano y lo hice girar con mis dedos.

— ¡Te odio! —grité con todas mis fuerzas mientras lanzaba el vaso muy lejos escuchando como se estrellaba y caía hechos pedazos. Justo como yo estaba.

—Sabes que no es cierto—me giré hacia la voz femenina que recién iba llegando a mi departamento.

Mi mejor amiga, Kelley. La vi quitarse su saco y arrojarlo sobre uno de mis sofás de cuero negro. Se acercó a la barra y de la licorera tomo una nueva botella de whiskey y dos vasos nuevos de cristal. Vertió el líquido ámbar en los vasos y me entregó uno de ellos.

—Aun la amas—dijo ella antes de darle un sorbo a su bebida.

—Desearía no hacerlo—murmuré con coraje.

—Odiar no es lo contrario al amor. Recuerda eso.

— ¿Cómo es posible que sigamos amando a quien nos destrozó el corazón? Cada pedazo de mi corazón aun grita su nombre—me bebí todo el vaso de un solo trago. Tomé mi celular y pulsé el botón para desbloquearlo y admirar su foto.

Kelley le daba un sorbo a su bebida y de reojo miró mi celular. Al momento en que se fijó en la foto de Penélope, mi ex, escupió su bebida y me salpico la cara, mojando también mi celular.

—Que asquerosa eres, Kelley—con el dorso de mi brazo me limpié la cara y con mi camisa limpié la pantalla de mi celular.

— ¡Thomas William Hiddleston Servaes! —exclamó Kelley y yo puse los ojos en blanco al escucharla decir mi nombre completo—No puedo creer que tengas, todavía, la foto de esa en tu fondo de pantalla.

—Yo...

— ¡Nada! Significa que tienes la esperanza de que vuelva. ¡No va a volver! —mientras la escuchaba, miraba con atención la pantalla de mi celular perdiéndome en los ojos grises de la mujer que una vez me prometió amor eterno—Maldición. Dame eso.

Kelley me arrebató mi celular, volvió a llenar mi vaso, mientras ella se ponía a borrar todas las fotos que tenía de y con Jenny, mi ex, y yo no opuse resistencia a que borrara las fotos. Sé que tenía que hacerlo, pero yo tenía fuerzas. Mejor que lo hiciera ella.

Le di un sorbo a mi bebida y mi celular sonó anunciando que tenía un mensaje. Inmediatamente reconocí el tono, era el tono de ella. Kelley me regresó con fastidio mi celular y desbloquee el celular para ver el mensaje completo.

Jenny: ¿Podemos hablar?

Me sentía demasiado herido y molesto, teníamos solo apenas un par de horas de haber terminado y ella me mandaba un mensaje. Pero estar triste y medio borracho no es una buena combinación, así que no me resistí a contestar su mensaje.

Tom: Creí que habías dicho todo lo que tenías que decir.

Jenny: No quiero que las cosas terminen así entre nosotros.

— ¡Con un cuerno! —volví a arrojar con molestia el vaso de cristal al suelo y Kelley me quitó el celular para leer los mensajes.

—No le contestes.

Me regresó el celular para después levantarse e ir por un nuevo vaso. Mi celular volvió a sonar anunciando que tenía un nuevo mensaje de Jenny.

Jenny: Al menos podemos quedar como amigos, ¿no?

Esa última frase fue la gota que derramó el vaso. Me ilusionó. Me usó. Me humilló. No iba a soportar más. Con furia comencé a teclear en mi celular.

Tom: "No quiero volver a verte. Nunca jamás. ¿Entendiste? Déjame en paz."

Envié el mensaje y se lo enseñé a Kelley.

—Muy bien. Muy bien.

Palmeo varias veces mi hombro y ambos chocamos con suavidad nuestros vasos de cristal para brindar. Sinceramente, sentía un peso menos. Aun la amo y me duele demasiado lo que hizo, pero siempre es más sano alejarse.

Kelley

Lamí mi dedo índice y cambie con este la página de mi libro.

Esperaba con tranquilidad los cafés que había pedido para mí y para Tom. Pobre. Aún estaba devastado por la ruptura con la bruja de Jenny. Me dolía demasiado saber que él estaba tan mal. La tipa no me daba buena espina, se lo dije, pero él es un necio y no me hizo caso. Además se había obsesionado con la chica, ella sinceramente supo cómo atraparlo.

— ¡No puedo creer que él te dijera eso! —exclamó una chica a mis espaldas.

— ¡Es un idiota! —dijo otra.

—Yo le di lo mejor de mí y él me dio una patada en el trasero—sollozó una chica, a la cual, estaba segura, de que su novio la había dejado. A veces los hombres podían ser unos idiotas—. Me dijo que no le volviera a hablar.

—Tarado.

—Idiota.

—Desgraciado.

Las chicas insultaba al ex novio de ella y yo asentía con la cabeza. Eso y más se merecía ese idiota.

—Tom Hiddleston es un hipócrita—estaba por asentir, pero me detuve al escuchar el nombre de mi mejor amigo—. Dicen que es un caballero, pero solo es una farsa.

Me levanté de mi silla y me giré para ver al grupo de chicas. Mi mirada se topó con la de Jenny, la ex de Tom.

— ¡Tú! —caminé hasta a ella y ella simplemente se hundía en el sofá con ganas de que este se la tragara. De esta no te salvas— ¿Te haces la victima? ¡No puedo creerlo! Si hay una hipócrita y farsante esa eres ¡tú!

Veía en su cara y en su expresión corporal que ella simplemente quería salir corriendo de ahí como la rata que era, pero no la iba a dejar escapar tan fácil, no después de lo que le hizo a mi mejor amigo.

— ¿Qué te pasa? —preguntó una tipa.

— ¿Qué me pasa? —Voltee a ver a la chica con furia— Me pasa, que esta—señale a Jenny—dejó destrozado al chico que solo le dio lo mejor de él. Se hace la víctima y ustedes lo ofenden sin saber qué noche no pudo dormir por culpa de ella.

Ni siquiera quería voltear a verla de nuevo, me daban unas terribles ganas de arrancarle esas falsas extensiones y sacarle los ojos.

—Es un hombre—dijo otra de las chicas—ellos ni siquiera sufren.

—Te equivocas—murmuré y se me encogió el corazón al recordar a Tom llorando anoche—. Ellos también sufren, a ellos también les rompen el corazón. No son unos monstruos como creemos, pero por culpa de tipas como esta, creemos que todos los hombres son iguales—miré a Jenny con asco y furia—. Ni se te ocurra acercarte a Tom de nuevo.

Escuché que el chico de la caja me llamaba, anunciando que mis cafés estaban listos. Dejé a las chicas ahí y me fui por mi pedido. Al pagar salí de la cafetería repasando lo ocurrido allá.

¿Cuántas veces una chica no se habrá hecho la victima dejando mal a un chico?

Sí, definitivamente, por esas actitudes, nosotras las mujeres olvidamos que los hombres también tienen su corazón, también lloran y sienten.

Los hombres también sufren.

Me detuve un momento cuando escuché que mi celular sonaba. Desbloqueé la pantalla para leer el mensaje.

Tom: "¿Escondiste mi licor?"

Kelley: "De nada."

Tom: "Te odio. Eres la peor mejor amiga del mundo."

Kelley: "Yo también te amo, Thomas."

Me guardé el celular y continué mi camino.

Tom era un hombre normal y me prometí a mí misma que iba a cuidar de su corazón, porque era mi mejor amigo y lo amaba. 

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