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Dime que me amas

Hace una semana que Tom y yo habíamos llegado a la casa del viñedo, que le pertenecía a su tatarabuelo, para pasar un par de días juntos alejados de todo el mundo. Habíamos estado teniendo unos días muy difíciles como pareja y queríamos desconectarnos y dejar atrás todo aquello que nos causaba problemas para enfocarnos solo en nosotros dos y arreglar nuestras diferencias.

Todo iba de maravilla, llevábamos una semana sin pelear, lo cual era un nuevo record. Las cosas con Tom iban mejor que nunca. Lo amaba y sé que él también me ama.

Hoy era nuestro último día en el viñedo de la familia y decidimos salir a dar un paseo por los campos.

A penas estábamos bajando las escaleras para ir hacia las plantaciones cuando Tom se detuvo a la mitad del camino y me miró con seriedad. Me sorprendió un poco la expresión en su rostro y sentí que mi corazón comenzaba a latir asustado. De pronto él se puso en una rodilla y a mí me temblaron las piernas.

—Mi dulce Lili—él me miró con un profundo amor y sentí que las lágrimas escocían en mis ojos—, juntos hemos pasado por tantas cosas y... me he dado cuenta que nuestro amor puede superar cualquier cosa—Tom sacó una pequeña cajita de terciopelo negro—. No quiero pasar un día más de mi vida sin que tú estés en él. Ya no veo mi futuro si no es a tú lado, Lili—abrió la cajita revelando el bellísimo anillo de compromiso—. ¿Qué dices, Lili? ¿Te casarías conmigo?

Mantuve mis lágrimas al margen y mis mejillas me dolieron de tanto sonreír. Tenía un terrible nudo en la garganta que no me permitió hablar y lo único que pude hacer fue asentir con la cabeza, al principio de forma lenta y luego con más intensidad.

Tom me miró como si él no se pudiera creer lo que le estaba diciendo, así que me obligué a hablar.

—Sí, Tom

Él, con una enorme sonrisa en su rostro, sacó el anillo de su cajita y me lo colocó en el dedo con lentitud mientras admiraba aquello que me convertiría en la señora Hiddleston. Dejó un beso en el dorso de mi mano y se puso de pie para plantarme un dulce y lento beso en los labios.

—Te amo—susurró sobre mis labios.

—Te amo—le contesté.

Le abracé por el cuello y lo volví a atraer hacía mí sintiendo la necesidad de tener su cuerpo más cerca del mía. Lo besé con mucha suavidad tomándome el tiempo de saborear sus labios y disfrutar del dulzor de su boca.

Sentí un estremecimiento recorrerme la columna cuando su lengua acarició mi labio inferior. El estremecimiento se tornó en calor haciéndome arder por él y aumentando la pasión en nuestro beso.

Las sabanas de seda blanca se enredaban entre nuestros cuerpos cubriendo un poco nuestro pudor.

Amaba hacer el amor con Tom, pero sin duda alguna, prefería mil veces esos momentos que venían después, cuando ambos nos quedábamos callados y nos mirábamos a los ojos. Era como si nuestras almas siguieran amándose, acariciándose de una forma más íntima, uniéndose hasta el punto de vivir en un lugar donde solo existían ellas dos y sentía que habíamos nacido para estar juntos.

Tom acariciaba mi cabello con ternura apartando un par de mechones marrones que se rebelaban a regresar a su lugar. Sus ojos azules brillaban con tanta intensidad que me sentía bañada y besada por la luz en su mirada.

Sabes que estas con la persona indicada cuando no solo te acarician el cuerpo, sino también el corazón. Tom primero me acarició el corazón antes de tocar cualquier otra parte de mi ser y esa era una de las millones de cosas que más me habían enamorado de él.

Llevé mi mano hasta su mejilla para acariciar esta con el dorso de mi mano. La barba comenzaba a asomarse y la piel que solía sentirse suave y terse hoy se sentía ligeramente rasposa y eso me encantaba.

Mis dedos jugaron con las facciones de su rostro. Me dediqué a delinear cada borde de su rostro imaginando el esmero que seguro Dios había puesto al crear a un hombre tan perfecto y maravilloso como él.

De la nada se había comenzado a reír. Había empezado con una sonrisa, la cual me contagió, hasta convertirse en una risita que le hacía moverse.

— ¿Qué?

No podía dejar de sonreírme como una idiota al ver su rostro tan extasiado de felicidad. ¡Yo era la felicidad de ese hombre! Aun me costaba creérmelo.

—Me he dado cuenta de que voy a tener que soportar tus rabietas, escenas de celos y berrinches para bien o para el mal. ¿Así es como funciona?

Comencé a reír a carcajadas ante la tonta referencia de los votos que diríamos muy pronto en el altar usando mis defectos.

—Sí.

Él envolvió mi cintura en sus brazos y me atrajo hacia él para besarme aun con una sonrisa en nuestros labios.

—Te amo.

—También te amo.

Lo besé entregándole a él, y solo a él, mi alma una vez más.

Tom había bajado un instante a la cocina para tomar algo. Habíamos pasado parte de la noche de ayer y la mañana de hoy haciendo el amor sin parar que no habíamos tenido tiempo de contarle a nadie sobre mi matrimonio con Tom. Pero ya sabía quién podría darme una mano con ello.

Me levanté de la cama, tomé una bata para cubrirme y fui por mi celular. Abrí la aplicación de Skype y busqué entre mis contactos a mi hermana mayor.

Le marqué y sonó un par de veces. La imagen de mi hermana apareció en la pantalla cuando ella finalmente atendió.

— ¿Qué tal todo, Lili?

Ella me sonrió y le devolví la sonrisa. Estaba feliz de ver a mi hermana, pero el estómago me cosquilleo por la noticia que tenía que darle.

— ¡Hola!

— ¿Qué estás haciendo, enana?

—Nada—reí como una tonta llena de nervios—descansando y disfrutando del día.

Estaba riéndome como si estuviera loca y mi hermana no tardó en notar que algo me pasaba. ¡Ella me conocía a la perfección! Sabía cuándo había hecho una travesura y me sentía una niña traviesa a punto de confesarse.

— ¿Qué?

Sentí un nudo en la garganta por la profunda emoción que sentía. Incluso podía llegar a llorar de la felicidad, así que lo único que pude hacer fue levantar un poco mi mano para que se viera en la cámara y mostrarle mi anillo de compromiso.

— ¡Sorpresa!

— ¡Oh por Dios! ¡Lili! —reí a carcajadas cual chiflada que había perdido un tornillo— ¿Cuándo? ¡Cuéntamelo todo, maldita!

— ¡Ayer en la tarde! —Me cubrí el rostro sintiendo el rubor en mis mejillas—. ¡No lo vi venir!

— ¡Maldito Hiddleston me lo ocultó! ¡Él debería pedirme permiso! Ya verá cuando lo tenga de frente.

—Intenta no golpear a mi prometido en la cara. Lo necesito guapo para la boda.

Ambas reventamos a carcajadas.

—Hermanita, estoy tan feliz por ti. Comenzaré a hacer preparativos para hacerles una fiesta.

—Te adoro, sis.

— ¿Nena?

Escuché la voz de Tom llamarme en la planta baja y la forma en la que dijo "nena" encendió un fuego en mi interior. Él estaba excitado y en modo juguetón. Amaba cuando se ponía así.

—Hermana te dejo, Tom me llama. Por favor pasa la voz y ya después hablo con mamá.

Le mandé un beso y colgué.

Las maletas estaban listas en la puerta, hoy regresaríamos por la tarde a nuestro departamento. Mientras aprovecharíamos la mañana para desayunar y pasar unos últimos momentos en la casa.

Me quede sentada en la cama un momento esperando que el sueño terminara de abandonar mi cuerpo cuando mi celular comenzó a vibrar sobre la mesa de la noche. Tomé el móvil y fruncí el ceño al darme cuenta de que Nick, mi mejor amigo, me estaba marcando. Maldición, ya debió de haberse enterado de mi matrimonio con Tom.

Ignoré la llamada y dejé de nuevo el aparato sobre la mesita de noche.

— ¿Quién era? —preguntó Tom.

Sentí como mis músculos se tensionaban ante su voz y suspiré con pesar.

—No era nadie.

Mentí.

Él ni siquiera necesitaba verme a la cara para saber que le estaba mintiendo, me conocía tan bien.

— ¿De verdad? ¿Quién era?

Sabía por el tono de su voz que me estaba dando una "última oportunidad" para que le dijera la verdad con la promesa de que no se enojaría, pero sabía que era una mentira. En el segundo que el nombre de Nick saliera de mi boca él se iba a molestar y transformar en una bestia, diciéndolo con palabras amables.

La historia entre Nick, Tom y yo era bastante... tensa.

—Yo...

Mi celular volvió a vibrar y solo pude notar que era un mensaje antes de Tom me lo arrebatara. Miré sobre mi hombro y pude ver como los músculos de su espalda se endurecían a causa de la tensión, me hubiera parecido de lo más sexy sino supiera el mal presagio que era aquello.

Él arrojó el móvil a la cama y lo tomé para leer el mensaje mientras mi prometido se pasaba una mano por el cabello, un claro gesto de frustración y molestia. Sí, yo también lo conocía bastante bien y no tenía que decirme nada para saber cómo se sentía o lo que estaba pensando.

Leí una vez más el mensaje de Nick: "¿Cuándo pensabas darme la "buena noticia", Lili?"

Estúpido, Nicholas. ¿No podía dejar las cosas como estaban?

— ¿En serio, Lili? —La voz de Tom me sobresaltó, se había vuelto más ronca y dura, cual una pared de granito—. ¿Nick de nuevo?

—Es uno de mis mejores amigos.

Suspiré con frustración.

—Que conveniente.

— ¿Estas celoso de nuevo?

Me levanté de la cama y me giré para confrontarlo. Me crucé de brazos mientras alzaba una ceja haciendo evidente mi molestia por ponernos a discutir por un tema que creía aclarado o muerto.

—No tengo que estar celoso para que no me guste—se giró subiendo una pierna en la cama para poder verme de frente—. Creme que no me gusta para nada.

Gemí con frustración. Era la misma pelea de siempre y no me sentía de humor para ponerle play al casete del mismo discurso que usaba en esta discusión.

Estaba harta de esto, así que simplemente comencé a caminar para alejarme de él. Tom estaba en modo "cabeza dura" y de ahí no iba a salir en un buen rato.

—No voy a continuar con esto. Definitivamente no.

Ni siquiera supe en qué momento se había levantado de la cama, pero la nada yo había estado a punto de salir por la puerta cuando mi prometido me tomó del brazo para hacerme girar.

—Vamos, Lili. Él no debería estar mandándote mensajes después de lo que pasó.

— ¡Ni siquiera lo estoy escondiendo!

La discusión comenzó y continuó por un par de horas más, pero lo resolvimos. Siempre logramos resolverlo todo, sin importar lo mucho que nos costara. Sabíamos que nuestro amor valía la pena así que soportábamos todo aquello para conservar lo más hermoso que tenía. Porque todo lo que yo necesitaba estaba frente a mí.

Lo único que necesitaba era que Tom me dijera que me amaba y sabía que todo iba a estar bien. Mi corazón cantaba cuando él decía esas dos palabras.

Los días pasaban, la boda estaba cada vez más cerca y las discusiones solo iban en aumento. En realidad era algo como: discusión, hacer el amor, discusión, hacer el amor. Era como alguna clase de círculo vicioso en el cual nos habíamos metido y no teníamos idea de cómo salir de este. Simplemente podía ser el estrés de la boda, cuando todo el circo pasara todo iba a estar bien.

Entré de golpe a nuestro apartamento y arrojé mi bolso sobre el sofá que estaba en la entrada. En realidad quería arrojar todo lo que tuviera frente a mí, pero estaba conteniendo hasta el punto en que sabía que me estaba volviendo una olla de presión y terminaría explotando en la cara de Tom en cualquier momento.

La sangre me hervía mientras recordaba la sonrisa coqueta de Tom y los pechos que no paraban de bambolearse de aquella mesera descerebrada.

—Amor—gruñí ante el tonto mote de que Tom usaba cuando sabía que había metido la pata hasta el fondo. Apreté el puño con fuerza contiendo las ganas que tenía de girarme y romperle esa cara de niño bonito—, ¿solo vas a irte para dejar esto así? No vas a dejar que esto pase, ¿verdad?

No me detuve hasta que estuve en nuestra habitación y me paré frente al espejo que había para quitarme los aretes y el resto de mi joyería dejándola sobre mi buró.

—Sí, voy a seguir así.

—Realmente no quise decir o hacer lo que sea que te haya molestado.

Lo miré a través del espejo y si las miradas fueran puñales él ya estaría ocho metro bajo tierra.

Odiaba la típica "disculpa" de los hombres. Era como si nos dijeran que estábamos locas o nos enojábamos por todo. Es la más falsa de todas las disculpas que ellos podían dar. Él sabía lo que yo había hecho mal, solo quería que pensara que yo estaba loca y que había "imaginado" que estaba coqueteando de una forma descarada con la mesera. ¡Cómo si él fuera alguna clase de santo!

Pero bien, ¿quiere saber lo que hizo mal?, pues vamos a hablar del tema sin rodeos.

Me giré para enfrentarlo.

—La miraste. Le estabas viendo los pechos. ¡Te vi!

—Oh, bueno. Tal vez si tenga su número es mejor que le envíe un mensaje a las 2:00 de la mañana. ¡Puede que eso te haga más feliz!

Se dio la media vuelta con indignación ¡cómo si él fuera inocente o el ofendido!

—No te alejes de mí.

— ¿Qué quieres? —Se giró de golpe haciéndome detenerme casi frente a su pecho, de hecho mi nariz lo rosaba y me hubiera distraído su dulce aroma sino hubiera sido por que estaba tan molesta que me hervía la sangre—. ¡Últimamente todo te enoja! ¡Te enojas en el restaurante, en el carro, en la casa de tus padres, en el cine, en la fiesta de nuestro compromiso! ¡En nuestro propio departamento! ¿Tan solo quieres pelear? ¡Elige a alguien más!

— ¡No quiero a nadie más! ¡Te quiero a ti!

La rabia que había entre los dos flotaba como un gas toxico que nos inundaba y nos ahogaba impidiéndonos ver más allá. Era la llama que avivaba nuestro fuego e impedía que ambos pensáramos con cordura.

Le di la espalda en un intento por calmarme y pensar con la cabeza fría, pero estaba tan enojada. Me pasé los dedos por el cabello desahogando mi frustración con este y, como una película, el último mes me había pasado por la mente. No podía recordar cuando fue la última vez que nos habíamos dicho te amo.

—Lili—murmuró Tom.

—Dime que me amas—pedí.

Él suspiró con pesar y me giré sintiendo el corazón en la garganta al no escuchar su respuesta.

—No puedo seguir haciendo esto. No puedo casarme así.

Aquellas simples palabras fueron como un balde de agua fría para el enojo que hervía en mi interior. Las piernas me temblaron, pero me apresuré para acércame a él.

La boda era tan solo en tres días. Tres días y todo lo que ambos habíamos construido se estaba cayendo pedazo a pedazo.

Tragué saliva.

—Lo siento—susurré.

—No sé a qué estar jugando, a veces ya no te reconozco. Por momentos veo a la mujer que amo y por otros siento que es remplazada por... agh. Tienes que decirte.

—Dime que me amas.

Él me abrazó por la cintura y yo dejé recargada mi cabeza sobre su pecho mientras él dejaba un beso en mi cabello con ternura.

—Puede que no estemos listos, Lili.

Las palabras de Tom fueron como una patada en el estómago que me hicieron retroceder y casi entro en pánico. No quería perderlo, sin él no tenía nada. Lo amo. Quiero estar con él. Quiero casarme con él. Él es mi todo.

—Estamos listos—alcé mi rostro y lo miré sintiendo como las lágrimas resbalaban por mis mejillas—. Nunca hemos estado más listos.

Sentía que miles de mariposas, no, abejas revoloteaban en mi vientre mientras daban un paso tras otro para acercarme al altar.

La marcha nupcial sonaba con alegría y podía sentir que la mirada de todos los invitados estaba sobre mí, pero a mí solo me importaba que una persona me estuviera viendo y era Tom. Su dulce y cálida mirada me estuvo acompañando por todo mi camino hasta el instante en que llegue al altar para estar parada junto a él.

Estiré mi mano y él la tomó mientras ambos nos comíamos con la mirada. Él se veía guapísimo en su smoking de novio. Era una hermosura de hombre.

Ambos nos parábamos de sonreír, pero conforme la ceremonia iba pasando el rostro de Tom se fue tornando serio y me sentía algo incomoda, pero me tranquilicé cuando lo escuché pronunciar sus votos.

Éramos marido y mujer.

—Puede besar a la novia.

Mi ahora esposo tomó mi rostro entre sus manos y dejó un suave beso en mis labios, le correspondí con una sonrisa en los labios para después separarnos. Mi sonrisa se desvaneció poco a poco al ver que Tom no estaba sonriendo para nada.

—Lo siento—mi corazón se fue hasta mis pies con esas dos simples palabras mientras él comenzaba a negar con la cabeza—. No puedo hacer esto.

Se pasó una mano por el cabello, me entregó su anillo de matrimonio y sin más comenzó a alejarse.

Sentí como los oídos comenzaban a pitarme y el estómago se me revolvió haciéndome sentir unas terribles ganas de vomitar. Pude ver que todo el mundo a mí alrededor se movía y mi familia se acercaba, pero la imagen de Tom alejándose de mí se repetía una y otra vez.

Los pulmones se me cerraban dificultándome la respiración y las lágrimas estaban escociéndome los ojos.

Comencé a caminar con rapidez siguiendo los pasos de Tom intentando alcanzarlo pero fue inútil. Caí de rodillas sintiendo como el corazón quería salírseme por la boca. Apreté el anillo de Tom en mi mano sintiendo como me marcaba la piel y solté un sollozo sin parar de preguntarme ¿qué hice mal?

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