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🧬⚽️: vol II

sep '23
📍Madrid, España 🇪🇸

Cuando terminó el entrenamiento bajé de las gradas, a las que había subido tras hablar con Ancelotti, y me dirigí hacia donde Lucas me había dejado aquella mañana.

Desde mi conversación con el entrenador había estado pensando como hablar con Arda sin que se piense que estoy loca y he tenido una idea maravillosa.

Cuando viera a Arda, echaría a andar con la mochila abierta, de la que se caería el libro de anatomía que llevo y si el chaval tenía un mínimo de decencia humana, lo recogería y me lo daría.

Una mente prodigiosa.

Lo sé.

Vi la puerta abrirse y a Güler saliendo concentrado en su móvil por lo que llevé a cabo mi plan.

Me giré y al andar un par de pasos el libro se cayó.

Primer paso, hecho.

Ya solo faltaba que...

—¡Hey!—me llamó una voz de chico.

Genial, el plan ha salido perfecto.

—¿Sí?—me giré.

—Se te ha caído—me dijo Arda en inglés mientras me tendía el libro.

—Ay, sí, perdón—contesté llevándome una mano a la frente—, no sé ni dónde llevo la cabeza.

Te deberían dar un óscar.

Si es que soy la mejor.

—No pasa nada—me sonrió el castaño.

—Eres Arda Güler ¿verdad?

—Sí ¿nos conocemos?—preguntó extrañado.

—Sí, bueno, no—dije riendo—, soy, soy Maia—extendí mi mano hacia él, que la tomó sonriente.

—¿Maia qué más?

—Maia Vázquez, mi hermano es compañero tuyo.

—¿Lucas?

—Ese.

—Vaya, pues no os parecéis en nada.

—Ya, nos lo suelen decir.

—Quiero decir, eres pelirroja y tienes los ojos azules, Lucas es más... ¿normal?

—¿Me estás diciendo que no soy normal?—pregunté bromeando.

—¿Eh? ¡No, no! Quiero decir...

—Es broma, Güler.

—Uf, menos mal—suspiró con alivio—. Pues encantado, Maia.

—Igualmente, Arda.

—Bueno me tengo que ir—dijo mirando s—. Nos vemos otro día

—¡Sí, adiós!

—¡Adiós!—sacudió su mano.

Vi a Arda alejarse con una pequeña sonrisa en la cara y con el libro en la mano.

Es mono.

—¡Hola, mini Vázquez!—sentí un brazo sobre mi hombro, giré la cabeza y vi a Modrić.

—¡Hombre, Luka! ¿Cómo estás?¿Cómo te trata la vida?

—Muy bien, aquí vamos, cada día más abuelo—se rio el croata.

—Ves, tú aceptas que te haces mayor, Nacho y Dani se creen que siguen teniendo dieciséis años.

—Que par de dos, madre mía—reímos—, bueno, Maia, nos vemos otro día.

—¡Adiós!

Luka se fue y por fin vi salir a Lucas.

—¡Hola, enana!—me dio un abrazo mi hermano—¿Has conseguido hablar con Arda?

—Sí, bueno, hemos hablado tres minutos pero algo es algo.

—Bueno, sí, algo es algo.

—Veré lo que hago estos días.

—Muy bien—me rodeó los hombros con el brazo y empezamos a andar hacia su coche—. Por cierto, el domingo jugamos contra la Real Sociedad aquí ¿Te vienes, no?

—No sé, a lo mejor tengo cosas que hacer de la uni.

—Pero si quedan meses para que empieces los exámenes.

—Ya pero hay trabajos, y hay que ir repasando—enumeré—. Medicina no se saca en un día.

—La mala vida del estudiante—resopló—, pero venga, un descansito por tu hermano te puedes dar.

—Bueno, ya veremos.

—Porfi...

—Lucas, ya veremos, no te pongas pesado.

—Jo...—mi hermano miró hacia el suelo haciendo un puchero y echándome miradas para ver si me fijaba en lo "triste" que estaba.

—Vaaaaale, iré.

—¡Bien! ¡Eres la mejor hermana del mundo!

—Lo sé, orejas, lo sé—dije usando el mote con el que le torturaban sus amigos.

—Tú también no, por favor—respondió resoplando y tapándose la cara con las manos.

—Lo siento, echo de menos a Marquito—me justifiqué.

—Cállate, lloro todas las noches por ese gilipollas—contestó secándose unas lágrimas imaginarias.

Tras coger el coche nos dirigimos a recoger a Lucas y a Maca del cole y al llegar, me bajé yo del coche para que los niños que estuvieran por ahí no agobiaran a Lucas.

—¡Hola, enanos!—les dije cuando vi a mis sobrinos cogidos de la mano.

—¡Hola, tita!—me gritó Maca y yo me agaché para que me dieran los dos un besito en la mejilla.

Después, subí a la niña en brazos y cogí la mano de mini Lucas.

—Oye, Maia—me llamó el más mayor tirando de mi mano.

—Dime, Luqui.

—Al final has hablado con el chico ese con el que papá quería que hablaras.

—Sí, he hablado con él un poco.

—¿Sí? ¿Y te gusta? ¿Te parece guapo?

—¿Qué? ¡No! ¿Por qué dices eso, Lucas?

—Es que nunca tienes novios, nadie te quiere.

Vaya, muchas gracias por todo.

—No le digas eso a la tita, tonto—dijo Maca pegándole en la cabeza a tu hermano—, yo sí te quiero, tita.

—Gracias, Maqui—le dije sonriendo—, pero no le pegues a tu hermano.

—Pero si no lo digo metiéndome con ella, es que quiero un tito.

—Bueno, ya llegará, Luqui, no te preocupes.

—¿Y va a ser el jugador ese del Madrid?

—Ay, Dios mío, que tontos sois los chicos—dijo Maqui llevándose una mano a la cara.

Y tanto, Maquita, y tanto.

Llegamos al coche y senté a los niños atrás.

—A ver—dije girándome hacia mis sobrinos—¿Quien de aquí quiere que ponga Morat?

—Yo, yo, yo, yo—dijeron los dos al unísono.

Volvimos a casa con Como Te Atreves, A Donde Vamos, No Hay Más Que Hablar, Ya No Estás Tú y Aprender a Quererte de fondo.

Después de comer, Lucas me llevó a la uni y en la puerta, cuando le fui a dar un beso en la mejilla, me llamó.

—Oye, enana.

—Dime.

—Perdón por el lío en el que te he metido

—No pasa nada, Luquitas—contesté dándole un abrazo y justo sonó mi móvil con una notificación.

INSTAGRAM

@ardaguler ha comenzado a seguirte.

—Anda, mira quien me acaba de empezar a seguir—le enseñé el móvil a Lucas.

—Uy, al chaval ese lo voy a tener yo bien vigilado.

—Venga, que sí—reí—, adiós, te quieeeerooo.

—Yo también—le sonreí por última vez y salí del coche.

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