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IV.




CHAPTER FOUR
hey there
july 15th, 2022.







liked by bdeluca, leomessi, lzdreams and 1275992 others

loryblanc hey there pedri good to see u again🥰 

see all 9273948 comments

lzdreams oh, no.

leomessi ???

bdeluca te compré un celular para que me contestes los mensajes, lorenzo gabriele!!!

ledrifanpage OMG SON AMIGOS OTRA VEZ
          justanotherledrishipper más bien son novios otra vez*

pablogavi y todavía no os tomáis esa foto conmigo que me prometisteis😪
          loryblanc menos lo voy a hacer cuando usas los emojis como si tuvieras 60 años
               maravds JAJAJSJAJSJA gavi se quedó en 2015 tío
                    alejandrobalde esto va a terminar mal
                    ansufati definitivamente, muy mal
                    dylanhernández de repente estamos en la masia 2019
                    xavisimmons we say goodbye to a legend today😔 pablogavi

maravdsmireina ok pero por qué los chicos están siendo tan dramáticos en la respuesta de mara?

user68 me estás diciendo que lory y pedri se reencontraron y lo único que tenemos de ello es una foto fuera de contexto y un clip de cinco segundos en un vídeo del barcelona?

pedri ❤️

rl_9 cute
          loryblanc OMG ROBERT LEWANGOALSKI I'M SUCH A FAN, SIGN MY SHIRT PLEASE
                rl_9 if you give me a tour for Barcelona I would think of it
                     loryblanc deal

lorylover no lory fingiendo no notar el comentario de pedri😭

anotherculer mis niños gay favoritos están devuelta!!

user56 alejad vuestras mariconerías de pedri, enfermo
          leomessi hay un poco de comentario en tu homofobia, pelotudo
          bdeluca nadie te preguntó, pedazo de gil
          maravds imaginad que os moleste que a alguien le metan la polla, mi hermano eso son celos
          lzdreams salte aquí, sapo

lettymispapis leo y betty defendiendo a lory de homofóbicos es la razón de que pague internet


you had started to following loryblanc







Pedri tuvo un sueño aquella noche.

Fue un sueño muy bueno, la clase que colocaría lágrimas en sus ojos cuando la luz del día atravesara las cortinas cerradas y lo molestara lo suficiente para devolver la consciencia a su mente adormilada. Más que un sueño, había sido un recuerdo de cuando era más joven, y tonto, y veía como todos sus deseos se volvían realidad en cuestión de segundos.

Su llegada a Barcelona se sintió así, fugaz e ilusoria. Pasó de ayudar a las Palmas en un ascenso fijo de la tabla de segunda división a sentarse frente a Alemany y firmar el contrato del filial que le ofrecieron, con un seguro de que subiría al primer equipo cuando se acostumbrara a los valores de La Masia y el ADN Barça. Era septiembre del 2019.

No tenía 17 años cumplidos aún y Pedri tocó las estrellas con las manos. 

La felicidad de estar en el club de sus amores solo se agrandó cuando conoció a Leo; cuando escuchó su charla sobre la ciudad, el equipo y cómo debería ser él mismo siempre, nunca dejar que la fama lo cambiara. Luego colocó a Pedri en contacto con alguien de confianza, porque sus padres no podían dejar Tenerife y Fer acababa de entrar a la universidad. Tendría que mudarse solo, al menos por un tiempo.

Así conoció a Lory.

—¿En qué estás pensando? —murmuró Lory, escondido en el hueco de su cuello. La brisa del otoño catalán agitó las cortinas abiertas, un sol suave iluminaba las esquinas de la habitación. Hizo a Pedri extrañar Canarias más de lo que esperaba—. Puedo sentir los engranajes de tu mente funcionar.

—¿Ah si? —Pedri se burló, permitiendo que sus dedos se perdieran debajo de la camiseta de Lory. Ahora que todas sus fantasías se habían cumplido, nunca estaba lo suficiente satisfecho para dejar pasar la oportunidad de tocarlo—. ¿En qué creéis que estoy pensando?

—No sé —dijo Lory. El fantasma de labios secos en la piel de su cuello provocó un escalofrío en la columna vertebral de Pedri, que se estremeció con la sensación del aliento vivo y anhelante de Lory sobre él—. Pero deja de hacerlo, quiero dormir.

—Vale —aceptó, con una risita silenciosa—. Seguid durmiendo, amor. Yo estaré aquí cuando despertéis.

—¿Prometes?

Pedri besó la sien de Lory, dejando que el aroma a menta y chocolate lo envolviera.

—Prometo.

Cuando Pedri abrió los ojos, le tomó un tiempo recordarse dónde se encontraba y por qué no tenía a Lory en sus brazos. Le tomó un tiempo recordarse que no estaba en 2020, que esta ni siquiera era la habitación de su novio y que esa etiqueta de "novio" ya no tenía relevancia, porque no estaban juntos. Nunca lo estarían otra vez. Fue doloroso reconocerlo; y si alguien estuviera allí, habría escuchado el corazón de Pedri romperse en pedacitos.

El suplicio que fue levantarse de la cama tras aquella realización resultó más grande de lo que Pedri quería admitir. Agradeció en silencio que Fer haya decidido quedarse con sus padres en Tenerife el resto de las vacaciones y no se hubiera devuelto a Barcelona con él: no tenía ganas de enfrentar a su hermano sobre lo que soñó, sobre el arrepentimiento de lo que hizo y a dónde lo llevaron sus malas decisiones.

Se dio una ducha larga, una que esperaba quitara la melancolía de su cara y su ser en general. Tenía que ir por Gavi en media hora; ese día viajarían con el equipo a Estados Unidos para la gira de pretemporada y, claramente, Pedri era el chofer designado de su mejor amigo. Él esperaba no encontrarse a Lory allí; no después de ese sueño y lo que significaba. Sus ganas de ofrecer explicaciones ya se encontraban en los subsuelos; no necesitaba que la idea de un encuentro con su ex lo atormentara.

Ya estaba en su coche cuando le llegó la notificación del post de Lory en Instagram. De no ser por el semáforo (que acababa de cambiar a rojo), se habría estrellado de la sorpresa. Hasta hace un mes había estado bloqueado de todas las redes sociales de Lory, y solo el día después del evento del equipo logró dar con él de nuevo. ¿Ahora lo etiquetaba en una publicación?

Envío su comentario del emoji de corazón y lo dejó así. Las insinuaciones intrusivas acerca de ellos, su amistad, lo colocaban bastante nervioso. Igual que dos años atrás. No tenía idea cómo Lory logró sobrellevar estar fuera del closet de manera pública. Él apenas era capaz de soportar los rumores; imaginarse que lo atraparan en la situación en la que atraparon a Lory a los 16 años le generaba ansiedad.

—¿A qué os refieres? —preguntó, con el móvil pegado a la oreja. Gavi se oía un poco agitado al otro lado de la línea—. Me dijisteis que os recogiera a esta hora, ¿cómo que todavía no estáis listo? Gavi, tío, vamos a llegar tarde al jodido aeropuerto.

—Nunca dije que no estuviera listo —se defendió Gavi, la voz distorsionada por el sonido fuerte de su respiración. Pedri se removió en su asiento y esperó, preocupado ahora—. Solo creo que no deberíais venir en este momento, es todo. Pedri, te lo pido, hazme caso tío.

Pedri apretó los labios.

—Lory está ahí, ¿verdad? —inquirió, su tono era suave. Gavi no respondió, aunque esa elección fue suficiente respuesta. Pedri cerró los ojos y apretó con su mano libre el volante—. ¿No está solo?

Cinco segundos. El semáforo cambió a verde y Pedri arrancó de nuevo, solo para estacionar el coche en la calle aledaña al edificio residencial de Gavi. Ya estaba aquí, y en sus planes no se encontraba llegar tarde al aeropuerto hoy. Xavi probablemente lo mataría, o se suicidaría, la primera idea que se viera más factible. Además, tenía una responsabilidad con el equipo y no pensaba dejar eso tirado de lado solo porque su ex siguió adelante cuando él nunca pudo.

 —Lo vi cuando me levanté a desayunar —dijo Gavi—. Os juro que no sabía que se iba a quedar, le habría pedido a Ansu que me recogiera si yo... Joder, Pedri, tenéis que...

—Pablo, está bien —aseguró, esforzándose para que sus palabras no flaquearan.

El sueño de aquella noche lo tenía sensible, ese sentimiento de añoranza que siempre vivía en su corazón con cada cosa que involucrara a Lory. No era algo que quisiera decirle a Gavi; había estado actuando como si Pedri fuera de cristal desde que se confesó y le dijo que le gustaban los chicos, le dijo de su pasado con Lory. Fue un golpe duro, pero lo importante es que su amistad se fortaleció aún más después de eso.

Entonces, Gavi era ciertamente sobreprotector. Sería lindo si Pedri no hubiera pasado un año ya siendo sobreprotector con Gavi; el cambio de dinámica le dio piquiña.

—Lo voy a echar —decidió Gavi, con firmeza. Pedri casi se rio—. El gilipollas me cae mal de todas formas, Lory no tiene porqué saber que lo eché por ti.

—Que ni os atreváis, Pablo Martin.

El guardia de seguridad en la recepción ya sabía quién era, así que Pedri tuvo la suerte de que no lo anunciaran y pudiera subir al apartamento tranquilo. Mientras esperaba el ascensor, y todavía asegurándole a Gavi que iba a estar bien si lo ayudaba con las maletas, alguien se acercó a él por detrás, demasiado concentrado en el móvil para darse por enterado de su presencia.

Era Lory.

Iba vestido de forma sencilla: joggers negros, camiseta oversize y convers blancos. Se veía igual de atractivo que siempre, lo que Pedri consideraba un delito a este punto. Nadie podía verse tan bien como Lory en joggers. Traía una patineta con pegatinas del A.C Milán y de Superman, cosa que sacó una sonrisita divertida de Pedri.

El sonido repentino desvío la atención de Lory del móvil. Un mechón de cabello le cayó sobre la frente, y joder... Pedri parpadeó para alejar las imágenes mentales que le llegaron y colgó la llamada con Gavi.

—Oh —dijo Lory, sus hermosos ojos verdes se abrieron por la sorpresa. Las puertas del ascensor hicieron clic, y Pedri dejó que Lory pasara primero—. Oh, hola. No sabía que venías.

Pedri se encogió de hombros.

—Vine por Pablo —dijo, tratando de mostrarse indiferente. El sueño realmente le golpeó fuerte esta vez. Las puertas del ascensor se cerraron y el nudo del vacío golpeó su estómago mientras subían—. Viajamos hoy a Estados Unidos por la gira de pretemporada.

—Sí, escuché todo sobre eso. —Lory asintió, guardándose el celular en el bolsillo frontal de los joggers—. Dylan está muy emocionado, siempre fue su sueño estar con el primer equipo. Espero que les vaya bien.

—¿No irás?

Su esfuerzo de indiferencia se fue a la basura, pero a Pedri no le importó mucho. Había creído, en sus momentos de tortura, que Lory iba a estar siguiéndolos en ese continente. Era lo más lógico, ¿no? Sacar provecho de relacionar ambas marcas ahora que agosto se acercaba. La pretemporada se trataba de eso sobre todo.

—Lo haré, sí —dijo Lory. Su mano derecha, que sostenía la curva de la patineta, se movió con inquietud de aquí para allá. Todavía tenía las mismas manías nerviosas de siempre—. No con ustedes, aunque Laporta se ofreció mucho. Me queda una cosa por hacer acá antes de irme, probablemente llegue a Estados Unidos un día antes del partido.

—¿Leo y vuestra hermana? —inquirió, satisfecho de haber adivinado cuando Lory alzó la mirada y encontró sus ojos por fin. Se veía demasiado sorprendido de que lo descubriera, lo que casi era gracioso—. Vi los comentarios del post... A Betty no le gustó mucho la foto.

—Definitivamente. —Lory soltó una risita amarga—. No es nada malo. Ellos saben que vos y yo no terminamos en buenos términos, solo se sorprendieron con la foto. Eso es todo.

"Sorprendidos" era un eufemismo. Pedri recordaba muy bien ese final de temporada, antes de que la tragedia consumiera al Barcelona por completo. Leo había sido tan profesional como uno esperaría, pero él no era estúpido como para no darse cuenta de que parecía algo reacio en las interacciones fuera del campo. Cuando Pedri lo confrontó al respecto, lo único que Leo hizo fue decirle "le rompiste el corazón".

No hablaron acerca de eso, de Lory, en ninguna otra ocasión. Pedri así lo prefería, porque "le rompiste el corazón" era una realidad a la que no quería enfrentarse. No cuando fue Lory quien le dio a su corazón un camino para seguir en primer lugar. Sin él y lo que vivieron, Pedri no tenía idea de dónde estaría con sus sentimientos confusos respecto a los chicos.

Lory le dio todas las herramientas que necesitaba para descubrirse a si mismo. Pedri agradeció su ayuda rompiéndole el corazón.

—Lo lamento.

—Nah, no te preocupés. —Él se encogió de hombros—. Quería disculparme por lo del... lo de ese día. No tenía que gritarte así, o tratarte mal solo porque querés hablar. Lo comenté con mi terapeuta y tuvimos una charla reveladora, entonces sí. Perdoname por eso.

Terapeuta.

El corazón de Pedri cayó. No creía que nada pudiera dañar más su humor matutino que el saber que mandó a Lory a terapia. Hizo exactamente lo que se prometió a si mismo que no haría: ser como los padres de Lory. Y eso era algo que iba a perseguirlo de por vida.

—Teníais todo el derecho de reaccionar como lo hicisteis —susurró, saliendo detrás de él hacia el pasillo del piso ocho. Era el número de la suerte de Lory—. La forma en que os deje estuvo mal, lo nuestro nunca debió acabar así. Y lo lamento.

—Está bien, Pedri. —Lory sacó un juego de llaves del bolsillo y forzó el cerrojo, sin girar a mirarlo otra vez—. Han pasado dos años. Y ambos lo superamos, ¿no?

Pedri no estaba tan seguro de eso.

El silencio inquietante en el apartamento cuando entraron resultó bastante sospechoso. Lory pareció preocupado, por lo que apuró su caminar a través del pasillo, con Pedri en sus talones. No quería tener que sacar a Gavi de la cárcel por haber matado a Dylan el mismo día que debían viajar, era demasiado papeleo y se le quedaron las pastillas para el dolor de cabeza en el comedor de su casa.

Para su buena (mala) suerte, Dylan seguía vivo. En realidad, ni siquiera se encontraba a la vista; era Gavi el que ocupaba la silla en el mesón de la cocina. Tenía un puchero de molestia mientras masticaba sus huevos revueltos, apuñalando el plato con el tenedor como si se imaginara la cara de alguien.

—Ah, por fin volvisteis —espetó Gavi, enfurruñado. No se había dado cuenta de que Pedri estaba a sus espaldas—. Muchas gracias por no avisarme que el gilipollas contaminaría mi ambiente, de verdad.

—¿Podés dejar de planear el asesinato de Dylan? —preguntó Lory, dejando la patineta apoyada en la pared del pasillo. Gavi sacudió la cabeza como un niño chiquito—. Pablo Martin Páez, me prometiste que ibas a ser civilizado con él. Va a ser tu compañero de equipo en cuatro días, coño.

—Con cuatro días me alcanza para deshaceros de él —dijo Gavi, bastante triunfante consigo mismo—. Hasta os da tiempo para conseguiros otro novio, tenéis la oportunidad de esquivar una bala. No la desaprovechéis.

Lory se acarició el puente de la nariz con exasperación.

—No vais a matar a nadie, Pablo —declaró Pedri. La vista de Gavi sobresaltándose, el sonido del tintineo del tenedor al caer en la cerámica del plato y la expresión de pánico de su mejor amigo lo hizo reír—. Si os deshaceis de nuestro delantero suplente, Xavi os manda al cementerio sin pensarlo.

—Podemos conseguir otro delantero, tío —murmuró Gavi, con un puchero—. Hay muchos más en la cantera, La Masia está llena de nueves. No es que el gilipollas sea el único que...

—No podéis sacar mi nombre de vuestra boca un segundo, ¿no?

Pedri miró sobre su hombro. Dylan acababa de salir del pasillo a las habitaciones, vestido con comodidad. Lo normal, por supuesto, para un vuelo de 8 horas en avión. Dylan tenía el cabello rubio sostenido por una bandana de colores blaugranas, el ceño fruncido y los ojos asesinos en dirección de Gavi, que devolvió el sentimiento con incluso más intensidad.

—Ustedes dos no van a hacer nada en ese avión y van a llegar sanos y salvos a Estados Unidos, ¿me oís bien? —ordenó Lory, de forma autoritaria. Dylan alejó la mirada de Gavi, y viceversa, al instante. Incluso Pedri sintió que se colocaba más recto ante la demanda—. Los dos salieron de La Masia, ¿no? ¿Ya no aman lo suficiente al club para soportarse en la gira? ¿Es eso?

Dylan y Gavi se vieron exactamente igual de ofendidos ante la insinuación de que alguna vez su estúpida rivalidad podría superar el amor que le profesaban al club. Pedri quiso rodar los ojos, el tiempo que pasó en el Barça B fue suficiente para que se diera cuenta de cuánta adoración le mostraban los canteranos al equipo. Gavi no había cambiado en lo más mínimo, y aunque le dolía admitirlo, Dylan tampoco.

—Creo que los rompisteis —decidió Pedri.

Lory soltó un bufido de diversión. Sus labios temblaron en una semi sonrisa que compartió con Pedri; ojos verdes llenos de burla cuando Dylan y Gavi se dieron una mirada cautelosa, aunque ya no era hostil. Pedri intentó guardarse el escalofrío de deseo que subió por su columna ante la autoridad que mostraba Lory.

—Me funciona si eso los calla —dijo Lory, indiferente. El móvil vibró en el bolsillo frontal de sus joggers; y cuando Lory lo sacó de ahí, frunció el ceño ante la pantalla encendida—. Vale, tengo que adelantarme. ¿Ya tenés tus cosas en el coche, Dylan?

—Sí —dijo Dylan.

—¿Lo vais a llevar al aeropuerto? —Gavi hizo un puchero ofendido—. A mi nunca me ofrecisteis llevarme al aeropuerto.

—A vos siempre te recogen antes de que me ofrezca —dijo Lory, rodando los ojos.

—¿No tenéis licencia aún, Gavira? —El tono de Dylan fue burlón, a pesar de la mirada de pocos amigos que Lory le estaba dando por distraerse.

—¿Y tú qué? —espetó Gavi—. No os veo conduciendo.

—Claro que conduzco. —Dylan se encogió de hombros—. Pero mi coche lo tiene Mara.

La mención del nombre fue suficiente para callar a Gavi el resto de la mañana.

Todavía faltaba que reaccionara cuando ya estaban subidos al avión privado del club tres horas después, escuchando las indicaciones formales de las azafatas. Pedri lo miraba de reojo, pero la atención de Gavi nunca se apartó del fondo de inicio de su móvil. En ella, estaba abrazado a una niña pelirroja en el palco de un estadio, ambos vestidos con la camiseta del equipo de la temporada 14-15. La última Champions.

—¿Fuisteis a esa final? —preguntó Pedri.

—Nos llevó el club —murmuró Gavi, con la voz ronca—. A todos los futbolistas de La Masia. Era mi primer año en la cantera y Mara me guardó un asiento. Fue... fue la primera amiga que tuve aquí.

—¿Por qué nunca le dijisteis a Mara que os gustaba?

Gavi bloqueó el móvil, frustrado consigo mismo y sus recuerdos. Él se enderezó en el asiento y estiró el cuello, los ojos fijos en Dylan al fondo del avión. Estaba sentado junto a Alejandro Balde, la nueva adquisición del equipo la temporada pasada y el suplente fijo de Jordi en esta.

—Porque hice los que nos enseñan a hacer en la cantera —dijo Gavi, su expresión contorsionada en una mueca de arrepentimiento y nostalgia—. Elegí el fútbol y al equipo por sobre cualquier cosa. Incluida ella.

Pedri cerró los ojos.

Igual que había hecho él.



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