Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

La niña que nunca debió nacer


23 de Noviembre de 2013


Después de un año de la sangrienta batalla los titanes gobernaron el planeta.

El mundo se sumió en un completo caos. Decenas de muertos son contados a diario alrededor del mundo. Los pocos que han logrado sobrevivir fueron convertidos en esclavos, mientras que una pequeña cantidad de éstos ha logrado escapar y se refugia entre las sombras. Rezando porque algún día todo el sufrimiento acabe.

Las ciudades se convirtieron en ruinas. Países enteros desaparecieron del mapa.

Nadie pensó que los titanes podrían asentarse en el poder nuevamente. Las apuestas apuntaban a los semidioses como los grandes vencedores, denotando así la gran soberbia y confianza que alguna vez albergaron los dioses en el pasado.

La mayoría de Los Jóvenes Guerreros perecieron en la arena de batalla; dejando a los pocos sobrevivientes un sabor amargo en la boca. En especial a uno.

Extrañaba a cada uno de sus compañeros por igual, pero no podía quitarse de la cabeza la muerte de su mejor amigo. El recuerdo de estar viendo cómo un titan lo asesinaba seguía latente en su memoria. Se lamentaba todos los días y no dejaba de sentir impotencia por no haber podido ayudarlo.

Tal vez no pudo hacer nada en el pasado, pero no permitiría que sucediera lo mismo en el presente. No volvería a sentir impotencia. Tenía la oportunidad de cambiar las cosas y estaba dispuesto a arriesgarlo todo para solucionar lo ocurrido.

Desde que los dioses fueron desterrados del Olimpo y confinados al tártaro, los titanes destruyeron su palacio y volvieron a reinar desde su morada; el monte Otris. 

Nadie imaginaba lo que aquel muchacho entretejió desde hacía meses, dibujando los planos que su mente recordaba de aquellos tormentosos días que pasó como prisionero. No dejó ningún cabo suelto, y solo cuando sintió que estaba listo dio por comenzado el plan.

Ω

La habitación se sumergía en una completa oscuridad. El silencio invadía el ambiente, dejando al alcance del oído el más mínimo ruido. En el rincón más alejado de la habitación, entre medio de un mueble y la pared se refugiaba un muchacho de dieciocho años. Estaba asustado y nervioso.

Había logrado su cometido, no sin antes verse descubierto. El enemigo le pisaba los talones y era cuestión de tiempo para que dieran con su paradero. Debía pensar en una forma de escapar.

Se desamarra la chaqueta y extrae de su interior un objeto tan preciado y codiciado por todos que, en ese preciso instante, era el semidiós más poderoso de todos.

El joven se aferró con firmeza al artilugio, cerró los ojos y abrió la boca para recitar las palabras cuando el susurro de una voz lo tomó por sorpresa.

—Hola.

La voz de una mujer retumbó en el silencio de la habitación.

Sus oscuros ojos pudieron percibir el miedo que emanaba de aquel joven. Estaba aterrorizado y quería escapar a como diera lugar. Se precipitó de pronto, golpeándose contra el mueble y cayendo de regreso a su lugar de origen. «Atrapado por su propio escondite».

—Tranquilo. No pienso hacerte daño. Solo quiero ayudar.

—¿Quién es usted? ¿Qué es lo que quiere de mí? —Balbuceó con temor.

Intentó iluminar el rostro de la mujer misteriosa con la luz de la esfera, pero ni siquiera viendo el profundo pozo sin fondo que tenía por ojos, pudo descifrar sus verdaderas intenciones. Su rostro estaba imperito.

—Sé cuáles son tus intenciones pero nada de lo que hagas podrá cambiar la historia. —Comenzó a acercarse lentamente, cuidando de no hacer ningún movimiento brusco que pudiese espantarlo. Se arrodilló ante él y lo observó directamente a los ojos. Quería que él sintiera que podía confiar en ella. Que nada malo sucedería—. Estoy aquí para ayudarte a hacer las cosas bien.

—¿De qué está hablando? —Se aferró de forma posesiva al objeto y se acurrucó contra el rincón. El miedo combinado con el coraje que hacía burbujear su sangre lo estaban transformando en una persona volátil.

—Quieres recuperar a tu amigo.— Su comentario lo toma desprevenido—. No dejas de culparte por su muerte. Su asesinato te atormenta por las noches, y lo único que te reconforta es saber que eso que tienes ahí servirá para enmendarlo.— Una mueca de tristeza se formó en sus labios—. Pero créeme que eso no te ayudará en nada. Fallarás de nuevo y el mundo seguirá igual.

—¿Por qué habría de creerle? —El desprecio rebosa en sus palabras al reconocer el rostro de la desconocida—. Usted y sus hermanas son las responsables de todo esto.

—Fue un castigo impuesto por el descaro de sus padres. Solo así, su soberbia y arrogancia, por no mencionar su pedantería, se redujeron.

Su rostro imperito se vino abajo. La rabia corría por sus venas como el veneno de una cascabel. Y sus palabras no estaban libres de éste.

—Pues entonces los hubieran obligado a ellos a pelear. No tenían derecho a castigarnos por algo que no cometimos. Fue su error, no el nuestro.

—¡Nosotras les advertimos de las consecuencias! Los sellos no contendrían a los titanes por siempre —respondió con sequedad y amargura—. Y aun así osaron acusarnos por traición.

Tomó al joven por una de sus muñecas. La fuerza en su agarre le arrebató un leve quejido.

—Una Moira puede ver el futuro. —Sus temibles ojos negros adquirieron una tonalidad grisácea—. Una pequeña muestra de lo que vendrá... Pero jamás seremos capaces de ver más allá. El único que lo sabe todo, el único que puede mostrárnoslo, es el mismísimo Destino. Y créeme no es buena idea jugar con él.

Soltó su mano y sus ojos volvieron a la normalidad. Inspiró profundo; todavía sentía el coraje a flor de piel. Había tantas cosas que deseaba explicarle y, sin embargo, sus labios estaban sellados. Por más que quisiera no podía revelar nada.

—El mundo es un completo caos ahí fuera. Nada es como debe ser. Y lo peor aún está por llegar.

—¿Entonces qué espera? Si está arrepentida tome esto y destruya la profecía. Haga que todo esto cambie y que mi amigo vuelva a la vida.

—No puedes destruir una profecía. Lo que está hecho, hecho está. —Le devolvió gentilmente el objetivo que le había extendido—. Nada de lo que intente cambiar en esa época podrá evitar la profecía.

—¿Qué planea hacer?

—Tengo una idea pero para que resulte necesito de tu ayuda.

Las manos de aquella mujer se aferraron con firmeza al artilugio que el muchacho cargaba. Observó detenidamente al chico y le hizo una seña con la cabeza para saber si estaba preparado. Éste irguió la espalda y adoptó una pose decidida.

—¿A dónde?

—Al año en que tú y tú mejor amigo nacieron.

—Mil novecientos noventa y cinco. —Su respuesta tomó el rumbo de una interrogante más que el de una afirmación.

Con solo decir aquellas palabras, las nubes —que hasta el momento habían estado prisioneras en la esfera— se liberaron con gran estrépito. Arrasaron con todo a su paso, envolviendo a cada persona, animal y objeto que se interpusiera en su camino.

La ferocidad y violencia con la cual el torbellino se movía a su alrededor era tal que sus dedos comenzaron a ceder. Sus nudillos se tornaron blancos por la fuerza descomunal que su cuerpo intentaba ejercer para no salir despedido. De pronto, quien alguna vez vio como villana ahora envolvía su cuerpo para protegerlo.

En pocos segundos el mundo se vio envuelto por una capa de brillantes nubes. Todo el daño causado desapareció bajo una cortina celeste. En su lugar, edificios, ciudades, países, mortales y criaturas resurgieron. 

La paz volvió a reinar en el planeta.

Corría el año mil novecientos noventa y cinco, año en el que aquel muchacho y su compañero nacieron. Donde varios de los Jóvenes Guerreros nacieron. 

Donde una bebé en particular vería la luz del día. Una pequeña niña llamada Lucía. 

La niña que jamás debió nacer... pero la única capaz de salvar al mundo.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro