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Capítulo 9

Se podían ver las luces encendidas de la cabaña número cuatro. Todas las cabañas tenían un número dependiendo del rango del dios que sea tu madre o padre. Josh tiene como cabaña la número uno, Logan la número dos, Miranda la número tres y Justin posee la número cuatro.

Él estaba puliendo algunas tiaras que pertenecían a su madre. Por lo general, en todas las cabañas, siempre hay objetos que pertenecen a sus padres. El objeto que representa a Hera es la tiara. 

Tiene una enorme vitrina llena de estas y de muchos otros elementos pertenecientes a su madre como por ejemplo un cesto pequeño lleno de manzanas de oro.

Justin cierra la vitrina y de pronto escucha un par de pasos que venían del exterior.

Fue increíble que sus oídos pudiesen captar un sonido de tan baja frecuencia como escuchar las pisadas de alguien en el césped. Pero claro, el había olvidado algo que al poco tiempo recordó, las ondas sonoras viajan a través del aire, su poder es el viento por lo que él puede escucharlas.

Los pasos cada vez se hicieron más audibles. Ahora estaban mucho más cerca y se podían escuchar claramente que la persona ya se encontraba en el porche de su cabaña. Acto seguido, escucho sonar la puerta de madera. Se apresuro a contestar y cuando abre la puerta se lleva una gran sorpresa que lo hace sonreír.

Justin: ¡Belén! —Dijo. 

Esta al parecer no mostró ninguna emoción a la reacción del joven. Solo se quedo allí de pie, mirándolo.

Justin: ¿Sucede algo?

Belén: Quiero hablar contigo.

Justin se hizo a un lado, un tanto confundido por el tono de voz de Belén. Esta entro a su cabaña y quedo de espaldas a la puerta. Justin cerró lentamente la puerta sin perder de vista a su novia. Algo raro le sucedía.

Justin: ¿Qué pasa? —Le pregunto mientras se colocaba frente a ella. 

La joven fue directa, no dio vueltas, fue directo al grano.

Belén: ¿Por qué nunca me dijiste que fuiste novia de Hope? —Sus labios se extendieron en una línea recta. Estaba enojada.

Justin: ¿Disculpa? —sus cejas se curvaron.

Belén: ¡No me vengas con cosas raras! Quiero que me contestes la pregunta.

Justin: Hace casi tres días que estamos de novios… no puedo contarte toda mi vida.

Belén: ¡Pues yo si pude hacerlo y a ti se te olvido mencionar ese detalle fundamental!

Justin: ¡Bueno lo siento! Jamás fue mi intención, además odio hablar de relaciones pasadas. 

¿Por qué te molesta tanto que haya estado con ella?

Belén: Porque ahora comprendo porque ella siempre me está atacándome—Hizo una pausa—. Una vez me dijo que yo tenía algo que a ella le pertenecía y hasta ahora no entendía de qué me estaba hablando.

Justin: ¿Pertenecer? Hay por favor, Hope siempre se adueña de las cosas pero ella no es mi dueña.

Belén: Pero alguna vez ella fue la dueña de tu corazón.

Justin: ¿Y qué? Además… ¿Tú como sabes que hubo algo entre nosotros?

Belén: Porque hoy escuche a Hope hablando con sus amigas sobre eso.

Justin: ¿Y estas celosa? ¡Dios! Ahora entiendo porque las novias que tuve me dejaron. Si en verdad soy así de insoportable hicieron bien en dejarme.

Belén: ¿Estás diciendo que soy celosa? El hijo de Hera aquí eres tú. 

Justin: Pues debieron de habernos cambiado. Te comportas como una nena de tres años. ¿Por qué te molesta una relación pasada? No tiene sentido pelear por esto, es absurdo.

Belén: Me molesta que no me hayas dicho esto antes. Ella siempre me estaba atacando, ¡Y tú bien que sabias el por qué! —Le gritó. 

Justin: Pues lo lamento, yo siempre estoy ocupado con Alex porque no entiende que tú eres mía.

Belén: Yo no soy un premio que hay que ganar.

Justin: ¿Y te parece que él lo entiende? Él siempre está peleando conmigo.

Belén: Pues no es mi problema que te comportes como un niño de tres años.

Justin: ¡No lo hago! Te estoy defendiendo.

Belén: ¿Y quien dijo que quería que me defendieran?

Justin: ¡Yo! ¡Yo quiero defenderte porque tengo miedo de perderte!

Belén: ¡Pero no que peleas a muerte! Yo no valgo tanto como para que mueras en manos de Alex. Si quieres defenderme espera a la batalla y si lo desaseas, ¡puedes hacerte el héroe!

Justin: No sé porque me estás diciendo esto, Alex siempre está detrás de ti y eso me molesta. A él lo veo como una práctica para cuando luchemos contra los Titanes. Al parecer no quieres que intente mantenerte con vida.

Belén: ¿Ahora te enfadas conmigo por qué no aprecio lo que haces?

Justin: ¡Sí! —Gritó—. ¡Peleo porque me importas, porque sin ti no puedo vivir y tú no lo aprecias!... pelear aquí o en la batalla es lo mismo.

Belén: ¡NO LO ES!

Justin: ¡LO HAGO PORQUE TE AMO!

Belén: ¡Tal vez ese sea el problema!

Justin quedo sorprendido. Su boca al igual que sus ojos se abrió. No podía creer lo que sus oídos habían escuchado, ¿Por qué su cerebro debe procesar tan bien el sonido? ¿Por qué mejor no lo engaño y le hizo escuchar otra cosa?

Sus ojos se movían viendo el rostro inexpresivo de Belén. No le importo, no le afecto el haber dicho esas crueles palabras.

Él sintió como su mundo se derrumbaba. El amor que él sentía por ella era inmortal, la amaba con toda su alma y ella acaba de hacer a ese amor añicos. Era como un florero que tiraban al piso y este se desperdigaba en pequeños trozos. Pero había algo más con esa comparación, el florero al romperse deja de ser florero… lo mismo pensó Justin sobre Belén. Ese amor había desaparecido.

Su boca se va cerrando mientras que sus ojos comienzan a ver la madera del piso. Belén se dio cuenta de lo que había hecho, ¿Cómo pudo hacerlo? Definitivamente estaba fuera de sí, ella nunca quiso decir eso… ella solo estaba fuera de sí.

Belén: No… —Dijo rápidamente arrepentida—. Eso no era lo que yo…

Justin: No, lo entiendo, Belén—Dijo cortante—. Me importa demasiado… soy un idiota por preocuparme tanto por ello.

Belén lo miro. Ahora era ella la que sentía que su mundo se derrumbaba a sus pies. ¿Qué era lo que había hecho?

Justin: Entiendo que nunca sentiste algo por mí —La miró fijamente—. Espero que seas feliz con Alex.

Belén: ¿A qué te refieres?

Justin: Quisiste probarme para ver que tal era… ¡LISTO! Ya me probaste. Ya tienes el camino libre para ir con Alex.

Belén: No, no es cierto.

Justin: Solo déjame decirte algo. No te olvides que él es el hijo de Afrodita, la diosa del amor… pero también de la atracción sexual.

La joven frunció el ceño. No comprendía.

Justin: Solo no quiere que me cuentes lo bien que la pasaste.

Belén: ¡Aguarda! Creo que te estás pasando.

Justin: ¿Por qué? Es cierto. Él lo único que quiere contigo…

Belén: …alto.

Justin: Es tenerte solo para él…

Belén: …dije que alto.

Justin: Para que luego…

Belén: ¡Ya para!

Cada vez la conversación iba aumentando de tono. Belén ya comprendía a donde quería llegar él pero no quería escucharlo. Siempre que él hablaba, ella intentaba hablar sobre él para que se callara la boca.

Sintió un cosquilleo en todo su cuerpo. Eran como pequeños cristales que se movían por su sangre haciendo que se calentara. Los pequeños cristales dorados se iban acumulando en la palma de su mano. 

Con cada palaba que salía de la boca del joven, millones de cristales se acumulaban.

Sus puños estaban cerrados y comenzaron a calentarse. Lentamente una muy suave luz amarilla comienza a desprenderse de estas. Ya no aguantarían mucho tiempo, las palmas de sus manos se iban abriendo. Querían liberar toda aquella presión que sentían al igual que Belén quería hacer callar a Justin.

Lo último que escucho Belén fue la gota que rebaso el vaso.

Justin: ¡…Termines en su cama y seas una cualquiera como las demás de sus novias!

Belén: ¡BASTA!

Con esas palabras, sus manos se extendieron y por fin sus puños se abrieron liberando una gran bola de energía que impacto en el pecho de Justin haciéndolo volar hacia atrás, chocándose contra los duros leños de la cabaña.

Las pequeñas estatuas que había en una mesa se hicieron añicos junto a ésta cuando Justin les cayó encima. 

Belén: ¡No! —Fue lo que grito antes de taparse la boca con sus manos calientes.

Corrió junto a él para luego arrodillarse sobre los pequeños trozos de mármol quebrado que había en el suelo.

Belén: ¿Justin?

No hubo respuesta de su parte. Estaba inconsciente y la herida era grave.

Se podía oler el olor a piel quemada. La bola de energía había quemado hasta la tercera capa de piel de su pecho. Sus músculos estaban casi completamente carbonizados.

Algunas arterias se habían roto y comenzaban a derramar sangre sobre la piel quemada.

Tuvo suerte de que su corazón no haya sufrido ningún daño pero se podía ver claramente como él musculo que recubría al corazón latía.

Si hubiese quemado una capa más de músculos, su corazón hubiera quedado completamente carbonizado.

Belén intento cargarlo para llevarlo a la enfermería pero era inútil. Él era demasiado pesado para que ella pudiese cargarlo. Era demasiado pequeña y no poseía tanta fuerza así que decidió ir por ayuda.

Lucía estaba caminando en dirección a la cabaña de Grover, ¿Por qué lo estaba haciendo? De seguro él la regañaría por no haber querido ayudar a Josh… pero no era su culpa, él era el que había rechazado su ayuda en principio y no había nada que ella pudiese hacer para cambiar eso. Pero de seguro que Grover la obligaría a encontrar alguna manera para hacer que Josh recapacite y deje que lo ayuden.

Sube la pequeña escalera y luego toca la puerta.

Nada. No pasó nada. ¿Estaría allí?... creo que sería algo tonto si él no estuviese. Vuelve a tocar y no obtiene respuesta alguna.

Retrocede y se acerca al borde de la cabaña para ver si había alguna luz encendía. Pudo observar como de una pequeña ventana, al fondo de todo, salía una luz amarilla. 

De seguro no la había escuchado. Lucía camina por entre los arbustos para poder llegar hasta aquella pequeña ventana. Al llegar, encontró un pequeño trozo de madera lo suficientemente alto y plano, para que ella se parara sobre este y pudiese ver para dentro.

Parecía un escritorio de oficina, completamente diferente al que se podía ver al entrar a su cabaña. ¿Por qué lo ocultaría? Tal vez esa no era la idea y Lucía estaba inventando todo.

Grover estaba hablando por teléfono. 

Lucía no podía escuchar nada y por alguna razón sintió el extraño deseo de tratar de escuchar esa conversación. Nunca había sido chusma, pero ahora ese sentimiento apareció.

Muy suavemente movió la ventana hacia un costado para poder abrirla y así escuchar todo.

Grover sonaba algo preocupado.

Grover: No puede ser posible lo que me estás diciendo.

Lucía se mordió el labio inferior. Deseaba escuchar lo que le decía la persona del otro lado del teléfono.

Grover: ¿Pero estas seguro? ¿Cómo es posible que…

Lucía abrió sus ojos grande. Puse su dedo en su oreja y la sacudió, ¿Había escuchado bien? No, no podía ser. Tenía que ser un error. Ahora deseo el no haber abierto esa ventana.

Grover: Creí que esas cosas ya no existían.

Lo habían corregido. Al parecer él había dicho algo que estaba mal y lo corrigieron. Ahora Lucía si deseaba saber que era lo que le habían dicho, ¿Qué era lo que le corrigieron? Pensó que eso le sería útil en su investigación.

Al oír que Grover se despedía, salto del pequeño trozo de madera y salió corriendo de allí en dirección a su cabaña. Tenía que contárselo rápido a Sarah.

El cronometro seguía marcando los cuarenta y cinco segundos. Las flechas en los blancos perfectamente incrustadas en el centro.

El bosque seguía en silencio… o eso es lo que ellos pensaban ya que estaban en su mundo.

Hope siente las suaves manos de Zack en su mejillas. El aliento fresco y dulce impacta en su rostro. Puede sentir el suave roce de los labios de él sobre los de ella.

Pero de pronto, Hope parece despertar de aquel trance en el que había estado.

Sus ojos se abren rápido y ve el rostro del joven cerca del de ella. Su mano se levanta como un rayo fugaz y su mano impacta en el rostro del joven dejándole una gran mancha roja.

Hope: ¿Qué diablos crees que haces? —Exigió. 

Zack tenía su mano sobre la enorme mancha roja que había dejado la mano de Hope en su mejilla.

Zack: ¿A ti que te sucede? ¡Me golpeaste!

Hope: ¡Porque ibas a hacer algo estúpido! 

Zack: ¿Estúpido?

Hope: Solo… ¡Aléjate! —Dijo subiendo sus manos y luego las bajo con violencia. 

Aferro su mano al arco y se fue de allí tan rápido como pudo. Zack se quedo viéndola. Lo había echado todo a perder.

Sarah estaba en un sofá junto a la ventana, tapada con una manta color gris mientras sostenía un gran libro. Eran los libros de protectores. Ya le faltaba poco para terminar el tercero y cuando lo hiciera, el cuarto libro llenaría sus páginas en blanco y oficialmente Sarah sería una protectora de nivel cuatro.

La puerta de la cabaña se abrió de repente y Sarah casi tira la taza de té sobre el libro.

Lucía: ¡Sarah!

Sarah: ¡Me asustaste! —Dijo cerrando el libro y apartando la taza—. Casi haces que tire el té sobre el libro.

Lucía: ¡Lo lamento pero tengo que decirte algo muy importante!

Sarah: ¿Qué sucede? Te veo algo preocupada.

Lucía: ¡Y lo estoy!... Me dirigía a la cabaña de Grover para hablar con él ya que Josh no quiere mi ayuda.

Sarah: ¿Por qué no?

Lucía: ¡Esa es otra historia!... —Traga saliva—. Como vi que él no contestaba a la puerta me asome por el costado de su cabaña y vi una luz. Fui hasta ella y no creerás jamás lo que escuche.

Sarah: ¿Qué escuchaste?

Lucía: Escuche a Grover decir que habían nueve almas en la línea de cruce.

Sarah: ¿Y… eso es malo? –Dijo en tono irónico. 

Lucía: Lo es ya que esas almas han estado allí por ya casi diecisiete años.

Sarah pasó de estar recostada en el respaldo del sofá a pararse de un salto.

Sarah: ¿Qué? —Dijo aterrada. 

Lucía: Yo también dije lo mismo pero eso fue lo que dijo.

Sarah: Pero es imposible.

Lucía: Imposible para nosotros que no sabemos qué significa.

Ninguna de ellas podía verlo pero una sombra negra fuera de la ventana las estaba escuchando. Era una joven de ese lugar que por alguna razón las estaba espiando y escucho toda la conversación. 

Ella sabía a lo que se estaban refiriendo. Sabía perfectamente que esas almas no se encontraban del lado norte pero no tenía ni la menor idea de dónde era que se encontraban exactamente y por desgracia no podía preguntárselo a su padre. 

Miranda se alejo de la ventana, ya había escuchado suficiente. Comienza a correr y de un segundo para el otro se desvanece en un rayo de luz azul. Acto seguido aparece en su cabaña, la número tres.

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