Capítulo 8
Todos se colocaron de pie al ver una figura de tés oscura, cabellos cortos de color café y unos ojos tan oscuros como la mismísima noche.
Atticus: Grover—Dijo algo asustadizo.
Grover: Vaya, vaya —Dijo adentrándose en el lugar—. Veo que todos están aquí.
Sarah: ¿Qué es lo que haces aquí?
Grover: Tranquila, no vine para hablar contigo, sino que vine para hablar con ella—Dijo mientras extendía su largo dedo índice señalando a Lucía.
Lucía: ¿Conmigo? —Pregunto.
Para entonces Sarah se había colocado junto a Atticus y Matt y estos habían retrocedido un poco ya que Grover se había posicionado justo junto a ellos. Definitivamente le tenían miedo.
Grover: Hace varios años los dioses me vinieron a informar que el día en que ustedes llegaran yo me tendría que encargar de pulir sus habilidades con las armas ya que eso era lo único que se podía hacer para ayudarlos.
Lucía por el momento no estaba comprendiendo porque Grover le estaba diciendo esas cosas, no le importaban en absoluto. Lo único en que su mente pensaba era en que tenía que buscar una respuesta para aquella alma que se conectaba con ella y no dejaba mostrar su verdadera identidad.
Sarah estaba maldiciendo por dentro. Se dijo que el día en que pisaran por primera vez aquel lugar, su mayor prioridad sería recordarle a Lucía una y otra vez cual sería su deber. ¿Cómo podía haberse olvidado de aquello tan importante? Algo que había planeado por tanto tiempo. Pero luego lo comprendido todo. Todo ese tema de las visiones sin sentido y almas que no se dejan ver, todo aquello la desvió de su objetivo y la hizo enfocarse en otras cosas sin importancia. Ahora sabía que por su culpa, su amiga se llevaría un regaño.
Grover: Pero a la vez, ellos me dijeron que habían aceptado a incorporar a una persona nueva, la cual, ayudaría a los guerreros a dominar sus poderes.
Lucía se quedo mirando a Grover fijamente, ahora comprendía a donde quería llegar con aquella conversación. En el momento en el que él hablo de agregar a una persona más, supo que se trataba de ella. La decimotercera.
Grover: Por tu rostro me doy cuenta de que sabes de quién hablo. Ahora yo no veo que tú te estés preocupando por ayudarlos en algo. La mitad de los que están aquí tienen problemas con sus poderes y tú… tú solo te quedas aquí escondida de todo el mundo sin siquiera pensar que aquí hay personas que necesitan tu ayuda y tú no se las brinda. ¡Si por mí fuera ellos ya estarían listos para pelear hoy mismo!
Lucía no hablaba. Sus ojos se enfocaban en la oscura madera del piso mientras que sus oídos escuchaban las duras pero ciertas palabras de Grover. Mientras tanto, su cerebro le brindaba una serie de horrendas imágenes sobre personas a las que ella amaba. Corrían desesperadas, se podía sentir su miedo fácilmente. Asustaba. Todos se escondían en cualquier lugar pero era inútil, siempre eran encontrados y asesinados a sangre fría.
Grover: Ya tengo bastantes problemas amorosos que estoy tratando de evitar—Admitió—. ¿Y ahora tu me vienes con que estas aquí vacacionando?
Atticus: Grover ella no…
Grover: ¡No hables cuando estoy hablando! —interrumpió.
Atticus abrió su boca para contestarle pero sintió la mano de Matt sobre su brazo. Vio como la cabeza de su amigo se movía de lado a lado. Entendió que era mejor que se callara la boca antes de empezar otra pelea.
Grover: Si en este mismo instante no cambias tu actitud y te pones a estudiar para luego poder ayudarlos… te recomiendo que juntes tus cosas y te largues de este lugar—Dijo con rabia.
Las últimas palabras que menciono Grover, retumbaron en la cabeza de Lucía reiteradamente. Cuando tomo conciencia sintió el azote de la puerta, Grover se había marchado de allí.
Sarah: Lucía, tú no lo escuches. Él siempre se pone así cuando se enoja, solo tienes que…
No termino de hablar que se vio interrumpida por su amiga.
Lucía: ¡No! —Grito—. Grover tienes razón. Hace tiempo dije no amar a una persona solo por el hecho de que tenía miedo de perderlo, pero luego me di cuenta de que no puedo sacarlo de mi mente y corazón. Si por alguna razón el llegara a morir, no dejaría de pensar que lo hizo por mi culpa, por no haberlo ayudado. Y no me importa que él no sepa nada de mí. Yo si lo conozco más de lo creen y sería capaz de dar mi vida para salvarlo. No sé qué haría si lo perdiera, no me imaginaria una vida sin él. Pero estoy segura de una sola cosa—Miro primero a Sarah, luego sus ojos se movieron para ver a Atticus y Matt —. A partir de ahora me ocupare de mi responsabilidad mientras que ustedes se encargaran de resolver este misterio. Sí tengo otra visión se las contare, no se preocupe.
Estaba hablando en serio, se notaba en su mirada. Nadie hablo hasta que Matt vio como Lucía se volvía hacia las enormes bibliotecas a cada lado de la chimenea. El primer libro que tomo era de un color marrón chocolate con una textura similar a la de la piel de cocodrilo. Su título era <<Los dioses>>. Le pareció raro que el nombre estuviese en español ya que esos libros estaban escritos en griego pero luego se pudo dar cuenta de que podía leer el griego antiguo.
Lucía sonrió y marcho con el pesado libro mas otros más directo a su habitación.
Todos estuvieron de acuerdo en que ya era tarde para seguir allí así que se despidieron y cada uno se fue por su lado.
El sol estaba comenzando a salir en lo alto del horizonte. Todos ya estaban levantados ya que su día comenzaba temprano en la mañana. Algunos de ellos ya estaban desayunando y otros que ya habían terminado y se habían dirigido al área de tiro con arco para practicar un poco antes de la clase.
Esta debe haber sido la cuarta o quinta vez que Lucía salía de su cabaña desde el primer día en que llego al campamento. Se sentía un tanto desprotegía saliendo de su lugar, y mucho más si lo había hecho sin Sarah. Como ellas no tenían que practicar ni nada de eso, podían despertarse a la hora que quisiera, pero este día Lucía prefirió hacerlo temprano como el resto de los que estaban allí.
En una de estas salidas Lucía se dirigió para hablar con Belén, la única joven con la cual sabía que no le diría que no cuando ésta le pregunta si deseaba su ayuda para entrenar. Su intuición no le había fallado y la joven acepto de inmediato, sabía que estaría en buenas manos pero no se podría decir lo mismo de Jennifer, quien había estado presente y no supo que contestar ante la pregunta de la joven. Después de pensar un largo rato—y gracias a la insistencia de Belén— la joven acepto.
Logan estaba sentado bajo los pies de un árbol. Disfrutaba de la hermosa brisa que corría por las mañanas antes de que el agobiante calor acabara con él.
Observaba desde su lugar como los demás entrenaban o se sentaban a la sombra para saborear su rico desayuno.
Él había tomado una manzana ya que no se le antojaba nada más. Era malo no comer lo suficiente antes de entrenar pero últimamente —como sucedía con él hace ya un tiempo— no tenía mucha hambre a esa hora de la mañana.
Miraba detenidamente con sus ojos turquesa a un grupo de chicas que estaban practicando tiro al blanco. Se reían a carcajadas y parecían estar pasándola bien. Siguió mirando hasta que llego a un grupo mixto que comía en las mesas exteriores de la cafetería. Continúo observando y disfrutando de su manzana hasta que la vio. Era ella, la chica a la cual le pertenecía su corazón. Dejo repentinamente de comer la manzana, cuando la veía a ella no podía hacer otra cosa más que contemplar lo bella que era. Se sentía tan distinto cuando la observaba, nada dentro de él era igual. Deseaba con todas sus fuerzas ir y hablarle, pero no podía, algo se interponía entre ambos.
— ¿El acosador volvió? —se escucho decir.
Logan no parecía haberse sorprendido en lo absoluto cuando escucho aquella voz. Nada lo podía asustar o distraer cuando se trataba de ella.
Logan: ¿Qué quieres, Atticus? —dijo mirando a su amigo.
Atticus: Solo quería saber cómo andaban tus cosas—menciono sentándose a su lado—. Pero ya veo que andan de maravilla.
Logan: No empieces, ¿quieres? —volteo la cabeza hacia otro lado rogándole a su amigo que no siguiera hablando de ese tema.
Atticus le dedico una mirada y guardando silencio observo cuidadosamente a su amigo, el cual, tenía su mirada enfocada nuevamente en aquella joven.
Él sabía absolutamente todo lo que había sucedido con esa joven y más. No le gustaba ver a su amigo de esa forma, jamás le gusto.
Atticus: ¿Por qué no vas y hablas con ella?
Logan: ¿Para qué? No tiene sentido hablarle—agacho la cabeza y con tono triste continuo—. Ella no me ama.
Atticus: ¡No me vengas a decir que ahora entraste nuevamente en esa depresión porque eso si no te lo aguanto! —Vio como su amigo giraba los ojos—. Creí que ya habías superado lo otro, ¿y ahora me vienes con esto? ¿Qué demonios es lo que pasa contigo? No quiere verte en ese estado de nuevo, no quiero mentirles a las personas diciéndole que estás enfermo cuando en realidad no tenías ganas de ir a clases. ¡Lo que hiciste antes fue algo estúpido! Y créeme que ya no tiene solución. A veces me pregunto por qué lo habrás hecho—aparto su mirada de la del joven y negó con la cabeza varias veces antes de fruncir sus labios.
Él lo miro, miro lo serio que estaba su amigo y comprendió lo cierto de aquellas palabras.
Logan: porque soy un idiota—Vio como Atticus se volteo para verlo—. Porque creí que ya no sentía más nada… que ya todo estaba bien pero a medida que las cosas avanzaban me puse peor y me di cuenta de que aun no había dejado de amarla—volteo a mirar hacia otra parte. Quiso llorar pero no lo haría, simplemente no podía—. Hice una promesa y la voy a cumplir.
Atticus: ¿Y qué pasa con ella?
Logan: No lo sé… creo que tan solo podre ser su amigo ya que ella no quiere nada conmigo.
Atticus le dio una pequeña palmada en el hombro, tratando de alentarlo un poco y haciendo que dejara escapar una leve sonrisa.
Las puertas gigantes de madera se abren mostrando la enorme sala donde Zeus estaba sentado en su enorme trono de oro solido. Él aun seguía pensando en qué hacer con la discusión que habían tenido el otro día con sus hermanos. No encontraba una respuesta, las ideas en su mente lo llevaban a un rincón sin salida. Todo lo confundía aun más.
Al ver a Hermes entrar por la puerta, se alegro, ya que sabía que este había partido esa mañana hacia el infierno porque su hermano había encontrado algo interesante y que posiblemente aclararía las cosas.
Zeus: ¿Noticias?
Hermes: Una muy importante señor.
Zeus: ¿Qué fue lo que te ha dicho mi hermano?
Hermes: Estuvo observando aquellas almas y pudo notar dos cosas. Una de ellas era que pudo reconocer a un alma en particular.
Zeus: ¿Quién era? —dijo intrigado.
Hermes estaba algo nervioso y alterado. No podía hablar bien ya que todo lo que Hades le había dicho lo había alterado un poco pero aun así le dijo sin vacilar quien era aquella alma. Le logro decir nombre y apellido completo. Zeus quedo sorprendió al oír ese nombre. Con eso, ya bastaba para que alguna de sus dudas se despejaran. Efectivamente había ocurrido lo que él y sus hermanos habían planteado, pero se le vinieron varias preguntas a la mente en ese momento. Como por ejemplo: ¿Por qué? ¿Cómo fue que sucedió? Y por ultimo… ¿Quién lo hizo?
Zeus: ¿Y cuál es la otra noticia?
Hermes: Que pudo notar como un alma en particular lograba desaparecer y aparecer por momentos.
Zeus: ¿Supo quien era?
Hermes: No señor, no pudo. Pero le pareció algo extraño eso.
Zeus: créeme que a mí también.
Hermes: Disculpe mi atrevimiento pero… ¿Usted ya sabe quien pudo haberlo hecho?
Zeus: Con exactitud no lo sé. Tengo que investigar más a fondo pero creo que ya se quien lo hizo… y lo haré pagar.
El sol ya se estaba ocultando. Por el momento todos estaban descansando un rato antes de que sus entrenamientos nocturnos comenzaran.
Sarah había ido a buscar a Matt y Atticus para hablar del tema que había quedado pendiente el otro día y cuando lo hizo ninguno de los dos chicos pudo creer lo que Sarah les estaba diciendo. Principalmente por lo que les había contado de Josh y su supuesta similitud con el alma.
Matt: ¿Qué? —comienza a reírse—. ¡Está loca!
Sarah: ¡Lo sé! Yo también le dije que es extraño que él fuese un alma y a la vez estuviese vivo.
Matt: Tiene que ser que quiere mostrarle algo sobre él.
Atticus: Tal vez Lucía no esté equivocada—dijo seriamente.
Sus amigos dejaron de hablar para mirarlo. ¿Estaba loco? ¿Cómo se le podía pasar siquiera por la mente esa locura? Es imposible que alguien esté vivo y sea alma a la vez. Era completamente absurdo y ridículo a al mismo tiempo.
Matt: ¿De qué hablas? Es completamente ilógico lo que dice. De seguro esa alma quiere decirle algo sobre Josh y tenemos que tratar de descifrar que es lo que quiere.
Atticus: Bueno, sí… puede ser. Pero creo que Lucía tiene razón. ¿Por qué no podemos contar la posibilidad de que esa alma sea Josh?
Matt: porque es una tonta idea.
Atticus: No lo es.
Sarah: Atticus es verdad, no puede ser posible eso.
Atticus: Si que puede.
Sarah: ¿A sí? Pues dime.
Atticus: No es un alma… es un Doble Alma.
La habitación quedo en completo silencio. Sarah se quedo viendo a su amigo como si estuviese divagando cosas y no supiera lo que estaba diciendo. ¿Qué era aquello del Doble Alma? Siquiera sabía lo que significa y él ya saltaba con eso. Por otro lado, Matt estaba viendo a su amigo con cara de pocos amigos. No le agradaba para nada lo que él había dicho. Él ya conocía a Atticus y sabía que él era de esas personas que creen en cosas fantasiosas que le cuentan sus abuelos. Matt prefería quedarse con las cosas concisas, las que salían en los libros, las cosas reales. Siempre odio que su amigo hablase de esas cosas.
Sarah: ¿Qué es eso?
Matt: Nada—Dijo sin despegar su mirada de la de su amigo—. Él no sabe de lo que habla.
Atticus le regalo una mirada de desprecio a su amigo y sin importar lo que él pensara o dijera miro a Sarah y se dispuso a contarle sobre aquello.
Atticus: Déjame que te explique, Sarah. Cuando alguien muere por algún motivo, su alma va al inframundo y queda atrapada allí sin poder salir. Pero para que pueda escapar, lo que debe suceder es que haya un corte en la barrera espacio tiempo. Esto hace que el cuerpo y el alma vuelvan a vivir. Pero cuando el alma cruza la barrera de los muertos hacia la de los vivos… pues esta deja una extensión que se llama Doble Alma. Esto sucede ya que en su destino está escrito que morirá. Si por alguna razón esa persona no muere en ese día, el Doble Alma logra cruzar la barrera y se destruye… pero si la persona muere su alma se vuelve a juntar.
Sarah: ¿Estas queriéndome decir que… Es el alma viva de un muerto? —Dijo muy sorprendida y algo aterrada.
Atticus: ¡Sí!
Matt: ¡No! —Grito por encima de la voz de Atticus—. ¡Imposible! Eso es lo que tengo para decir…imposible.
Atticus: Claro que no lo es, ¿Por qué no puedes aceptar solo una vez que tengo razón en algo?
Matt: Porque no la tienes. Estas son cosas que tu abuela te contaba cuando eras niño y por eso se te atrofio la mente.
Atticus: ¡Mi mente está bien! Tú eres el que se queda con lo que dicen las páginas.
Matt: ¡Porque es la única cosa real que puede existir! En ningún libro vas a leer que habla de esa tontería.
Atticus: ¡Si que lo hubo!
Matt: ¿Hace cuantos siglos atrás?... La única arma que podría lograr crear Dobles Almas no existe.
Atticus: ¡Claro que sí! —Dijo furioso.
Sarah: ¿Qué arma?
Atticus: El Cetro de Cronos—Dijo.
Sarah: ¿El Cetro? Fue destruido.
Matt: ¡GRACIAS! —Dijo alzando sus brazos—. Al fin alguien dice algo con sentido.
Atticus: Yo creo que lo que estoy diciendo es verdad y se los demostrare.
Esas fueron sus últimas palabras antes de salir de aquella cabaña. Sarah cerró sus ojos y detuvo su respiración por el fuerte azote que había hecho Atticus con la puerta.
Matt seguía pensando que lo que su amigo había dicho era una total mentira, no podía ser posible y no encontraría pruebas de que fuera verdad. Aquel Cetro había sido destruido hace varios siglos atrás por el mismo tema que habían discutido esa noche. Era un arma muy poderosa y por eso dejo de existir.
El vibrar de un celular sobre una mesa de luz retumbo en la habitación. Un joven de cabellos castaño rodillo, quien estaba sentado frente al monitor de la computadora se levanto de la silla para ir a buscar su teléfono. Mira el número y sonríe.
— ¿Me extrañabas, no? —dijo sonriente.
—No tengo tiempo para juegos.
—Vaya que carácter… ¿Qué sucede?
—Necesito tu ayuda.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro