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Capítulo 17

ATENCIÓN: Solo quería decirles que algunas de las muertes que leerán puede que sean un poco feas. En mi opinión no lo son tanto pero puede que causen impresión así que por las dudas les advierto. Esto no quiere decir que dejen de leer la novela, solo tengan precaución si son sensibles.

El reloj color rosa pálido de Lucía indicaba que eran las once treinta de la noche. Hacía tres horas y media que habían estado manejando desde el campamento hasta el edificio Empire State. En todo el camino Lucía había estado completamente nerviosa cuando las manecillas plateadas de su reloj indicaban que eran exactamente las diez de la noche. No dejaba de pensar en lo que estaría sucediendo en aquel lugar y su amiga trataba de calmarla.

Una mirada al cielo nocturno podía guiarlas para saber cómo iba la batalla. Enormes nubes de tormenta descargaban grandes rayos en campos u árboles, los cuales terminaban incendiándose. Posiblemente en la ciudad terminarían descargándose en los enormes para-rayos. 

El velocímetro del Porche de Sarah marcaba los ciento ochenta kilómetros y tuvo suerte de que tomo la autopistas, en la cual, los semáforos no existen y podía correr con libertad. El problema era que se salvaron de milagro ya que si no fuera por los reflejos de Sarah hubiesen tenido dos espantosos accidentes. Uno fue cuando un convertible color rojo se interpuso en su camino y casi hizo que volcaran. La otra fue antes de llegar a la ciudad dónde por alguna razón un par de autos las encerraron haciendo que se cambiaran hacia el carril contrario. Justo en ese momento un enorme camión que transportaba leños venía en su dirección. Sarah hizo una asombrosa maniobra y lograron incorporarse al carril correcto, haciendo que el camión siguiese su curso sin problemas.

En el camino, Sarah le comentaba a Lucía como era que tenía que hacer para poder entrar al Olimpo por intermedio del edificio. A la joven le pareció increíble que por medio del Empire State se pudiese llegar a aquel fascinante lugar por encima de las nubes. 

Después de un par de minutos llegaron a la avenida Madison para encontrarse con un enorme embotellamiento justo a tres cuadras antes del edificio.

Lucía le dijo a su amiga que retrocediera pero le fue imposible ya que detrás de ellas ya se habían amontonado un montón de autos y taxis amarillos.

Lucía: ¡No podemos demorar más! ¡Cuanto más demoremos la vida de Josh estará en peligro!

Sarah: Encontraremos la forma de salir de aquí.

Pero la realidad era que no podrían salir de allí hasta que todo aquel embotellamiento desaparezca. Lucía vuelve a ver su reloj y nota que ya falta poco para que sean las doce. 

El veintiuno de Junio estaba terminando y solo le quedarían seis horas del día veintidós para derrotar a los Titanes, pero si por alguna razón lo del libro se cumplía, la humanidad no volvería a conocer la luz del día.

Lucía abre la puerta del auto de Sarah y comienza a correr por entre los autos parados que había en la calle hasta llegar a la acera para correr en dirección contraria a la de la multitud. Sarah se baja de su auto, atónita por lo que había hecho su amiga. Cierra la puerta del auto y mientras echa a correr se escucha el "pip" de las puertas del auto al trancar.

Sarah: ¡Espérame! —Gritó mientras trataba de seguirle el paso a su amiga, esquivando a toda la multitud. 

Lucía corrió por entre aquella multitud, pechándose con algunos y esquivando a otros a lo largo de una manzana. Cuando cruzó la calle treinta y tres, elevó la mirada hacia arriba y apreció la majestuosidad del edificio. Por fortuna, ahora las personas iban en la misma dirección que ella y cada vez se iba acercando a las enormes puertas de la entrada del edificio. 

En ese momento una idea pasó por su cabeza que nunca antes la había pensado.

Lucía: Son casi las doce de la noche —Se dijo a sí misma para sus adentros—. ¡El edificio estará cerrado!

Pero por alguna razón cuando llego a las grandes puertas echas de vidrio, estas aun no tenían tranca y puedo entrar con toda libertad. Sintió escalofríos al pensar que por aquellos mismos pisos, en los cuales ella estaba caminando ahora, habían caminado los doce guerreros que ahora se encontraban en batalla.

Camino con un tanto de timidez hasta el mostrador dónde se encontraba el guardia de seguridad que estaba leyendo un periódico y no se había percatado de que alguien había entrado.

La joven apoya sus manos sobre el mostrador y eleva la mirada, atraída por la imagen del edificio en la pared detrás de dónde estaba el guardia. Rápidamente vuelve en sí.

Lucía: ¡Necesito la llave del elevador! —Dijo. 

El guardia de seguridad baja el periódico que estaba leyendo. Traía gafas de color marrón y Lucía pudo sentir como aquellos ojos chocolatosos la estaba observando de arriba, abajo como si fuesen un escáner de computadora.

Con un solo movimiento, el hombre de avanzada edad mete su mano en un cajón que había debajo del mostrador y saca una única llave de oro, en la cual, Lucía pudo notar como el símbolo de los dioses se encontraba grabado en ella.

El hombre extiende su mano con la llave bien afirmada a sus dedos y a continuación dice.

—Por fin llegaste —Dejando caer la llave de oro sobre la mano de la joven. 

Lucía aprieta la llave entre sus dedos sin perder de vista a aquel hombre, ¿A caso sabía que ella vendría? Sintió los pasos de alguien entrando al edificio y cuando voltea se encuentra con su amiga Sarah.

Lucía: ¡Rápido! No hay tiempo.

Ambas corren hacia uno de los elevadores del edificio y presionan un botón para que las puertas se abran y ellas puedan entrar. Sarah le dice que debe de poner la llave en una pequeña ranura justo debajo del panel que indicaba los números de los ciento dos pisos.

Dio un cuarto de giro con la llave y vio como los números de los pisos se iban iluminando a medida que el elevador se iba moviendo. 

Lucía noto como a medida que iban subiendo, todo iba cada vez más rápido pero en ningún momento notaba que se estuviesen moviendo igual de rápido. Allí es cuando Sarah le dice algo totalmente descabellado.

Sarah: No nos estamos moviendo realmente.

Lucía: ¿De qué hablas?

Sarah: Solo está haciendo un conteo para marcar el destino.

Lucía: ¿El piso ciento dos? 

Sarah: No exactamente —Levanta su mano y con su dedo le indica a Lucía que debía de mirar en dirección al panel.

La joven hace caso a lo que su amiga le dice y nota que justo al lado del número ciento dos había otro pequeño círculo que al parecer estaba vacío. La luz se ilumina para mostrar en números negros el ciento dos y luego se apaga para volverse a encender en el círculo de al lado. Lucía no podía creer que en ese círculo, iluminado por la luz, se reflejaba una “U” invertida que en pocas palabras simbolizada el símbolo de los dioses.

Sarah: Agárrate fuerte —Sugirió su amiga mientras se agarraba de la baranda.

El piso comenzó a temblar y hubo un pequeño destello de luz que hizo que Lucía se arrinconara en un rincón y Sarah en el otro. Fue entonces cuando Lucía pudo sentir verdaderamente que ahora si se estaban moviendo y a una muy alta velocidad. 

Por fuera del edificio se podía ver como un destello de luz iba recorriendo los ciento dos pisos hasta llegar poco antes de la punta de la antena, en dónde, una enorme explosión se produjo, desvaneciéndose tan rápido como apareció.

Todo estuvo en silencio por unos pocos minutos y luego ambas jóvenes sienten el pitido del elevador, indicándoles que habían llegado a destino. Las puertas doradas se abren y ambas pueden observar la majestuosidad del Olimpo, el hogar de los dioses.

Lucía pudo apreciar como enormes nubes de tormentas, cargadas con una gran cantidad de carga eléctrica se encontraban por detrás del Olimpo, muy seguramente en la arena de batalla.

Aquellos enormes rayos parecían los flashes de las cámaras en una premier llena de celebridades famosas. Definitivamente era mucho peor de lo que se podía ver en tierra.

Sarah: Ok, ahora sí me asuste —Volteo a ver a su amiga—. Y esto sí es definitivo. 

Lucía: ¡No hay tiempo que perder! —Le da una pequeña palmadita en el hombro a su amiga, indicándole que era momento de volver a correr. 

Sarah suspira y asienta con la cabeza. Ambas comenzaron a correr por las enormes escaleras de dos kilómetros de largos, las cuales, le llevaron diez minutos de su tiempo, sirviéndoles para mostrarles que el veintiuno de junio había finalizado y el día veintidós había comenzado.

La batalla ya había comenzado y hacía dos hora que los guerreros estaban luchando contra los Titanes y los feroces monstruos menos con la Manticora, quien estaba escondida en algún lugar de aquella enorme arena de batalla esperando a que su presa este desprotegida y pueda atacarla. 

Un pequeño grupo estaban luchando contra la Hidra, el enorme monstruo de tres cabezas las cuales tenían forma de diamante, como las serpientes de cascabel, pero en la boca contaba con una doble hilera de dientes de tiburón. 

El grupo se componía por Annabeth, Luke y Jennifer. Por alguna razón Hiperion todavía no había decidido pelear contra la joven hija de Hefesto, al parecer éste había cambiado con su hijo y en aquellos momentos estaba luchando contra Belén.

El derrotar a aquel monstruo era muy complicado ya que no podían cortarle las cabezas porque sino esta se regeneraría y crecerían dos más. Luke trataba de revolotear por encima de ella para distraerla mientras Annabeth lanzaba sus flechas, las cuales, quedaban incrustadas bajo la gruesa piel del monstruo y otras entraban a su boca y parecía habérselas tragado. Por otra parte Jennifer trataba de quemarla pero esta parecía inmune al fuego, Lucía tenía razón. Ellos no deberían pelear con monstruos o Titanes de igual poder, necesitarían la ayuda de alguien más con un poder distinto.

Luke sobrevoló muy cerca del monstruo y fue detectado por la cabeza del medio, la cual, lanza fuego. Lanzó una enorme llamarada que pasó por encima del hombro de Luke y acabó impactando contra un pino.

El tronco junto con las hojas comenzaron a echar humo y una enorme cortina de fuego comenzó a consumirlo por completo. El árbol entero se venía abajo, justo sobre Annabeth que no se había movido de su sitio por tratar de atinarle con una de sus flechas al corazón de la bestia. 

Luke: ¡Annabeth! —Le gritó mientras bajaba en picada para tomarla en sus brazos justo cuando la Hidra se lanzaba sobre ella y el árbol se desplomó con un fuerte estruendo sobre las dos cabezas del monstruo. 

El monstruo retrocedió golpeando el suelo con sus fuertes garras creando pequeños temblores. Liberó de un tirón sus cabezas y gimió enfurecida.

Luke había soltado a Annabeth varios metros por detrás de él antes de impactarse con el suelo. Jennifer corrió en auxilio del joven sin importarle la enorme bestia que se acercaba hacía ellos.

Annabeth volteó para ver como el monstruo se acercaba hacia ellos resoplando y mostrando sus enormes dientes afilados.

Cuando volteó a mirar hacia adelante, notó que su arco y flechas estaban a pocos metros de distancia de dónde ella se encontraba y si lograba alcanzarlos sería un muy buen tiro desde dónde ella se encontraba.

Se colocó de pie velozmente corrió sin mirar atrás.

Luke y Jennifer vieron la locura que estaba haciendo Annabeth e intentaron advertirles pero fue demasiado tarde.

A unos pocos centímetros antes de llegar a su arco y flechas, la Hidra abrió sus enormes fauces para liberar una enorme cortina de fuego que terminó impactando sobre el cuerpo de la joven.

El grito que ambos jóvenes escucharon de su compañera fue horrible. Luke tomó a Jennifer e hizo que esta se acurrucara en su pecho para que no viera ni oyera lo que estaba sucediendo.

El joven pudo ver como de aquellas llamas surgían las flechas que la Hidra se había tragado y ahora las estaba regurgitando, haciendo que se incrusten por todo el cuerpo de la joven. Aquellas flechas eran lanzadas con tanta fuerza que atravesaban la piel como si fuese papel y las que lograban atravesar la armadura quedaban incrustadas en su cuerpo.

Apenas el monstruo cerró sus fauces, extinguiendo la cortina de fuego, Luke pudo ver como el cuerpo completamente carbonizado y atravesado por las flechas de su amiga, cae al suelo sin vida.

Jennifer al ver la aterradora escena comienza a llorar desesperadamente y esto llama la atención de la Hidra. 

Luke: ¡Vamos! ¡Arriba! —Le decía a la joven mientras la ayudaba a ponerse de pie.

Por fortuna, esquivaron justo a tiempo una enorme llamarada de fuego escondiéndose detrás de unas enormes rocas.

Jennifer: ¿Cómo podemos acabar con ella? —Estaba totalmente agitada.

Luke: ¡N-no lo sé! —Admitió el joven—. Recuerdo que había una forma de hacerlo pero no estoy seguro de cual era.

La Hidra había encontrado su escondite entre las rocas e intentaba penetrarlo con sus cabezas. Las rocas comenzaban a resquebrajarse y unos cuantos pedazos de roca comenzaron a caer sobre sus cabezas.

Jennifer: Esto no resistirá por mucho tiempo. 

El joven trataba de pensar a toda máquina cual era la única forma de acabar con aquella bestia hasta que la idea le vino a la mente como un flash de cámara. 

Luke: ¡Con fuego! —Dijo velozmente—. ¡Necesitamos fuego!

Jennifer mucho no conocía la historia pero si se podían llegar a cortar las cabezas de Hidra, solo que para evitar que se multipliquen, había que quemar los muñones antes de que volvieran a crecer. 

Luke le dijo a la joven que él se encargaría de cortarle las cabezas mientras que ella debería de encargarse de quemarles muy bien los muñones.

En otra parte del espeso bosque, Justin corría tratando de refugiarse de la horrenda Arpía enviada por Astreo. Estaba un tanto herido pero por fortuna ninguna herida que tuviese que lamentar.

Hacía un par de minutos atrás se había topado con Clarisse quien deseaba preparar su trampa de cuchillos y Justin la abasteció con un par de estos.

Corrió sin parar hasta llegar a un área abierta y mientras corría por esta, no apartaba su vista del cielo nocturno en busca de aquella mujer pájaro, pero lo que vio fue muchísimo peor. Se detuvo de repente y sintió como su corazón deseaba hacer lo mismo, una enorme bola de fuego salió disparada de una enorme mano envuelta en llamas que al impactar contra el suelo produjo una enorme explosión que hizo temblar el suelo en un radio de dos kilómetros. El piso temblaba levemente bajo los pies de Justin y las copas de los árboles se estremecían con violencia. 

Su mente supo en ese momento que se trataba de Hiperión y tuvo el presentimiento de que la persona con la que estaba luchando era Belén.

Corrió en dirección a la cual había visto la enorme explosión pero no notó que debajo de él se encontraba una enorme piedra quien lo hizo tropezar justo a tiempo antes de que las enormes y afiladas garras de la Arpía lo tomasen por la cintura.

Dio un par de giros sobre sí mismo hasta quedar boca abajo, estaba un tanto aturdido por lo que había sucedido. Tocó su armadura y sintió la marca de las garras de aquella horrenda bestia. Notó como una de las marcas había hecho una pequeña grieta en su armadura pero no le dio mucha importancia.

La enorme Arpía sobrevoló por encima de él como si fuese un buitre y luego se posó sobre la copa de un árbol, esperando a que aquel muchacho se pusiera de pie.

— ¿Pensaste que te podías escapar de mi? —Dijo la mujer.

Justin: Tengo por ley no pegarle a las mujeres —Dijo mientras se ponía de pie. Llevo su mano a su labio y vio como este le estaba sangrando—. Pero tú eres una excepción.

La enorme bestia emplumada abrió sus enormes alas y antes de lanzarse en picada hacía Justin, abrió su boca liberando un espantoso chirrido que hizo que él joven perdiera la concentración. 

Su mano le temblaba e intentó tomar de todas maneras la espada de plata pero no se había percatado de que la había dejado caer cuando se tropezó con la piedra.

Justin vio como la espada estaba lejos de él y no tendría tiempo de tomarla antes de que la Arpía llegara a dónde estaba él. Miro a la bestia emplumada, quien ya estaba casi encima de él. Cruzo sus brazos sobre su cabeza y espero a sentir las afiladas garras atravesando su estómago.

Justo cuando las garras de la Arpía se abrieron para tomar al joven, una enorme onda expansiva tomó por sorpresa a la enorme bestia y la lanzó varios metros de dónde estaba Justin.

El joven quitó los brazos de su cabeza para mirar que era lo que había sucedido y vio como la bestia emplumada había desaparecido. En la tierra una enorme franja horizontal de un ancho considerable, había dejado una marca. Miro hacia su izquierda y allí vio a Clarisse con el martillo de su padre en manos.

Justin: ¡Clarisse! —Dijo felizmente. 

Clarisse: ¡Ve con Belén, yo me encargo del pájaro! —Le regala una sonrisa—. Y no olvides lo que te dije.

Justin le devolvió la sonrisa. Se acerco para tomar su espada cubierta de polvo y corrió nuevamente en la dirección a la que había sentido los temblores.

Clarisse respira hondo al ver desaparecer al joven entre los arbustos. Camina un par de pasos hacia adelante y nota que el lugar en el cual había impactado la bestia plumífera, estaba vacío. Inmediatamente comienza a mirar a su alrededor, principalmente en el cielo ya que aquella horrenda mujer siempre sobrevolaba por encima de sus presas.

De pronto sintió una pequeña risita de alguien que se encontraba detrás de ella. Volteo lentamente y vio a una mujer hermosamente vestida con un vestido largo de color blanco con cintas envueltas alrededor de sus brazos que caían hasta el suelo. Traía el cabello recogido en una media cola con bellos bucles que caían por su espalda y tenía una bella diadema con una media luna en el centro. Se trataba de una Titánide, Selene.

Selene: Que tierno de tu parte dejar libre a aquel joven para que pudiese salvar a su amada.

Clarisse: El amor es algo que los Titanes no comprenden.

Selene: ¿En serio? Creo que tú no sabes absolutamente nada sobre nosotros.

Clarisse: Oh, no, sí se una cosa —Afirma su martillo entre sus manos—. Tengo que matarlos.

Golpea las tres cabezas del martillo contra el suelo creando una enorme onda expansiva que hace que Selene salgo despedida por los aires hasta atravesar su cuerpo contra una roca puntiaguda que sobresalía de una montaña.

Clarisse sonríe al ver lo fácil que fue acabar con aquella Titánide. Habían logrado vencer a una, faltaban seis.

Carga su martillo al hombre y voltea para quedar completamente sorprendida al encontrarse con alguien que no esperaba encontrar. Estaba tan cerca que pudo sentir su respiración sobre su rostro.

Selene: ¡Buu!

Y ahí es cuando siente como algo la toma por el cuello de su armadura y la eleva barios metros por encima del suelo dejando caer su martillo. La Arpía la había tomado por sorpresa y ahora sentía como las afiladas garras creaban un horrendo chirrido a medida que se iba deslizando por su armadura.

La bestia comenzó a sobrevolar más bajo pero aun no deseaba soltar a su movediza presa y no lo haría hasta encontrar el lugar perfecto. Cuando visualizó con sus amarillentos ojos de pájaro un lugar ideal para lo que ella deseaba que sucediese, suelta a Clarisse y esta cae en picada hasta caer boca arriba sobre el duro suelo de tierra y césped. Afortunadamente la armadura absorbió gran parte del golpe dejando que sus pulmones conservaran todavía el aire que inhalaba por su boca.

Abre sus ojos y observa como la Arpía se marcha de aquel lugar con un horrendo graznido que hizo temblar el cuerpo de la joven. De pronto, escucha un ruido que no provenía de aquella bestia sino del lugar en dónde ella se encontraba. Busco con su mirada entre las copas de los árboles y allí encontró justo lo que esperaba encontrar, una afilada hoja de los cuchillos de Justin. Aquella bestia emplumada no había sido ninguna tonta y la había dejado caer justo en medio de su propia trampa. Sabía que no podría levantarse y correr porque sería inútil, los cuchillos terminarían incrustados en su cuerpo y moriría de todas formar.

En aquel momento pasaron muchas personas por su mente como sus familiares, amigos como Zack el cual no sabía que en pocos segundos estaría perdiendo a una de sus mejores amigas. Le deseaba con toda el alma que saliera de aquella arena con vida porque se lo merecía, se merecía ser victorioso y terminar con Hope, la chica de sus sueños. Pero los recuerdos de Zack pasaron a un segundo plano cuando una persona, más importante que él invadió su mente por completo. Una lágrima se derramó por el costado de su rostro al recordar a su novio, Andrew. Él nunca supo que ella era hija del dios de la guerra y que tendría que ir a luchar contra los Titanes. Lo único que sabía era que ella junto a un grupo de personas habían ido a un campamento de verano.

Cierra sus ojos y pronuncia el nombre de Andrew seguido de un “Te amo”, justo cuando los cuchillos se liberan de sus trampas y salen disparados hasta incrustarse por todo el cuerpo de la joven. Afortunadamente ninguno logró atravesar la coraza de bronce pero si atravesaron sus brazos, piernas, cuello, cabeza y uno de ellos logró atravesar su rodilla lastimándole la rótula, su punto débil. 

Dos semidioses muertos y ningún Titán había perecido, ¿Podrán lograrlo?

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