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Capítulo 16

Las horas se hacían eternas en el campamento. Sarah había llamado al padre de Lucía para informarle que ninguna de las dos iba a viajar al Olimpo aquel día y que por esa razón necesitaba su auto —una vez que todos entraron al campamento, sus autos fueron devueltos a sus casas por personal del Olimpo—, para poder volver a casa. El Sr. Jackson le dijo que inmediatamente llamaría a un conocido que tenía para que le alcanzara su auto hasta el campamento, le dolió en el alma no poder ir él mismo a buscarlas ya que el trabajo no le permitía salir pero el consuelo era que su hija estaba a salvo y dentro de unas pocas horas estaría de nuevo en su casa. 

La espera del camión que transportaba el auto de Sarah se hizo eterna. En total demoraría tres horas pero por las dudas la joven iba de vez en cuando hasta la ruta para ver si lo veía por algún lado. Mientras tanto, Lucía había estado paseando por todo el campamento, pensando en todo lo que había sucedido en aquel mes y medio que habían estado allí. Entro a las cabañas de todos para ver cómo eran por dentro. Todas tenían un montón de cosas fascinantes que pertenecían a los dioses y estaban allí para que sus hijos se familiarizaran con ellos pero había algo más en esos lugares que a Lucía le hizo sentir un enorme nudo en su estómago trayendo consigo algo de nauseas. No había nada en los cajones, nada de ellos que pudiese recordarle que alguna vez hubo algo viviendo allí, alguien conocido. Todo estaba igual como cuando ella entró por primera vez a su cabaña pero con el paso del tiempo todo iba cobrando vida y aquel lugar pasaba a ser decorado por ti. 

Miro la hora en su reloj color rosa pálido y vio como las manecillas plateadas indicaban que iban a ser las seis de la tarde, supuestamente a esa hora tendría que haber llegado el camión con el auto de Sarah y ella todavía no había hecho su maleta, así que salió de la cabaña de Luke, la cual, era la número doce. Al salir al exterior notó como el sol todavía brillaba en el cielo, el día más largo del año se estaba haciendo notar y Lucía consideraba que era un desperdicio de tiempo el no haber hecho la batalla de día, ¿Por qué debía ser de noche? No era justo para nadie, el alba saldría al otro día a las seis y media de la mañana y para entonces todos los Titanes deberían de estar destruidos, definitivamente era imposible. 

Lucía termina de poner su blusa color verde en su maleta. 

Voltea para tomar su teléfono celular que se encontraba sobre la mesita de luz pero esta vez estaba prendido. De las cinco barras de batería había logrado guardar dos, pero su mirada se desvió de la carga para mirar la hora, las siete de la tarde. El día más largo del año parecía el más corto, ¿Serían los nervios? Algo dentro de la joven le decía que Josh no podría escapar de su destino y eso comenzaría dentro de tres horas. 

Guarda su teléfono en el bolsillo de su jean y ve a Sarah recargada en el marco de la puerta.

Sarah: Toc-Toc —Dijo tocando la madera con sus nudillos—. ¿Puedo pasar? 

Lucía: Ya casi termino —Cerrando su maleta. 

Sarah: ¿Cómo te sientes? —Adentrándose en la habitación.

Lucía: No lo sé, siento diversas cosas y algunas de ellas estoy tratando de alejarlas de mis pensamientos.

Sarah: Creo que sería lo mejor —Toma la maleta de Lucía—. Voy a ponerla en el auto. 

El camión que transportaba el auto de la joven había llegado hace media hora y ninguna de las dos había estado pronta para irse hasta entonces. 

Lucía: Seguro, yo me quedaré un momento aquí.

Sarah sonríe y se marcha de la habitación con la maleta de su amiga en manos. 

Lucía se sienta sobre el acolchado azul marino y deja escapar un gran suspiro. Se recuesta sobre la cama y comienza a observar toda la habitación. Delante de ella había un gran espejo con el que podía ver toda la pared que había detrás de ella, completamente vació comparado con antes.

Debajo del espejo se encontraba el tocador dónde antes estaba lleno de fotografías y alguno que otro cosmético que nunca había usado salvo el brillo labial. Pero ahora pudo notar como había olvidado guardar el pequeño frasco de perfume transparente que había usado prácticamente toda su vida. El perfume estaba diseñado para ocultar el olor a semidiós que despedía su sangre, todos debían usarlo si no querían morir... aunque a veces no funcionaba. 

Lucía se pone de pie y se dirige hacia el tocador donde toma el pequeño frasco con sus manos y lo destapa para oler aquel exquisito aroma de rosas. Le sonó gracioso que los muchachos hayan tenido que usar ese perfume, de seguro el de ellos debería tener algo que no oliera a rosas, sino sería muy vergonzoso y nunca lo usarían. 

Volvió a colocar el perfume en su lugar y ella vuelve a recostarse en la cama. En ese momento una imagen pasa por su cabeza y saca su teléfono del bolsillo de su jean para buscar entre sus imágenes una en especial, el pictograma. 

<< No puedo creer que aun no te haya resuelto >>Pensó.

<<No puedes ser tan complicado, debe de haber algo que no estoy viendo y esta frente de mí>>.

Y ese fue el momento en que sus ojos se disparan hacia el tocador para mirar el pequeño frasco de perfume con forma torneada. 

Lucía: No puede ser.

Tomo su celular nuevamente y observo el primer dibujo, un río color beich con pétalos flotando en el. No, no podía ser cierto, ¿En verdad era el perfume? Todo indicaba que sí. Una sonrisa en el rostro de la joven apareció porque había logrado descifrar la primera parte del pictograma, en la cual, hacía referencia a los semidioses.

El Olimpo resplandecía en lo alto de las nubes. Dentro de este todos los preparativos para la batalla estaban siendo arreglados incluyendo las armaduras de los guerreros que esa noche lucharían para salvar al mundo.

Las enormes puertas doradas se abren para mostrar primero a Grover y a sus ayudantes, quienes entran primero y detrás suyo surgieron los doce guerreros, la generación de los jóvenes guerreros. 

Quedaron totalmente atónitos al ver aquella enorme habitación con pisos de mármol blanco y columnas gigantes que se elevaban por encima de ellos sosteniendo enormes techos con dibujos sorprendentemente impresionantes. Había adornos de todo tipo como candelabros de cristales y una enorme fuente de agua que se encontraba en medio de la habitación. 

Definitivamente impresionaba tanto de afuera como de adentro. La entrada era magnifica también, el ver aquel enorme templo lleno de ventanas, columnas y antorchas era impresionante. Aunque las escaleras para llegar a éste no eran para nada divertidas. Eran kilómetros de estas, aproximadamente dos.

Apenas entraron y aparecieron cinco personas, las cuales, parecían ser sirvientes que atendieron a Grover y dos de estos llevaron los sacos que él traía consigo a una habitación. En eso, Grover habla con sus ayudantes y luego se marcha con uno de los sirvientes.

Asthon miró al pequeño grupo de doce personas y les dice que es momento de que vayan a cambiarse. Él y Cloe los llevan por un enorme pasillo con ventanales que daban hacía la arena de batalla. A medida que pasaban por al lado de una de estas se paraban para apreciar el lugar dónde iban a luchar. Era literalmente enorme, no podían distinguir dónde terminaba porque su horizonte era de copas de árboles. 

Josh estaba completamente nervioso y el ver hacia adelante para contemplar la puerta de los vestidores le hizo sentir nauseas. Una vez que atravesara esa puerta sería para colocarse su armadura y a continuación entrar a la arena. Quiso salir corriendo de allí pero detrás suyo habían más personas y le dificultaron la salida. 

Cloe se paró junto a la puerta del vestidor de las damas y Ashton en la de los caballeros. 

A medida que las jóvenes iban entrando, Hope se iba deslizando entre ellas hasta esconderse detrás de un hueco que había en la pared sin ser detectada. Sintió cuando cierran la puerta y esa fue la señal para salir de su escondite y acercarse hasta el grupo de hombres que iban entrando al vestidor para tomar a Justin del brazo y apartarlo del grupo. Inmediatamente lo arrincona contra la pared y llevando su dedo índice a sus labios le dice que guarde silencio. Cuando escucha el ruido de que cerraron la puerta, quita su mano del pecho de Justin, la cual, la había usado para mantenerlo contra la pared. 

Justin: ¿Qué estás haciendo? —Dijo bastante molesto mientras se acomodaba la camisa. 

Hope: No nos despedimos correctamente.

Justin: Pues lo lamento, la despedida terminó.

Hope: No, aun no —Se acerca un poco más al joven—. La otra vez deje que hablaras y me dejaras bien en claro que era lo que tú querías que sucediera entre nosotros. Ahora es momento de que tú sepas que es lo que yo quiero que recuerdes de mí si algo me sucede.

La joven lo toma por el rostro y acerca su cuerpo hasta sentir los fuertes músculos del abdomen del joven. Lo que hizo a continuación dejo literalmente sin palabras a Justin, él sintió como aquellos labios que hacia tanto tiempo no probaba, se habían vuelto a posar sobre los suyos. 

La joven lo toma por el rostro y acerca su cuerpo hasta sentir los fuertes músculos del abdomen del joven. Lo que hizo a continuación dejo literalmente sin palabras a Justin, él sintió como aquellos labios que hacia tanto tiempo no probaba, se habían vuelto a posar sobre los suyos. 

Quiso retroceder pero la pared de ladrillos se lo impedía, intentó alejarla pero por alguna razón sintió como aquellos labios adormecían sus sentidos y lo hacían dormir. Sus brazos se iban deslizando por los hombros de la joven acariciándola con suavidad. No tenía control sobre su cuerpo y sentía como sus parpados se iban cerrando mientras su mente se perdía en otra parte. 

Aquellas suaves caricias aterciopeladas hacían que sus cabellos se erizaran. Sintió como su mundo desapareció y que en ese preciso momento el tiempo se detuvo y ahora si podía quedarse siempre unido a la joven. 

Ahora fue Justin quien acorraló a Hope contra la pared para no dejarla ir. Apoya sus manos contra la pared haciendo presión contra su suave y delgado cuerpo mientras que ella sumergía sus manos por debajo del cuello de la camisa para acariciar su fornida espalda.

Lo bueno de los años es que curan heridas y Justin lo tiene muy presente, siempre se dijo a si mismo que no volvería a caer en sus redes y trataría de olvidarse de ella para siempre pero nunca se imaginó que lo malo de volver a besar aquellos labios de la joven, es que crearían adicción. 

Hacía tiempo que no sentía aquellos dulces y apasionados besos que siempre habían sido los más ardientes y acalorados como el fuego del infierno. Nunca podrá olvidar la primera vez que sus labios se quemaron por probar uno de sus besos. 

La pasión aumentaba y ahora Hope sentía como los candentes labios del joven besaban su aterciopelado cuello en busca de sus labios.

Aquellos besos eran como beber agua salada, con cada sorbo tu sed aumenta y no puedes parar. Parecía una sed loca que no podían calmar y solo lo lograrían con otra boca que tenga la misma sed de locura. 

De pronto, toda aquella pasión se apago cuando Justin volvió a la realidad y apoyo sus pies firmemente al piso. Se alejó rápidamente de Hope, deslizando sus dedos sobre su cabellera porque no podía creer lo que había hecho.

Hope se sentía en las nubes, sonrió alegremente porque había cumplido su objetivo de volver a sentir aquellos dulces labios sobre los suyos y recordarle a Justin lo que era el significado de la pasión.

Justin: No puedo creer lo que acabo de hacer —Se veía algo desesperado. 

Hope: Yo sí —Dijo separándose de la pared—. Volviste a sentir toda aquella pasión que hacía tanto tiempo no habías sentido y por eso hiciste lo que hiciste.

Justin: ¡Esto está mal! Yo jamás tuve que haberte besado, yo no te amo.

Hope: Tú no engañas a nadie. Tal vez puedas decirme que Belén llena el espacio vacío que yo deje en tu corazón pero jamás mencionaste su tamaño.

Justin miró a la joven, sus ojos mostraban desesperación e incomprensión.

Hope: Yo sé que todavía me sigues amando y usas a Belén como una pantalla para intentar olvidarte de mí.

Justin: Eso no es verdad.

Hope: ¿Ah, no? ¿Acaso olvidaste nuestra promesa?

Justin: No sé de qué me hablas.

Hope: ¡Oh, por favor! No te me vengas a hacer el inocente ahora. ¿No recuerdas aquella vez en que me dijiste que nuestro amor sería eterno? El mismo día en que me diste esto —Metió su mano por debajo del cuello de su blusa para tomar una cadenita de oro y mostrársela—. ¿Recuerdas esto?

El joven quedó totalmente impresionado al ver que Hope aun llevaba eso consigo. Una hermosa y larga cadena de oro con un dije hecho del mismo metal en forma de círculo con la palabra <<Infinito>>, grabada en el centro.

Hope: Me dijiste que si en verdad te amaba, jamás tendría que quitármelo, porque nuestro amor es infinito.

Estaba atónito, no sabía que contestarle a la joven. Parecía como si estuviese en estado de shock por todas las emociones que comenzó a sentir en su corazón.

Hope: Y apuesto lo que sea, por saber que tú también la llevas contigo.

Justin: No es verdad. Me la quité hace mucho tiempo.

La joven camino hacia él hasta que sus labios quedaron a la misma altura que los de él.

Hope: Di lo que quieras, yo sé que no lo hiciste. Jamás… pudiste olvidarme.

Su mirada se enfocó en una grieta del piso y solo escuchó el cerrar de la puerta de los vestidos por el cual había entrado Hope. Con el ruido del cierre, Justin cerró sus ojos llevando su mano al pecho para sentir algo duro en el. Abrió los ojos y jamás notó cuando metió su mano por debajo de su camisa para tomar aquella cadena, por la cual colgaba un bello dije de oro en forma de círculo y con la palabra <<Infinito>>. Nunca había podido desasearse de ese collar porque cada vez que lo intentaba su corazón latía por el amor de Hope. ¿En verdad la amaba tanto que estaba engañando a Belén? No, no podía permitirse eso. Belén siempre había sido buena con él y no podía permitirse romperle el corazón. Sentía cosas por ella y estaba dispuesto a hacer todo lo necesario para salvarle la vida en la batalla porque la amaba.

Cierra su mano encerrando al dije en su puño y a continuación camina en dirección a la puerta de los vestidos para entrar por ella y no saber que sucede con él al cerrarla.

El haber resuelto la primera parte del pictograma hizo sentir confianza dentro de Lucía para seguir descifrando el resto de los dibujos. <<Un niño soplando>>, fue la siguiente figura que aparecía allí. ¿Qué significaría? No lo sabía, quizá no tenía ningún significado en especial hasta que una idea se plantó en su cabeza. ¿Qué tal si todas las pistas estaban allí, justo en frente de ella? Pero un niño que sopla, ¿Eso qué puede significar? Quizá la respuesta no estaba en el niño sino en lo que él estaba haciendo que era soplar. Fue entonces cuando Lucía recordó que en el fondo del pasillo, encima de un mostrador con un florero había una pequeña ventana, la cual, estaba abierta la mayoría del tiempo. Corrió rápidamente hasta llegar al pasillo y sus zapatillas All Star negras resonaron cuando se detuvo al ver la ventana por la cual la suave brisa de la tarde estaba entrando. Sintió como un calor comenzaba a invadir su cuerpo y se quitó la chaqueta color mostaza para quedar con su remera celeste pálido y sobre esta, otra remera más larga color negra hecha de encaje. 

Se sentía más aliviada pero aun sentía calor y sus cabellos suelos no la ayudaban mucho.

Vuelve a mirar la imagen de su celular y lo siguiente era, "El viento que se convierte en plumas".

<< ¿Qué demonios significa eso? >> Fue lo que pensó hasta que volvió a mirar la imagen.

Lucía: Laquesis, Cloto, Átropos— Fue lo que dijo al mirar los siguientes dibujos. 

Volteo rápidamente hacia el otro lado para seguir con su mirada todo el trayecto del pasillo hasta toparse con el primer mueble de la sala que se podía apreciar a simple vista. Sobre un modular se encontraba una pieza de arte en la cual, su base estaba hecha de plumas de oro y de dentro de estas surgía una larga vara, la cual, representaba a Laquesis.

Caminó por el pasillo hasta llegar a dónde estaba la vara y comenzó a inspeccionarla en busca de alguna cuerda o algo por el estilo. El cuarto dibujo eran "Las plumas que se tornean para convertirse en cuerda". Estaba completamente segura de que hacía referencia a Cloto, la que crea el hilo del a vida. Se enfadó tanto al no encontrar lo que deseaba que por eso pateo la pared con el pie. Probablemente el golpe fue débil pero no tanto para los pequeños cristales del candelabro que colgaba por encima de la gran mesa de caoba. Fue entonces cuando notó que el candelabro era sostenido por una gruesa cuerda la cual estaba amarrada a un clavo de metal por detrás de la vara de Laquesis.

Lucía quedó totalmente asombrada que poco a poco iba resolviendo aquel pictograma y no tenía ni la más mínima idea de lo que iba a encontrar al final.

Lucía: ¿Qué es lo que hicieron? —Se pregunto a sí misma en voz alta.

Ahora la última que faltaba era Átropos, la madre de Lucía. Volvió a mirar la imagen en su teléfono y vio que lo que seguía eran piedras y flechas de oro... y allí, como si fuese una visión lo recordó. Un día cuando todavía seguían en el campamento Matt y Atticus, todos se habían reunido y Atticus se había puesto a jugar con una balanza, el símbolo por el cual se representaba a Átropos. Lucía se movió un paso hacia la derecha y pudo ver la balanza color oro de su madre, se apresuró rápidamente a llegar a ella. 

Lucía: No puedo creer que lo esté haciendo, ¡Lo estoy resolviendo! —Dijo alegremente.

Y así era, ya le faltaba poco. La primera parte hacía referencia a los semidioses, la segunda a las Moiras y ya sabía de ante mano que la tercera parte hablaba sobre los dioses.

Miró nuevamente la foto y vio que tenía que fijarse en la flecha que apuntaba hacia la izquierda. La balanza no poseía flechas pero sus extremos terminaban en punta. Siguió con su mirada la dirección en que apuntaba el extremo izquierdo y vio como señalaba hacia la biblioteca derecha.

Lucía: La biblioteca —Miró la imagen en su celular—. ¿El símbolo de los dioses? ¡Claro! Solo tengo que buscar un libro que hable solo de ellos.

Pero eso no era nada fácil, la mayoría de los libros que había allí eran sobre ellos. Eran tantos que Lucía no tendría tiempo para mirarlos a todos así que pensó que tenía que ser algo diferente. Estaba totalmente convencida de que habían sido las Moiras quienes crearon aquel pictograma ya que todas las pistas estaban en su cabaña, ¿Pero habían sido capaces de hacerte buscar en una inmensa biblioteca? Tenía que haber algo más pero la duda que había venido a la cabeza de Lucía se fue tan rápido como vino.

¿Y si aquella "U" invertida no significaba el símbolo de los dioses? ¿Qué tal si en realidad aquello significaba la letra Omega que en pocas palabras...

Lucía: Es la última letra del abecedario griego.

Se movió hacía el final del librero como flechazo y comenzó a observar todos los libros. Nada. ¿Se había equivocado nuevamente? Solo estaba a un paso de descubrir el enigma y no puede hacerlo por una tonta letra. De tan furiosa que estaba golpea el librero haciéndolo temblar pero a la vez, los oídos de la joven pudieron escuchar un "crack", como el sonido que hacen las ramas al ser pisadas.

Un botón había surgido del borde del librero, el cual, se encontraba justo al lado de un libro llamado <<The Olympians>>. Lucía se apresura a tocar el botón y sabe que el último dibujo que le queda por resolver era el ojo y estaba a segundos de descubrir lo que era.

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