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Capítulo 7: Somebody nobody wants


Capítulo hecho con mucho amor por el Día de San Valentín/Día de los Enamorados :3


Capítulo 7: Somebody nobody wants


Todos a los que veo

Parecen tener a alguien, excepto yo

Caminan tomados del brazo

¿Por qué la vida me trata tan mal?

Desearía que alguien me quisiera

Porque simplemente no quiero ser

Otro alguien al que nadie quiere

Somebody Nobody Wants, Dion.


Eran las cuatro de la madrugada y el sueño de Rose se vio interrumpido por una avasalladora sensación de sed. No renegó, porque observó el despertador y notó que de todas maneras ya era hora de levantarse, porque George se pondría a deambular por la casa en cualquier momento. Se calzó sus pantuflas y salió de su cama. Con discreción se asomó a la habitación de George, para ver si este ya se había levantado, pero aún seguía dormido, en su cama. Ella fue hasta la cocina a beber su vaso de agua, y al terminar de guardar el agua en el refrigerador, comenzó a escuchar unos susurros y unos pasos que se aproximaban.

"Rose... Rose..." clamaba la voz.

Rose sonrió.

—Estoy aquí, George —rio ella. Se acercó hasta él y lo tomó de la muñeca, para llevarlo con ella hasta la cocina.

— ¿Qué estabas haciendo, Rose? —inquirió George, curioso.

—Sólo bebía agua —respondió ella.

Pero luego observó sobre el hombro de George, y notó que la sala estaba repleta de bollos de papel.

—Qué extraño —susurró ella.

— ¿Qué sucede? —preguntó George, quien no estaba enterado de lo que ocurría.

—Nada, es que...

Antes de que Rose pudiese continuar, oyó una voz que provenía de fuera de la casa. Observó por la ventana de la cocina a la figura masculina que estaba de pie afuera, en la parte delantera de la casa. Era Paul pero... ¿qué hacía Paul despierto a esa hora? Rose se hizo esa pregunta, y decidió que lo mejor sería consultarlo con él. Pero recordó a George a su lado.

—George, lamentablemente no creo que podamos conversar hoy —dijo ella, observando a Paul.

—Pero ¿por qué? —preguntó George, confundido.

—Hay un asunto que debo atender, y preciso que te vayas a tu habitación. Lo siento —se disculpó ella— pero no te preocupes, mañana tendremos todo el tiempo del mundo para conversar.

«O al menos hasta que alguien despierte» pensó Rose.

—Está bien —rezongó George y se dirigió a paso lento a hasta su habitación, mientras que Rose abrió la puerta y salió afuera.

—Paul ¿está todo bien? —preguntó ella, acercándose. Él volteó.

— ¿Rose? —Preguntó sorprendido— ¿qué haces aquí?

Él estaba con el cabello algo revuelto, y la ropa que llevaba el día anterior. Al parecer no había ido a la cama. Sostenía un cigarrillo en una mano y sus ojos somnolientos se veían más somnolientos que de costumbre.

—Sólo fui hasta la cocina a beber un poco de agua y te vi. También noté la nueva decoración de la sala. No sabía que los bollos de papel eran la última moda en decoración de interiores —bromeó ella.

—Sí, lo siento —rio él— son míos. No fui a dormir porque pensé que tenía el asunto de los "Huevos Revueltos" resuelto, pero al parecer me equivoqué...

Ella lo observó confundida, por lo cual Paul tuvo que proseguir para explicar a qué se refería.

—Verás... hace unos años tuve un sueño. Soñé con una melodía, una melodía que no conocía. Como vivía en casa de Jane y allí tenía un piano cerca, lo primero que hice al despertar fue tocar la melodía y anotarla, para no olvidarla. Luego le pregunté a mis amigos si alguna vez la habían escuchado, porque tenía el temor de que tal vez la estaba robando... pero al parecer nadie nunca la había oído, al parecer, yo creé esa melodía en sueño.

—Eso es genial, Paul —se alegró Rose.

—Lo sé —sonrió él, y suspiró— el problema es que hasta el día de hoy, no puedo escribir una letra para esta melodía, y eso me está matando. Sólo logré pensar un título provisorio: Huevos Revueltos.

— ¿"Huevos revueltos"? —Rio ella— ese es un título interesante.

—Como dije, es sólo provisorio —recalcó él.

—Descuida, Paul —dijo Rose— estoy segura de que cuando sientas algo tan fuerte que necesites desesperadamente expresar, la letra fluirá sola.

—Creo que tienes razón. Gracias, Rose —sonrió él.

—No hay de qué, Paul —sonrió ella y lo abrazó— de todas maneras, "Cebollas verdes" de Booker T & The M.G.'s fue un gran éxito así que ¿por qué no habría de serlo "Huevos revueltos"?

Paul rio y abrazó a su prima. Apagó su cigarrillo y ambos ingresaron a la casa a dormir.



Liverpool, 1957

Por la mañana, Jim le había dicho a su hijo mayor Paul que estaría visitando a la tía Jin, así que ya sabía dónde encontrarlo. Las visitas a casa de la tía Jin eran frecuentes, más aún desde que había muerto la madre de Paul. Pero esta visita en especial se debía a que Mike, el hermano de Paul, había despertado con fiebre ese día, y como Mary era la que siempre se encargaba de cuidar a los niños cuando estaban enfermos, Jim estaba un poco desorientado, por lo que recurrió a la ayuda de su hermana Jin. Al parecer Mike tenía resfriado y para su suerte, faltó a la escuela. Y sin importar las súplicas de Paul, él sí tuvo que ir, después de todo, él estaba sano.

Cuando salió de la escuela, se subió al autobús y se sentó junto a su amigo George, con quien platicaba durante todo el trayecto a casa. Paul y George se habían conocido ese mismo año, en ese mismo autobús. Iban a la misma escuela, sólo que Paul era un año mayor. Su amor por la música los había unido, especialmente por el rock and roll, y desde allí entonces fueron buenos amigos. Al recordar que debía ir a casa de su tía Jin, Paul se iba a bajar en una parada diferente, y le preguntó a George si quería ir con él. Como George quería posponer su llegada a casa lo más posible ese día —su maestro de Historia lo había atrapado dibujando guitarras y le dio una tunda que su padre luego repetiría al enterarse— no dudó un minuto y accedió a irse con Paul. Cuando llegaron, la casa olía a galletas, y eso a George le agradaba. La tía de Paul era una mujer agradable a la cual, a diferencia de muchos adultos, no trató a George con repulsión cuando supo que le agradaba el rock and roll. Al contrario, dijo que a ella también le gustaba, por lo que se ganó la simpatía de George al instante. Saludaron al padre de Paul, y Paul luego preguntó por una tal Rose. Si bien a George le causaba curiosidad, no sintió que fuese correcto preguntar en aquel momento. La tía Jin había dicho que ella se encontraba en la ducha, con lo cual Paul pareció satisfecho, y llevándose unas galletas y jugo se dirigió al patio trasero con George, donde practicaron algunas canciones con sus guitarras. Pero de un momento a otro, apareció alguien en la puerta que daba con el patio.

— ¡Paul! ¡Llegaste! —exclamó Mike, quien se cubría con una manta. — ¡Hola George!

Mike se iba a acercar a saludar a George, pero Paul se lo impidió.

— ¿Y tú a dónde crees que vas, apestoso? —preguntó Paul, cubriéndose el rostro con el brazo, para "evitar los gérmenes". —Tú deberías estar en la cama. Estás enfermo.

—Lo sé, pero quería ver qué hacían —explicó Mike y estornudó.

—No estamos jugando, Mike, estamos practicando. Será mejor que vuelvas a la cama —lo reprendió Paul.

—Pero me quiero quedar con ustedes —se quejó su hermano.

Paul suspiró, fastidiado. Amaba a su hermano, pero a la vez era cruel con él porque, bueno, era su hermano, y es así como todos los hermanos se llevan.

— ¡Rose! —gritó Paul.

En cuestión de segundos, salió del interior de la casa una chica de unos trece años, la misma edad de Mike. Tenía el cabello castaño lacio por encima de los hombros, ojos color avellana como los de su primo y un rostro salpicado con dulces pecas. Llevaba puesto un vestido amarillo limón y George la contempló, sintiendo en el fondo de su corazón que ella era la chica más bonita que había visto.

— Hola Paul —saludó ella y luego notó que su primo tenía compañía— ¿quién es tu amigo?

—Rose, él es George. George, ella es mi prima, Rose —los presentó Paul y ellos se dieron un apretón de manos.

—Un placer conocerte, George —lo saludó ella alegremente.

George se limitó a sonreír, nervioso.

—Rose, necesito que te encargues de algo —demandó Paul, haciendo un gesto con la cabeza en dirección a Mike.

Rose rio.

—Mike, será mejor que ingresemos a la casa ¿sí? —sugirió ella.

—Pero yo me quiero quedar aquí —protestó Mike con una mueca y volvió a estornudar.

—Lo sé pero, no podemos. Paul y George están practicando, y no quieren que los interrumpamos. Además estás enfermo, Mike, no es bueno que salgas afuera así —le recordó.

—Hazle caso a Rose, apestoso —se burló Paul.

—No me digas apestoso. Tú eres el apestoso —contradijo Mike, pero un nuevo estornudo decía lo contrario.

—Si ingresas a la casa ahora, te prometo que más tarde te mostraré los acordes de la nueva canción que me aprendí: "Peggy Sue". ¿Es un trato? —sonrió Paul.

Mike sonrió también, en señal de satisfacción por lo pactado.

—Nos vemos luego Paul, nos vemos luego George —se despidió Rose, y luego de que Mike se despidiera también, ambos ingresaron a la casa.

Paul y George continuaron practicando con sus guitarras, a pesar de que éste último seguía pensando en la prima de su amigo. Pero un estornudo lo sacó de sus pensamientos. Paul lo observó.

—Algo me dice que tu padre te dará dos tundas hoy, Harrison: una por dibujar guitarras en clase, y otra por apestoso —comentó Paul divertido y ambos rieron.



Londres, 1965

Ya había amanecido. Los Beatles y las chicas de la casa salían de sus habitaciones para prepararse para el comienzo del día. Paul no iría al estudio hoy, porque por más que quería hacerlo, su prometida le había insistido para que se quedara y durmiera un poco, porque había pasado la noche en vela en un vano intento por completar su preciada canción. Y hablando de la prometida de Paul, ésta se dirigió al baño y lanzó un grito que alertó a los demás integrantes de la casa. Cuando corrieron a ver qué ocurría, encontraron a la pelirroja riendo a carcajadas.

Por algún extraño motivo, George estaba durmiendo en la tina. Y al ver la escena, los demás también rieron, después de todo, no era algo que se veía todos los días. Rose se preguntaba qué estaba haciendo George en la tina, y luego recordó que, aunque le había dicho a George que regresara a su habitación la noche anterior, ella salió de la casa sin corroborar antes que George ingresara en la habitación correcta, y debido a eso, George pasó la noche en el baño, creyendo que era su habitación. John y Ringo ayudaron a su amigo a ponerse de pie y no pudieron contenerse de gastarle varias bromas, pero Rose no rio, ya que no pudo evitar sentirse culpable de que George durmiera tan incómodamente. Pero la noche siguiente, cuando George deambulaba por la casa, lo primero que hizo Rose fue disculparse. George rio y aunque confesó sentirse avergonzado al despertar en la tina, le dijo que no era su culpa. Él siempre era muy dulce con Rose cuando estaba dormido, y ella apreciaba eso. Y como esa noche hacía calor y afuera estaba fresco, ella tomó de la muñeca a George y fueron sigilosamente hasta la Casa Verde. Las estrellas brillaban, los grillos cantaban y todo alrededor era paz y quietud. Los jóvenes estaban conversando, sentados uno frente al otro.

— ¿Cómo es que todos vinieron a parar aquí, George? —preguntó ella. —Ya saben mi historia, pero yo no sé la de los demás.

—Con gusto te responderé —sonrió— Ringo y Mo se casaron en febrero, presionados por lo del bebé. De todas maneras se iban a casar tarde o temprano, es sólo que el embarazo de Mo apresuró un poco los planes. Como sea, compraron una hermosa casa pero lamentablemente, requiere de mucho mantenimiento antes de poder ser habitada, porque es una casa antigua. Por eso están aquí. Lo de John y Cyn es algo parecido. De un día para el otro aparecieron termitas, por lo que tuvieron que irse hasta que las exterminaran. Pero John quiso aprovechar para hacer unas remodelaciones, así que no podrán volver en un buen tiempo. Y bueno, Paul y Jane son los que compraron esta casa, así que es lógico que ellos vivan aquí.

— ¿Y qué hay de ti? —cuestionó Rose— ¿cuál es tu historia?

George hizo silencio por unos segundos.

— ¿Dije algo malo? —preguntó la joven, notando la incomodidad de George.

—No, es sólo que... —comenzó a decir George— es un tema algo delicado para mí. Pero como esto es un sueño, no veo por qué no podría contártelo.

—No hay necesidad si no lo deseas —se apresuró a decir Rose.

—Descuida, confío en ti —dijo George, esbozando una pequeña sonrisa que Rose imitó. —Vine aquí por mi ruptura con Pattie. Ella y yo terminamos el año pasado. Cuando la conocí, ella estaba comprometida con un sujeto, pero al parecer mi insistencia rindió frutos porque terminó dejándolo para estar conmigo. Estuvimos juntos un año. Sé que suena poco, pero para mí fue un gran año. Estaba muy enamorado de ella. Y ella también estaba enamorada de mí, pero... tenía sus reservas. Aún amaba al otro sujeto, yo lo sabía, y se hizo más evidente aun cuando me dejó, diciéndome que volvería con él, porque tenían su historia y esas cosas. Quedé destrozado. Me sentía muy solo, y los chicos lo sabían, es por eso que Paul me ofreció venir a vivir aquí por un tiempo. Sé que es patética, pero esa es mi historia.

—No, no es patética, George. Al contrario, es comprensible el que hayas querido venir a vivir con tus amigos para no sentirte solo. Yo hice lo mismo. No por los mismos motivos, pero sí con el mismo fin: para no sentirme sola —lo consoló ella.

George le sonrió y lo que restó de la noche se lo dedicaron a temas más agradables.

Al día siguiente los Beatles se tomaron el día libre para poder pasar un tiempo con sus chicas. Pasaron todos juntos la tarde en la Casa Verde. John estaba con Cyn y con su hijo Julian. Él le enseñaba a Julian los ruidos de los animales, y Cyn reía. Ringo y Mo también reía con las payasadas de John, pero a la vez se concentraban el uno en el otro. Ringo y Mo eran los recién casados, y no podían estar separados ni un minuto. Ringo acariciaba la barriga de su esposa mientras ella sonreía. En cambio Paul estaba sentado junto a ellos, pendiente de la puerta. Al fin que Paul tenía un día libre, Jane se había ido a trabajar, pero al menos le prometió que volvería temprano. Rose estaba junto a su primo, haciendo algunas bromas, y George estaba alejado, sentado en un árbol a metros de la Casa Verde, observando todo a la distancia.

Repentinamente, Paul se puso de pie y corrió hasta la puerta. Su novia había llegado. Le plantó un beso en los labios y le dijo cuánto la había extrañado. Debido a sus trabajos, no pasaban tanto tiempo juntos como los demás, pero cuando lo hacían, no desperdiciaban ni un minuto. Jane saludó a los demás y se sentó junto a ellos. Saludó a George de lejos, y le sugirió si no quería acercarse a estar con el resto de los chicos, pero este se negó gentilmente. George se sentía solo y lo que menos quería hacer era presenciar de cerca las muestras de cariño entre las parejas.



Liverpool, 1957

La madre de George le había ordenado que vaya a hacer las compras. Leche, huevos, tomates y pan eran lo que no debía olvidar. Caminaba por las calles mientras pateaba algunas de las piedras que se le atravesaban en el camino. George se había resistido a ir a hacer las compras porque su estado de ánimo no era el mejor ese día, pero no tuvo otra opción que ir. Se encontraba algo triste porque había oído a una chica de su clase hacer comentarios groseros sobre él, y sus palabras aún resonaban en su cabeza. Mientras caminaba, notó que los chicos habían comenzado a salir de la escuela que estaba a algunas calles, y oyó una voz que se le hizo familiar.

— ¡George! —lo saludó la voz, desde lejos. Él se acercó hasta ella.

—Rose —sonrió George— ¿cómo estás?

—Yo estoy bien, gracias ¿qué hay de ti? —preguntó ella, dándole un abrazo. Rose era una chica muy cariñosa.

—Bien, gracias por preguntar —respondió él y observó el uniforme de la chica— ¿así que vas al Bankhall?

—Así es. Cuando hacía la primaria iba a Dovedale, pero cuando pasé el Eleven Plus comencé a ir al Instituto Bankhall para chicas —explicó.

— ¿Dovedale? Yo también hice la primaria allí —comentó George y ambos se alegraron ante la coincidencia— y cuando pasé el Eleven Plus comencé a ir al Instituto Liverpool para chicos, como Paul.

Para los que se lo pregunten, el Eleven Plus era un examen que se les tomaba a los niños entre once y doce años para saber a qué tipo de escuela debían asistir. No muchos lograban pasar el examen, pero los que lo hacían, tenían la oportunidad de asistir a buenas escuelas según las habilidades que tenía cada estudiante. George y Rose hablaron sobre eso y muchas cosas más mientras caminaban hasta la casa de ella. George insistió en cargar los libros de la chica y ella accedió, sintiéndose halagada. Pero durante el trayecto, Rose notó algo en George.

—Te noto diferente, George —mencionó ella— ¿ocurre algo?

George suspiró.

—No es uno de mis mejores días —confesó. —Oí a una chica en mi escuela que estaba hablando no muy bien de mí. Dijo... ella dijo que era feo —comentó cabizbajo.

— ¿Ella dijo eso? ¡Qué grosera! —exclamó Rose.

—Bueno, no es la única. Simplemente no le gusto a las chicas —dijo observando sus zapatos— ellas se burlan de mis cejas, de mis orejas y de mis dientes.

—Pues esas niñas son... son... ¡unas tontas! Eso es lo que son —espetó Rose, molesta. —No les hagas caso, George.

—Pero tienen razón. Siento como si nadie nunca fuera a quererme —dijo él, aún sin apartar la vista del suelo.

—No, no tienen razón —dijo ella indignada— y no quiero que vuelvas a decir eso. Alguien siempre te querrá, George, no importa que los demás crean que eres lindo o feo, alguien siempre te va a querer por lo que en verdad importa, que es tu interior. Además, no eres feo, George. Y no veo qué problema hay con tus orejas o con tus dientes o con tus cejas. A mí me gustan —dijo ella, acariciando su hombro.

Él levantó la vista.

— ¿En verdad crees que no soy feo? —preguntó, sus ojos oscuros centellando.

—No, no lo eres, no te preocupes por eso, George —sonrió Rose, y finalmente logró sacarle una sonrisa a George.

Habían llegado hasta la casa de Rose y su madre salió a la puerta, pidiéndole a Rose que ingresara porque necesitaba su ayuda con algo. George le entregó sus libros y ella le agradeció por haberla acompañado hasta su casa.

—Y recuerda no hacerle caso a esas niñas, sólo dicen tonterías. Necesitas rodearte de personas que en verdad sepan lo asombroso que eres. Y yo lo creo —sonrió.

Luego lo abrazó, despidiéndose, y le susurró en el oído:

—Quédate a mi lado y todo estará bien.

Y dicho eso se fue y le sonrió una última vez antes de ingresar a su casa. George también le sonrió, porque ella lo había hecho sentir mejor. Pero ahora había otro problema.

¿Qué era lo que debía comprar?



Londres, 1965

George permanecía en silencio, observando como las parejas disfrutaban de su mutua compañía en la Casa Verde. Estaba sentado en el césped, recargado en un árbol, mientras pensaba en lo que le había contado a Rose en su sueño la noche anterior. Habían pasado meses, pero la ruptura con Pattie aún le dolía. Aunque tal vez no se debía tanto a Pattie, sino más bien a la sensación que esto le provocaba. Esa sensación que tenía desde que era un niño, de que nunca nadie jamás lo querría en realidad. Al estar con Pattie esa sensación se había desvanecido pero ahora aquella amargura había vuelto. Estaba solo y ninguna chica lo quería. O eso creía él.

— ¡George! —exclamó Rose y se le acercó junto con Julian. —Con los chicos vamos a jugar a las escondidas ¿te nos unes?

—No, gracias —dijo él, rechazando la oferta.

—Vamos, George, será divertido. Por favor —le suplicó ella.

George vio al pequeño Julian y le causó ternura.

—Está bien —accedió.

Como Julian quería jugar a las escondidas y no había ningún niño de su edad cerca, a los demás les pareció divertido jugar con él. Inclusive Martha se unió al juego. Las parejas se ocultaron juntos, Ringo y Mo en un lugar, Paul y Jane en otro, mientras que Cyn con Julian, mientras John contaba. Los jóvenes reían divertidos, ya en sus escondites, aunque tuvieron que contener su risa para que John no los oyera. George aún no hallaba un escondite adecuado hasta que decidió esconderse detrás del robusto árbol que se encontraba en el patio delantero de la casa. Pero al parecer no era el único.

—Lo siento, no sabía que estabas aquí —se disculpó él al notar que Rose se había escondido detrás del árbol.

Se disponía a irse, pero ella lo tomó del brazo y lo detuvo.

—No hace falta que te vayas. Cabemos los dos y John no podrá encontrarte —se apresuró a decir ella.

Al ver a George vacilar, agregó con una cálida sonrisa:

—Quédate a mi lado y todo estará bien.

Esas palabras le dieron escalofríos a George, trayéndole el recuerdo de aquella tarde del '57 en la que Rose le había subido el ánimo. Al ver los ojos de la joven, él no pudo evitar sonreír, sintiéndose reconfortado.

Ella tenía razón. A su lado, todo parecía estar bien.


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¡Feliz día de San Valentín adelantado, amores!

Espero que la pasen muy bien con sus seres queridos n.n

PD: ¡The Night Before superó los 1k! ¡Muchas gracias! :')

Las adoro.

Con cariño,

Ella ♥

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