Capítulo 2: Baby's in black (Parte I)
¡Feliz Navidad amores!
Espero que la estén pasando bien con las personas que aman (no, con los Beatles no 7u7 con sus familias).
Como verán, el capítulo lo dividí en dos partes porque me había quedado más largo de lo planeado xd. Pero el domingo subo la segunda parte.
PD: Amé el video. John con sus movimientos raros y George coqueteándole a las fans e.e Hay una parte en la que Paul parece que se equivoca y hace una cara rara y después saca la lengua *-* Ay estos biruls *-*
Les deseo lo mejor.
Con cariño,
Ella ♥
Capítulo 2: Baby's in Black
❝Oh cielos ¿qué puedo hacer?
Mi chica está de luto
Y yo me estoy sintiendo triste
Díganme, oh ¿qué puedo hacer? ❞
Baby's in Black, The Beatles.
Ya estaba amaneciendo, por lo cual las aves cantaban en la ventana de la habitación que actualmente ocupaba Rose pero que pronto abandonaría. Ellas no habían comenzado a cantar hacía un par de minutos, sino más bien hacía más de media hora. Rose sabía esto porque estuvo despierta escuchando su pequeño concierto. No le desagradaba, en realidad le parecía bello el cantar de los pequeños plumíferos. Le parecía una bonita forma de despertar que había presenciado pocas veces, porque no solía despertarse a las cinco de la mañana. Aunque «despertar» no era la palabra indicada, porque no había podido dormir mucho, sólo algunos minutos en total en toda la noche. Se levantó de la cama y abrió las cortinas para que ingrese algo de luz natural a la habitación. Se cubrió la boca para bostezar y tomó la ropa que había preparado el día anterior para llevarla al baño, asegurándose antes de que no haya nadie alrededor, porque estaba aún usando su camisón, ese típico camisón de chiffon de principios-mediados de los 60s que era corto y esponjado. En realidad no sería un gran escándalo verla en camisón, pero el tío Jim era alguien muy formal y tal vez no creería apropiado que su sobrina se ande paseando por allí en su ropa de dormir. Si bien el camino al baño era de tan sólo unos metros, alguien la encontró.
—Buenos días, princesa —la saludó Paul, encontrándosela en el pasillo.
—Difícilmente es de día aún, pero aun así acepto tu saludo. Buenos días Paul —saludó ella, acercándose y dándole un beso en la mejilla.
— ¿Es eso un reproche porque no te dejé dormir más tiempo? —preguntó él, recargado en la pared, con las manos en los bolsillos de su pantalón.
—No en realidad, apenas pude dormir, así que no me quejo —respondió.
—Lamento oír eso —dijo él— pero seguramente podrás dormir en el auto. ¿Quieres té?
—Sí, por favor —aceptó— gracias. En unos minutos saldré de ducharme.
—Tomate tu tiempo —le sonrió gentilmente Paul y se fue a la cocina.
Salida de la ducha, dejó que la toalla secara su cabello unos minutos para después secarlo con el secador. No se hizo nada elaborado, sólo le dio un poco de volumen en la parte trasera, como era lo usual, y lo dejó suelto, cayendo sobre sus hombros. Delineó sus ojos un poco con negro y se puso su labial rosado Slicker de Yardley. Peinó bien su flequillo, recogió sus pertenencias y las colocó en la maleta, como había hecho con las demás.
— ¿Ya te vas? —preguntó la pequeña Ruth desde la puerta de la habitación. Tenía su muñeca de trapo en una mano, y utilizaba la otra para restregarse un ojo, por el sueño.
— ¿Qué haces levantada tan temprano, Ruthie? Aún no tienes escuela —dijo Rose, dándole un beso en la frente. Ruth se sentó en la cama, junto a la maleta de su prima, y sus pequeños pies colgaban.
—Ya sé, pero los oí a todos despiertos y me desperté yo también —explicó ella, peinando a su muñeca.
— ¿Todos? ¿El tío Jim y Angie también están despiertos? —preguntó Rose y la niña asintió— bueno, vamos con ellos entonces.
Ruth dio un salto para poder bajar de la cama y acompañó a Rose hasta la cocina. Era cierto, Jim y su esposa Angie estaban despiertos al igual que Paul pero ¿por qué? Jim se había retirado, así que no tenía razón por la cual despertarse tan temprano. Tal vez se debía a la costumbre, o que en realidad no había podido dormir bien, como Rose. Ella ingresó a la cocina y saludó a todos, al igual que Ruth. Cuando le preguntó a sus tíos por qué se habían despertado tan temprano, ellos dijeron que deseaban despedirla adecuadamente. Luego fueron a su habitación, dejando a Paul y a Rose a solas, desayunando.
—Esos no fueron "unos minutos", sabes —reprochó Paul, porque Rose se había tardado más de media hora en el baño.
—Lo siento —rio ella— ¿necesitabas el baño?
—No, yo ya había ido, no te preocupes. Por cierto, aquí está tu té —dijo depositando las dos tazas de té en la mesa. Ella le puso dos cucharadas de azúcar, y Paul hizo lo mismo.
—Tú ya sabes que no pude dormir bien anoche pero ¿qué hay de ti? ¿Cómo estuvo el sofá?—preguntó Rose, revolviendo con su cuchara. Por más que le había insistido a Paul que tome la cama, él prefirió dormir en el sofá.
—A mí también me costó dormir al principio —respondió depositando su cuchara a un lado— pero con todo el trabajo que tengo, cada vez que tengo oportunidad de dormir, la aprovecho.
—Y de qué manera... siempre tuviste el sueño pesado, dormilón —rio Rose y él igual.
—Además el sofá es extremadamente cómodo. Dormí como un bebé, por lo que no tengo quejas —dijo sorbiendo un poco de su té.
—Te odio —masculló ella, sonriendo y tomando de su té.
—Es una pena, porque yo te adoro —le sonrió él.
Continuaron desayunando y platicando hasta que llegó la hora de partir. Por más que le habían insistido a Ruth para que vuelva a su cama, no hizo caso porque ella también quería estar despierta para despedir a Paul y a Rose. Paul fue quien se despidió de todos primero para poder ir a sacar el auto de la cochera. Los abrazó y les dijo que volvería a visitarlos cuando tuviera tiempo. Ruth le dijo que lo iba a extrañar, y le pidió que se despidiera de su muñeca. Paul sin dudarlo les dio un gran beso en la frente a las dos, y Ruth le dio uno en la mejilla. Cuando Paul fue a buscar su auto, Rose aprovechó para despedirse también. Le agradeció a sus tíos por su hospitalidad y les deseó mucha suerte con su nueva vida juntos. Ruth la abrazó fuertemente y ella le correspondió. Angie dijo que se había olvidado algo en la cocina y corrió a buscarlo. Cuando volvió, tenía en sus manos un recipiente con comida en su interior. Dijo que su madre les había preparado unos sándwiches de mazapán para el viaje. Jim dijo que se encargaría de la venta de la casa de Rose, y ésta le agradeció hasta que su primo tocó la bocina, anunciando que todo estaba listo para irse. Paul le abrió la puerta del auto y cuando ingresaron, ambos agitaron sus manos en señal de despedida, mientras el auto arrancaba y se alejaba de la casa de los McCartney.
— ¿Qué es eso que traes allí? —preguntó Paul con las manos en el volante, dándole un vistazo a lo que tenía su prima sobre su regazo.
—Oh, es que Angie me dijo que su madre nos había preparado algo para el viaje. Sándwiches de mazapán —respondió ella.
— ¿Caseros? —preguntó él. Ella asintió. —Confiscados entonces —declaró él, quitándole a Rose el recipiente y colocándolo sobre sus piernas.
— ¿Y qué es eso que llevas allí? —preguntó ella, refiriéndose a la manta que Paul llevaba en su regazo, ahora debajo de los sándwiches.
— ¿Esta manta? Oh, la traje para ti —respondió, entregándosela— como me dijiste que no habías podido dormir bien, pensé que podías dormir en el auto. Y no quería que tengas frío mientras lo hacías.
—Qué considerado, muchas gracias primo —sonrió ella y se cubrió con la manta.
— ¿Estás bien aquí en el asiento delantero? ¿No estarías más cómoda durmiendo atrás? —preguntó Paul.
—No, no te preocupes, estoy bien aquí —respondió ella cerrando sus ojos. Paul revolvió su cabello cariñosamente y volvió su vista al camino, mientras Rose intentaba descansar.
Lo cierto es que Rose no había podido dormir bien en el auto tampoco, no porque este sea incómodo, sino porque el sueño no venía a ella como hubiese deseado. Sin embargo se mantuvo con los ojos cerrados, porque si los abría, le sería incluso más difícil intentar dormir después. Por momentos perdía el sentido, es decir, no se desmayaba, pero caía ante Morfeo y lo que ocurría alrededor pasaba a segundo plano, y así estuvo gran parte del viaje, entre el sueño y la vigilia. En un momento determinado, sintió cómo Paul había comenzado a acelerar. Abrió sus ojos y notó a su primo comiendo vorazmente los sándwiches que les había preparado la madre de Angie.
—Paul ¿estás bien? —preguntó ella, restregándose los ojos.
—Sí, perfectamente —respondió él, con la boca llena. Tenía un sándwich en una mano y el volante en la otra.
Inesperadamente, Paul dio un giro rápido e ingresó a la gasolinera que se encontraba más cerca. Detuvo el auto y le dijo a Rose que esperara un segundo, porque tenía que hacer una llamada urgente. Rose esperó unos minutos y observó el recipiente en donde Angie había guardado los sándwiches. Cuando Paul regresó, ella estaba horrorizada.
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