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Capítulo 16: All I have to do is dream

 Capítulo 16: All I have to do is dream


Cuando me siento triste, en la noche,

Y te necesito, para que me abraces,

Cada vez que te deseo, todo lo que tengo que hacer es soñar.


Puedo hacerte mía, saborear tus labios de vino,

A cualquier hora, noche o día.

El único problema es, santo cielo,

¡Que me paso la vida soñando!


Te necesito tanto, que podría morir.

Te amo tanto, y es por eso,

Que cada vez que te deseo, todo lo que debo hacer es soñar

All I Have to do is Dream, The Everly Brothers.



—George, yo... yo quiero besarte —susurró dulcemente la joven.

George permaneció en silencio unos segundos, no pudiendo creer lo que oía. No creyó jamás que Rose quisiera besarlo.

— ¿Lo dices en serio? —preguntó George, que ya sentía su corazón latir más rápidamente.

—Sí —respondió Rose con timidez. —No me has dicho qué sientes por mí, pero yo tampoco te lo he dicho, así que me parece justo que ninguno de los dos lo diga... al menos no hoy. Así que quiero besarte, pero sólo si no debo decirte el porqué, ¿está bien?

George se apresuró en asentir y Rose rio, pero de nervios. Estaban sentados uno frente al otro, muertos de miedo, como si fueran dos niños a punto de dar su primer beso. Estaban de hecho más nerviosos que la última vez. Ambos estaban petrificados, lo cual no ayudaba mucho, ya que alguien debía hacer el primer movimiento después de todo. George se aclaró la garganta y Rose suspiró, pero ninguno hacía nada. Martha, que estaba sentada a un lado contemplando todo (o más bien, nada), ladró.

— ¡Shh! —susurró George. —Está bien, está bien, Martha. Ya entendimos. No presiones.

Uno delante de otro, con la mirada al frente. Aún muertos de miedo. Aún sin hacer nada. George volvió a hablar.

—Sabes, si estás haciendo esto para hacerme un favor... no hace falta ¿eh? —dijo el muchacho nervioso.

— ¿De qué hablas? —preguntó Rose.

—Es que te estuve insistiendo demasiado con lo del beso, y comprendo que he sido muy molesto, y quiero disculparme y decirte que no hace falta que lo hagas si no quieres. Te prometo que te dejo de molestar y no va a ser necesario que me beses —explicó, titubeando de vez en cuando al hablar.

— ¿Acaso te estás acobardando justo ahora, George Harrison? —dijo Rose incrédula. —Porque si yo ya accedí, no te puedes arrepentir ahora.

—No me estoy acobardando —se defendió George— es que no quiero que hagas algo que tú no quieres.

—Pero yo sí quiero besarte. ¿Tú ya no quieres besarme? —preguntó Rose algo temerosa.

—Sí quiero. Quiero besarte. De verdad quiero —respondió George sin dudar.

—Entonces no me tengas miedo que yo no muerdo —indicó Rose. —Bueno, a menos que a ti te guste eso.

George se estremeció al oír aquel chiste atrevido de parte de Rose. Sus mejillas se tornaron carmesí tan rápido que no pudo ocultarlo y una sonrisa nerviosa se dibujó en su rostro. Rose creía que se veía realmente lindo así.

—Supongo que yo debería acercarme primero, ya que fui yo el de la idea ¿no es así? —preguntó George.

Rose le dijo que sí y ambos hicieron silencio. Un muchacho y una muchacha. Uno sentado frente al otro. Muertos de miedo y sin hacer nada, hasta que el muchacho tomó coraje y se fue acercando hasta ella. Ella lo vio y fue cerrando los ojos a medida que él se acercaba. Sintió su mano sujetar dulcemente su rostro y su respiración estaba tan cerca de la de ella, que él ya no pudo soportarlo más. Así se entregó al impulso de deshacerse de ese espacio que los separaba y la besó.

Los labios de Rose eran exactamente como los había imaginado; suaves, dulces y embriagadores como el vino. Ella estaba embelesada por la gentileza con la que George la besaba; jamás había conocido a nadie que la hiciera sentir de esa manera. Cuando se apartaron, él le dio otro beso, pero esta vez en la mejilla, que fue tan cálido y delicado que se sintió como la más dulce de las caricias.

Un beso siempre es más que un simple beso, y este caso no fue la excepción. La luna y las estrellas fueron testigos de ello, y con su camino de luz guiaron a los dos jóvenes nuevamente al interior de la casa.



Cuando los rayos del sol traspasaron la ventana y alumbraban su cara, George se dio cuenta de que tenía que despertarse, ganándole a su despertador. ¡Si hubieran visto la sonrisa en su rostro antes de abrir los ojos! Él definitivamente estaba feliz. Al parecer había dormido muy bien, pero su sonrisa no tardó en borrarse. De hecho, cuando abrió los ojos, su sonrisa era cosa del pasado, al igual que su buen humor. Pero intenten comprenderlo, ¿pues me dirán acaso que no es terrible cuando sueñas algo maravilloso que planeas recordar por el resto del día pero que, apenas despiertas, te lo olvidas? Eso era exactamente lo que ocurría. El recuerdo de su increíble sueño se había desvanecido apenas despertó, y por más que se esforzara por recordar, ya no podía hacerlo. Qué podría haber soñado para haber estado tan feliz, no lo sabía. Pero moría por recordarlo. Mientras tanto, tuvo que alistarse para ir a trabajar.

Aquel día era día de "Lleva tu pareja al trabajo". O al menos eso habían decidido las chicas de la casa, ya que deseaban conocer a los hermanos Everly en persona. Luego de Elvis, los Everly Brothers habían sido los artistas de rock más exitosos de los años cincuenta, y aún conservaban ese éxito. De hecho, tanto el Rey como los Everly figuraban en las primeras posiciones en las listas de éxitos de ese mes en el Reino Unido. Los ingleses los adoraban, y por supuesto, los Beatles. Los dos hermanos habían sido una gran influencia para los Fab, a tal punto de hacerse llamar "los Everly Brothers ingleses" a principios de su carrera. John y Paul eran quienes más los admiraban de los cuatro, y para el día de la presentación, John no permitió que su resfriado le impidiera conocerlos y salió de la cama, arreglándose lo más que pudo. Y Paul había estado recorriendo todas las tiendas de la ciudad para encontrar un traje que lo hiciera ver bien. Un buen traje jamás le hace daño a un hombre después de todo.

Los chicos decidieron ir en taxis para no llamar mucho la atención. Dos en cada uno. Se dirigían a los estudios de Rediffusion en donde harían las pruebas de sonido primero. Aún faltaba para la hora de la transmisión, pero ellos quisieron adelantarse para ensayar un poco. No eran necesariamente perfeccionistas en aquel entonces, pero era bien sabido que a nadie le gustaba hacer el ridículo en televisión en vivo, y mucho menos en frente de los hermanos Everly, de los cuales hablaban en los taxis.

Taxi 1

Ringo: ¿Puedes creer que finalmente conoceremos a los Everly?

George: Es una locura. Ya quiero verlos tocar.

Ringo: Yo igual.

Taxi 2

Cynthia: ¿Crees que sean agradables? Parecen serlo.

Maureen: Eso espero. Seguramente Don se verá muy apuesto.

Cynthia: Estoy segura que sí, siempre lo es.

Taxi 3

Rose: ¿Crees que pareceré muy tonta si les pido un autógrafo?

Jane: No lo creo, no vas a ser la única. Muero por ver a Phil, es tan lindo.

Rose: Lo sé. Me encanta cuando sonríe, luce adorable.

Taxi 4

Paul: OH POR DIOS, JOHN, ¡OH POR DIOS! ¡LOS CONOCEREMOS! ¡LOS CONOCEREMOS!

John: OH POR DIOS LO SÉ, ¡LO SÉ! ¡¿QUÉ SE SUPONE QUE LES DIGA?!

Paul: NO LO SÉ, ¡NI SIQUIERA SÉ SI PODRÉ HABLAR! ¿CÓMO LUZCO, JOHN? ¿ESTOY BIEN? ¿SE ENSUCIÓ MI ROPA? ¡FIJATE BIEN, PORQUE SI ME VEN QUE...!

John: ¡ESTÁS BIEN, ESTÁS BIEN! ¿QUÉ HAY DE MÍ? ¿MI ROPA ESTÁ BIEN? ¿QUÉ HAY DE MI CABELLO? DIOS, PAUL, ¡MI CABELLO! ¿CÓMO LUCE?

Paul: Está un poco desarreglado aquí... listo, ya está. ¿QUÉ HAY DEL MÍO? ¿ESTÁ BIEN? POR FAVOR DIME SI MI CABELLO SE VE MAL, ¡CREO QUE ME DESMAYARÉ!

John: ¡YO TAMBIÉN! AY DIOSITO Y LA VIRGEN SANTA, ¡NECESITO AIRE!

Apenas pusieron pie en el estudio, la gente se agrupó alrededor de los Beatles. Trabajaba mucha gente joven detrás de cámara, así que todos estaban al tanto de que vendrían los Beatles y los recibieron afectuosamente. La lucha interna entre el fanatismo y el profesionalismo no era algo que sólo los que trabajaban en el programa conocían; los mismos Beatles la estaban experimentando aquel día después de todo. Y en muchas otras ocasiones también, aunque hoy aquella lucha se había vuelto particularmente difícil. Y hablando de luchas internas, George aún intentaba recordar su sueño sin éxito alguno. Quería dejar de pensar en eso, pero no podía. Había empeñado esfuerzo y su buen humor en eso. Prefirió estar solo la mayor parte del tiempo ya que no sentía ánimos de aportar nada interesante a las conversaciones, y las conversaciones no podían aportar nada que le resultara interesante a él.

En el otro lado de la habitación, sin embargo, había unas dos chicas que sí necesitaban conversar. Rose había apartado a Jane de los demás porque necesitaba contarle a alguien lo que había pasado la noche anterior, y ya que Jane sabía todo al respecto, se había vuelto su confidente. Jane la notó extraña, y si bien le costó bastante lograr que diga algo, al fin logró la confesión.

—Besé a George —soltó Rose rápidamente, con sus grandes ojos avellana puestos en Jane. Ni siquiera respiró o parpadeó cuando lo dijo.

— ¿George Consciente o George Subconsciente? —preguntó Jane automáticamente.

—Subconsciente, ¿por qué iba a besar al Consciente? —dijo Rose.

— ¿Por qué habrías de besar al Subconsciente? ¡Está dormido! —protestó Jane alzando un poco la voz.

— ¡Shh! —chistó Rose y bajó ella misma su tono de voz— ¡lo sé, lo sé! —susurró. —Sé que no debí haberlo hecho.

—Yo nunca dije eso —se apresuró a decir Jane, que tenía alma de celestina.

—Pero no está bien que lo haya hecho —repitió Rose. —Siento como si me hubiera aprovechado de él. No es correcto.

—Pero él también quería besarte ¿o no? —preguntó Jane.

—Sí, pero eso no quita que haya estado dormido. ¡Podría haberlo despertado! —susurró alarmada. —La gente dice que no hay que despertar a los sonámbulos, que es perjudicial para ellos. ¿Y si lo despertaba? ¿Y si le hacía daño? Jamás me lo perdonaría.

—Sin embargo todo está bien —contradijo Jane tomándola de los hombros. —Rose, debes calmarte. Todo está bien. Además, si pudieras volver el tiempo atrás y evitar lo ocurrido... ¿lo harías?

Rose permaneció en silencio por un instante.

—Probablemente no —admitió sonriente. — ¡Oh, Jane! ¡Fue maravilloso! —murmuró no pudiendo ocultar su felicidad. —No puedo compararlo con ningún otro beso que haya tenido. Éste fue único. Aún mejor que como lo había imaginado.

— ¡Ajá! Así que ya lo habías imaginado ¿no es cierto? —acusó Jane en tono risueño y Rose no supo qué decir. —Me alegro mucho por ti, Rosie. George y tú harían tan linda pareja si se lo propusieran... Además, odio verlo solo. Se ve triste. Aunque hoy en particular se lo ve algo molesto...

—Yo también lo noté algo malhumorado —coincidió Rose. —No sé por qué será. Cuando me despedí de él antes del amanecer, estaba de muy buen humor.

—Tal vez le haya ocurrido algo en la mañana —sugirió Jane.

—Tal vez —dijo Rose. —Se lo preguntaré esta noche.

Los Beatles habían ensayado un par de canciones para la prueba de sonido —y para deleite de los presentes— y todo parecía sonar bien. No obstante, había algunos inconvenientes con el Beatle John. Su estado de salud, en general, estaba bien. Ya no tenía fiebre ni dolores musculares, y recuperó el apetito en gran medida. Su voz también sonaba como antes, pero lo único de lo que no se había podido librar aún era de los estornudos. Estornudaba muy seguido y eso le frustraba mucho, aunque a su esposa le divertía un poco. No le divertía la frustración de su esposo, pero sí le parecía adorable verlo estornudar. Jamás han visto a John Lennon tan tierno e indefenso que cuando estornuda.

En un momento determinado las puertas del estudio se volvieron a abrir y los trabajadores volvieron a agruparse en una pequeña multitud alrededor de las personas que habían llegado. Los Beatles se miraron entre ellos y por supuesto supieron de quienes se trataba. Las chicas también sabían y cuchicheaban al respecto, mientras que los chicos decidieron continuar afinando sus instrumentos como si nada ocurriese, fingiendo estar relajados por fuera pero gritando como fans por dentro. De hecho en el apuro se equivocaron de instrumentos, tomando John el bajo y Paul su guitarra, pero decidieron no darle importancia. Las chicas quisieron ir a saludar a los hermanos, pero los chicos les aconsejaron que sería mejor esperar un poco a que la multitud se disipara. Y cuando las personas de la multitud finalmente volvieron a sus puestos de trabajo, fueron los hermanos quienes decidieron acercarse a los Beatles primero. Los Beatles los vieron venir pero continuaron con la vista en sus instrumentos como los chicos cool que pretendían ser.

—John, mi cabello. Dime cómo está mi cabello —susurró Paul alarmado.

—Se ve bien, ¿qué hay del mío? —susurró John.

—Descuida, también se ve bien —respondió Paul e hicieron silencio.

—Hola —saludó un joven de cabello castaño oscuro. Por lo general aparentaba ser el más serio, pero ahora enseñaba una simpática sonrisa. — ¿Cómo están? Soy Don, y este es mi hermano Phil.

—Es un placer conocerlos —saludó Phil, de cabello castaño claro y voz suave.

Los Beatles los observaron sin poder decir nada. Y en ese preciso momento, John sintió ganas de estornudar. Pero fue todo tan rápido que ni siquiera tuvo tiempo de impedirlo. Al instante en que lo hizo, se quedó horrorizado al darse cuenta de que les acababa de estornudar a los Everly Brothers en la cara.

Los otros Beatles y las chicas observaban horrorizados también. John ya estaba mentalmente planeando su propio funeral. Sin embargo, los hermanos sacaron pañuelos para limpiarse la cara y rieron.

—Dios, ¡lo lamento tanto! —se disculpó John avergonzado. — ¡En verdad lo siento, lo juro!

—Descuida, nada pasó. De hecho, esto me trae recuerdos. Oye Phil, ¿recuerdas cuando conocimos a John Wayne? —preguntó Don mientras guardaba su pañuelo.

—Lo recuerdo perfectamente —respondió Phil riendo.

—Déjenme que les explique —comentó Don dirigiéndose a los chicos y las chicas. —Habíamos asistido a un evento al aire libre y, por algún motivo, John Wayne estaba allí también, comiendo pastel. Estábamos muy nerviosos, no sabíamos bien qué decirle, pero somos sus fans, así que fuimos a hablar con él. Era muy agradable. El problema era que había una abeja dando vueltas, y curiosamente él confesó ser alérgico, así que tratamos de espantarla. En un momento la abeja se posó sobre su cabeza, y traté de hacer que se fuera, pero en vez de eso terminé haciendo que el peluquín del Sr. Wayne cayera al suelo.

— ¿John Wayne usa peluquín? —preguntó Cynthia sorprendida.

—Parece que sí —respondió Phil— y como Donald lo tiró al suelo, yo lo levanté, e intenté ponérselo de vuelta. Pero lo hice muy mal porque acabó cayéndose de nuevo, y esta vez sobre su pastel —contó riendo. Ninguno de los presentes puedo aguantar la risa.

—Así que no te preocupes, John. Como vez, podría haber ocurrido algo peor —confortó Don.

—Es cierto, John. Al menos tú nos dejaste conservar nuestros peluquines —sonrió Phil.

John y los demás se sintieron aliviados. Don y Phil parecían ser buenas personas.

— ¿Cómo es que saben mi nombre? —preguntó John asombrado.

— ¿Cómo no saberlo? ¡Están en todas partes! —mencionó Don.

—La semana pasada compré un helado y tenía su rostro —comentó Phil. —Estaba muy bueno, por cierto.

—Hacen un gran trabajo. Tanto con los helados como con la música —elogió Don.

Los Beatles no podían creer lo que oían. A los Everly Brothers, a una de sus más grandes influencias, les agradaba su música. ¿Qué más podían pedir?

— ¡Muchas gracias! Significa mucho viniendo de ustedes —dijo Paul embelesado. —Su música nos ha influenciado mucho. Bueno, no sólo a nosotros, sino a muchos otros.

— ¿En verdad? ¡Muchas gracias! Son muy gentiles —agradeció Phil.

En aquel momento uno de los asistentes técnicos se acercó hasta donde estaban los chicos y les pidió a los Beatles que se alistaran para hacer una última prueba de sonido, y luego seguirían Don y Phil. Los Beatles tuvieron que resignarse y hacer lo que les ordenaron, mientras que las chicas aprovecharon para platicar un poco con los hermanos. Si bien todos los presentes admiraban a ambos hermanos, los equipos estaban alineados así: John, Ringo, Cyn y Mo eran del Equipo Don, mientras que Paul, George, Jane y Rose eran del Equipo Phil. Luego de platicar con ambos, las chicas se dividieron en pares, pasando más tiempo con su favorito. Cyn y Mo hablaban con Don que, con veintiocho años, era el hermano mayor. Sin embargo, era un poco más bajo que Phil. Cuando estaban juntos públicamente, era el que más hablaba de los dos, aunque era más bien introspectivo y, usualmente, de expresión austera. Era considerado el "chico malo" del dúo mientras que Phil, por supuesto, era el "chico bueno". Phil tenía veintiséis pero, al igual que su hermano mayor, podía pasar por un muchacho aún más joven. Se abstenía de hablar mucho en público y parecía ser calmado y reservado, siempre sonriendo tímidamente. Pese a eso, era en realidad muy gracioso, gentil y de buen corazón. Jane y Rose hablaron con él e inclusive planearon turnarse para poder hablarle a solas unos minutos. Paul les echaba una mirada de vez en cuando, pero las chicas no podían distinguir si era porque no quería que Phil se acercara mucho a ellas, o porque no quería que ellas se acercaran mucho a Phil.

El turno de Jane había pasado, así que Rose aprovechaba el suyo. Era muy entretenido hablar con él, tanto para la mente como para la vista. Lo que también había terminado era la prueba de sonido de los Beatles, así que les tocaba a los hermanos. Los chicos bajaron del escenario y George fue a beber un café, a unos pocos metros de donde se encontraban Rose y Phil.

—Antes de que te vayas ¿podrías darme tu autógrafo? Por favor —imploró Rose.

—Sí, por supuesto —sonrió Phil y firmó la libreta de la joven. Luego formuló una pregunta que hace rato quería hacer. —Espero que mi pregunta no te importune pero, por casualidad, ¿no te he visto antes en alguna parte?

—Si te hubiera visto antes en persona, créeme que lo recordaría —afirmó Rose.

—No me malinterpretes, no quiero que pienses que intento hacerme el galán —sonrió avergonzado— sino que se trata de simple curiosidad. Es que tu rostro se me hace tan familiar.

Rose vaciló. ¿En dónde más podría haber visto a Phil Everly? Él era estadounidense y ella inglesa, así que las chances de cruzarse eran escasas.

— ¡En la revista! —exclamó el muchacho tan pronto como lo recordó. —Mi cuñada compró una revista porque dijo que había un artículo sobre nosotros. La estuve ojeando en el camino, y en una publicidad de Gay Gibson había una modelo que se parecía mucho a ti. Pero muchísimo. Hasta podría ser tu hermana gemela o tu clon maligno, aunque no lucía maligna en realidad, sino muy dulce.

—Ni hermana gemela ni clon maligno, era yo —confesó Rose, que aún estaba procesando el hecho de que a) La publicidad de Gay Gibson ya estaba vigente, y b) Que Phil Everly acababa de decirle "dulce". —Lo siento, es que esto del modelaje es algo nuevo y me cuesta un poco acostumbrarme a la idea aún.

—Así que eres modelo —dijo Phil sonriente— entonces, ¿qué haces pidiéndome un autógrafo a mí? Yo debería pedirte el tuyo. ¿Me darías tu autógrafo, por favor?

Rose creyó que Phil bromeaba, pero él arrancó una página en blanco de la libreta de la chica y se la acercó junto a la pluma para que la firme. Luego se disculpó por haber arrancado una de las hojas sin permiso, pero a Rose no le importó en absoluto.

—Me sorprendió mucho cuando quisieron que modelara para Gay Gibson dado que es una marca de tu país. Aún no he visto la publicidad yo misma, pero recuerdo que no me favoreció mucho la fotografía que decidió usar Bailey —dijo Rose algo insegura mientras firmaba.

—No debes preocuparte, saliste muy bonita —aseguró el joven y Rose sonrió con la misma timidez con la que él lo hacía siempre.

Luego ella se fue y George Harrison, que había oído todo, se acercó hasta Phil, sorprendiéndolo. Lo observó con severidad por un instante hasta que pronunció unas palabras.

—Siempre me agradó más Don —sentenció Harrison, que por puros celos se había cambiado al equipo de Don.

El menor de los Everly se quedó confundido pero pronto lo llamaron al escenario. Si George ya estaba gruñón por no poder recordar su sueño, aquella platica "demasiado amistosa" entre Phil Everly y Rose no ayudaba en nada a mejorar su humor. Todo indicaba que ese sería un mal día para él. Cuando Don y Phil subieron al escenario para la prueba, los Beatles y sus chicas se arrimaron unas sillas para ver la función en primera fila. Los hermanos practicaron primero su último hit —"The Price of Love", que esa misma semana había llegado al puesto nº2 en los rankings— y después continuaron con los clásicos como "Bye Bye Love" y "Cathy's Clown". Era curioso, pero a pesar de ser polos opuestos y tener sus argumentos como todos los hermanos del mundo, cuando cantaban, sus voces se fundían y se convertían en una sola. Una armonía tan perfecta que hacía que sus diferencias terrenales desaparecieran en el momento en el que ponían un pie sobre el escenario. Los Beatles y las chicas disfrutaban del espectáculo al máximo y los hermanos les agradecían por los aplausos, gritos y silbidos entusiastas. Antes de terminar con la prueba, les faltaba una canción más. Cuando comenzaron a cantar "All I Have to do is Dream", Rose recordó lo ocurrido la noche anterior. Sintió el impulso de ocultar su rostro entre sus manos por la vergüenza que sentía pero se abstuvo de hacerlo. Al menos tenía la seguridad de que nadie sabía qué era lo que ocurría dentro de su mente al oír aquella canción, excepto George, si era que lo recordaba. Pero Rose sabía perfectamente que él no recordaba todas y cada una de las noches que pasaron juntos, porque a decir verdad, nadie recuerda todos los sueños que tiene. Algunos simplemente se borran de la mente y no podemos evitarlo. Eso era lo que parecía haberle ocurrido a George aquel día.

Sin embargo, algo ocurrió. Al oír los versos de aquella canción, los recuerdos de aquel sueño le pegaron como un rayo. Recordó todo tan repentinamente que le dio un poco de miedo. Un escalofrío recorrió su cuerpo de pies a cabeza al recordar como besaba los dulces labios de Rose. Aún podía sentir aquella sensación, todo pareciendo tan real. Tan real que le llevó a cuestionarse si se trataba de un sueño o tal vez existía la descabellada posibilidad de que hubiese sido real. Aunque parecía muy poco probable. Pero, nuevamente, otro recuerdo vino a su mente: el de sus discos.

George recordaba con curiosa precisión cómo había dejado sus discos el día anterior. Estaban terriblemente desordenados: encima del cajón de discos había dejado dos discos que olvidó guardar, al igual que uno que yacía junto a este mismo cajón. La cubierta de este último álbum estaba en el suelo, el disco debajo (en vez de estar dentro de la cubierta) y la funda protectora de papel estaba a un lado. También recordaba que Rose, en su sueño, había rebuscado entre su colección, claramente alterando el "orden" de esta. Por lo tanto, si Rose, la Rose real, había tocado la colección, no estaría acomodada de la misma manera. Si no había sido un sueño, los discos estarían acomodados de manera diferente. Sólo tenía que volver a la casa para comprobarlo.

Ante aquella loca idea, George se levantó con rapidez de su asiento y corrió hasta la puerta del estudio para irse, aunque alguien lo detuvo.

—Oye, George, ¿qué haces? —preguntó Paul, tomándolo del brazo. Había ido tras él.

—Debo volver a la casa —respondió George ansioso.

— ¿Estás bromeando? —Dijo Paul no muy feliz— no puedes hacer eso. El programa comenzará en unos minutos.

—No me importa —dijo George y se soltó de su agarre.

—Pero a mí sí —retrucó Paul, volviéndolo a sujetar. —No puedes marcharte ahora. Punto. ¿Y cuál es la urgencia después de todo?

—Yo... —comenzó a decir George— tengo diarrea. Debo ir al baño.

—Pues ve a uno de aquí —dijo Paul, quien no quería saber tanto.

—No puedo. En casa tengo mi medicina también —insistió George. —Tengo que irme. Volveré a tiempo.

—Claro que no —se negó Paul— el programa ya está por comenzar, así que te conviene contraer bien ese esfínter, George, porque de aquí no te marchas hasta que terminemos.

George le sostuvo una mirada furiosa por unos instantes. ¡Le enojaba tanto no poder marcharse! Pero sabía que Paul tenía razón. Habría que esperar un poco más para atender el asunto del sueño.

Al finalizar el programa, todos quedaron satisfechos. Había sido un éxito en verdad. Los Beatles cantaron sus canciones, los Everly las suyas, e inclusive cantaron juntos un popurrí de canciones de ambos grupos. Al público le fascinó, tanto a los presentes como a los televidentes, dado que el rating había sido el más alto del día, e inclusive de la semana. Los hermanos tenían un compromiso, así que se despidieron y se marcharon. Los Beatles hicieron lo mismo, con George apresurando el paso para ingresar rápido a la casa.

Él sabía muy bien que eran sólo sueños aquellas largas conversaciones que mantenía con Rose todos los días, pero aquel beso le había resultado excepcionalmente real. Era una locura, ¿pero qué tal si no? ¿Qué tal si aquel beso en realidad había pasado? No encontraba motivo alguno que respalde su teoría, pero quería aferrarse a esa creencia. A la esperanza de que, tal vez, sí había sido cierto. Con esta idea en mente, se dirigió con rapidez a su habitación, cerró la puerta y se dejó caer de rodillas ante el pilón de discos que conservaba en una esquina.

Desafortunadamente, los discos estaban tal cual como los había dejado el día anterior. Los dos discos encima del cajón continuaban allí, al igual que el que yacía el suelo con la cubierta en un lado y la funda de papel en otro. Todo estaba exactamente igual, ya que, aunque él no lo sabía, Rose decidió colocar los discos con cuidado, conservándolos exactamente en el mismo lugar y la misma forma en la que George los había dejado, a pesar de que le molestara el desorden. Era necesario si no quería que George sospechase algo. Y aunque sí sospechó, gracias a la precaución de la chica, él no pudo probar nada. Ante esto, se sintió terriblemente decepcionado. Nada había pasado más que en su imaginación, aquella poderosa imaginación suya que le hizo sentir aquel beso de ensueño como si fuese algo real. Era algo triste que aceptar, pero tuvo que hacerlo. Y cuando lo aceptó, se sintió un poco mejor.

Era cierto, al menos hasta donde él sabía, que había sido un sueño.

Pero vaya, qué bello sueño había sido.

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