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02

Me pasé aquella tarde recorriendo el hospital, viendo a gente que probablemente había ingresado en este tiempo en el que ya no podía salir de la habitación, pues no los conocía.

Vi a la pequeña Miranda abrazar a su madre, feliz de por fin haberse curado de ese grave resfriado. A la inteligente Amy entretenida con un libro de astrología mientras la revisaban. Al travieso Luke saltando de alegría porque al fin le habían retirado el yeso de la pierna después de largo tiempo. Y al frío pero a la vez charlatán de Steve, quien me había entretenido por 3 horas sobre teorías conspirativas sobre illuminatis, siendo visitado por su familia y riendo alegre.

Conocía a casi todos aquí, pero un individuo en especial me llamó la atención. Acurrucado en el suelo de una habitación vacía, llorando en silencio.

- Hey - dije, dudando si realmente me escucharía.

Rápidamente levanta la cabeza, profundos ojos verdes y llenos de lágrimas me observaron alarmados.

- ¿Tú...tú sí me ves? -pregunta con la voz temblorosa.
Se veía como un niño, probablemente de 15. De cabello rubio y ojos verdes, pálido como la nieve. Era duro ver a gente tan joven de esta forma.
- Sí, puedo verte, niño -respondo dándole una sonrisa, pero aun así no se veía calmado. Temblaba como gelatina y parecía cada vez acurrucarse más.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué nadie más me ve pero tú sí? ¿Dónde está mi familia? - las lágrimas caían como cascada de sus ojos y sentí mi corazón estrujarse.

Tenía que ayudarlo antes de irme.

- Hey, tranquilo niño, déjame explicarte todo. Pero primero necesito que te tranquilices, ¿sí? -asiente- ¿cuánto tiempo llevas aquí? -pregunto.
- No lo sé, era de madrugada cuando llegué, no recuerdo bien -responde despacio.

Trague saliva. En esos momentos estaba por anochecer, eso significaba que el niño estaba en ese estado por más tiempo de lo normal. Significaba que no era solo una escapada de su alma.

-¿Puedes levantarte? No es conveniente estar aquí, vayamos a sentarnos y hablemos, ¿de acuerdo? -veo que duda, pero aun así se levanta y me sigue hasta la sala vacía - ¿cómo te llamas?
- J-Joshua -tartamudea un poco, lo noto nervioso.
- Y dime, Joshua, ¿cuántos años tienes?
- Tengo 16 -suspiro despacio al verlo temblar.
- No me temas, Joshua -trato de calmarlo - mi nombre es Cameron, y tengo 21, es un gusto conocerte.

Me mira sin decir nada, pero me doy cuenta de que ha dejado de temblar.
- ¿Puedes p-por favor explicarme qué pasa? -era la primera vez que me tocaba "orientar" a alguien sin Maggie a mi lado, probablemente yo estaba más nervioso que el pobre chico.
- Bueno, lo que pasa es que...-no metas la pata Cameron, no lo hagas- ahora eres un alma, por eso nadie te ve. Cuando uno vive enfermo, es algo habitual que el alma se escape del cuerpo en algún momento y luego vuelva, pero por lo visto tú...-me detengo.

-Supongo que apenas llegué aquí, morí y ahora estoy hablando contigo -dice despacio- ¿y ahora qué? ¿Me quedo vagando por aquí hasta que vengan los cazafantasmas? -lancé una carcajada y sonríe. Al menos se estaba calmando.
- Cuando nuestros cuerpos mueren, deben cruzar por un tunel de luz y ver qué les depara, obviamente nadie sabe qué hay ahí antes de cruzarlo, así que es lo único que puedo decirte -me encojo de hombros- cruzando las puertas principales del hospital encuentras el túnel, pero necesitas sentirte lo suficientemente listo y despedirte de todo lo que fue tu vida para poder cruzarlo.

- Ah -suelta un largo suspiro- ¿tú cómo llegaste aquí? -su pregunta me sorprende.
- ¿Yo? Pues, me diagnosticaron leucemia a los 16, y luego de tantas recaídas en las que mi alma traviesa escapaba, por fin puedo descansar.
- ¿Y por qué no te has ido aun? Supongo que ya llevas así más tiempo que yo.
- Probablemente morí antes de que llegues al hospital. No sé porqué no me he ido, puede que no esté listo aun.

Ambos quedamos en silencio por largo rato, y observo como baja la mirada a sus pies descalzos.

- ¿Te importaría contarme sobre ti mientras que sigues aquí? -lo miro curioso - quiero sentirme como si tuviera un amigo aunque ya este muerto -sonríe un poco y mi corazón duele, pero lo disimulo. No creo que se sienta cómodo si le tengo lástima o algo parecido.
- Claro, te contaré -respondo alegre.

Estuvimos toda la noche hablando, bueno, yo estuve hablando mientras él me miraba interesado en todo lo que decía.
En ningún momento habló sobre la razón por la que llegó al hospital ni de su vida, pero al menos se veía más tranquilo. No podría irme y dejarlo solo sintiéndose inseguro.

Le conté sobre Maggie y su esposo, logrando que soltara un "vaya, y yo que la única vez que tuve pareja me dejó 2 horas después" riendo fuerte.

Vimos al sol asomarse por las ventanas, escuchamos los suaves "buenos días" de las enfermeras a los pacientes. Estas horas de la mañana eran tan pacíficas, cosa rara de un hospital.

- ¿Sabes? Me dio un poco de envidia escucharte hablar tan feliz sobre tu vida, a pesar de que enfermaste a mi edad y de lo difícil de vivir en tu condición, se nota que aun así disfrutaste de tu vida y fuiste verdaderamente amado - habla con una sonrisa triste en su rostro y yo me mantengo en silencio - en estos 16 años viví todo tipo de emociones pero en ningún momento fui feliz, en ningún momento fui amado.
- No creo que...- me interrumpe.
- Me encontraron tirado en la calle con múltiples golpes e inconsciente, personas que cruzaban por el lugar fueron los que llamaron al hospital. Pero aun así, al despertar aquí tuve la esperanza de encontrar a mi familia, de sentir que mi madre tomaría mi mano suavemente y que mi padre me pediría perdón llorando por haberme golpeado de esa manera -aprieta los labios- no sabes cuanto te envidio por haber tenido a alguien que tomara tu mano en tus momentos difíciles y estuviera ahí para protegerte.

De nuevo el silencio se había formado. Veo como algunas lágrimas caen por sus mejillas pero él se encuentra mirando a la nada.

- A pesar de haber vivido prácticamente solo, aun así tengo miedo de cruzar esas puertas y encontrarme con algo totalmente desconocido.
- No tienes porqué cruzar esas puertas solo -respondo despacio y dirige su mirada a mí.
- ¿De qué hablas?.
- Yo...yo cruzaré contigo -le sonrío- tomaré tu mano y te protegeré de todo en aquel lugar desconocido al que vayamos.

Sus ojos se llenan del brillo de la ilusión.

- Pero...
- Algo me detenía de cruzar esas puertas, pero desde que te encontré ya no. Supongo que mi alma te estaba esperando -sonríe lentamente.
- ¿En serio? ¿Cruzaras y te quedarás conmigo? -pregunta emocionado.
- Sí, lo haré, niño.

Recordaba a Maggie diciéndome que, si encontraba a mi alma compañera, sentiría una especie de paz infinita en mi corazón. Y en ese momento la estaba sintiendo.

-  ¿Lo prometes? ¿Por la garrita? -acerca su meñique a mi mano y entre risas hago la unión.
- Lo prometo, compañero -me abraza fuerte apenas termino de hablar y le correspondo.

Siento mi alma llenarse de un sentimiento puro al abrazarlo, jurando protegerlo para siempre.

Me levanto de mi asiento y camino a la puerta, haciendole señas para que me siga. Observo cada rincón de los pasillos por última vez, guardando en mi memoria cada rostro que conocí en estos años.
Había llegado el momento y estaba más que listo.

Una vez frente a las puertas, giro a mirarlo. La emoción y el miedo en sus ojos me recordaba a mi pequeña hermana y sonrío por ello.

Le paso la mano, esperando que la tome.
- ¿Estás listo? -pregunto.
- Lo estoy, compañero - responde sonriente tomando mi mano.

Ambos reímos despacio y luego caminamos juntos hacia aquella luz blanca.

Lo último que recuerdo antes de ser absorbido por aquella luz es una bella imagen.
Una mujer, totalmente sudada y agotada en momentos de parto. De pronto, dos llantos fuertes inundan la habitación.

- Felicidades, señorita, los mellizos están completamente sanos -la voz del doctor anuncia.

La joven mujer, sonriente, tomó a uno de los niños en brazos, mientras que el hombre a su costado tomó al otro, y observaron a sus dos hijos con tanto amor, para luego mirarse de la misma forma, completamente felices y enamorados.

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